Comentando a 1 corintios 13



Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. "
Si yo. "Pablo ha enumerado y definido el lugar de los dones del Espíritu en la iglesia (cap. 12). Ahora muestra que la posesión de todos esos dones y otros poderes adicionales no hace de nadie un cristiano a menos que posea el don supremo del amor. Este hermoso poema en prosa ha sido llamado "lo más grande, más intenso y más profundo que jamás escribiera Pablo" (Harnack). "

" Aquí se presenta la naturaleza del amor, su valor y duración eterna en comparación con los dones transitorios. En este capítulo se continúa tratando el tema comenzado en el cap. 12: los dones espirituales. Pablo ha hecho notar que los diversos dones espirituales fueron conferidos con el fin de hacer progresar la edificación y el bienestar de la iglesia (cap. 12: 4-28). Ahora muestra que la posesión de los dones ya mencionados, aunque es buena, puede ser reemplazada por un don que es de más valor que cualquier virtud descrita previamente, y que ese don está a disposición de todos (cf. Gál. 5: 22). "

Lenguas humanas. " Esto podría ser una referencia al poder de expresión de que disponen los oradores más excelentes y mejor dotados de los hombres, o a los muchos y diferentes idiomas que se hablan en las naciones. Si al orador le falta amor, una de las características básicas de Dios, su elocuencia superior o su habilidad para expresarse en idiomas, es tan inútil para la promoción del reino de Dios como los ruidos sin sentido de cualquier trozo de bronce o de un címbalo que retiñe vanamente (ver 1 Juan 4: 8; DTG 13; CS 541, 546). "

Angélicas. " Pablo quizá se refiera al don de lenguas, tan apreciado en Corinto (ver com. cap. 14), o al elevado lenguaje de los ángeles. Sin embargo, la superespectacular manifestación del don de lenguas o aun la capacidad de hablar con una lengua angelical, no confiere ningún honor al que recibe ese don, ni es de ningún valor real para él si no está acompañado por el amor. El apóstol quería corregir la errónea evaluación que daban los corintios al don de lenguas y estimularlos a buscar el amor como el don más valioso. "

Amor. " Gr. agápe, el "amor" en su sentido más sublime, que reconoce algo de valor en la persona o el objeto amado; amor que se basa en un principio y no en emociones; amor que proviene del respeto por las admirables cualidades del que es amado. Este amor es el que existe entre el Padre y Jesús (ver Juan 15: 10; 17: 26); es el amor redentor de la Divinidad por la humanidad perdida (ver Juan 15: 9; 1 Juan 3: 1; 4: 9, 16); es la cualidad especial que se demuestra en el trato mutuo de los cristianos (ver Juan 13: 34-35; 15: 12-14), y se practica para demostrar la relación del creyente con Dios (ver 1 Juan 2: 5; 4: 12; 5: 3). El amor a Dios se demuestra conformándose a su voluntad; ésta es la prueba del amor (ver 1 Juan 2: 4-5). Ver Nota Adicional del Sal. 36; com. Mat. 5: 43-44. "

"La palabra "caridad" " (BC, BJ, NC, RVA) no es lo suficientemente abarcante para indicar la amplitud del interés en el bienestar de otros, que se halla en el vocablo agápe. "Caridad" podría sin duda implicar la idea o concepto que se reduce a una ayuda material. La palabra "amor" es muy superior; debe entenderse teniendo en cuenta todo lo que se dice de ella en este capítulo. Este "amor" (agápe) no debe confundirse con lo que a veces se llama "amor", sentimiento enfermizo y emocional que tiene su centro en el yo y en los deseos egoístas. Pero agápe enfoca el interés y la preocupación en otros, y produce una conducta correcta.

La iglesia de Corinto había sido muy perturbada por discordias internas que produjeron bandos y antagonismos (cap. 1: 11-12). Algunos se jactaban de sus cualidades y dones superiores (cap. 3: 3-5, 8, 18-19, 21; 4: 67). Este capítulo muestra que la posesión de diversos dones del Espíritu de nada vale si el individuo está desprovisto de amor.

Metal. "Bronce" " (BC, BJ, NC). Gr. jalkós, "bronce" o algo hecho de bronce. Con el complemento "que resuena", quizá se refiera a un gong o a una trompeta. Se describe un instrumento o artefacto que resuena, que aunque hace mucho ruido y da la impresión de ser de gran importancia, no es más que un productor de sonidos.

Retiñe. Gr. alalázo, vocablo onomatopéyico, formado originalmente para expresar los alaridos de un ejército que entraba en batalla. A partir de este uso original llegó a significar la producción de cualquier tipo de ruido fuerte, como los chillidos o gemidos propios de los lamentos. Alalázo describe aquí el monótono retintín de un címbalo.


2. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.

Profecía. El apóstol se refiere ahora al don más importante, aunque quizá menos sensacional: hablar como un mensajero inspirado de Dios que transmite a la iglesia las instrucciones del cielo. La superioridad de este don sobre las lenguas y otros dones espirituales, se destaca en el cap. 14: 1, 39. El profeta, que se encuentra entre Dios y los hombres y revela la voluntad divina a éstos, debe estar dominado por el amor; de lo contrario su mensaje tendrá muy poco efecto sobre los oyentes.

Misterios. Gr. mustérion (ver com. Mat. 13: 11; Rom. 11: 25). El pecado ha debilitado las facultades de la mente humana; la capacidad del hombre para entender las maravillas de la vida, tanto naturales como espirituales, es muy inferior a la que originalmente Dios quería que tuviera (ver Isa. 6: 9-10; Juan 12: 37-40; 2 Cor. 4: 4; 1JT 123-124, 583; 2JT 306). Se necesitan largos e intensos estudios e investigación para que los hombres puedan descubrir los secretos de la naturaleza; pero Adán los entendía fácilmente antes de que pecara (ver PP 31-33). La mente no convertida y dominada por el pecado, no puede comprender las cosas de Dios. El pecado ha producido un cambio completo en la naturaleza espiritual del hombre, por lo cual su proceder es diametralmente opuesto al de su Creador (ver Isa. 55: 8-9). Dios ha creído conveniente revelar a los profetas la forma como actúa su voluntad en favor de los hombres, y aquéllos tienen a su vez la orden de instruir a los demás en cuanto a su relación con Dios y sus prójimos (ver Sal. 25: 14; Amós 3: 7).

Ciencia. Pablo no se refiere con "ciencia" a la disciplina de ese nombre, sino al don del conocimiento que se describe como "palabra de ciencia" (cap. 12: 8), que significa "expresiones de sabiduría" (ver comentario respectivo; cf. com. cap. 12: 28).

Fe. Es decir, el don de la fe descrito en cap. 12: 9 (ver comentario respectivo).

Amor. Ver com. vers. 1.

Nada. Después de enumerar la posible posesión de los dones de profecía, sabiduría, ciencia y fe, dones espirituales sobresalientes y muy deseables, Pablo enuncia la sencilla afirmación de que todas esas virtudes, por admirables e importantes que sean, son ineficaces sin el amor.

Lo mismo también es cierto de los dones adquiridos, tales como los intelectuales. Satanás tiene gran poder intelectual y un conocimiento que supera en mucho al de los hombres, pero no por eso es alabado (ver 1JT 215; PP 14; 5T 504). La mente que no se ha entregado a Cristo y no es movida por su Espíritu, está bajo el dominio de Satanás, quien obra en ella como le place (ver 5T 515). Por eso resulta evidente que los progresos intelectuales sin el factor de un amor semejante al de Dios, sirven solamente para ayudar a que Satanás logre sus fines, pues no contribuyen en nada al bien espiritual de los hombres (ver 1 Juan 4: 8). Quien posea mucha sabiduría de este mundo, más una comprensión teórica de la relación que debe existir entre el hombre y Dios, pero no tiene un conocimiento personal del amor, aún estará perdido. Sus esfuerzos para hacer el bien a otros serán estériles y se quedará sin alcanzar la gran meta que debería haberse propuesto en la vida: la glorificación de Dios (ver 1 Juan 4: 7-8; DMJ 37).


3. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

Repartiese. Gr. psomízo , "dar en bocados", "alimentar", "distribuir". En el NT sólo se usa aquí y en Rom. 12: 20. Puede aplicarse aquí a la distribución de bienes a los pobres en porciones pequeñas. Quizá era costumbre en los días de Pablo que los ricos distribuyeran limosnas a los pobres junto a los portones de sus propiedades (ver Luc. 16: 20-21). También es probable que distribuyeran limosnas en porciones pequeñas a muchas personas de modo que hubiera un número mayor de beneficiados para alabar al donante. Se consideraba que dar limosnas era una gran virtud, y frecuentemente se hacía en forma ostentosa. Jesús reprochó severamente ese deseo de recibir el aplauso popular (ver com. Mat. 6: 1-4). Para destacar la vanidad de esa falsa caridad, Pablo hizo notar que si todo lo que posee un hombre fuera distribuido en forma de limosnas, pero le faltara en la vida el verdadero amor, todo sería hueca hipocresía, sin valor espiritual. Aunque semejante proceder pudiera significar el bien de otros, no podría merecer la aprobación de Dios porque faltarían las cualidades de carácter requeridas.

Para ser quemado. La evidencia textual (cf. p. 10) se inclina por el texto "para que me gloríe" o "me jacte". Con esta variante, el significado del pasaje es: "Aunque repartiera todas mis posesiones para alimentar a los pobres, y aunque entregara mi cuerpo para poder gloriarme, no me serviría de nada". La idea de esta variante es que el martirio que se busca para la glorificación propia no tiene ningún mérito.

En los días de Pablo no se acostumbraba quitar la vida a los hombres por medio de la hoguera. Los métodos comunes eran el apedreamiento, la crucifixión o la decapitación con espada. El que no fuera costumbre quemar a las personas es, juntamente con la evidencia de los manuscritos, razón para pensar que la palabra que usó Pablo fue kaujesomai, "¿me jactara". Algunos siglos más tarde se hizo común el martirio por hoguera. Eso bien pudo haber contribuido a que fuera fácil leer -y copiar- kauthesomai, "me quemara", en este versículo. En todo caso, es claro el pensamiento: el sacrificio más grande de nada vale sin el amor.

Algunos han considerado este pasaje como una profecía de las terribles torturas con fuego que sobrevendrían a la iglesia en el tiempo de Nerón y posteriormente; ven, por lo tanto, una advertencia contra el engaño de que se puedan ganar méritos buscando innecesariamente el máximo martirio de la hoguera.

De nada me sirve. Si el que sufre el martirio del fuego carece de las cualidades de carácter representadas por el "amor" (agápe), no puede tener esperanza de vida eterna y, por lo tanto, lo ha perdido todo. Por esta razón el amor es más precioso y de más valor que los dones del Espíritu que los corintios deseaban tener (vers. 1-2), o que los actos aislados de filantropía o abnegación. Nada puede ocupar el lugar del amor. Dios sólo acepta el servicio motivado por el amor (ver Juan 14: 15, 21, 23; 15: 9-10, 12, 14; 1 Juan 4: 11-12, 16-21; 5: 1-3).


4. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece.

Es sufrido. En los vers. 4-7 Pablo procede a analizar el amor. Destaca siete excelentes características del amor y ocho actitudes que son completamente extrañas a su naturaleza. En esta apología presenta las características superiores del amor en sus aspectos positivo y negativo. La personificación del amor en estos versículos ensalza la belleza de la descripción, pues Pablo le asigna al amor las características que se encuentran en los que realmente aman. A través del pasaje se ven de vez en cuando vislumbres de las faltas de la iglesia de Corinto, que contrastan directamente con las excelentes cualidades del amor.

La paciencia o longanimidad, en un mundo donde prevalecen la impaciencia y la intolerancia, es un precioso atributo. El amor es magnánimo con las faltas, fracasos y debilidades de otros. Reconoce que todos los seres humanos son falibles, y que, por lo tanto, debe esperarse que haya manifestaciones que revelen los errores que resultan de la naturaleza pecaminosa inherente del hombre. La paciencia es lo opuesto a la precipitación, a las expresiones y los pensamientos apasionados y a la irritabilidad. "Sufrido" describe el estado mental que capacita al hombre para ser pacientemente tranquilo y cuando es oprimido, calumniado y perseguido (ver Efe. 4: 2; Col. 3: 12; 2 Tim. 4: 2; 2 Ped. 3: 15; cf. Mat. 26: 63; 27: 12-14; com. Mat. 5: 10-12). El que es paciente posee uno de los frutos del Espíritu (Gál. 5: 22).

Es benigno. Gr. jrestéuomai , "ser gentil", "manifestar bondad", "ser considerado y suave". Describe la naturaleza bondadosa del que es movido por el Espíritu de Dios, que siempre está procurando revelar, por palabras y acciones, una simpatía comprensiva y sensibilidad ante las luchas y dificultades de otros. La idea de la palabra es que en todas las circunstancias de la vida, ya sean ásperas o irritantes, dolorosas o penosas, el amor es suave y gentil. El amor es lo opuesto al odio, el cual se manifiesta con severidad, ira, aspereza, dureza y venganza. El que realmente ama a otro es bondadoso con él, anhela hacerle bien; es gentil y cortés porque no desea herir sus sentimientos, sino que procura ayudarle a ser feliz. (ver 1 Ped. 3: 8).

No tiene envidia. Gr. zelóo, "ser celoso", ya sea en sentido positivo o negativo. Aquí, en sentido negativo, significa "ser envidioso" o manifestar sentimientos malos o desagradables hacia otros porque tienen alguna ventaja sobre uno. Sentimientos tales producen luchas y divisiones, que son completamente contrarias a las enseñanzas de Jesús, pues él exhortaba a los hombres a que se amaran unos a otros y vivieran unidos (ver Juan 15: 12; 17: 22; 1 Juan 3: 23). La envidia o los celos es, de todos los defectos humanos, uno de los más crueles y despreciables (ver Prov. 27: 4; Cant. 8: 6). Lucifer, el glorioso ángel que tenía el privilegio de ser uno de los querubines protectores que estaban cerca del trono de Dios, fue vencido por la envidia y perdió su elevada dignidad (ver Isa. 14: 12-15; Eze. 28: 14-15). Desde que cayó ha procurado implantar el terrible defecto de la envidia en el corazón de cada ser humano para que todos se pierdan como se perdió él. Sólo el amor puede expulsar los celos. Pero el sentirse contento con lo que el Señor ha permitido que tengamos, no excluye que deseemos fervientemente los mejores dones y anhelemos ardientemente el "camino aun más excelente" del amor que se describe en este capítulo (ver 1 Cor. 12: 31).

No es jactancioso. Gr. perperéuomai, "ser vanaglorioso", "jactarse". El amor no pregona sus propias alabanzas; es humilde, no trata de ensalzarse. Aquel en cuyo corazón se encuentra el verdadero amor, recuerda la vida y la muerte de Jesús, e instantáneamente rechaza cada pensamiento o sugestión que lo lleve a la justificación propia (ver PE 112-113). El amor que es un don del Espíritu considera cada virtud como procedente de Dios y concedida por él, y por lo tanto, no hay motivo para la vana jactancia porque la posesión de todo don viene de Dios.

No se envanece. Gr. fusióo , "hincharse", "inflarse", metafóricamente "enorgullecerse". Fusióo deriva de fúsa, "bufidos". El amor no infla a una persona de vanidad; no produce engreimiento y ensalzamiento propios. Este vocablo indica el estado subjetivo de orgullo y de satisfacción propia que con tanta frecuencia son característicos de los que poseen un conocimiento superior y que son muy capaces (cf. cap. 8: 1). El amor no se complace en la autoestimación, la cual pretende tener los mejores dones, y tiende a la vanagloria. El amor no produce sentimientos de darse importancia, ni busca los halagos de otros por cualquier cosa que se haya logrado (ver 5T 124).

5. No hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor.

No hace nada indebido. Gr. asjemonéo , "actuar indecorosamente", " comportarse en forma deshonrosa". En la LXX la palabra se usa con el significado de "estar desnudo" (ver Eze. 16: 7, 22; etc.). El amor nunca es descortés, rudo o tosco; nunca se conduce de tal manera que pueda herir la sensibilidad ajena. Cuando Cristo vivió en la tierra siempre tuvo en cuenta los sentimientos de los hombres y procedía con cortesía y corrección para todos (ver OE 127). Cada verdadero seguidor del Señor siempre será cortés y nunca responderá a los impulsos del corazón natural de volver la rudeza y aspereza con descortesía (ver OE 129). El amor siempre va en busca de lo que es correcto y decoroso en todas las relaciones de la vida, pues procura promover la felicidad ajena, y esto necesariamente induce a evitar todo lo que causaría una ofensa o impediría el verdadero gozo.

Aquí puede haber una ilusión a la conducta indebida de algunos de los corintios en el culto público y en relación con los banquetes paganos (ver 1 Cor. 8; 10-12; 11: 4-6, 20-22). Con amor el cristiano renuncia a sus opiniones, deseos y prácticas personales en bien de la tranquilidad, la conveniencia y la felicidad de otros.

El comportamiento correcto del amor impide todo fanatismo y posición extremista que conduzcan a estallidos emotivos desenfrenados y deshonren la causa de Dios. Esta afirmación de que el amor nunca hace nada indebido demuestra que en todo momento está bajo el dominio de la razón, y por lo tanto no puede ser una emoción o sentimiento. Lo que pasa de ser una reacción de las emociones y sentimientos -falsamente llamada amor-, no actúa en forma razonable ni necesariamente tiene en cuenta los sentimientos y la sensibilidad de otros.

Lo suyo. Lo diametralmente opuesto a la naturaleza del verdadero amor es la búsqueda egoísta de la ventaja, la influencia o el honor de uno mismo como el único propósito de la vida (cf. cap. 10: 24, 33 ). Esta en todas las características del amor la más difícil de entender para el corazón no santificado. El ser humano se interesa en primer lugar en sí mismo y, con frecuencia, ese interés predomina sobre todos los demás; pero la forma de proceder de Cristo, la forma de proceder del amor, pone el yo en último lugar y a los otros primero (ver com. Mat. 5: 43-46; 7: 12). La naturaleza egoísta del hombre es una prueba más de que el pecado a invertido completamente el orden divino en la experiencia de la humanidad, induciendo a los hombres a concentrar sus afectos e intereses en sí mismos (ver Jer. 17: 9; Rom. 7: 14-18, 20; 8: 5-8; Sant. 4: 4; com. Mat. 10: 39). El que está dominado por el amor desinteresado de Dios, se olvida del yo y está completamente dominado por el deseo de hacer la voluntad de Dios. Por eso está dispuesto a dar su vida en amante ministerio a favor de otros (ver Mat. 22: 37-39; Hech. 10: 38; OE 117; SC 138; 3JT 343).

Jesús "anduvo haciendo bienes" (Hech. 10: 38). Esta afirmación demuestra claramente que nadie puede ser un verdadero cristiano, un verdadero seguidor de Cristo, si sólo vive para sí mismo o si su principal propósito en la vida es favorecer sus propios intereses. Cristiano es el que sigue a Cristo; es el que no tiene en cuenta las exigencias del corazón natural de dedicarse a sí mismo, y que está dispuesto a sacrificar su comodidad, su tiempo, su tranquilidad, sus recursos y sus talentos en favor del bienestar de la humanidad.

No se irrita. El amor no se irrita; nada puede perturbar la ecuanimidad del perfecto amor y producir una manifestación de disgusto, impaciencia o ira (ver Sal. 119: 165; Heb. 12: 3; 1 Ped. 2: 23). Al cristiano que sabe que el yo, el corazón natural, se opone a la voluntad de Dios, pero se ha entregado al Señor y está muerto al pecado, nada puede irritarlo o disgustarlo. Sencillamente entrega todas las cosas en manos de Dios con la seguridad de que, no importa qué suceda, está bajo el cuidado del ojo amante y atento de Aquel que rige todas las cosas para bien del que confíe en él (ver Rom. 6: 11; 8: 28; 1 Ped. 5: 6-7). Uno de los efectos más visibles de la conversión es el notable cambio que se ve en el carácter de una persona que era de disposición irritable, llena de resentimiento y fácil de airarse. Esas personas se tornan amables, bondadosas y tranquilas bajo la influencia del Espíritu Santo. Todos los esfuerzos de Satanás son infructuosos para hacer que se disgusten y den rienda suelta a su antiguo genio violento.

No guarda rencor. Literalmente "no toma en cuenta el mal" " (BJ, BC). El texto griego daba la idea de no tomar en cuenta el mal que ha sido hecho; no computar, achacar o cargar el mal a la cuenta de algún otro. Este es otro bello atributo cristiano del amor. Demuestra que el amor explica de la mejor manera posible el comportamiento de otros. El que está dominado por el amor no es severo, no está dispuesto a encontrar faltas en otros o atribuirles motivos equivocados.


6. No se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.

Injusticia. El amor no se complace en ninguna suerte de injusticia, ya se trate de amigos o enemigos. La injusticia, que es pecado (1 Juan 5: 17), es completamente extraña a la naturaleza divina del amor. Por lo tanto, el que ama no puede no puede complacerse con nada que no esté en armonía con la voluntad de Dios. El amor no se regocija con los defectos de otros ni se alegra porque se haya descubierto que son culpables de algún mal. No se complace malignamente al escuchar la noticia de que alguien se ha equivocado (ver Prov. 10: 12; 11: 13; 17: 9; 1 Ped. 4: 8). El corazón inicuo se alegra cuando un enemigo cae en el pecado, o cuando un adversario comete una falta que lo perjudica; pero no sucede así con el amor, porque éste sigue el camino diametralmente opuesto y procura ayudar al enemigo cuando está en dificultades (ver Prov. 24: 17; 25: 21; Mat. 5: 44; Rom. 12: 20). Los que no están santificado por la verdad son los que se complacen en el mal proceder de otros (ver Rom. 1: 32; 12: 9).

Verdad. "Verdad" está aquí en contraste con "injusticia", y significa virtud, justicia, bondad. El amor no se complace en las faltas, sino en las virtudes de otros. El amor se interesa en el progreso de la verdad y en la felicidad del hombre. Por eso da gracias cada vez que es apoyada la causa de la verdad (ver Mar. 9: 35-40; Fil. 1: 14-18).

El amor no puede alegrarse con ninguna clase de pecado ni en el castigo que corresponde al pecador, pero si se complace en la liberación del hombre de los grillos del pecado, porque una liberación tal lo pone en armonía con la verdad y lo convierte en candidato para la felicidad del cielo para la cual fue creado (ver Eze. 18: 23, 32; 33: 11; Juan 8: 32; 17: 17; 1 Juan 4: 8; PVGM 233).


7. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Lo sufre. Gr. stégo , "cubrir", "proteger", "resistir", "soportar". "Todo lo excusa" (BJ, NC); "todo lo disimula" " (BC). El amor oculta y calla cosas como las faltas de otros, que el egoísmo del corazón natural expondría alegremente. El amor no siente deseo de examinar las debilidades ajenas o de permitir que sean inspeccionadas por alguna otra persona.

Todo lo cree. Esta frase no significa que el que ama a sus prójimos es crédulo hasta el punto de creer cosas absurdas, sin discriminar entre los cierto y lo falso, quedando así expuesto a creer en una falsedad como si fuera algo cierto. Lo que el amor está dispuesto a hacer es de interpretar la conducta ajena de la mejor manera posible, adjudicando buenos motivos a otros. Esta es la actitud natural del amor porque procura hacer felices a otros. No cree cualquier cosa en perjuicios de ellos a menos que haya una evidencia irrefutable. El amor en relación con Dios cree sin preguntar todo lo que la voluntad divina le revela al hombre. No tiene dudas acerca de la palabra de Dios y de las instrucciones divinas; todo lo acepta y obedece con gratitud.

Lo espera. No importa cuán oscuras pueden ser las apariencias y cuántos motivos haya para poner en duda la sinceridad de otros, el amor continúa esperando que todo terminará bien, y mantiene esta posición hasta que desaparezca toda posibilidad de que así sea. Esta fe en el prójimo, inspirada por el amor, insta al individuo a ser un defensor de la causa ajena, aun frente a la oposición. El amor se basa en la confianza, y esta confianza descansa finalmente en Dios. Por eso el amor está dispuesto a hacer frente al ridículo, la lucha y el desprecio en defensa de otros, pues confía que a su debido tiempo será enaltecida la verdad.

Lo soporta. El amor soporta serenamente todas la dificultades, pruebas, persecuciones e injurias de origen humano, y todos los ataques que quizá Dios vea que es conveniente permitir que haga el adversario (ver Job 13: 15). Esta afirmación acerca del amor demuestra la infinita paciencia que posee el que siempre está regido por el amor. Soporta pacientemente el extraño comportamiento de otros, quizá calculado para herirlo o molestarlo, pues ve en sus prójimos almas por las cuales murió Cristo, almas que son descarriadas por Satanás y, por lo tanto, deben ser compadecidas y ayudadas antes que condenadas o tratadas ásperamente. El amor, que es la perfecta expresión de la ley de Dios, obra consecuentemente para el mayor bien posible de otros y, por lo tanto, está preparado para considerar la conducta desfavorable e otros con una paciencia comprensiva y una simpatía inspirada por Dios. (ver Mat. 22: 37-40; Rom. 13: 10; 1 Juan 4: 7, 12, 16, 18, 20-21).


8. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.

Deja de Ser. Gr. ekpípto , "caer de su lugar", "menguar", "perecer". " "No acaba nunca" (BJ). La evidencia textual (cf. p. 10) establece la variante pípto , la forma simple del verbo. El amor genuino no cae como una hoja o una flor (ver San. 1: 11; 1 Ped. 1: 24). Cuando una flor ha brindado su fragancia y belleza durante las horas de la luz solar, ha cumplido su propósito; luego, los vientos fríos y las heladas hacen que se marchite y caigan de la planta. No sucede así con el amor. El amor permanece inmutable, emanando su fragancia de fe, esperanza y seguridad a su alrededor, tanto en los días de tirantez y dificultad como cuando todo es brillante y hermoso. Así debe ser, pues el amor es el mismo fundamento de la ley, y la ley de Dios es eterna (ver Sal. 119: 160; Mat. 5: 17-18; Luc. 16: 17). Se pide a cada creyente que cultive este fruto del Espíritu. Puede estar seguro que no habrá ninguna vicisitud en la vida a la cual no sea capaz de hacer frente el amor. Puede dependerse siempre del amor para resolver todos los problemas.

Profecías. El don de profecía fue dado por Dios para la conducción de la iglesia a través de los siglos (ver Sal. 77: 20; Ose. 12: 13; Apoc. 12: 17; 19: 10). Cuando ya no haya necesidad de esa conducción, es decir, cuando el pueblo de Dios llegue a su hogar celestial, las profecías cesarán.

Se acabarán. Gr. katargéo , "anular", "terminar", usado aquí en la forma pasiva, "ser llevadas a un fin".

Cesarán. Gr. páuo , "detenerse", "cesar".

Lenguas. Este don, como el de las profecías, que cumplió una función útil en la iglesia primitiva (ver Nota Adicional del cap. 14 ), ya no será necesario.

Ciencia. Gr. gnosis , "conocimiento". No el conocimiento en general, sino el don del conocimiento que capacita a los hombres para explicar clara y lógicamente la verdad a otros (ver com. cap. 12: 8). Pablo establece la superioridad del amor sobre los otros dones espirituales, que fueron útiles en la edificación de la iglesia, pero que no se necesitarán más cuando la iglesia reine triunfante en el reino de gloria.


9
. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos,

En parte. Los dones de ciencia (o "conocimiento") y de profecía proporcionan sólo vislumbres parciales de los inextinguibles tesoros del conocimiento divino. La luz de una vela prácticamente desaparece prácticamente cuando es puesta frente a la luz del sol; así también nuestro limitado conocimiento desaparecerá ante el brillo muy superior del mundo eterno.


10. Mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.

Perfecto. Gr. téleios , "completo", "entero", "maduro". El conocimiento adquirido por los hombres más inteligentes es insignificante en comparación con el vasto océano de conocimiento del universo; por lo tanto, estaba completamente fuera de lugar la jactancia de los corintios (cap. 8: 1-2). Cuando Jesucristo venga otra vez a buscar a los suyos, el esplendor parcial de la mente humana, basado en todo el conocimiento que poseen los hombres, se perderá en la insignificancia ante el brillo superior de la revelación divina de la verdad, así como la luz de las estrellas desaparece cuando aparece el sol matinal.

Se acabará. Gr. katargéo , (ver com. vers. 8). No puede haber aquí una insinuación de que el conocimiento de la verdad cesará alguna vez o se acabará. La verdad es eterna, y el conocimiento que tiene el hombre de esa verdad siempre permanecerá. La naturaleza parcial de ese conocimiento es lo que cesará cuando el hombre sea transformado de mortal en inmortal (vers. 12; cf. cap. 8: 2). De igual manera, cuando este mundo llegue a su fin y los hombres mantegan comunión cara a cara con Dios, la profecía habrá servido a su propósito y ya no se necesitará más.


11. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.

Niño. El apóstol usa esta ilustración de la diferencia entre las experiencias de la niñez y las de la edad madura, para destacar cuánto dista el conocimiento borroso de las cosas que ahora poseen los hombres de la luz brillante del conocimiento que tendrán en el cielo.

Hablaba. Aquí se comparan los sonidos sin sentido, propios de un niño que está aprendiendo a hablar, con la sabiduría que reemplazará al conocimiento terrenal en el futuro estado inmortal. Cuando uno llega a la madurez, abandona como cosas sin valor las ideas y los conceptos de la niñez que antes nos parecían de tanta importancia. Cuando lleguemos al cielo desecharemos las ideas, los puntos de vista y conceptos que albergamos en esta vida, pero que ahora consideramos como muy importantes y valiosos.

Pensaba. Se refiere a la actividad mental rudimentaria, propia de la infancia, un tipo de pensamiento que no puede ser considerado como un razonamiento cabal. El pensamiento era estrecho e imperfecto, y el conocimiento escaso. Las cosas que llamaban entonces la atención, perdieron su valor cuando llegó la madurez.

Juzgaba. Al adulto los pensamientos y razonamientos de la niñez le parecen perfiles, de corto alcance, no convincentes y falsos. Cuando los hijos de Dios estén en el reino de gloria habrá tanta diferencia entre los planes, las opiniones, la comprensión y las facultades de razonamiento terrenales y los del cielo, como la hay ahora entre los de la niñez y los de la madurez.

Dejé. Gr. katargéo (ver com. vers. 8).


12. Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.

Espejo. Se presenta otra ilustración para mostrar la imperfección aun del mejor conocimiento que se puede adquirir en esta tierra. Los espejos antiguos estaban hechos de metal pulido (ver com. Exo. 38: 8). La imagen que se veía en esos espejos con frecuencia era borrosa y turbia. Nuestro conocimiento de la verdea eterna ahora es oscuro y confuso en comparación con lo que será en el cielo. Nuestra visión ahora está nublada por las debilidades físicas originadas en el pecado. Incluso la percepción mental está menoscabada por hábitos erróneos de vida, de modo que las cosas espirituales sólo se perciben ahora confusamente (ver 3JT 183, 197-198; CRA 24, 396; Te 18; CN 433).

Oscuramente. Gr. en ainígmati, "en enigma", "en acertijo", como en un rompecabezas donde le faltan piezas, de modo que no se le puede reconstruir debidamente. Así es nuestra visión actual de la verdad espiritual: parcial, oscura, borrosa. Sin embargo, lo que se puede entender es suficiente para proporcionar gozo al creyente fiel, pues le permite ver algo de la belleza del plan que Dios ha preparado para la redención y glorificación del hombre. En el cielo será quitado lo que ha oscurecido la visión y se aclararán las cosas que han dejado perplejos a los hombres; aumentará el conocimiento, y con este aumento se producirá un gozo creciente (3JT 261).

Conoceré. Es decir, conoceré plenamente, reconoceré, entenderé. La idea de "conocer plenamente" no se halla en el verbo que se traduce antes en este versículo como "conozco".

Como. Es decir, en la misma forma, pero no necesariamente con el mismo alcance. Cuando hayan pasado todas las imperfecciones de esta vida y se efectúe el notable cambio por el cual el "corruptible" se haya vestido de "incorrupción" y esto "mortal" de "inmortalidad" (cap. 15: 52-54), la visión borrosa será reemplazada por una vista clara, pues se habrá quitado todos los impedimentos que había. Habrá una comunión cara a cara, y el creciente redimido, conforme a su capacidad siempre creciente, sabrá y entenderá plenamente todas las cosas.

Fui conocido. Es decir, por Dios. El conocimiento que el hombre tiene de Dios en esta vida es parcial, pero el conocimiento que Dios tiene del hombre es completo. El conocimiento más completo que poseerá el hombre en el mundo venidero es comparado con el conocimiento que Dios tiene del hombre en esta vida. Sin embargo, el conocimiento del hombre nunca igualará al de Dios, ni aún se le aproximará. Por eso la conjunción "como" no debe interpretarse como que significa "con el mismo alcance" (ver com. "como"). Las palabras de este versículo a veces han sido usadas para presentar la verdad de que en el reino de gloria los hijos de Dios se reconocerán entre sí (ver DTG 744). Debe recordarse que Pablo no está presentado eso en este mensaje. No hay duda de que habrá ese conocimiento; pero lo que el apóstol explica es que en el mundo venidero se explicarán las perplejidades que ahora nos acosan, y que nuestro conocimiento imperfecto será entonces completo (ver 2JT 311).


13. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

Permanecen. Excepto el amor, todos los asuntos que se han tratado en este capítulo, incluso las profecías, las lenguas y otros dones del Espíritu, dejarán de tener valor o terminarán; pero las tres virtudes básicas de la vida cristiana no dejarán de ser; son permanentes. Por lo tanto, se exhorta al cristiano a concentrar su atención en ellas.

Esta fe no es el don espiritual conocido como fe (ver com. cap. 12: 9), sino la experiencia descrita en Heb. 11 (cf. com. Rom. 4: 3) la cual debe ser de eterno valor, porque será un elemento esencial de vida armoniosa en la tierra nueva. La esperanza, que es el deseo de algo y la expectativa de obtenerlo, será, por su misma naturaleza, una parte de la vida en el cielo, donde siempre habrá nuevas áreas para que los redimidos de Dios investiguen y nuevos motivos de deleite para que los disfruten (ver 1 Cor. 2: 9; Ed 295-296). Los redimidos no podrán disfrutar en un solo momento de todos los tesoros del cielo, y mientras haya algo que se desee y se espere para el futuro, existirá la esperanza.

El mayor. Cuando se comprende que de todas las cualidades del carácter, la inspiración usa el amor para describir la misma naturaleza de Dios, es fácil entender por qué dice el apóstol que éste es, por excelencia, el mayor de todos los dones del Espíritu (ver 1 Juan 4: 7-8, 16). El amor como forma de vida es más eficaz, más victorioso, más satisfactorio que la posesión y la práctica de los diversos dones del Espíritu enumerados en el cap. 12 (ver 1 Cor. 12: 31). El amor a Dios y a nuestros prójimos es la expresión máxima de la armonía con Dios (ver Mat. 22: 37-40; 8T 139). El amor manifestado en la vida del creyente es la gran prueba de la sinceridad del cristianismo (ver Isa. 58: 6-8; Mat. 25: 34-40; 2JT 511-518).

Ser cristiano es ser como Cristo, quien "anduvo haciendo bienes" (Hech. 10: 38). Cristianos son los que, en el espíritu de Jesús, van haciendo bienes a todos los que necesitan su ayuda. Lo hacen sin ningún egoísmo, porque el amor de Dios que está en su corazón hace que les sea imposible proceder de otra manera (ver 2JT 506; MB 53). El amor es el camino "más excelente" porque su expresión práctica es la prueba que decidirá el destino eterno de todos los seres humanos. Aquellos cuya religión es nada más que el cumplimiento externo de formas y ritos, descubrirán que esa religión no es la que Dios acepta (ver 2JT 254). El amor abnegado, que crea unidad entre los creyentes, convencerá al mundo de que Dios ciertamente envió a su Hijo a la tierra para salvar a la humanidad. Este es el método elegido por Dios para que los suyos den testimonio de la verdad del Evangelio (ver Juan 17: 21, 23). Un amor tal, que no tiene ningún deseo de ensalzarse, justificarse o complacerse egoístamente, sino que es dedicado a un ministerio abnegado en favor de los necesitados, es un argumento que los inconversos no pueden contradecir, pues ven en ese ministerio algo incomprensible para su filosofía de la vida. Su corazón se conmueve y su inteligencia responde a la evidencia del poder de la piedad en la vida de quienes están convertidos. De esa manera se demuestra que el amor es la forma máxima de predicar el Evangelio y de promover el reino de Dios.


COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE

1 CMC 33; CH 560; Ev 369; 1JT 274; 2JT 25; 2T 116; 4T 133

1-3 DMJ 35; HAp 256

1-5 5T 168

3 2T 116; 4T 133

3-7 2T 169

4 Ed 110; FE 279; MeM 184, 344; 4T 65; 5T 123

4-5 DTG 503; FE 283; HAp 433

4-7 4T 257; 5T 290

4-8 DMJ 19; Ed 237; HAp 256

5 CW 67; DTG 11, 407; 1JT 377; MeM 86; PE 112; 2T 276, 313; 5T 124; 7T 243

5-7 OE 463

6 FE 279

6-8 5T 169

7 1JT 207, 452; MC 397; 5T 404

11 HAd 103,190; 3T 194

12 CC 115; CS 735; DMJ 27; DTG 744; Ed 293, 296; HAd 492; 2JT 311; MC 371; MeM 12, 364, 377; OE 533; SR 432; 1T 30; 3T 540- 8T 328

13 HAp 257; 1JT 322; MB 36; MM 251