COMENTARIOS DE LA LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

I Trimestre de 2015

Proverbios 

Lección 7
14 de febrero de 2015

 

Cómo tratar con las peleas

Prof. Sikberto Renaldo Marks

Versículo para Memorizar: “Mejor es un bocado seco, y en paz, que casa de contiendas llena de provisiones” (Proverbios 17:1).

Introducción

Esta es otra lección para entender mejor la estrategia de Satanás. A través del mundo, él nos ofrece cosas lindas, pero ilusorias. Hace que invirtamos las prioridades. Aunque no esté mal desear tener riquezas, ser exitoso, hacer grandes obras, cosas que en sí hasta podrían ser buenas, lo erróneo es poner en esas cosas, o en otras, la prioridad en nuestra vida. Si estas cosas fueran más importantes que el matrimonio, los hijos, la amistad, y estén por encima de una buena y saludable relación con los demás, y especialmente más importante que la comunión con Dios, se convertirán inmediatamente en una carga, y surgirán los problemas. El enemigo no nos atrapa sólo mediante cosas condenables, también procura engañarnos con cosas buenas. Por ejemplo, comprarse un auto nuevo no está mal, es una cosa buena, porque es más seguro y confiable. Pero cuando se convierte en motivo de orgullo, entonces lo que era bueno se arruina. Tener un elevado nivel de educación es muy bueno, sin embargo si con ello nos volvemos soberbios, lo que es bueno se arruina. Vestirse con elegancia es recomendable, pero abusar de la moda es vanidad. Ser vegetariano es muy bueno, pero condenar a los que no lo son es maldad. Y los ejemplos podrían seguir.

Debemos comprender que Satanás tiene estrategias para nosotros, los adventistas, que al principio se presentan como cosas buenas y positivas, pero que a lo largo del trayecto, se convierten en una trampa peligrosa de falsedad. Generalmente es la radicalización de lo que es bueno. Así, con la Biblia en la mano, a lo largo de la Historia, se ha derramado mucha sangre, y mucha violencia se ha practicado, y la Biblia no tuvo la culpa, pero sí quien la esgrimía. Faltó coherencia entre la fe y la práctica.

Lo que la Lección de esta semana destaca es que por medio de cosas buenas, o cosas malas, uno de los objetivos más importantes de Satanás es conducirnos a los desacuerdos, especialmente en el hogar, y también en la iglesia. Cuando surgen los desacuerdos, las prioridades son invertidas, y dirigidas hacia lo que nosotros deseamos por encima de lo que Dios requiere. Parece que Satanás no se pone como objetivo eliminar a la Iglesia Adventista, sino controlarla, convirtiéndola en una organización a su servicio. Las contiendas debilitan a la iglesia, así como desacreditan su mensaje.

Profesamos ser depositarios de la ley de Dios; aseveramos tener mayor luz, y procuramos una norma más alta que la de cualquiera de los otros pueblos de esta tierra; por lo tanto debemos manifestar mayor perfección de carácter y más fervorosa devoción. Un mensaje muy solemne ha sido confiado a los que han recibido la luz de la verdad presente. Nuestra luz debe resplandecer para iluminar la senda de los que están en tinieblas. Como miembros de la iglesia visible y obreros en la viña del Señor, todos los que profesan el cristianismo deben hacer cuanto pueden para conservar la paz, la armonía y el amor en la iglesia. Tomemos nota de la oración de Cristo: ‘Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste’ (Juan 17:21). La unidad de la iglesia es la evidencia convincente de que Dios ha enviado al mundo a Jesús como su Redentor. Este es un argumento que los mundanos no pueden controvertir. Por lo tanto, Satanás está obrando constantemente para impedir esta unión y armonía, a fin de que los incrédulos, al presenciar la apostasía, la disensión y la contienda entre los que profesan ser cristianos, se disgusten con la religión y sean confirmados en su impenitencia. Dios queda deshonrado por aquellos que profesan la verdad, mientras están en divergencia y enemistad unos con otros. Satanás es el gran acusador de los hermanos y todos los que participan de esta obra se hallan alistados en su servicio” (Joyas de los testimonios, tomo 2, p. 263).

Sería interesante leer 1 Corintios 3:1-9 y 6:1-11, que tratan acerca de las contiendas. Allí hay algunos buenos consejos de Pablo acerca de este tema.

El pecado y los amigos

¿Cómo tratar con los amigos? O, ¿cómo relacionarse entre ellos? De esto se trata esta sección.

¿Qué son los amigos, en esta tierra? Son personas que integran nuestro círculo, con las cuales nos relacionamos con mayor frecuencia, y nos queremos. Nos comunicamos, nos visitamos, nos damos regalos, festejamos cumpleaños o aniversarios, somos invitados e invitamos, nos alegramos juntos, nos ayudamos, etc. Pero hay más puntos que podríamos considerar. Estos amigos, así como nosotros, fallan, cometen errores, causan problemas, entienden mal las cosas, hasta podrían hablar mal unos en relación a otros. Pues bien, esta lección no es para nuestros amigos, es para nosotros. Nos corresponde a nosotros, que tenemos el conocimiento de Dios acerca de cómo relacionarnos con excelencia con nuestros amigos. Si ellos también comprenden esta lección, perfecto, que cada uno saque provecho de lo que el Espíritu Santo le revele. Pero es a nosotros, los que nos corresponde aplicar los pocos, pero bien sabios, consejos de los versículos analizados en esta sección. Al fin de cuentas, nosotros deseamos ser tratados por nuestros amigos así como Dios quiere que los tratemos.

Cuando un amigo comete un error, tal como –por ejemplo– pelearse con otro amigo, o con su esposa, o con algún pariente, y eso llega a nuestro conocimiento, ¿qué debemos hacer? Hay dos posibilidades: contarle eso a todos para que lo sepan, o actuar con sabiduría. En el segundo caso, tal vez ni debamos hacer nada, pues puede suceder que este amigo sea sabio y descubra por sí mismo cómo resolver la cuestión. Pero tal vez debamos actuar y allí surge el problema: ¿De qué modo ayudar a alguien que se ha equivocado? Esto no es fácil, tal vez la persona en cuestión ni siquiera desee nuestra ayuda. Esta es una situación delicada, y debemos ser cautelosos, orar, para poder actuar con sabiduría, y contribuir a solucionar el problema, no para complicarlo. Lo que no debemos hacer, eso sí, y esto lo dejan bien en claro estos versículos es esparcir el mal hacia otros. Estos pasajes no prohíben que hablemos con tal o cual persona sabia, que esté capacitada para aconsejarnos, o de contribuir en la solución. Es decir que no debemos siempre interferir en los asuntos de otros, aun cuando sea para ayudar en la búsqueda de la solución. No siempre este procedimiento es el mejor camino. Es como lo afirma Elena G. de White, hablando de un caso específico: “Anoche se me llamó la atención sobre su caso, y yo hablé con usted como una madre habla con su hijo. Le dije: ‘Hermano ________, no debería creer que es su deber conversar con damas jóvenes acerca de ciertos temas, incluso si su esposa está presente. Usted les está sugiriendo la idea de que es perfectamente correcto informar a los pastores acerca de los secretos y las dificultades de la familia, secretos que deberían ser llevados ante Dios, quien comprende el corazón, nunca comete errores, y juzga justamente. No escuche ninguna información acerca de asuntos privados, sean familiares o individuales. Si alguien se siente animado a acudir a un hombre para confiarle sus problemas, creerá que es correcto continuar con esa costumbre, y esto será una trampa, no solo para la persona que informa, sino también para la persona a quien se le hacen estas confidencias” (Carta 7, 1889; citada en Mente, carácter y personalidad, tomo 2, p. 406).

Hay otro punto que hay que tener en cuenta en estas situaciones: hay que amar a las personas, aun cuando se equivoquen. Pero amar a las personas no significa permitir que el error pueda llevar a situaciones que empeoren la situación de un amigo. Por ejemplo, supongamos que un amigo haya decidido ver videos violentos, o asistir al cine para ver películas a las cuales Jesús no iría. Esta es una situación que requiere la ayuda de otras personas, pero no hablando del tema con otros. Tal vez se pueda arreglar una visita persona, y con oración y mucho respeto, hablar de tema con esa persona. Ésta podría aceptar o no el consejo. Si no lo hace, tal vez sea mejor no precipitarse en búsqueda de una solución, sino orar y pedir la ayuda de personas inteligentes y sabias. Tales cosas suceden con frecuencia en los jóvenes, y muchos de ellos no aceptan fácilmente el consejo, especialmente si la persona que aconseja no forma parte de su círculo.

-Algunas citas de Elena G. de White sobre el aconsejamiento nos pueden ayudar en este tema delicado:

-“Ojalá que haya generales, hombres sabios y considerados, hombres bien equilibrados, que sean consejeros seguros, que comprendan la naturaleza humana, y que sepan cómo dirigir y aconsejar en el temor de Dios” (Mensajes selectos, tomo 2, p. 415)

Cuando tratemos de aconsejar o amonestar a cualquier alma en cuya experiencia haya sobrevenido una crisis, nuestras palabras tendrán únicamente el peso de la influencia que nos hayan ganado nuestro propio ejemplo y espíritu. Debemos ser buenos antes que podamos obrar el bien. No podemos ejercer una influencia transformadora sobre otros hasta que nuestro propio corazón haya sido humillado, refinado y enternecido por la gracia de Cristo. Cuando se efectúe ese cambio en nosotros, nos resultará natural vivir para beneficiar a otros, así como es natural para el rosal producir sus flores fragantes o para la vid sus racimos morados” (El discurso maestro de Jesucristo, p. 108)

 

-“La simpatía es buena, si se la imparte con sabiduría, pero debe dársela juiciosamente, con el conocimiento de que el objeto de ella la merece. ¿Qué diremos de recibir consejo? “Trata tu causa con tu compañero y no descubras el secreto a otro. No sea que te deshonre el que lo oyere... manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene. Como zarcillo de oro y joyel de oro fino, es el que reprende al sabio que tiene oído dócil”. Cuando podemos relacionarnos para ayudarnos a ir al cielo, cuando la conversación se explaya en las cosas divinas y celestiales, entonces vale la pena conversar; pero cuando se concentra en el yo y en las cosas terrenales y sin importancia, el silencio es oro. El oído obediente recibirá la reprensión con un espíritu susceptible de recibir enseñanza. Sólo entonces nuestra relación con los demás resultará beneficiosa, y cumplirá el propósito que Dios desea que lleve a cabo. Cuando se cumplen aspectos de la instrucción divina, el sabio reprensor cumple su deber, y el oído obediente escucha con un propósito definido y resulta beneficiado” (Carta 52, 1893; citada en Hijos e hijas de Dios, p. 168).

¡Sé justo!

-Este es un tema de relevancia. ¿Cómo encarar los problemas, pecados, conflictos, desacuerdos, los conflictos? Estas cosas necesitan ser tratadas en la iglesia, o ésta terminará desviándose gradualmente hasta que Satanás asuma pleno control.

Necesitamos recordar al menos una estrategia de Satanás, que es la de insertar la mundanalidad y el mal testimonio en la iglesia, lenta, gradualmente, casi imperceptiblemente, hasta que ya no sea la iglesia de Cristo, sino la del enemigo.

-¿Cómo debemos proceder en caso de que necesitemos ayudar a una persona a dejar sus malas acciones? Tenemos para ello un ejemplo bíblico, en el caso de Jesús, la mujer adúltera y sus acusadores. La mujer había sido atrapada en adulterio flagrante, y fue llevada ante Jesús. Lo curioso es que el hombre que había intervenido en el acto pecaminoso desapareció de escena (esto es parcialidad, no justicia). Lo que los acusadores querían, en realidad, era encerrar a Jesús en el dilema de condenar a la mujer, o no, pues en caso de que la condenara, eso se contradiría con su discurso de amar a los demás, y si la absolviera, estaría en contra de la Ley, pues el adulterio es pecado, y debía castigarse con el apedreamiento. Pero Jesús utilizó simplemente recomendaciones bíblicas, en las cuales una persona podría ser condenada mediante dos o tres testigos. Como todos terminaron yéndose, pues también tenían pecados, no la condenaron, soltaron las piedras y se evadieron. De dos o tres testigos no terminó quedando ni uno. Fue en ese contexto, absolutamente legal, que Jesús le dijo: “Ni yo te condeno”. Pero también le dijo algo más, la solución: “Vete y no peques más”. Así es como Jesús trató la cuestión del adulterio, o peor aun, la infidelidad matrimonial.

Lo que la Lección nos enseña es que los pecados deben ser reprendidos. No hay modo de dejar esto de lado: no se puede permitir que un pecado se arraigue, se perpetúe, e influya negativamente en otros miembros. No significa esto que debamos actuar precipitadamente, sino que se deben tomar recaudos bien planificados. En primer lugar, debemos reprender con amor, o sea que la palabra reprensión debe ser encarada de manera diferente a lo que significa en primera instancia. Podríamos utilizar algunos sinónimos para ello: amonestar, avisar, aconsejar, recordar, enseñar, corregir, persuadir. Hay otros sinónimos de lo que no debiéramos hacer: castigar, acosar, regañar, ahuyentar, condenar, criticar, culpar, castigar, mortificar. Notemos que la misma palabra puede tener varios significados y, en nuestro caso, donde el objetivo es salvar a la persona, debiéramos escoger las palabras para reprender con amor.

Todo el cielo está interesado en la entrevista entre aquel que ha sido perjudicado y el que está en error. Y cuando el que erró acepta la reprensión ofrecida con el amor de Cristo y, reconociendo su error, pide perdón a Dios y a su hermano, la alegría del cielo llena su corazón. La controversia terminó. La amistad y la confianza quedaron restauradas. El aceite del amor elimina la irritación causada por el mal. El Espíritu de Dios liga un corazón al otro; y hay en el cielo música por la unión realizada” (Joyas de los testimonios, tomo 3, p. 201).

Otra vez las palabras

Ya hemos analizado el poder de las palabras. Tal como lo dice la Lección, pueden animar como desanimar. Además, hay personas con una facilidad increíble para animar a otras, y otras para desanimar, siendo que la mayoría son neutras. Las palabras pueden hasta matar, especialmente si son dichas con ira, o si son ofensivas.

Para ilustrar el estudio de esta sección, me baso en algunos hechos reales. El primero de ellos ocurrió en el ámbito de la medicina, y fueron informados en los libros de Daniel Goleman. En una Unidad de Terapia Intensiva, un hombre estaba en situación gravísima, de la cual tenía poquísimas probabilidades de salir vivo. A su lado, había otro paciente, de quien el médico le había dicho a sus acompañantes que había gran posibilidad de recuperación a través de un nuevo medicamente que le estaba siendo administrado. El enfermo que estaba en peor estado, escuchó este diálogo, y entendió que se hablaba de él, y en algunos días se recuperó.

El otro caso también ocurrió en un hospital, en un caso también relatado por Goleman. Una mujer que estaba sentado en una silla en un pasillo escuchó a un médico decir que el estado de una mujer era terminal, y que no viviría por mucho tiempo. Al decirlo, el médico inadvertidamente había mirado a la mujer, que nada tenía que ver con el caso del cual estaba hablando, pero la mujer entendió que se hablaba de ella, empeoró y finalmente murió.

-Con mi abuelo ocurrió algo impresionante, y seguramente muchos tendrían casos de este tipo para relatar. Estaba en coma, en el hospital, y los familiares hablaban de su estado ante su presencia. Pensaban que no los escuchaba, pues ni siquiera se movía. Pero más tarde, cuando experimentó una mejoría, preguntó acerca de todo ello, y por qué hablaban de ese modo ante él. Había estado escuchando todo, y quedado impresionado de manera negativa.

Conozco el caso de personas que murieron a causa de palabras ofensivas dichas con ira. Hay casos, y no son pocos, en las que personas que presencian peleas, o participan de ellas, quedan afectadas, el corazón tiene un paro cardíaco y mueren. Murieron por palabras mal pensadas dichas en tono elevado y enérgico.

¿Y quién no conoce historias de ejércitos que son comandados por las palabras de los oficiales, especialmente del comandante? Miles de hombres y mujeres luchan bajo las órdenes de las palabras de una sola persona, y así se gana o se pierde una batalla.

¿Y qué podemos decir del caso de los disertantes, quienes tienen el don de la palabra? Convencen a las personas con sus argumentos. ¿Y los vendedores, que poseen el poder de la persuasión? Muchas veces venden lo que el cliente no necesita, pero argumentan con las palabras precisas en el tono adecuado. También debemos recordar a los políticos, que en mi país cada cuatro años logran recolectar votos, y muchos de ellos luego hacen mucho menos de lo que prometieron. Prometer y no cumplir es una de las estrategias de Satanás. Palabras vacías, sin credibilidad, pero que sin embargo alguien creyó en ellas porque fueron pronunciadas en tono convencedor y por compromiso. Las palabras mentirosas también existen y son poderosas para lograr que las personas hagan cosas que nunca harían, si supiesen la verdad.

¿Y qué podemos decir del hablar sin pensar, o hablar precipitadamente? Mucho mejor es preguntar bien antes de hablar. Además, cuando alguien demanda opinión de nuestra parte, es sabio dejarlo hablar, escuchar, para luego emitir opinión. Así estaremos mejor posicionados para refutar malos pensamientos.

Los cristianos reflexionan antes de hablar, e investigan bien el tema antes de argumentar. En muchos casos, preguntar contribuye a destruir opiniones erróneas sobre lo que alguien más dijo, y resuelve mucho malestar. Debemos dialogar y discutir menos, y nunca precipitarnos.

Los dos lados de una historia

En una historia puede haber dos lados, o tal vez, más. Todos los actos, por definición natural y lógica, tienen una única versión verdadera y otras que son falsas. Las versiones falsas pueden ser una, algunas, o muchas, no hay límite para lo que no es verdadero. Es simple de entender, la verdad puede ser sólo una, no dos o más, pero la mentira puede manifestarse de diferentes maneras, cuantas se quiera inventar. Lo que nosotros debemos, como cristianos, procurar, es la versión verdadero, y cuando somos nosotros los que debemos hablar, que sea siempre la verdad.

Los insensatos de Proverbios están siempre dispuestos a hablar e intentar convencer a los demás de su versión. No les gusta demasiado escuchar, especialmente si la otra persona tiene una opinión diferente y verdadera. Los insensatos están tan seguros de lo que saben que, aun cuando sea falso, creen que es verdadero, y les incomoda otras opiniones diferentes de la suya. Los insensatos están tan seguros de lo que saben que, incluso sabiendo que es falso, igualmente lo creen como verdadero, y les molesta que otros opinen diferente. Los insensatos están siempre propensos a repetir los mismos errores, todo el tiempo. ¿Y qué errores son estos? 1) La opinión de ellos es la correcta. 2) Se irritan con la opinión de los demás; 3) Pierden la capacidad de diálogo ante lo contradictorio; 4) No soportan la crítica constructiva.

Nosotros, como cristianos, necesitamos muchas veces tener más calma y paciencia ante opiniones precipitadas, pero tampoco podemos ser ingenuos, y estar de acuerdo con todo lo que se dice, especialmente cuando proviene de alguien superior, que está flagrantemente equivocado. Por ejemplo, en muchas ocasiones sucede que una persona, que se cree iluminada, elabora ella sola un plan anual para la iglesia. No consulta a nadie. En un día, se presenta con su plan en la Junta de la Iglesia, afirmando que ese es el plan de Dios. Está absolutamente segura que todo está correcto, y que si ese plan se sigue, Dios bendecirá a la iglesia.

Pero en verdad está todo mal. Ese plan es autocrático. La persona piensa que sabe más que todos los demás en conjunto, y desprecia la opinión y la experiencia de los demás. Así, en la práctica, lo que sucede que es que a los demás no le interesa demasiado ese plan, y poco, o incluso nada, se sigue de ese plan. Al siguiente año, aparece la misma persona, con su plan supuestamente iluminado por Dios, y el error se repite nuevamente. ¡Yo he visto suceder esto!

-“Es natural para algunos ser rígidos y dictatoriales y gobernar despóticamente la herencia de Dios; y debido a la manifestación de estos atributos, almas preciosas se han perdido para la causa. Los hombres han manifestado esta característica desagradable porque no han estado vinculados con Dios” (Testimonios para los ministros, p. 223).

-“Debemos comprender que los que fueron colocados en puestos de responsabilidad, tiene que llegar a tal unidad, de modo que la obra avance firmemente. No permitáis que un hombre se insinúe como dominador arbitrario y diga: ‘Debéis ir allí y no allá; debéis hacer esto, y no aquello’- Tenemos una gran obra que realizar, y Dios quiere que la llevemos a cago inteligentemente. El nombramiento de hombres en puestos de responsabilidad en distintas asociaciones no los transforma en dioses. Nadie posee suficiente sabiduría como para actuar sin buscar consejo. Los hombres necesitan consultar a sus hermanos, deliberar juntos, orar juntos y planificar juntos para el avance de la obra. Que los obreros se arrodillen juntos orando a Dios, pidiéndole que dirija su proceder. Ha habido una gran falta de nuestra parte en tal sentido. Hemos confiado demasiado en proyectos humanos. No podemos permitir que esto sea así. Hay tiempos peligrosos delante de nosotros, y debemos llegar al estado de saber que el Señor vive, reina y mora en el corazón de los hijos de los hombres. Debemos tener confianza en Dios” (Fundamentals of Christian Education, p. 530).

Se veraz

-Debemos práctica una regla simple y práctica en nuestra vida siempre que exista la oportunidad. Y la regla es: ¡Decir siempre la verdad! Además, el cristiano que no siga esta regla, si no cambia de actitud, se perderá para siempre.

¡Cuánto se miente en nuestra sociedad! Las propagandas mienten, prometiendo que su producto es bueno, cuando no es verdad. Por ejemplo, días atrás estaba buscando un inflador para la bicicleta en Internet, y me interesó una, que era de la clase que yo pensaba. El producto era presentado como de buena calidad. Pero, siempre desconfiado, me informé mejor, y en verdad, el producto funciona por poco tiempo, y se rompe, sin posibilidad de arreglo. No sólo los estafadores mienten, casi todas las personas lo hacen. La publicidad de los productos en muchos casos solo dicen una parte de lo que debemos saber. Entonces vamos al negocio, y nos enteramos de la otra parte, pero eso ante un vendedor bien preparado para conversar y convencernos para que compremos.

Algo triste se ve en muchos llamados para el bautismo. Muchos se hacen basados en la emoción, del impulso, y eso también es una especie de engaño. Por ejemplo, cuando quien hace el llamado refuerza la posibilidad de que la persona muera, o de que Jesús vuelva esa misma noche, que suceda algo inesperado y con ello la pérdida de la vida eterna, eso no es verdad. Jesús nunca utilizó esa estrategia. Son situaciones forzadas para llevar a personas a tomar decisiones en contra de su voluntad y preparación en ese momento. “La salvación no está en el bautismo, no se recibe con tener los nombres inscriptos en los libros de la iglesia, no se obtiene predicando la verdad. La salvación se consigue mediante una unión vivificante con Cristo que renueva el corazón, y al hacer las obras de Cristo con fe y al trabajar con amor, paciencia, humildad y esperanza” (Carta 55, 1886; citada en El evangelismo, p. 234).

Nuestros hermanos en el ministerio están fallando definidamente en hacer su obra según los métodos establecidos por el Señor. Fallan en presentar a cada hombre perfecto en Cristo Jesús. No han obtenido experiencia espiritual mediante la comunión personal con Dios, ni un verdadero conocimiento de lo que constituye el carácter cristiano; por lo tanto muchas personas son bautizadas sin estar en condición de recibir este rito sagrado, porque aún están unidas al yo y al mundo. No han visto a Cristo ni lo han recibido por fe” (Review and Herald, 4 de febrero de 1890; citado en El evangelismo, p. 234).

Hay distintas maneras de mentir. Hagamos una pequeña lista, que puede ser aumentada, pues sirve de advertencia y diagnóstico para evitar palabras falsas:

  1. Media verdad, o media mentira.
  2. No decir todo, escondiendo lo esencial.
  3. Aumentar o maquillar el mensaje.
  4. Devaluar el mensaje.
  5. Enfatizar a través de palabras elocuentes con el propósito de cambiar la comprensión del mensaje
  6. Contar una historia como verdadera, pero no verídica (sería sólo una parábola).
  7. Cambiar los hechos.
  8. Elogiar cuando no es el caso.
  9. Utilizar elementos para dar forma al cuerpo que en verdad no se tiene, engañando a los demás.
  10. Utilizar marcas caras para dar a entender que se tiene dinero.
  11. Adular.
  12. Y entre estas, y otras más, la mentira directa, la vieja conocida.

 

Para reflexionar y debatir, encontró en el sitio de Internet “Mundo Interpersonal”, una clasificación de cuatro tipos de mentira: a) la mentira blanca; b) la mentira benéfica; c) la mentira engañosa y 4) la mentira maliciosa. La primera, muy utilizada para no herir o lastimar a otra persona; por ejemplo, si ella está vestida de manera extraña, la persona dice que se ve hermosa; o si la persona es gorda, la otra dice que está elegante. La mentira benéfica es utilizada con la intención de ayudar a otra persona. Por ejemplo, un médico (u otra persona) le dice al paciente terminal que está mejorando (en la actualidad, los médicos generalmente ya no lo hacen), o quien escondió a judíos en su casa en tiempos del Holocausto, diciendo que allí no tenía a nadie, tal como lo hizo Rahab con los dos espías. La mentira engañosa tiene el propósito de perjudicar o lograr una ventaja. Por ejemplo, una amiga le cuenta a otra que vio a su novio en una fiesta, pero oculta que estaba con él. La mentira maliciosa tiene por objetivo devastar la reputación de otra persona. Por ejemplo, una empresa puede divulgar que su competidora tiene dificultades financieras. Este recurso es muy utilizado en las campañas políticas. Los chismes son otro caso de esta clase de mentira.

Otra reflexión para debatir, es la mentira del político, con la intención de salvar a la nación de una situación peor. Por ejemplo, si el país está en guerra, y es el presidente quien dirige al país con su liderazgo positivo, pero se enferma gravemente, generalmente se esconde ese hecho tanto como sea posible. O en el caso de una derrota en una batalla, se esconde este hecho a los demás combatientes para no desmoralizarlos (esto se hizo mucho durante la Segunda Guerra Mundial). También se modifican los indicadores económicos para que las personas no compren demasiado un determinado producto para que no escasee. Si estas mentiras no se utilizaran, la situación empeoraría. Pero surge la pregunta: ¿Cómo actuaría un buen cristiano en estas situaciones?

Pues bien, cada uno debe juzgar si alguna de estas posibilidades es justificable. ¿Será que Jesús utilizaría una de esas mentiras para salvar a una persona para vida eterna? Vivimos en un contexto en el cual la mentira muchas veces se “justifica” (desde el punto de vista humano). Un verdadero cristiano nunca miente, ni siquiera para agradar a alguien. Siempre actúa bajo la sabia orientación del poder del Espíritu Santo.

Resumen y aplicación del estudio

  1. Síntesis de los principales puntos de la lección

 

    1. ¿Cuál es el principal enfoque?

Las contiendas o conflictos son una variable de las relaciones. Pero son negativos, perjudiciales, desastrosos, y nunca producen salud ni felicidad. Es increíble comprobar cuán propenso es el ser humano a una pelea, le gusta, quiere vencer al otro, mostrar que tiene razón, que puede más, o que el otro está equivocado. El enfoque de esta semana es que seamos sabios, tanto para evitar provocar conflictos, como para hablar falsamente (mentir), y en la reconciliación con las personas cuando surjan los conflictos.

    1. ¿Cuáles son los tópicos relevantes?

 

¿Cuál es la raíz de todos los conflictos? ¿Y de la mentira? La falta de amor. Cuando las personas se aman es imposible que surjan las desavenencias. Una pareja que se ama por seguramente tendrá que enfrentar divergencias en sus puntos de vista, pero tratará esas contingencias con amor, o sea, con diálogo tranquilo hasta lograr el consenso. Y préstese atención: he dicho consenso, no que uno haya vencido al otro con alguna clase de argumentación.

    1. ¿Has descubierto otros puntos que podrías añadir?

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  1. ¿Qué cosas importantes podemos aprender de esta lección?

 

Somos pecadores, y los pecadores tienen una natural propensión satánica a resolver todo a través de los conflictos. Cuando Jesús estuvo en la cruz, enseñó que ser fuerte consiste en resolver las peores situaciones sin dejar de amar, ni siquiera a los enemigos. ¿Cómo alguien así podría ser capaz de pelear con otras personas? ¿O de mentir, incluso con el propósito de ayudar?

  1. ¿Qué aspectos puedo agregar a partir de mi estudio?

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  1. ¿Qué medidas debemos tomar a partir de este estudio?

 

Nunca hablar mal de otra persona, sino decir la verdad, y siempre a la persona correcta. La persona correcta es aquella que contribuirá a resolver el problema, en caso de que exista.

  1. ¿Qué es lo bueno en mi vida que me propongo a reforzar y lo malo para cambiar?

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  1. Comentario de Elena G. de White

 

“No hay otro fundamento para la paz fuera de éste. La gracia de Cristo, recibida en el corazón, subyuga la enemistad; apacigua la lucha y llena el alma de amor. El que está en paz con Dios y sus prójimos no puede ser desdichado. La envidia no estará en su corazón; no encuentran lugar allí las malas conjeturas; no puede existir el odio. El corazón que está en armonía con Dios es participante de la paz del cielo y difundirá por doquiera su bendita influencia. El espíritu de paz actuará como rocío sobre los corazones cansados y turbados con las contiendas mundanales” (En lugares celestiales, p. 37).

  1. Conclusión general

 

Únicamente con mucho amor en el corazón, el amor de Dios, es que seremos capaces de actuar contra nuestra naturaleza, esto es, contra el placer de causar el mal a otros, de hablar mal de los demás, y de generar situaciones conflictivas. Y ese amor sólo se recibe a través de una buena relación con nuestro Dios. Esa relación la obtendremos estudiando acerca de Dios, y viviendo conforme lo que hemos aprendido.

  1. ¿Cuál es el punto más relevante al que llegué mediante este estudio?

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Prof. Sikberto R. Marks