La Creación y nuestro concepto de la vida

Dos personas pueden ver la misma cosa, pero obtener conclusiones diferentes acerca de ella. Por ejemplo, el salmista escribió: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmo 19:1). En contraste, Steven Weinberg, ganador del premio Nobel en Física del año 1979, escribió: “Las estrellas no nos dicen más ni menos acerca de la gloria de Dios que las piedras del suelo alrededor de nosotros”.   ¿Cómo pueden dos personas llegar a conclusiones tan contrastantes frente a las mismas observaciones?
La respuesta se encuentra en los diferentes puntos de vista de esas personas, en lo que se conoce como una cosmovisión.   Cada uno de nosotros tiene una cosmovisión; aunque la mayoría nunca haya pensado en ello. Al comprender la naturaleza de las cosmovisiones y de las formas en que difieren, podemos entender mejor por qué las personas tienen convicciones tan diferentes acerca de la vida y la verdad. En el proceso, descubriremos que la forma en que consideramos los orígenes ejerce un fuerte efecto sobre la comprensión que tenemos acerca de la realidad.
Una cosmovisión es un conjunto de suposiciones que aceptamos, a menudo subconscientemente, acerca de la estructura y el significado del mundo. Incluye suposiciones que hacemos acerca de nosotros mismos, del mundo y de Dios. Una cosmovisión se construye desde nuestras creencias acerca de nosotros mismos y de nuestro mundo; creencias que responden a las siguientes preguntas:
1.  ¿Cuál es la base de la realidad? ¿Es Dios, la materia, o ambos?
2.  ¿Cuál es mi lugar en el universo, tanto ahora como en el futuro? Mi existencia, ¿tiene un propósito? ¿Qué sucederá cuando muera?
3.  ¿Cómo debería conducirme, y por qué debería conducirme de ese modo? ¿Hay una norma de moralidad? ¿Tiene importancia?
4.  ¿Qué ha hecho que el mundo sea hoy cómo es? ¿Hay alguna verdad más allá de mi capacidad de sentir o de comprender?
Las respuestas que la gente da a estas cuestiones difieren; lo que explica por qué existen tantas cosmovisiones.
Tres categorías básicas
La mayoría de las cosmovisiones puede clasificarse como pertenecientes a tres categorías: teísmo, materialismo o panteísmo.
Teísmo bíblico. Las personas cuya cosmovisión es el teísmo bíblico creen en la existencia de un único supremo Dios Creador, que se ha revelado a sí mismo a los seres humanos mediante la Biblia. Básica para esta cosmovisión es la convicción de que Dios inspiró la escritura de la Biblia, que es su revelación verdadera de sí mismo a los humanos. Desde esta plataforma, el teísmo bíblico ofrece las siguientes respuestas a las preguntas sobre la cosmovisión enumeradas más arriba.
1.  ¿Cuál es la base de la realidad?
Dios es la fuente y la base de la realidad. Él es omnipotente, omnisciente, omnipresente, eterno, infinito, personal y bueno. El universo es su creación. El universo está ordenado y es bueno, y Dios lo sostiene; lo cual es consistente y, no obstante, está abierto a actos singulares: Dios realiza milagros.
2.  ¿Cuál es mi lugar en el universo?
Dios creó a los seres humanos a su imagen, pero ellos se rebelaron, distorsionando esa imagen y llegando a ser malos. Dios diseñó un plan por el cual los humanos pudieran ser restablecidos al compañerismo con él, mediante la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo. La muerte es un estado similar al sueño y temporario, que será interrumpido por la resurrección, y luego será seguido por la vida eterna o la extinción eterna. La existencia humana tiene significado porque Dios valora a los seres humanos; y ha provisto medios para restaurarlos a su estado original por medio de la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo.
3.  ¿Cómo debería conducirme, y por qué?
Los seres humanos deberían vivir en armonía con la Palabra de Dios. Dios es bueno, y él nos ama, de modo que sus instrucciones son sabias y son para nuestro mejor interés. Rechazar los principios de Dios ocasiona el mal que, a su vez, produce resultados destructivos. Los humanos están en un estado de rebelión, pero Dios ha provisto un medio de restauración y de eliminación final del mal, mientras conserva la libertad de elección.
4.  ¿Qué ha hecho del mundo lo que es hoy?
Originalmente, la creación era muy buena, porque fue hecha por un Dios bueno. Era hermosa y armoniosa, y no había violencia, sufrimiento o muerte. Llegó a corromperse cuando la humanidad se rebeló contra Dios y dio a Satanás la oportunidad de introducir el mal en el mundo. Satanás es un ser personal, comprometido con la rebelión en contra de Dios: él es la fuente original del mal.
5.  ¿Cómo puedo saber qué es verdadero?
La verdad viene de Dios, él es quien la revela a los humanos, principalmente, por medio de la Biblia y la conducción del Espíritu Santo; pero también por medio de la providencia, la experiencia y el diseño en la naturaleza.
Materialismo. Los que sostienen esta cosmovisión creen que la materia es todo lo que existe, y que el universo está gobernado por el azar y las leyes naturales. No creen que haya una esfera espiritual. La cosmovisión materialista provee las siguientes respuestas a las cinco preguntas sobre la cosmovisión.
1.  ¿Cuál es la base de la realidad?
La materia es todo lo que existe; no hay dioses. El universo está gobernado solo por el azar y las propiedades inherentes, conocidas como leyes naturales. No influye sobre ella nada que esté fuera del universo. Los milagros no suceden.
2.  ¿Cuál es mi lugar en el universo?
Los humanos son “biorobots” complejos, que consisten en propiedades físicas y reacciones químicas, sin propósitos ni valores intrínsecos. La libertad de elección es una ilusión. La muerte es el desmontaje molecular y la extinción; no hay vida futura.
3.  ¿Cómo debería conducirme, y por qué?
Las leyes gobiernan el universo físico, pero no hay una norma absoluta de moralidad. El bien y el mal son, sencillamente, etiquetas para las conductas que nos gustan y las que no nos gustan. Y nuestros gustos y valores cambian con el tiempo.
4.  ¿Qué ha hecho que el mundo esté como está hoy?
Las leyes de la naturaleza son tales que algunos eventos favorables ocurren, y también algunos eventos desfavorables; todo es asunto del azar y de las leyes naturales.
5.  ¿Cómo puedo saber qué es verdadero?
El conocimiento viene por la experiencia, y es relativo. La verdad absoluta es no cognoscible.
El panteísmo. La creencia fundamental de esta cosmovisión es que Dios y la naturaleza son lo mismo. La visión de la realidad del panteísmo varía. Algunos sostienen que toda la realidad es materia; otros, que todo es espíritu; y aun otros mezclan ambas ideas. El panteísmo es sumamente plástico, y se observan las diferentes formas que asume en el Taoísmo, el Budismo, el animismo, y otras religiones y filosofías. Esta cosmovisión, típicamente, incluye un temor a la naturaleza, o una reverencia religiosa por ella. Aunque las diferentes formas del panteísmo varían considerablemente, las siguientes respuestas a nuestras cinco preguntas básicas son típicas de esta cosmovisión.
1.  ¿Cuál es la base de la realidad?
El universo es espíritu. No existe un Dios personal; en cambio, hay un espíritu universal e impersonal presente en toda la materia. Todas las cosas comparten este espíritu universal, y procuran alcanzar la unidad con él.
2.  ¿Cuál es mi lugar en el universo?
Los humanos están evolucionando hacia la divinidad y la unión con el espíritu universal. La muerte concluye el hecho de que uno sea persona, pero no cambia su relación con el espíritu. Llegar a ser uno con el universo es pasar más allá de la personalidad y del tiempo, y volver a entrar en el ciclo de la historia.
3.  ¿Cómo debería conducirme, y por qué?
No hay algo correcto ni algo equivocado. Aunque todos nosotros caminemos por senderos diferentes, todos estamos evolucionando hacia la unidad. Deberíamos actuar en armonía con la naturaleza y apuntar a llegar a ser uno con el espíritu universal. La medida de cuán buena sea la vida que vivimos es cuán contentos estemos.
4.  ¿Qué ha hecho que el mundo sea lo que es hoy?
El panteísmo no está preocupado con el tema del bien y el mal. Estas ideas son meramente manifestaciones diferentes del espíritu universal, expresadas de modos diferentes. Todas las cosas están luchando por la unidad, mediante la evolución del espíritu.
5.  ¿Cómo puedo saber qué es verdadero?
Si algo es verdadero o falso no tiene importancia. Llegar a ser uno con el universo es pasar más allá del conocimiento, donde no hay tal cosa como contradicciones.
Los orígenes y las cosmovisiones
El concepto de los orígenes que posea una persona influye directamente sobre su cosmovisión, y da forma a su relación con Dios, con otros seres humanos y con el mundo en general. Ni el materialismo ni el panteísmo proveen explicaciones satisfactorias para el origen del universo o para la presencia del bien y del mal en el mundo. La creencia en el origen por una creación directa conduce directamente a la creencia en un Dios activo y personal, que creó a los seres humanos a su imagen, quien se preocupa por su creación y que ha provisto instrucción moral sobre cómo relacionarse con el resto de la creación. E inversamente, el rechazo de la creación bíblica lleva a conceptos de Dios, de la humanidad y de la naturaleza que son inconsistentes con el teísmo bíblico. La creencia en el origen por evolución naturalista nos lleva a creer que no hay Dios, no hay propósito para la naturaleza o para la vida humana, y no hay morales absolutos. Y la creencia en un origen evolucionista guiado por un espíritu nos inclina hacia la creencia en el panteísmo, el progreso hacia arriba de la humanidad y el relativismo moral. Ninguna de estas cosmovisiones es consistente con la idea de que los seres humanos fueron especialmente creados y necesitan de salvación.
La historia bíblica de la Creación incluye tres puntos vitales que tienen importantes implicaciones para comprender el carácter del Creador: Dios creó por su Palabra en seis días; la creación de las personas fue diferente de la de las demás criaturas; originalmente, lo que Dios creó era bueno, pero ha sido corrompido por el pecado. Estos tres puntos ayudan a dar forma a la cosmovisión adventista.
Primero, la creación por mandato divino en seis días implica que Dios creó sin violencia, sufrimiento ni muerte. Él controla la creación, y de ningún modo está limitado por las “leyes naturales”, el tiempo o los procesos. Los días de la Creación establecen un modelo para la longitud de la semana; y así, para identificar el sábado en el séptimo día. La negación de la Creación por mandato divino en seis días socava la base lógica para cada una de estas partes de la cosmovisión adventista.
Segundo, la creación especial de los humanos implica que Dios, en persona, los creó a su imagen, y que originalmente no tenían defectos. Los seres humanos son holísticos y mortales. Ni son espíritus inmortales corporizados ni colecciones fortuitas de moléculas. Los humanos difieren cualitativamente de los animales comunes. La negación de la creación especial de los humanos socava cada uno de esos puntos.
Tercero, la creencia en una creación que era buena y que el pecado ha corrompido implica que el Creador fue bueno. La muerte, el sufrimiento y la violencia entraron en el mundo después de la Creación. Fueron el resultado de la desobediencia de Adán, que le dio a Satanás acceso pleno a este mundo. La condición actual de la creación no es originaria ni normativa. La negación de una creación buena, corrompida por el pecado, socava cada uno de estos puntos. Note las contradicciones entre estos puntos y todas las teorías que proponen que los humanos evolucionaron hacia arriba, a partir de los animales.
La “Gran Controversia”. Los elementos principales del teísmo bíblico han sido agrupados en una historia explicativa, conocida como la Gran Controversia. La historia es más o menos como sigue:
Un buen Dios creó seres inteligentes, con libertad de elección. Dios designó a uno de estos seres, llamado Lucifer, en un cargo cercano a Dios mismo. Lucifer llegó a estar orgulloso de su belleza e inteligencia, y se rebeló, llegando a ser satanás, el enemigo de Dios.
Dios había planificado crear nuestro mundo y, a pesar de la complicación planteada por Lucifer, llevó adelante su designio. Este incluía la creación de Adán y de Eva, los primeros seres humanos, a su propia imagen, y dándoles la responsabilidad de gobernar el mundo.
Sin embargo, satanás engañó a Adán y a Eva, llevándolos a rebelarse contra Dios; y con ello logró pleno acceso a este mundo. Pero, Dios prometió a la primera pareja que Satanás sería finalmente derrotado. Jesucristo logró esto viviendo sobre la Tierra, muriendo en nuestro lugar, de modo que pudiera salvarnos sin sacrificar la justicia (Romanos 3:21-26); y volviendo a vivir, con lo que derrotó al diablo. Finalmente, Jesús resucitará a quienes hayan aceptado su gracia. Y destruirá a Satanás y a sus seguidores, y luego dará a su pueblo una tierra nueva, recreada, sin mancha, en la cual vivirán con él eternamente.
Creación y recreación. La promesa bíblica de una nueva creación (Apocalipsis 21:1) está vinculada de varios modos importantes con la primera creación. En ninguno de los dos casos es necesario un tabernáculo, santuario o templo. Todo el Jardín era un templo, y así será la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 22:3). En ambos ambientes, Dios y los seres humanos se comunican cara a cara (Génesis 2:15-19; Apocalipsis 22:4). El árbol de la vida, que una vez estuvo en Edén, estará presente en la Tierra Nueva (Apocalipsis 22:2). Y, como en Edén, no habrá sufrimiento, violencia o depredación en la Tierra Nueva (Génesis 1:30; Apocalipsis 21:4). Ese lugar está iluminado con la presencia de Dios, como pudo haber sido durante los primeros tres días de la Creación, después de que Dios dividiera la luz de las tinieblas, pero antes de que señalara su tarea al sol (Génesis 1:14-16; Apocalipsis 21:23). La realidad de la primera creación es la garantía de una nueva creación. Ambas son partes integrales de la cosmovisión bíblica.
La Creación y la cosmovisión
La creación bíblica está vitalmente vinculada con los elementos básicos del cristianismo: la naturaleza moral de los seres humanos, el origen del mal, la naturaleza y el significado del matrimonio, nuestro rol como mayordomos del mundo, el sábado, y lo que es más importante, el evangelio. A pesar de estos vínculos, muchos cristianos están preocupados porque la ciencia no confirma la historia bíblica. Para algunos, la idea de que Dios empleó un proceso evolucionista como el método que eligió para la creación parece una manera de mantener tanto a Dios como a la ciencia en el cuadro.
Sin embargo, sea que la llamemos evolucionismo teísta o creación evolucionista, la idea de que Dios eligió el evolucionismo como su método para la creación no es ni buena ciencia ni buena teología. No es buena ciencia porque supone fuerzas que, en principio, son indetectables, inestables, y solo para ese caso. Si deseáramos postular una fuerza invisible e indetectable, marca científicamente poca diferencia si la llamamos Dios, un hada o un espíritu de la tierra. La ciencia no tiene lugar para tales ideas.
La idea de que Dios eligió procesos evolutivos como su método de creación tampoco es buena teología. No hay base bíblica para esa idea. Implica un “dios” de muerte y de mal, que era inestable o mal dispuesto a crear a los seres humanos de la manera en que los quería. Tenía que valerse de un proceso basado en la muerte, a fin de desarrollar seres humanos como los que quería que fueran. La teoría también implica que ese dios requería que los humanos fueran mejores que él mismo: esperaba que ellos trataran a los débiles mejor de lo que él lo hacía en el proceso evolucionista que usó para llenar la Tierra. Implica que los humanos modernos tienen mejor capacidad para descubrir cómo es Dios que aquellos a quienes Dios se reveló en lo pasado. Valora las opiniones humanas corrientes más de lo que valora las enseñanzas bíblicas. La gente tiende a conformar su conducta según la de su dios o dioses. Esto es desafortunado, porque sus dioses son ejemplos pobres, y una religión compatible con el evolucionismo es impotente: no hace nada para ayudar a la gente a tratar con el pecado.
Varias implicaciones prácticas importantes para la vida religiosa pueden inferirse de la creación evolucionista. Primera: parece no tener sentido orar a una deidad que fue incapaz (o no dispuesta) de realizar directamente lo que deseaba. Segunda, es cuestionable si se puede confiar en una deidad que condena a quienes ha creado, por tratar a los débiles del mismo modo que él los trató. Tercera, al rechazar la autoridad de la Escritura, elimina la base para cualquier norma objetiva de moralidad, o para la esperanza de una resurrección milagrosa.
Otras tres implicaciones de la creación evolucionista deberían hacernos detener, y pensar con mucho cuidado. La primera es una que hemos señalado anteriormente: su negación de la Creación en seis días y el sábado en el séptimo día. Una segunda implicación sorprendente de la creación evolucionista, o evolucionismo teísta, es su fracaso en distinguir entre los seres humanos y otros animales. Si los humanos descendieron de no humanos, ¿cómo se diferencian de otros animales? La explicación más común es que Dios introdujo almas inmortales en algunos animales, transformándolos en seres humanos responsables. La adopción de la teoría de la creación evolucionista lleva, fácil y lógicamente, a los errores gemelos de la observancia del domingo y la inmortalidad del alma. Esta combinación tiene el potencial de apoyar la formación de una religión falsa y, finalmente, de establecer la intolerancia y la persecución religiosa.
La implicación final de la creación evolucionista puede ser la más seria: se opone al evangelio. Si los seres humanos son producto de una progresión evolucionista, nunca han sido mejores de lo que son actualmente. Como lo escribió un autor, si hubo una caída, fue una “caída hacia arriba”. Pero no hay “caída” en la teoría evolucionista; no hay maldiciones sobre la naturaleza, ni alguna relación entre el pecado y la muerte. Más bien, la muerte es una parte integral de la naturaleza, el sufrimiento siempre existió, y el estado de la naturaleza es el mismo hoy como siempre lo fue. Si se concede estos puntos como verdaderos, no hay Paraíso para restaurar, no hay árbol de vida o del conocimiento, y no hay mal que superar. Así, hay que inventar un nuevo “evangelio”.  Exactamente cómo podría ser este evangelio dependerá de la persona que lo invente; pero no puede ser, lógicamente, el evangelio de la restauración predicado por el apóstol Pablo (Romanos 8:20,21).
Conclusión
La cosmovisión bíblica comienza con la historia de la Creación literal en Génesis. Esta historia proporciona el telón de fondo contra el cual los elementos de la cosmovisión bíblica adquieren su significado. Las teorías que mezclan elementos de diferentes cosmovisiones sufren de una falla lógica. Y las teorías que describen a los seres humanos como evolucionando desde los animales no encajan con la historia bíblica del pecado y la salvación, y los cristianos deberían rechazarlas. De muchos modos –incluyendo nuestra comprensión del carácter de Dios, la relación de la humanidad con el resto de la creación, y la naturaleza, el significado y el destino de la vida humana– la creación bíblica establece una diferencia importante.


Referencias
Weinberg, S. Dreams of a Final Theory (Nueva York: Vintage Books, 1992), p. 241.

El término se deriva del alemán Weltanschauung, que es equivalente a “Mirada al mundo”, o “Cosmovisión”.

Una buena introducción a este tema desde una perspectiva cristiana es: Sire, J. W., The Universe Next Door (Downers Grove, IL: IVP Academic, 2009).

Ver H. Rasi, “Why do Different Scientists Interpret Reality Differently?”, en Gibson, L. J. y H. R. Rasi, eds., Understanding Creation (Nampa, ID: Pacific Press®, 2011), pp. 11-24.

Cf. 2 Pedro 3:13; Isaías 65:17.

White, E. G. de, El conflicto de los siglos (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1993), 645.

“Pareciera que estamos criando bestias, en vez de ángeles caídos”, Peacocke, A. “Biology and a Theology of Evolution”. Zygon 34 (4): pp. 695-712 (1999). Algunos mormones usan ese término para indicar que la caída de Adán trajo el bien, porque resultó en la reproducción y el llenar la Tierra.