¿Creen los adventistas en el don de sanidad?

Por cierto que sí. Según las Escrituras, Dios puede responder nuestras oraciones y sanar a aquellos por quienes oramos (Sant. 5:13-15). A algunos se les hace difícil entender la naturaleza de este don por al menos dos razones. En primer lugar, parece ser que la manifestación de este don no es tan común en la actualidad como lo era en el período apostólico; en segundo, nuestra percepción se ha visto perjudicada por lo que vemos en las iglesias carismáticas. Algunos creen que el don debería manifestarse entre nosotros de la misma manera que lo hace en esas comunidades cristianas.
1. Es un don divino: Es interesante notar que, en las Escrituras, los milagros y la sanidad no son un fenómeno común. La historia bíblica cubre un período de varios miles de años. En su totalidad, puede verse que los milagros y la sanidad no son tan comunes como se podría pensar. Podemos ver también que su número no solo es limitado, sino que solían agruparse en instancias coyunturales de la historia. Por ejemplo, hubo una cantidad significativa de milagros durante el éxodo de Egipto. Fue un momento de crisis, cuando Dios tuvo que manifestar su poder para demostrar que era el verdadero Dios. Durante los ministerios de Elías y Eliseo también se produjeron milagros en cantidad inusual. Esa fue una época de gran apostasía en Israel, donde Dios demostró que era el verdadero Dios de Israel.
Vemos una gran manifestación de milagros de sanidad en el ministerio de Jesús y los apóstoles. Esas muestras singulares del poder divino tenían varios propósitos. El principal era validar la misión divina y la autenticidad de la obra de Cristo. Pero a lo largo de la historia bíblica hallamos también manifestaciones esporádicas del don de sanidad. En otras palabras, el don fue permanente entre el pueblo de Dios, pero Dios escogió cuándo manifestarlo de manera más poderosa o intensa. Sucedió en momentos de crisis, cuando Dios reveló que estaba activo en el ministerio de su pueblo, para validar la obra de este y ayudar a los que abrigaban dudas.
2. Experiencia presente y futura del don: El don aún está presente en su iglesia, pero el Señor es quien decide cuándo y de qué manera hacerlo manifiesto. Los milagros de sanidad se producen en el pueblo remanente de Dios en todo el mundo, en respuesta a las oraciones fervientes de los pastores y miembros. Son milagros esporádicos, aislados entre sí, mediante la presencia silenciosa del Espíritu entre nosotros. El Señor probablemente ha decidido actuar de esta manera porque en la culminación del conflicto cósmico las fuerzas del mal usarán los milagros para validar sus afirmaciones de que provienen de Dios (Apoc. 13:13; 16:14). Nuestra seguridad no se halla en los milagros y actos de sanidad sino en las enseñanzas de las Escrituras.
A medida que nos acerquemos al fin del conflicto cósmico, la apostasía y la confusión alcanzarán dimensiones mundiales, y Dios manifestará el poder del Espíritu de la manera más gloriosa. El Señor hará más intensa la manifestación del Espíritu entre nosotros, y la profecía de Joel hallará su cumplimiento final (Joel 2:28-32). Dios validará el mensaje y la misión de su pueblo remanente por medio de las Escrituras y la magnífica demostración del poder del Espíritu.
3. La sanidad y la medicina: Hoy día experimentamos el don de sanidad por medio de los servicios médicos. Jesús venció los poderes del mal mediante sus curaciones, y hoy puede actuar mediante los que hallan maneras de prevenir, tratar y sanar las enfermedades. Los que participan en la obra médico misionera y en la investigación, forman parte del conflicto cósmico en el nivel más básico, y el Señor les da sabiduría para ayudarlos a traer sanidad a un mundo afligido y sufriente. La sabiduría que les da el Señor es el don a su iglesia para beneficio de la humanidad. Por lo tanto, la obra médico misionera, llevada a cabo por personas consagradas al Señor que solo buscan la gloria para él, es una manifestación válida del don de sanidad que trasciende las fronteras de la iglesia y proviene del Señor.

Angel M. Rodriguez