En defensa del principio “día por año”

Dr. Gerhard Pfandl

Hasta el siglo XIX, la mayoría de los estudiosos de los libros apocalípticos de Daniel y Apocalipsis utilizaron, para interpretar las profecías de dichos libros, el método historicista. Uno de los pilares principales del método historicista es el principio del "día por año", el cual afirma que un día en las profecías de tiempo apocalípticas representa un año. Durante el siglo XIX, el método historicista fue lentamente reemplazado por los sistemas de interpretación preterista y futurista, los cuales niegan el principio "día por año". El preterismo ubica la mayoría de las profecías en el pasado, llegando hasta los tiempos del Imperio Romano; el futurismo ubica a la mayor parte de ellas en el futuro, específicamente en los últimos siete años que transcurran entre el rapto secreto y la Segunda Venida.

Kai Arasola

En 1990, Kai Arasola, un erudito adventista del séptimo día, publicó su disertación The End of the Historicism [El fin del historicismo], la cual había escrito en la Universidad de Uppsala, Suecia. Contrariamente a las pretensiones de Desmond Ford, Arasola no dijo que "el mundo académico de los intérpretes bíblicos renunció al principio del día por año en tiempos de la debacle millerita, el chasco de 1844". Lo que él afirmó es que cuando el movimiento millerita llegó a su fin, "el historicismo gradualmente dejó de ser el único método popular de interpretación. Fue ampliamente reemplazado por el futurismo y el preterismo. Aunque uno debe admitir que, de hecho, el historicismo no murió con Miller. Sobrevive en una forma modificada y parcialmente renovada en los grupos que tienen algunas raíces en el millerismo".

Arasola hace referencia a los Adventistas del Séptimo Día y los Testigos de Jehová; otros son la Iglesia Cristiana Adventista, la cual también surgió del movimiento millerita y a las varias congregaciones de la Iglesia de Dios. Sin embargo, aparte de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, muy pocos comentarios de Daniel o Apocalipsis han sido escritos por estas denominaciones pequeñas.

El historicismo no murió con la desaparición del movimiento millerita. De hecho, muchos comentarios historicistas aparecieron después de 1844, entre ellos los tan conocidos comentarios de los libros de Daniel y Apocalipsis de Albert Barnes. Incluso en la primera mitad del siglo XX encontramos una cantidad de volúmenes eruditos escritos por historicistas; no obstante, hacia el final del mismo siglo, con pocas excepciones, el historicismo ya no se utilizó en la interpretación de Daniel y el Apocalipsis fuera de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

Los adventistas del séptimo día

Los adventistas del séptimo día continúan utilizando el método historicista de interpretación porque creen que el principio de día de año no es un paradigma forzado en el texto, sino que se halla en Escritura misma. En los capítulos 7 y 8 del libro de Daniel, por ejemplo, el ángel intérprete emplea el método historicista para explicar los diferentes símbolos como los imperios en la Historia, uno después del otro.

Es irónico el hecho que uno de los mejores compendios del principio del "día por año", basado en las obras de T. R. Birks y H. G. Guinnes, se encuentre en el primer comentario sobre Daniel escrito por Desmond Ford. En su segundo comentario, dieciocho años más tarde, él no lo utiliza porque ahora cree que el principio "día por año" ya no puede justificarse con la Biblia. En contra de esa postura, la mayoría de los intérpretes adventistas del séptimo día creen que el principio de día de año se basa en la Escritura.

Evidencia bíblica para el principio día por año

Una investigación en los fundamentos bíblicos del principio día por año aporta una cantidad de argumentos para la aplicación del principio día por año a las profecías de los libros apocalípticos de Daniel y Apocalipsis.

  1. Simbolismo

 

Puesto que las visiones de Daniel 7 y 8 son, en su mayor parte, simbólicas, con una cantidad de diferentes bestias que representan importantes imperios históricos (Daniel 7:37; 9:35), los lapsos de tiempo (7:25; 8:14) también debieran considerarse como simbólicos:

Daniel 7:3-7

León

Babilonia (626 – 539 a.C.)

Oso

Medo-Persia (539 – 331 a.C.)

Leopardo

Grecia (331 – 168 a.C.)

Bestia

Roma (168 a.C. – 476 d.C.)

La visión concluye con la Segunda Venida, cuando los santos recibirán el reino: “Y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán” (Daniel 7:27). El elemento temporal de 3 y medio tiempos o años en el versículo 25, durante el cual los santos son entregados en manos del cuerno pequeño deben, por consiguiente, cubrir más de tres años y medio literales. “Blasfemará contra el Altísimo y perseguirá a los santos del Altísimo. Tratará de cambiar las fiestas y la ley y los santos le quedarán sometidos durante tres años y medio” (Daniel 7:25; BJ).

En Daniel 8, también tenemos imperios que duraron siglos:

Daniel 8:5, 20, 21

Carnero

Medo-Persia (539 – 331 a.C.)

Macho cabrío

Grecia (331 – 168 a.C.)

La visión pasa al "tiempo del fin" (versículo 17). El elemento cronológico de "dos mil trescientos días" (Daniel 8:14; NVI), por consiguiente, también debería consistir en un lapso de tiempo más extenso que 6 años y tres meses.

  1. Períodos extensos de tiempo

 

El hecho de que las visiones hagan referencia al surgimiento y caída de imperios conocidos en la Historia, los cuales existieron durante siglos, demuestra que los lapsos proféticos de tiempo también cubren extensos períodos de tiempo.

Babilonia (626 – 539 a.C.)
Medo-Persia (539 – 331 a.C.)
Grecia (331 – 168 a.C.)
Roma (168 a.C. – 476 d.C.)

En Apocalipsis 12-14 tenemos la historia de la iglesia cristiana a partir de los tiempos de Jesús (12:5) hasta la Segunda Venida (14:14). Los elementos temporales de los 1260 días, 3 tiempos y medio y 42 meses (12:6, 14; 13:5), todos en referencia al mismo lapso de tiempo, sólo tienen sentido si representan 1260 años. No hay un período de tres años y medio en la historia eclesiástica que podría encajar en la descripción que se brinda en esos capítulos.

  1. Expresiones peculiares

 

La manera peculiar en la cual se expresan los lapsos de tiempo indica que no debiéramos considerarlos literalmente. Si el lapso de "tiempo, tiempos y medio tiempo" de Daniel 7:25 y Apocalipsis 12:14 estuviera en vigencia por tres años y medio literales, podríamos esperar que Dios hubiera dicho "tres años y seis meses", tal como Él lo hizo en Lucas 4:25 y Santiago 5:17. En esos pasajes, donde se hace referencia a tres años y medio literales, en cada caso la expresión es "tres años y seis meses". De manera análoga, Pablo permaneció en Corinto "un año y seis meses" (Hechos 18:11), y David reinó en Hebrón "siete años y seis meses" (2 Samuel 2:11).

  1. La historia de la salvación

 

En Daniel 7 las cuatro bestias que, en conjunto, representan un reinado de –al menos– mil años, son seguidas por el poder del cuerno pequeño. En ese poder se enfoca la visión siendo que es el que se opone de manera más directa en contra de Dios. Tres años y medio literales para la lucha entre el cuerno pequeño y el Altísimo quedan desproporcionados para un alcance global de la historia de la salvación que es descripta en esta visión. Lo mismo se puede aplicar a Apocalipsis 12:4, 14 donde los 1260 días –o tres tiempos y medio– cubren gran parte de la historia entre la Primera y la Segunda Venidas.

 

  1. Terminología cronológica

“Blasfemará contra el Altísimo y perseguirá a los santos del Altísimo. Tratará de cambiar las fiestas y la ley y los santos le quedarán sometidos durante tres años y medio” (Daniel 7:25; BJ).

“También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses” (Apocalipsis 13:5).

“Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días” (Apocalipsis 12:6).

De acuerdo al contexto, las expresiones "tiempo, tiempos y medio tiempo" (Daniel 7:25; 12:7; Apocalipsis 12:14), "cuarenta y dos meses" (Apocalipsis 11:2; 13:5), y "mil doscientos sesenta días" (Apocalipsis 11:3; 12:6) todos se aplican al mismo período de tiempo, pero la expresión natural "tres años y seis meses" no se utiliza ni una sola vez.

En cierto modo, pareciera que el Espíritu Santo hubiera agotado todas las frases por las cuales ese período de tiempo podría expresarse, excluyendo siempre la manera que se utilizaría normalmente en una redacción común, y que es invariablemente usada en las Escrituras en otras ocasiones, para indicar el período de tiempo literal. Esta variación es más significativa si aceptamos el sistema "día por año", pero totalmente inexplicable desde otro punto de vista.

La única medida de tiempo de uso común que no se utiliza en las profecías de Daniel y Apocalipsis es el año. Se hace referencia a días, semanas, meses, pero no a la unidad de tiempo “año”. La explicación más obvia es que el “año” sea la unidad simbolizada a lo largo de esas profecías.

  1. El tiempo del fin

 

“Pero al cabo del tiempo (“tiempo del fin”; NRV90) el rey del sur contenderá con él; y el rey del norte se levantará contra él como una tempestad, con carros y gente de a caballo, y muchas naves; y entrará por las tierras, e inundará, y pasará” (Daniel 11:40).

“Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión eterna” (Daniel 12:2).

Las profecías en Daniel 7-8, y 10-12 conducen hasta el "tiempo del fin" (8:17; 11:35, 40; 12:4, 9); lo que es seguido por la resurrección (12:2) y el establecimiento del reino eterno de Dios (7:27).

En el desarrollo de la Historia que se describe en estas profecías, que se extiende desde los tiempos del profeta Daniel en el siglo VI a.C., hasta nuestros tiempos y más allá, los lapsos literales de sólo tres años y medio no son capaces de alcanzar ni remotamente esta última fase del tiempo del fin. Por lo tanto, estos períodos de tiempo profético debieran ser considerados como simbólicos, y representativos para lapsos considerablemente más extensos de tiempo literal que se prolongan hacia el tiempo del fin".

  1. Ejemplos del Antiguo Testamento

 

En Números 14:34 Dios utilizó de manera deliberada el principio "día por año" como un recurso pedagógico:

“Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo” (Números 14:34).

Y en una parábola representada, el profeta Ezequiel recibió instrucciones de descansar 390 días sobre su lado izquierdo y 40 días sobre su costado derecho: “y cuarenta días cargarás con la culpa del pueblo de Judá, o sea, un día por cada año” (Ezequiel 4:6; NVI).

No obstante, Números 14 y Ezequiel 4 no son textos apocalípticos. Sin embargo, Dios lo afirma con claridad: un día representa un año. Esto, en literatura apocalíptica, nunca es declarado explícitamente, es un principio fundamental.

Características de la literatura apocalíptica:

  1. Visiones y las revelaciones
  2. Simbolismo y metáforas
  3. Dualismo cósmico: los escritos apocalípticos presentan dos fuerzas opositoras personificadas existentes en el universo: Dios y Satanás.
  4. Contraste: Hay dos eras bien definidas y separadas: la actual era del mal, bajo el control de Satanás, y la era perfecta futura la cual Dios instaurará luego de su victoria sobre Satanás.
  5. La resurrección y el juicio se presentan como la meta de historia
  6. La aparición de un Mesías
  7. Intérpretes angélicos.

 

Daniel 7 es un clásico capítulo de literatura apocalíptica donde encontramos todas estas características presentadas. Por otra parte, Daniel 4, no es un capítulo apocalíptico sino histórico. Por consiguiente, los "siete tiempos" del versículo 16 no deben ser interpretados bajo el principio "día por año". Los "siete tiempos" fueron siete años literales de la vida de Nabucodonosor, no 2520 años proféticos.

  1. Daniel 9:24-27

 

En Daniel 9:24-27, la profecía de tiempo de las 70 semanas encuentra su cumplimiento en el tiempo exacto, si empleamos el principio "día por año" para interpretarlo. Muchos intérpretes, que en otros textos apocalípticos no emplean el principio "día por año", reconocen que las 70 semanas son, en efecto, "semanas de años", que abarcan desde el período persa hasta los tiempos de Cristo. Así, la prueba pragmática en Daniel 9 confirma la validez del principio "día por año".

Desmond Ford y otros, incluyendo la edición revisada del Comentario bíblico adventista, han argumentado que el principio "día por año" no está involucrado en Daniel 9. Ford dice al respecto de la expresión "setenta semanas" de Daniel 9:24:

"La palabra traducida como ‘semanas’ en la versión King James y algunas otras más significa –literalmente–  "sietes" y tal como las palabras "docena" o "veintena", pueden aplicarse a una variedad de cosas. El vocablo hebreo utilizado nunca es utilizado para un período de siete días, aunque la expresión en singular pueda usarse a esos fines. En noventa y cuatro casos en los cuales el Antiguo Testamento utiliza el vocablo shabua en el sentido de siete días, se añaden las palabras adicionales explicativas "de días", puesto que shabua en sí misma sólo significa una héptada (grupo o serie de siete). Aquí en Daniel 9:24, el hebreo es masculino, mientras que la forma plural en otras partes es siempre femenina.

Esto suena muy convincente, pero realmente no lo es. El vocablo hebreo ~y[i’buv' (šäbù`îm) para “semanas” es la forma masculina plural de [;Wbv' (šabua`), “semana”. Esta se deriva de la palabra [b;v, ä (šeºba` ), “siete”, un “término especializado para ser aplicado únicamente a la unidad de tiempo consistente en siete días, esto es, la ‘semana’”.

Šabua` aparece veinte (no noventa y cuatro) veces en el Antiguo Testamento. Una investigación de los veinte versículos arroja los siguientes resultados:

  1. En tres ocasiones aparece como un sustantivo singular, significando “una semana” (Génesis 29:27, 28; Daniel 9:27). “Cumple la semana de ésta, y se te dará también la otra, por el servicio que hagas conmigo otros siete años” (Génesis 29:27).

 

  1. Una vez aparece como “dos semanas”: “Y si diere a luz hija, será inmunda dos semanas, conforme a su separación, y sesenta y seis días estará purificándose de su sangre” (Levítico 12:5).
  1. Ocho veces se la encuentra como femenino plural (šäbù`öt). En cinco de estos pasajes, šäbù`öt aparece con la palabra “fiesta” (Hag) y hacen referencia a la “fiesta de las semanas” (Éxodo 34:22; Deuteronomio 16:10, 16; 2 Crónicas 8:13; Ezequiel 45:21): “También celebrarás la fiesta de las semanas, la de las primicias de la siega del trigo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año” (Éxodo 34:22).

 

  1. En Números 28:26 la mayoría de las versiones (BJ, DHH, NVI) traducen el plural femenino šäbù`öt como “fiesta de las semanas”, aunque la palabra “fiesta” no aparezca en el texto. No obstante, el contexto parece indicarlo: “Durante la fiesta de las Semanas, presentarás al Señor una ofrenda de grano nuevo en el día de las primicias, y celebrarás también una fiesta solemne. Ese día nadie realizará ningún tipo de trabajo” (Números 28:26; NVI).
  1. En Deuteronomio 16:9 donde se utiliza la forma femenina plural, hace referencia a las siete semanas existentes entre la Pascua y la Fiesta de las semanas. “Siete semanas contarás; desde que comenzare a meterse la hoz en las mieses comenzarás a contar las siete semanas” (Deuteronomio 16:9).

 

  1. En Jeremías 5:24, el último texto donde se utiliza la forma femenina plural, hace referencia a “las semanas señaladas para la cosecha” (Jeremías 5:24; NVI).
  1. En cuatro ocasiones aparece como masculino plural (Daniel 9:24, 25 –dos veces–, 26; 10:2, 3). El hecho que en Daniel esté en género masculino y no en femenino como en otros lugares es irrelevante debido a que es uno de los muchos sustantivos en hebreo con género dual. Como ya hemos considerado, Daniel utilizó de manera habitual la forma masculina plural, y la mayoría de las versiones traducen el vocablo como “semanas”. Nótese que en cada pasaje fuera del libro de Daniel el significado de šabua` es siempre “semana”, o “semanas”. La pretensión de que el vocablo signifique literalmente “sietes” y “pueda aplicarse a una variedad de cosas” simplemente no es genuina.

 

Tal como hemos considerado, siempre se aplica a una semana, o en plural a “semanas”. Tampoco es verdad que “el vocablo hebreo que aquí se utiliza nunca es usado para un período de siete días”. En Daniel 10:2, 3, el mismo vocablo en plural masculino šäbù`îm es utilizado, en dos ocasiones, para “semanas”: “En aquellos días yo Daniel estuve afligido por espacio de tres semanas [~ymi(y" ~y[iÞbuv]. No comí manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino, ni me ungí con ungüento, hasta que se cumplieron las tres semanas [~ymi(y" ~y[iÞbuv']”. La NVI traduce šäbù`îm en Daniel 9:24 como “setenta semanas”, pero en Daniel 10:2, 3, lo hace como “tres semanas”.

El argumento de Desmond Ford respecto de que sólo cuando šabua es seguido por yamim, “días” tal como en Daniel 10:2, 3, puede significar una semana no es válido. Es interpretar de manera incorrecta la lengua hebrea. Tal como lo explica William Shea: “Cuando una unidad de tiempo tal como una semana, mes, o año es seguida por el vocablo para ‘días’ en forma plural, la expresión debe entenderse como unidades ‘totales’ o ‘completas’”. Por ejemplo:

“Y Labán le dijo: ‘Realmente, tú eres de mi propia sangre’. Jacob había estado ya un mes [Höºdeš yämîm] con Labán” (Génesis 29:14; NVI).

“No comeréis un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días, sino hasta un mes entero [Höºdeš yämîm], hasta que os salga por las narices, y la aborrezcáis” (Números 11:19, 20).

“Aconteció que pasados dos años [šünätaºyim yämîm] tuvo Faraón un sueño. Le parecía que estaba junto al río” (Génesis 41:1).

“Y estuvo Absalón por espacio de dos años [šünätaºyim yämîm] en Jerusalén, y no vio el rostro del rey” (2 Samuel 14:28).

Por consiguiente, cuando en Daniel 10:2, 3 dice: “En aquellos días yo Daniel estuve afligido por espacio de tres semanas [šäbù`îm yämîm]”, no significa “tres semanas de días”, sino “tres semanas completas”, tal como queda expresado en las traducciones hispanas “por espacio de tres semanas” (RVR60), “hasta el término de estas tres semanas” (BJ76) o “durante tres semanas” (DHH).

Desafortunadamente, debido a que la mayoría de los intérpretes del libro de Daniel ya no utilizan el principio del “día por año” argumentan, como Ford, que šäbù`îm yämîm en Daniel 10:2, 3 son “semanas de días” y que šäbù`îm šib`îm en Daniel 9:24 son “setenta semanas de años”. Stephen Miller, por ejemplo, escribe:

“Gabriel declaró que el tiempo involucrado era de ‘setenta sietes’ (šäbù`îm šib`îm). ‘Sietes’ (tradicionalmente ‘semanas’) es una traducción literal del hebreo y hace referencia a los períodos de siete sin especificar de qué unidad se trata. Pueden ser ‘sietes’ de años, días, meses, o períodos indefinidos de tiempo”.
      
Él entonces opta por ‘setenta semanas de años’ porque, de lo contrario, la profecía no encajaría con la aparición del Mesías 490 años más tarde. Sin embargo, tal como hemos demostrado, el vocablo šäbù`îm en el Antiguo Testamento siempre se refiere a la semana. Por lo tanto, la pretensión de que šäbù`îm “signifique períodos de siete sin especificar de qué unidades se trate” no está apoyada por las Escrituras.
El principio día por año en la Historia

La evidencia más temprana del principio "día por año", aunque no con ese nombre, puede encontrarse en El Libro de Jubileos, una obra judía el período intertestamentario. El Libro de Jubileos, fechado para el siglo II a.C., utiliza la palabra "semana" para referirse a siete años. Tal como lo explica O. S. Wintermute, "se alude a cada período de siete como una 'semana de años', o simplemente como 'una semana'. Cada período de siete semanas de años, por ejemplo, 49 años, son denominados 'un jubileo'". De este modo, la edad de Noé en Jubileos 10:16 es expresada con estas palabras: "novecientos cincuenta años duró su vida, diecinueve jubileos y dos semanas y cinco años".

19 jubileos    =     19 x 49 años    =     931 años
2 semanas     =     2 x 7 años        =     14 años
5 años           =     1 x 5                =     5 años
                                                           950 años

Según Rabbi Hersh Goldwurm, la obra judía Seder Olam "y todos los comentaristas, especialmente Ibn Ezra, interpretan la expresión [“setenta semanas” en Daniel 9:24] como significando 490 años: setenta semanas de años”. Ellos cuentan 70 años desde la destrucción del Primer Templo hasta la restauración del templo bajo Darío (Hageo 1:1-8) y otro 420 años hasta la destrucción del Segundo Templo. Esto suma 490 años, aunque estas cifras no armonicen con las fechas reales en la Historia (586 a.C. hasta 70 d.C.).

En el Nuevo Testamento, el libro de Daniel no juega un rol principal. En vista de la declaración de Daniel 12:4: "sella el libro hasta el tiempo del fin", esto no debiera sorprendernos. Aquellos padres de la Iglesia que escribieron un comentario en el libro interpretaron Daniel 2 y 7 desde una línea historicista, aplicando a Roma el cuarto poder. Las setenta semanas de Daniel 9:24 fueron consideradas como 490 años, pero las profecías de tiempo de Daniel 7, 8 y 12 fueron  determinadas como días literales, ya sea en el pasado –en el tiempo de los emperadores romanos– o en el futuro en los tiempos del anticristo final.

L. E. Froom acota, "Encontramos en este período que las setenta semanas de Daniel son interpretadas como 490 años, pero no hay aplicación del principio ‘día por año’ para períodos de tiempo más extensos de parte de ningún escritor cristiano de esta era temprana". Y esto es totalmente comprensible. Tal como Ireneo señaló: “cualquier profecía es para los seres humanos enigmática y ambigua hasta que se cumple; mas cuando llega el tiempo y sucede lo profetizado, entonces se pueden explicar las profecías claramente”. En consecuencia, el principio “día por año” no desempeñó un rol importante en los primeros siglos, aunque no era desconocido. Julio Africano, al hablar acerca de las 2300 tardes y mañanas en Daniel 8:14, afirmó: "Pues si tomamos el día como un mes, tal como en otras partes de la profecía los días son tomados como años... encontramos el período plenamente iniciado hacia el vigésimo año del reinado de Artajerjes, a partir de la  captura de Jerusalén.

El primer intérprete cristiano en aplicar el principio "día por año" fuera de las setenta semanas, por lo que parece, fue Ticonio (siglo IV tardío), un donatista africano. "Él interpretó los tres días y medio del asesinato de los testigos (Apocalipsis 11:11) como siendo tres años y medio".

Después de Ticonio encontramos a lo largo de la historia de la iglesia a varios intérpretes judíos y cristianos que emplearon el principio "día por año", por ejemplo, Benjamin Ben Moses Nahawendi (siglos VIII y IX); Joaquín de Floris (1130-1202); y el reformador Felipe Melanchthon (1497-1560). Pero particularmente hacia fines de las profecías de los 1260, 1290, 1335 y 2300 días, y después de sus cumplimientos, la cantidad de intérpretes que emplearon el principio "día por año" se incrementaron enormemente.

Conclusión

Nuestro estudio ha demostrado que el método historicista de interpretación no es un recién llegado al escenario teológico; sino que se apoya sobre sólidos fundamentos bíblicos e históricos. Fu empleado por el ángel intérprete en el libro de Daniel, durante el período intertestamentario, y por escritores judíos y cristianos a lo largo de la historia eclesiástica. Hasta el siglo XIX fue utilizado por la mayoría de los intérpretes bíblicos. Y a pesar de lo que algunos pudieran alegar, no es un método obsoleto perteneciente al pasado, sino un principio de interpretación para las profecías apocalípticas vigente en la actualidad.

 

Dr. Gerhard Pfandl
Biblical Research Institute
[Instituto de investigación bíblica]
Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día

Publicado originalmente en
Journal of the Adventist Theological Society
Año 23, Nº 1 (2012), pp. 3-17

Traducción:
Rolando Chuquimia
RECURSOS ESCUELA SABATICA ©

 

 

Desmond Ford, Daniel & The Coming King (Newcastle, CA: Desmond Ford Publications, 1996), p. 298.

Kai Arasola, The End of Historicism (Sigtuna, Sweden: Datem Publishing, 1990), p. 171.

James H. Frere, A Combined View of the Prophecies of Daniel, Esdras, and St. John, Shewing That All the Prophetic Writings Are Formed upon One Plan (London: John Hatchard and Son, 1850); J. Cumming, Prophetic Studies: Or Lectures on the Book of Daniel (London: Arthur Hall, Virtue and Co., 1850); Edward Bickersteth, Practical Guide to the Prophecies, with Reference to Their Interpretation and Fulfillment, and to Personal Edification (London: Seeley, Burnside and Seeley, 1852); William Ramsey, An Exposition of the Book of Daniel: with Practical Observations (Edinburgh: Th. Grant, 1853); Samuel Sparkes, A Historical Commentary on the Eleventh Chapter of Daniel: Extending From the Days of Cyrus to the Crimean War (Binghamton: Adam and Lawyer Printers, 1858); W. R. A. Boyle, The Inspiration of the Book of Daniel (London: Rivingtons, 1863); Samuel Tarver, Course and Culmination of Empire According to Prophecy (Louisville, KY: John P. Morton, 1866); William C. Thurman, The Sealed Book of Daniel Opened; Or a Book of Reference for Those Who Wish to Examine the Sure Word of Prophecy (Boston, MA: Office of the “World’s Crisis,” 1867); James W. Bosanquet, Messiah the Prince or the Inspiration of the Prophecies of Daniel (London: Longmans, Green, Reader, and Dyer, 1869); William H. Rule, An Historical Exposition of the Book of Daniel the Prophet (London: Seeley, Jackson and Halliday, 1869); W. Birchmore, Prophecy Interpreted by History (New York: E. P. Dutton and Company, 1871); Robert Nevin, Studies in Prophecy (Londonderry: James Montgomery, 1890); Joseph Tanner, Daniel and the Revelation (London: Hodder and Stoughton, 1898).

Albert Barnes, Daniel, 2 vols. (1853, reimpresión, Grand Rapids: Baker Book House, 1950).

Charles H. H. Wright, Daniel and His Prophecies (London: Williams and Norgate, 1906); Justus G. Lamson, The Eleventh of Daniel (Minneapolis, MN: J. G. Lamson, 1909); J. A. Battenfield and P. Y. Pendleton, The Great Demonstration (Cincinnati, OH: Standard Publishing, 1914); Charles Boutflower, In and Around the Book of Daniel (1923, reprint Grand Rapids: Zondervan Publishing House, 1963); H. N. Sargent, The Marvels of Bible Prophecy (London: Covenant Publishing, 1939); F. G. Smith, Prophetic Lectures on Daniel and Revelation (Anderson, IN: Gospel Trumpet, 1941); Clarence H. Hewitt, The Seer of Babylon (Boston: Advent Christian Herald, 1948); Edmund Filmer, Daniel’s Predictions (London: Regency Press, 1979).

Por ejemplo, Fred P. Miller, Revelation: Panorama of the Gospel Age (Clermont, FL: Moellerhaus, 1991) and Robert Carolinga, The Present Reign of Jesus Christ: A Historical Interpretation of the Book of Revelation (Springfield, MO: Abundant Life Ministries Reformed Press, 1995) are contemporary historicists outside of the Seventh-day Adventist Church.

Thomas R. Birks, First Elements of Sacred Prophecy (London: William E. Painter, 1843).

H. G. Guinness, The Approaching End of the Age, Viewed in the Light of History, Prophecy, and Science. 8th ed. (London: Hodder & Stoughton, 1882).

Desmond Ford, Daniel (Nashville, TN: Southern Publishing Assoc., 1978), pp. 300-305.

En su último comentario de Daniel, él niega el hecho de que las 70 semanas fueran “cortadas” de los 2.300 años, y añade: “Ni tampoco considero que el principio día por año deba ser aplicado en el estudio de las profecías de Daniel, aunque lo reconozca como una ayuda providencial durante los largos siglos de la demora de Cristo” (Ford, Daniel & The Coming King, 1996, p. 298).

Estoy en deuda con D. Ford, Daniel, pp. 300-305, por algunos puntos de esta sección.

Siete de los 28 versículos de Daniel 7 hacen referencia al cuerno pequeño.

Birks, p. 352.

William H. Shea, Selected Studies on Prophetic Interpretation, Revised edition, DARCOM (Silver Spring, MD: Biblical Research Institute, 1992), p. 73.

F. D. Nichol, ed., Seventh Day Adventist Bible Commentary, 7 vols. (Washington, D.C.: Review and Herald, 1976), tomo 4, p. 851. “Evidentemente aquí se trata de semanas de años y no de semanas de días, pues en el capítulo 10:2, 3, cuando Daniel quiere especificar que las semanas a las que allí se refiere son semanas de siete días, el hebreo dice explícitamente ‘semanas de días’. Las 70 semanas de años serían 490 años literales, sin necesidad de que éstos se les vuelva a aplicar el principio profético de día por año” (Comentario bíblico adventista, tomo 4, p. 877) [Nota del Traductor].

Desmond y Gillian Ford, For the Sake of the Gospel (Bloomington, IN.: iUniverse, 2008), p. 57.

Shea, p. 90.

R. Laird Harris, et al., Theological Wordbook of the Old Testament, 2 vols. (Chicago: Moody Press, 1980), tomo 2, p. 899.

L. Koehler, W. Baumgartner, and J. J. Stamm, The Hebrew and Aramaic Lexicon of the Old Testament, 5 vols. (Leiden: Brill, 1999), 4:1384; Mordechai Ben-Asher, “The Gender of Nouns in Biblical Hebrew,” Semitics 6 (Pretoria,1978): p. 9.

Ford, For the Sake of the Gospel, p. 57.

Ibid.

Shea, p. 91. Ver además E. Kautzsch, Gesenius Hebrew Grammar, 131d (Oxford: Clarendon Press, 1910), p. 424.

Ver J. A. Montgomery, A Critical and Exegetical Commentary on the Book of Daniel, International Critical Commentary (Edinburgh: T. and T. Clark, 1927); 407. El intérprete judío Rabbi Hersh Goldwurm cita a Rashi quien tradujo sheloshah sabu`îm yamim como “tres semanas de días” y la interpretó como veintiún años. (Rabbi Hersh Goldwurm, Daniel [New York: Mesorah Publications, LTD., 1979], p. 269).

Así aparece, por ejemplo, en la versión hispana de Torres Amat.

Stephen R. Miller, Daniel, The New American Commentary (Nashville, TN.: Broadman & Holman, 2001), p. 257.

Consultar a Shea, pp. 106-110 para otros ejemplos.

O. S. Wintermute, “Jubilees: A New Translation and Introduction,” The Old Testament Pseudepigrapha, ed., James H. Charlesworth, 2 vols. (Garden City, NY.: Doubleday & Co. Inc., 1985), tomo 2, p. 43.

Ibíd., tomo 2, p. 39.

Ibíd., p. 76.

Seder Olam Rabbah (“El gran orden del Universo”) es una cronología en lengua hebrea del siglo II d.C. que detalla las fechas de los eventos bíblicos desde la Creación hasta la conquista de Persia por parte de Alejandro Magno.

Rabbi Abraham ben Meir Ibn Ezra (1089-1164) nació en Tudela, España. Fue uno de los hombres de letras judío más destacado de la Edad Media.

Goldwurm, p. 259.

I. Epstein, The Babylonian Talmud (London: Socino Press, 1938), Yoma 9a y Arakin 12b.

Clemente de Alejandría, Stromata [Misceláneas] 1.21 (The Ante-Nicene Fathers, tomo 2, p. 334).

Hipólito, Sobre Daniel 12.7 (Ante-Nicene Fathers, tomo 5, p. 190); Gleason L. Archer, Jr. Jerome’s Commentary on Daniel (Grand Rapids, MI: Baker Book House Co., 1958), pp. 150, 151.

Le Roy Edwin Froom, The Prophetic Faith of Our Fathers, 4 vols. (Washington, D.C.: Review and Herald, 1950-1954), tomo 1, pp. 241, 242.

Ireneo, Contra los herejes, 4.26.1 (The Ante-Nicene Fathers, tomo 1, p. 496).

The Extant Writings of Julius Africanus 3.18.4 (The Ante-Nicene Fathers, tomo 6, p. 137).

Los donatistas fueron rigoristas, que sostenían que la iglesia debía ser una comunidad de santos, no pecadores, y que los sacramentos, tales como el bautismo, administrados por los así llamados por ellos “traidores” (aquellos cristianos que habían entregado las Escrituras a las autoridades que prohibían su posesión), no eran válidos.

Froom, tomo 1, p. 471.

Rabbi Hillel Silver, A History of Messianic Speculations in Israel from the First Through the Seventeenth Centuries (New York: The McMillan Company, 1927), pp. 55, 208.

Joaquín, Concordia, fol. 118r; citado en Froom, tomo 1, pp. 712, 713.

Philipp Melanchthon, In Danielem Prophetam Commentarius,in Opera, vol. 13, col. 978, citado en Froom, tomo 2, p. 290.

Ver Froom, tomo 4, pp. 394-397, 404, 405.