Diferencias de la alimentación de 5,000 y 4,000 personas

Quienes ponen en duda la historicidad de los Evangelios han sostenido que la alimentación de los cuatro mil no es más que otra versión del relato de la alimentación de los cinco mil. Aducen que hay muchos detalles similares, entre los cuales sobresale la actitud de los discípulos cuando Cristo les propuso que alimentaban a tanta gente en un lugar tan aislado. Sin embargo, por muchas razones puede afirmarse que Jesús alimentó a las multitudes en forma milagrosa en dos ocasiones diferentes, y que no se trata de dos versiones de un mismo relato.

Pueden señalarse varios parecidos entre la alimentación de los cinco mil y la de los cuatro mil:
(1) la región donde ocurrió el milagro, en algún punto de la orilla este o noreste del mar de Galilea;
 (2) una gran multitud reunida en un lugar descampado para escuchar a Jesús;
(3) la falta de alimento y la preocupación de Jesús por esa situación;
(4) las indicaciones de Jesús para que los discípulos tomaran la iniciativa de encontrar alimento para la multitud:
 (5) la incredulidad reflejada en la respuesta de los discípulos y la pregunta de Jesús en cuanto al alimento disponible;
(6) la multitud sentada en el suelo;
 (7) la bendición, el partimiento, y la distribución de los panes y los peces;
 (8) la gran cantidad de alimento que sobró;
(9) la despedida de la multitud;
y (10) el retorno a la orilla occidental del lago.

También pueden señalarse puntos de diferencia entre una ocasión y otra:
(1) el contexto indica que una vez llegaron por mar, la otra por tierra;
(2) la primera ocurrió cerca de Betsaida Julias, la segunda quizá más al sur, cerca de Gergesa; (3) la primera vez se alimentó a los judíos que iban camino a Jerusalén para la pascua (DTG 332), la segunda vez a gentiles que vivían en la zona (DTG 371);
(4) en la primera ocasión Jesús enseñó sólo un día, en la segunda enseñó tres días;
(5) en la primera ocasión Jesús se había retirado para estar solo con sus discípulos, en la segunda estaba en la región sanando a los enfermos;
(6) la primera vez fue en seguida del tercer viaje por Galilea, la segunda fue después de un viaje por Fenicia;
(7) la primera vez la multitud parece haberse reunido sin preparativos previos y no tenía alimentos; la segunda vez la multitud parece haber tenido algunas provisiones, quizá para un día o dos, lo que indicaría que se había planificado esta reunión;
(8) en un caso fueron cinco mil los hombres, en el otro fueron sólo cuatro mil;
(9) en la primera ocasión los discípulos presentaron el problema y propusieron despedir a la multitud, en la segunda ocasión Jesús presentó el problema, lo que implicaba que los discípulos debían atenderlo;
(10) en la primera ocasión había pasto verde, en la segunda, se sentaron en "tierra";
(11) en la primera ocasión se describe la forma ordenada en que se hizo sentar a la gente, en la segunda vez nada se dice al respecto;
(12) la primera vez se usaron canastas del tipo kófinos , la segunda vez se usaron canastas del tipo spurís ;
(13) en la primera ocasión se recogieron doce canastas ( kófinoi ) de sobras, en la segunda se juntaron siete ( spurídes );
 (14) en la primera ocasión Jesús mandó a los discípulos que cruzaran el lago sin él, la segunda vez los acompañó;
(15) después de la primera vez se dirigieron a Capernaúm y llegaron a Genesaret, la segunda vez fueron a Magdala;
(16) la primera ocasión fue seguida de una tormenta en el mar, no hay tormenta después de la segunda vez.

Cuando se consideran estas comparaciones, puede verse que las similitudes son más bien de una naturaleza general, mientras que las diferencias son mayormente asuntos de detalle. Podría argumentarse que un autor, al escribir años después de ocurrido un hecho, tendería a recordar los aspectos generales del suceso, y olvidaría los detalles menos importantes. Por esto, sería inevitable que los relatos de dos autores, en este caso Marcos y Mateo, que describen un mismo episodio, tuvieran numerosas diferencias en detalles, y que por eso algunos pudieran pensar que los dos relatos tuvieron un origen común. Sin embargo, es importante notar que Mateo, testigo ocular de los milagros de Jesús y que podría considerarse como fidedigno respecto a ellos, registra dos relatos acerca de ocasiones cuando Jesús alimentó en forma milagrosa a las multitudes. Sería difícil concebir que Mateo tuviera alguna razón para escribir dos versiones del mismo acontecimiento como si hubieran sido dos sucesos diferentes. Cabe señalar que Marcos también relata dos casos de alimentación milagrosa de grandes multitudes.

Quizá la prueba más fehaciente de que fueron en verdad dos las ocasiones cuando Jesús alimentó milagrosamente a las multitudes sea el registro escrito tanto por Mateo como por Marcos, según el cual Jesús mismo dio testimonio de que había realizado un milagro similar en dos ocasiones (Mat. 16: 9-10; Mar. 8: 19-21). Es importante notar que de los cuatro evangelistas sólo Mateo y Marcos registran ambos milagros, y que consignan este testimonio de Jesús en cuanto a los dos milagros.

Una razón por la cual los críticos no quieren aceptar que Jesús hubiera alimentado milagrosamente a las multitudes en dos ocasiones diferentes, es que en la segunda vez los discípulos estaban tan poco preparados para esta manifestación del poder de Cristo como lo habían estado en la primera ocasión (Mat. 15: 33; cf. Mar. 6: 35-37). Según la cronología que se ha expuesto, no habrían transcurrido más de unos cuatro meses desde un milagro hasta el otro. Parece difícil creer que los discípulos hubieran sido tan lentos en comprender como lo fueron en esta ocasión. Sin embargo, sólo hace falta considerar el caso de los antiguos israelitas durante su peregrinación por el desierto, cuando una multitud mucho más grande fue alimentada repetidas veces en forma milagrosa, y a pesar de ello, murmuraban y carecían de fe, para ver que tal olvido tiene paralelos. En verdad, los discípulos no sólo se olvidaron rápidamente del primer milagro, sino que, como se desprende de las palabras de Jesús (Mat. 16: 9-10; Mar. 8: 19-21) parecen haberse olvidado con igual rapidez de los dos milagros.

Además, debe señalarse que cuando Jesús alimentó a la primera multitud, la gran mayoría de los presentes eran judíos, quizá aptos para recibir el "pan del cielo", mientras que en la segunda ocasión los que comieron eran casi exclusivamente gentiles (DTG 371-372). En relación con este hecho, debe señalarse que hacía relativamente poco que Jesús había afirmado que " "no está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos" " (Mat. 15: 26). Sin duda, esta afirmación no se aplicaba ni en forma literal ni en forma figurada, pero por escasa capacidad de comprensión (cf. cap. 16: 6-11), los discípulos parecen haberla tomado en forma literal. Menos de 24 horas más tarde Jesús debió reprenderlos de nuevo por no haber comprendido sus palabras (vers. 9-12). Para los discípulos, lo maravilloso e inesperado no era que Jesús pudiese proveer de pan a la multitud, sino que estuviera dispuesto a hacerlo en favor de los gentiles.

Otros argumentos, aunque quizá de menos importancia que los anteriores, apoyan también el hecho de que Jesús alimentó milagrosamente a las multitudes en dos ocasiones.

1. El hecho de que la multitud permaneciera con Jesús por tres días en la segunda ocasión y, al parecer, tuvo comida hasta el tercer día, hace pensar que la gente había venido preparada con provisiones para uno o dos días. Es decir, sabían dónde habrían de encontrar a Jesús, y parece que esperaban pasar algún tiempo con él. El hecho adicional de que algunos hubieran llegado desde muy lejos (Mar. 8: 3) pareciera indicar que ésta fue una reunión previamente planeada, cosa que no ocurrió en el primer caso. Pero el relato evangélico proporciona una explicación satisfactoria de cómo la gente se reunió de este modo, aunque esta información no aparece en relación con el mismo relato. Los dos endemoniados sanados habían relatado su historia en toda Decápolis (Mar. 5: 20; Luc. 8: 39). Habían realizado esa obra con fervor y efectividad, y en toda la región se había suscitado gran interés en ver a Jesús (Luc. 8: 40; DTG 371). Cuando Jesús regresó, muchos meses más tarde, los dos que antes habían estado endemoniados, acompañados sin duda de muchos otros, divulgaron la noticia y quizá con el consentimiento de Jesús invitaron a la gente a que viniera de lejos y de cerca para escucharlo.

2. En la primera ocasión las canastas en las cuales juntaron las sobras eran kófinoi (plural de kófinos ), canastos pequeños para llevar en la mano, y en la segunda ocasión fueron spurídes (plural de spurís ), canastas grandes (ver com. Mar. 6: 43). Podría explicarse esta diferencia sugiriendo que en la primera ocasión los discípulos llevaban kófinoi , canastitos como los que acostumbraban llevar los judíos en viajes cortos, y que en esa ocasión hicieron un viaje corto de 15 km en menos de 24 horas. En la segunda ocasión, acababan de hacer un viaje de unos 80 a 120 km, durante varias semanas, por zonas donde predominaban los gentiles. Al hacer tal viaje, no sería extraño que los discípulos llevaran spurídes (ver com. Mar. 6: 43), canastas más grandes. Si en los relatos se hubieran usado las canastas grandes para el viaje corto y las canastas pequeñas para el viaje largo, parecería haber una discrepancia. El hecho de que Jesús al referirse a las dos ocasiones hiciera la distinción entre los dos tipos de canastas testifica nuevamente de que fueron dos milagros diferentes (Mat. 16: 9-10; Mar. 8: 19-20). Corresponde recordar que la diferencia entre los dos tipos de canastas no sólo era en cuanto al tamaño, sino también en cuanto a la clase. Al relatar los hechos Mateo y Marcos mantienen claramente la distinción en los nombres.

3. En ocasión de la alimentación de los cinco mil se menciona la hierba verde (Mat. 14: 19; Mar. 6: 39; Juan 6: 10), mientras que en el caso de la alimentación de los cuatro mil, no hay mención alguna de hierba. El primer milagro ocurrió pocos días antes de la pascua, es decir, en la primavera, quizá a fines de marzo o a principios de abril del año 30 d. C. (ver com. Mar. 6: 30). En Palestina las últimas lluvias de importancia caen en marzo, y por lo general la hierba se seca en la temporada cuando no llueve, que comienza pocas semanas más tarde (ver. t. II, p. 113). Tanto Mateo como Lucas registran hechos que deben haber ocupado por lo menos varias semanas entre los dos milagros (ver com. Mar. 7: 1; Mat. 15: 21). De este modo, no sería extraño que la hierba estuviera seca cuando ocurrió la alimentación de los cuatro mil. Estos detalles en los dos relatos parecerían confirmar que fueron dos milagros y con cierto tiempo de por medio. Si se hubiera mencionado la hierba verde en ocasión del segundo milagro y no en la ocasión del primero, parecería haber una discrepancia.