¿Si Jesús hubiera pecado, que habría pasado?
Ángel Manuel Rodríguez


Muchos suelen hacerse esta pregunta y siempre me resisto a responderla porque es una invitación a especular sobre temas de los cuales nada sabemos. Lo sorprendente es que algunos se toman sus especulaciones tan en serio que se vuelven dogmáticos al respecto. La humildad debería ser una característica fundamental de todo estudiante de la Biblia.
     En este caso en particular, mi resistencia se basa en lo que sí sabemos. Sabemos que Jesús no pecó. Esto debería ser suficiente. Pero algunos se siguen preguntando: ¿Podría haber pecado? Si hubiera pecado, ¿cuáles habrían sido las consecuencias de su pecado? Aunque evitaré responder esta pregunta, permítame hacer algunos comentarios que acaso le resulten de utilidad.
      1. Jesús y el pecado: ¿Podría haber pecado Jesús? Respondo sin dudar: ¡Sí! Así lo enseña la Biblia. Jesús fue plenamente humano y estuvo sujeto a  tentaciones similares a las nuestras, y a otras que nosotros jamás tendremos que enfrentar (Heb. 4:15). Cada día Jesús luchó contra el pecado, y salió vencedor. Este fue un conflicto real, no porque tuviera una naturaleza corrompida por el pecado sino porque él, al igual que cada uno de nosotros, tenía libre albedrío. Es esta libertad de elección la que nos permite ponernos de parte de Dios en el conflicto cósmico. La rebelión es el rechazo a esa libertad o, más específicamente, la renuncia a ella para elegir en cambio la muerte.
     El ejemplo típico del potencial para pecar que tuvo Jesús, es su experiencia en el Getsemaní, cuando su voluntad lo instaba a preservar su vida, mientras que su deber hacia el Padre y la salvación de la humanidad lo llamaban al sacrificio y a la muerte (Mat. 26:39). El poder y la realidad de esta tentación radicaron en la posibilidad de no hacer la voluntad de Dios. De lo contrario, toda su lucha habría sido una pantomima, un ejercicio de autoengaño, una ilusión.
     2. La singularidad de Jesús: El hecho que Jesús venció todas las tentaciones nos resulta incomprensible porque todos somos pecadores. La perfección de Jesús crea problemas teológicos para los que creen que fue exactamente como nosotros. Es en este punto que su singularidad se manifiesta con gran poder. Lo queramos o no (personalmente, sí lo quiero), ¡él es diferente de nosotros! Jamás pecó de ninguna manera, ya sea en acción o pensamiento. Es el único ser humano que vivió alguna vez sin pecado. Es esta singularidad la que parece llevar a que la gente se pregunte: ¿Y si hubiera pecado? Parecemos incómodos con su perfección. Pero no debería ser así, dado que la perfección de Jesús es el requisito previo de la expiación.
     3. El futuro de Jesús: Podemos también afirmar que el futuro de Jesús y nuestro futuro son uno, porque él venció al mal y nos reconcilió con el Padre. ¿Podríamos postular un futuro alternativo en caso que Jesús pecara?
     Aquí es donde la especulación se transforma en argumento teológico. Permítame expresarlo sin rodeos: Si Jesús hubiera fracasado, el Dios que conocemos no sería nuestro Dios. En otras palabras, para nosotros, él habría dejado de existir. El fracaso de Jesús habría significado que Dios es incapaz de vencer las fuerzas del mal y que Satanás es lo suficientemente poderoso como para vencerlo al desbaratar el plan de salvación, forzando así a que Dios nos abandone.
     Como puede ver, las consecuencias de mis especulaciones son muy elevadas. La derrota del Dios de la Biblia en el momento de su mayor manifestación de poder en la cruz de Cristo es algo que difícilmente podamos comenzar a imaginar y mucho menos tomar con seriedad.
     Como el Dios de la Biblia es por definición invencible, nuestra pregunta queda casi sin respuesta. Si la naturaleza humana del Hijo de Dios hubiera fallado, Dios mismo habría fallado. Pero no fue así.
      ¡Amén!