Jugando con fuego

Lo que es notable y puede sorprender al lector, es el hecho de que el sabio de Proverbios parece repetirse. Otra vez, enfatiza la importancia de la Ley, y otra vez denuncia el mal de la mujer extraña, que es más amenazante y fatal que antes. Esta repetición es una parte de su método de enseñanza. El maestro procura asegurarse de que su alumno lo escuche; si tal vez no la primera vez, pueda ser que sea en la segunda. Enseñar es repetir. Los antiguos maestros de las escuelas rabínicas eran llamados Tannaim, que significa “los que repiten”. De hecho, no solo repetían las lecciones que habían aprendido de sus maestros; también repetían las mismas lecciones una y otra vez, hasta que sus estudiantes hubiesen asimilado el material. Sin embargo, no se trataba de una repetición mecánica de las mismas palabras. A menudo, el maestro volvía al mismo mensaje y lo expandía e intensificaba.
LA LEY
El método pedagógico de la repetición ya es obvio en la introducción que hace el maestro de la Ley. Tanto el padre como la madre deben unir sus fuerzas en esa tarea, diciendo lo mismo con sus propias voces y entonaciones, y sus propios énfasis. El paralelismo repite e intensifica la lección. La idea “átalos siempre en tu corazón” se intensifica y expande en la línea siguiente: “enlázalos a tu cuello” (6:21). La Ley se recibe y se asi­mila primero en el corazón, el asiento de nuestros pensamientos y nuestros sentimientos íntimos, y de allí pasa al cuello, cuya función es orientar la dirección que uno toma. Esta ley tiene muchas cualidades.
Continuidad. No es suficiente con reconocer el valor de la Ley para tomar la decisión de hacer lo correcto. La obediencia tiene que repetirse y debe ser duradera; por ello, se usa el adverbio “siempre" (6:21). El hebreo tamíd (traducido aquí “siempre”) se refiere al fuego continuo que había de arder sobre el altar sin interrupción (Números 4:16; Daniel 11:31). La cualidad duradera de la fidelidad a la Ley reaparece en sus funciones. La Ley también está siempre presente. Nuestra fidelidad a la Ley responde a la fidelidad de la Ley hacia nosotros. La Ley nos “guardará” aun cuando dormimos (6:22). La idea es que nuestra obediencia a la Ley nos ha prevenido de malas acciones potenciales, y por eso nos permite dormir con conciencia limpia.
Sin embargo, esta protección no es solo el resultado de nuestra conducta: la obediencia es un acto de fe. Al obedecer a Dios, hemos confiado a Dios nuestra vida. Él es quien controla nuestra vida. La Ley sugiere una cualidad pasiva de nuestra parte: permitimos que Dios lo haga por nosotros. Además, la Ley tiene una cualidad activa: la Ley también conversará con nosotros, nos inspirará, nos guiará y enriquecerá nuestra vida. Esta descripción de la Ley sugiere que es más que un conjunto inanimado de reglas, e implica una relación continua con una persona que está continuamente presente.
Luz. De la asociación de las ideas de “dormir” y “despertar" el poeta de Proverbios pasa en forma natural a la idea de “luz”. Esta conexión entre la luz y la Ley aparece a menudo en las Escrituras. La conexión ya está sugeri­da en la relación etimológica entre la palabra Tora (“Ley”) y ‘or (“luz”). De este modo, al alabar la Ley, el autor de los Salmos la compara con una “lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105). La Ley actúa como una lámpara que alumbra mi sendero y me ayuda a reconocer dónde estoy, y así me ayuda a orientar mi caminar (Salmo 19:8). Esta asociación con la luz eleva la Ley a un estatus divino. Dios es comparado a menudo con la luz (2 Samuel 22:29; Salmo 36:9; Miqueas 7:8; Isaías 60:20). La razón para esta identificación es que la Ley es dada por Dios y es una expresión de su carácter. Jesús a menudo es identificado con la Luz (Juan 1:4; 8:12; 9:5).
Vida. La asociación entre luz y vida también está bien documentada en la tradición hebrea (Job 3:20; 33:30; Salmo 49:19). El salmista pide a Dios “que siempre [...] camine en la luz de la vida” (Salmo 56:13, NVI).Se describe a Jesús como “la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4). Jesús promete a sus discípulos: “El que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12). En el libro de Apocalipsis, el árbol de la vida se asocia con la luz que Dios provee, evocando la menorá, e1 candelero del Templo (Apocalipsis 22:3-5). La palabra vida es clave en este pasaje (6:23, 26; 7:2). Cada aparición de la palabra vida transmite una lección específica.
La primera vez que se la encuentra, la palabra nos recuerda que la Ley es “camino de vida” (6:23). La Ley, entonces, se ocupa de la forma en que vivimos y, por lo tanto, debe afectar todas nuestras elecciones y todas nuestras acciones. La aplicación inmediata de este principio es en cuanto a la mujer mala (6:24). Esta mujer es peligrosa porque da la impresión de que ella dará vida. Ella adula y te hace creer que eres bien parecido e importante y que eres el seductor, cuando es ella realmente la seductora (6:24).Ella es hermosa y hace que tu corazón lata con más fuerza, no obstante, su belleza es solo una manipulación de “sus ojos” (6:25; sus “párpados”, BJ). Ella es barata, “un bocado de pan”, y te hace creer que te estás aprovechando de ella (6:26) cuando, en realidad, eres tú la víctima de ella. Ella es quien se aprovecha de tu “preciosa alma” (6:26; “vida”, BJ).
Este es el segundo uso de la palabra “vida”. Con el fin de demostrar su punto, el sabio de Proverbios emplea dos comparaciones. Primera, se refiere al fuego con el que uno no puede jugar sin quemarse (6:27-29). El resultado inevitable se sugiere mediante la forma literaria de una pregunta retórica (cf. Amós 3:3-8). Segunda, se refiere al caso de un ladrón. Aun si el ladrón robara porque tenga hambre, todavía es castigado y “pagará siete veces” (6:31). Pero el que comete adulterio será castigado aún más.
El sabio sugiere que hay una diferencia fundamental entre los dos casos. Mientras en el primero se puede compensar al dueño por su robo de un objeto o un animal (ver Éxodo 22:1-4), el último no puede, porque su acción afecta a seres humanos. El esposo “no aceptará ningún rescate” (6:35). Aunque haya posibles reparaciones por robar, ninguna hay por el adulterio: el dinero no puede compensar al esposo por la pérdida de su esposa. Lo que el esposo ha perdido no tiene precio; no puede remplazaría. Por esto, la legislación mosaica estipulaba la pena de muerte para el adulterio (Levítico 20:10); aunque no estamos seguros de hasta qué punto este castigo realmente se aplicaba en la antigua sociedad israelita. Paradójicamente, en nuestras sociedades, el robo es castigado, mientras se sonríe ante el adulterio. Sin embargo, en el contexto de Proverbios permanece la antigua lección: el adulterio costará la vida del adúltero.
Es muy posible que se utilice el caso del adulterio, en la argumentación retórica de Proverbios, para ilustrar el problema más general del pecado. En esa perspectiva, adúltero/impío/mala mujer pueden representar el Mal, así como la buena mujer representa la Sabiduría. La conclusión del discurso parece apoyar esta interpretación: “Hijo mío, guarda [...] mis mandamientos y vivirás” (7:1, 2). Esta tercera referencia a la vida es como un eco de la introducción, en la que se usa la misma frase: “Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre” (6:20). También está asociado con las palabras Ley (toráh) y corazón, en relación con la misma imagen de atar (6:21).
Sin embargo, este eco tiene otro matiz y contraste. El atar ahora se aplica a los dedos, y el corazón se compara con una tableta en la que el hijo debe escribir la Ley (7:3). Los dedos simbolizan la acción, y el corazón simboliza el pensamiento. La lección es que la Ley no solo se ocupa de nuestra vida concreta, lo que hacemos; también, invade la intimidad de nuestros pensamientos y motivaciones, como se estipula en los mismos términos del “nuevo pacto”, por parte del profeta Jeremías: “Este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jeremías 31:33).
En cuanto “a las niñas de tus ojos” (7:2), que califican a la Ley para connotar la idea de algo precioso, se asocian con la capacidad de ver, de algún modo respondiendo a la asociación con la luz (6:23) y la “preciosa alma", o vida (6:26). La adúltera, la mujer mala que trae la muerte (6:26, 32), está en contraste con la Sabiduría que genera vida (7:2), y es llamada “mi hermana” (7:4), una denominación que caracteriza a la buena y amante esposa (Cantares 5:1). Esta antítesis entre las dos mujeres, entonces, confirmaría la identificación espiritual de la adúltera como la personificación del pecado y el mal, así como la mujer buena personificaría la fidelidad a la Ley de Dios, lenguaje que pertenece a la clásica metáfora conyugal de las Escrituras.
LA RAMERA
La siguiente escena es una lección objetiva. El sabio se presenta como un testigo que descubre a la ramera y a su víctima por sorpresa. El testimonio del sabio es tanto más objetivo y lúcido, ya que él está en posición de observar sin ser visto (7:6). La historia comienza y termina con la misma escena de un joven ingenuo en su camino a la ramera (7:8,9; 7:22,23). Entre estos dos movimientos del joven, que señalan el comienzo y el fin de su acción, se revela la estrategia de la ramera (7:10-21).
El comienzo de la trayectoria. La víctima potencial de la ramera se divisa entre los jóvenes y los de poco entendimiento (7:7): el hijo se reconocerá fácilmente aquí. No hay nada malo en ser joven e ingenuo, pues no todos los jóvenes e ingenuos caen en la trampa de la ramera. Sin embargo, uno de ellos tiene algo especial, que no se encuentra entre los otros jóvenes e ingenuos: le “falta entendimiento” (7:7). En hebreo, la frase reza literalmente “falto de corazón”. Mientras que en el discurso anterior el sabio recomendaba a su hijo que usara su corazón, este joven ingenuo no tenía corazón para usar: había perdido el juicio y no pensaba.
Al principio, parece que el joven pasa accidentalmente por allá (7:8a). Sin embargo, el verbo siguiente sugiere claramente que él sabe a dónde va: camina a la casa de la ramera (7:8b). Lo que pudo parecer un acto casual, era realmente premeditado. El joven sabía dónde vivía esta ramera, y ya había imaginado y organizado su encuentro con ella. Es sorprendente que aún pueda encontrar su camino en medio de la oscuridad (7:9). Para evocar la “oscuridad”, el texto hebreo se refiere a “la niña del ojo en la noche” (traducción literal). Al mismo tiempo, el poeta hebreo señala, más atrás, a las “niñas de los ojos" de la Ley (7:2). Irónicamente, lo que era precioso para el hijo del sabio ha llegado a ser una piedra de tropiezo para el necio.
El movimiento de la ramera. Aparentemente, la ramera ya lo notó, puesto que ella sabe dónde está él. La palabra hinnéh,'“cuando”, sugiere su aparición repentina; y el hebreo qr’ (traducida “sale al encuentro”) aparece a menudo en el contexto de guerra (Génesis 14:17; Josué 11:20), lo cual implica que ella salió agresivamente a su encuentro. Estos detalles indican que la ramera realmente preparó sus movimientos con antelación, en contraste con el joven, a quien se describe como totalmente vulnerable y fácil presa. Mientras que ella es “astuta de corazón” (7:10), él no tiene corazón (7:7). Mientras ella está llena de confianza propia, “escandalosa y descarada” (7:11, NVI), él guarda silencio y no habla nunca. Es digno de notar que ella es la única que habla. El pobre joven no tiene nada que decir, y queda abrumado por su fuerte presencia. Mientras ella sabe qué hacer, “acechando por todas las esquinas” (7:12), él parece no saber adónde va. Extrañamente, y a diferencia de la práctica normal, ella es la que toma la iniciativa. Ella lo busca y lo encuentra (7:15). Ella lo invita y le hace la propuesta (7:18).Y finalmente, ella le ofrece tres buenas razones para convencer al joven.
La primera razón es religiosa. Ella ha hecho sus deberes piadosos. Ella ofreció su sacrificio de paces y ha pagado sus votos (7:14). Aun su lenguaje, que describe su iniquidad, es religioso. Cuando dice que salió “buscando diligentemente tu rostro” (7:15), usa un verbo hebreo, shjr, que a menudo se emplea para referirse a la búsqueda de Dios (Génesis 19:27; Job 8:5; Salmo 63:2). La palabra se retuvo en la liturgia judía (Talmud, Ber 26b), para designar la primera oración del día, la oración matutina, la shajarit. La mujer ha convertido, entonces, su iniquidad en algo devocional, una hora de adoración. Ella tiene una “buena conciencia ante Dios” y, por lo tanto, pueden seguir adelante juntos. Dios está con ellos, y bendecirá su amor. Nota que ella no está desconectando su religión de su vida; por el contrario, ella incluye a Dios en su plan.
Este es el primer engaño: creer y hacer creer que Dios está con nosotros, mientras cometemos nuestra iniquidad. Irónica y peligrosamente, esta era la pretensión de los soldados nazis en la II Guerra Mundial, que grabaron este lema en sus cinturones:"Gott mit uns” (“Dios con nosotros”). Cuando pensamos que Dios está con nosotros mientras cometemos alguna iniqui­dad, lo haremos con celo y fanatismo religiosos. Pensaremos que matare­mos con la aprobación de Dios y, en última instancia, matamos para Dios. En un nivel más trivial, cuando volvemos nuestras opiniones personales y humanas, y nuestras propias elecciones, en un asunto religioso, nos estamos elevando a un estatus divino. Procedemos como los constructores de Babel, que querían subir hasta “la puerta de Dios” y así tomar su lugar (Génesis 11:4). La Biblia llama idolatría a este pecado, porque hemos identificado a Dios con nosotros mismos, y hemos creado un Dios a nuestra imagen.
La segunda razón es el placer. Una vez que se ha eliminado el obstáculo religioso, la mujer puede ser más directa y describe abiertamente el ambiente de su encuentro. Ella señala en forma muy sugestiva la cama en que ocurrirá su placer. Alerta todos los sentidos. Los tapices y los colgantes de colores (7:16) y los ricos perfumes (7:17) proporcionan un apoyo visual y fragante a su evocación. Una vez que estableció el ambiente, ella es explícita acerca de la intensidad de sus actividades, que se completarán hasta la mañana (7:18). La palabra amor se repite dos veces (7:18). Esta es la primera vez que se usa la primera persona plural (dos veces): “embriaguémonos” y “alegrémonos”. Hasta aquí, había usado solo la primera y la segunda persona del singular.
La tercera razón es la seguridad. La ausencia de su esposo es la seguri­dad de que no hay riesgos. Su esposo estará lejos, en un largo viaje (7:19), y da como evidencia que se llevó “la bolsa de dinero”. Se fue para hacer un negocio importante. El hombre al que ella se refiere podría ni siquiera haber sido su esposo. El texto hebreo dice literalmente: “El hombre no está en su casa”, lo que sugiere que la mujer no lo consideraría su esposo; que ella, sencillamente, vive con él en esa casa. Esta forma de calificar a su esposo es otra manera de captar al joven: ella no pertenece a nadie y, por lo tanto, está disponible para él.
El hecho de que ella especifique su regreso para “el día de luna llena" (7:20; BJ, NVI) sugiere que tiene en vista más que pasar solo una noche. Al mismo tiempo.es irónico que el deber religioso pondrá fin a su adulterio, ya que un deber “religioso” lo permitió, en primera instancia.
Para la mujer, la religión son solo rituales y tradiciones vacíos. Es una religión cultural; nunca alude a Dios. Del mismo modo, podemos guardar el sábado, devolver nuestros diezmos y asistir regularmente a nuestros cultos religiosos, y no obstante estar involucrados en iniquidad, vivir fuera del matrimonio con alguien, mantener una relación adúltera... Podemos ser muy piadosos y celosos en nuestros actos religiosos y, no obstante, vivir una vida inmoral: robar, mentir, cometer adulterio, abusar de nuestro cónyuge y aun asesinar.
La triste paradoja es que, a menudo, los religiosamente más celosos son también las personas más faltas de ética. La religión puede actuar como una máscara, para ocultar nuestras debilidades, como una compensación por nuestra iniquidad.
El final del trayecto. El adverbio “al punto" o “en seguida" (BJ, NVl) sugiere la prontitud con que el joven respondió al encanto de la mujer. El verbo que describe ese paso, “se marchó” (7:22), sugiere un caminar decidido, que contrasta con el paso vacilante que tenía al principio de su caminata, cuando “iba en camino” (7:8). Antes, él solo caminaba; ahora, va. La ironía trágica es que el final de su caminata se corresponde también con el fin de su vida. Este joven “playboy”, que se pensaba bien parecido, inteligente, de buena vida.es en realidad un buey estúpido, que “va [...] al degolladero”; un necio que va a las prisiones, para ser castigado (7:22); o un avecilla, insignificante, que “se apresura a la red” (7:23). Poco sabe él que toda esta aventura le costará la vida (7:23b).
Esta verdad, por último, revela el mensaje escondido bajo esta sórdida aventura: el pecado conduce a la muerte. Esta es la lección máxima que debemos retener: flirtear con una mujer adúltera “es un camino al Seol (“la sepultura”, NVI) [...] que conduce a las cámaras de la muerte” (7:27).