El Juicio previo al Advenimiento

La doctrina del Juicio final es un concepto cristiano que no sólo se encuentra en la Biblia sino también en los credos cristianos antiguos. No es un invento de la Iglesia Adventista sino que ha sido parte del mensaje cristiano desde los tiempos apostólicos. De acuerdo con Pablo, el juicio formaba parte del evangelio que él predicaba a los Judíos y gentiles y no era incompatible con su enseñanza sobre la Justificación por la le. Las buenas nuevas del evangelio son que aun cuando el Juicio nos condena, Jesús ha traído una justificación no basada en la ley sino en la fe en él como nuestro sustituto y Salvador. Aunque aún así enfrentamos un Juicio, ahora podemos hacerlo con confianza, sabiendo que seremos exonerados en y a través de Cristo.

El cristianismo y el juicio previo al advenimiento

Tal vez algunos adventistas se sorprendan al saber que muchos cristianos creen en un juicio que ocurre antes del regreso de Cristo. De hecho, los católicos y muchos protestantes comparten este concepto. La teología católica distingue entre el juicio particular y el juicio general. El juicio particular ocurre inmediatamente después de la muerte y determina si el alma entrará en el cielo, el purgatorio o el infierno. Este Juicio toma lugar antes de la segunda venida de Cristo y es necesario debido a la doctrina católica de la inmortalidad del alma. El Juicio general ocurre en la segunda venida, es de carácter universal e incluye tanto a los justos como a los malos. Los seres humanos lo experimentarán en el cuerpo después de la resurrección. No es claro, sin embargo, por qué habría necesidad de un Juicio general si el Juicio particular determina el destino eterno de cada individuo.

Los dispensacionalistas tienen una doctrina del Juicio muy desarrollada que conceptúa al menos siete Juicios individuales. El primero comprende el Juicio de la iglesia en el cielo después del rapto y antes de la segunda venida. Podríamos considerarlo como un juicio "previo al advenimiento". De nuevo uno se sorprende de por qué los creyentes que ya han sido raptados deben enfrentar un juicio. ¿No indica acaso el hecho de que Dios los ha raptado que han pasado por el juicio y sido absueltos? Los otros juicios ocurren en la segunda venida (e. g., el Juicio de Israel y el de los gentiles), y después del milenio (e. g., los Juicios de Satanás y de los ángeles caídos, y el de los muertos no salvos).

Otro grupo de cristianos prefiere describir el Juicio como un solo evento universal que ocurre en la segunda venida de Cristo, en ocasión de la resurrección de todos los justos e injustos. Esa posición parece ignorar que Cristo viene por segunda vez para salvar a quienes lo esperan y no para determinar si ellos se salvarán o no (Hebreos 9:28). Él tiene que tomar esa decisión en algún momento antes de su regreso.

Como adventistas, nosotros hemos enseñado que el Juicio Final consiste en un proceso que comienza en el cielo antes del retorno de Cristo (Dan. 7:9, 10, 21, 22, 26, 27) y concluye después del milenio (Apocalipsis 20:11, 12). Quienes han aceptado a Cristo como su Salvador pasaran por el juicio en el cielo antes de la venida de Cristo (Daniel 7:22; Romanos 2:5, 6). Luego en la segunda venida los fieles quedan a salvo de sus enemigos (Hebreos 9:28), son reveladas las decisiones legales hechas en el tribunal celestial (Romanos 2:5), y se recompensa apropiadamente a cada uno (versículo 6). Enseguida ocurre el milenio, durante el cual los justos –llevados al cielo– juzgarán a los malos (Apocalipsis 20:4; 1 Corintios 6:2, 3). Después del milenio Dios dará a conocer las decisiones tomadas en el tribunal celestial y Satanás y sus seguidores serán condenados de manera justa a la muerte eterna (Apocalipsis 20:12‑15). Basados en nuestro entendimiento de las profecías apocalípticas también hemos sido capaces de identificar el momento histórico en que comenzó el juicio en el cielo; es decir, en 1844 (Daniel 7:25, 26; Daniel 8:13, 14; Apocalipsis 14:6, 7). De allí la importancia y urgencia del mensaje y la misión de nuestra iglesia.

Nuestra comprensión del juicio final integra toda la información bíblica relacionada con ese tema específico en una declaración doctrinal coherente. Siendo que la Biblia rechaza la doctrina de la inmortalidad del alma, nosotros negamos que el juicio previo al advenimiento ocurra al momento en que la persona muere, pero sí afirmamos que comienza antes del regreso de Cristo. La Biblia también enseña que el traslado [al cielo] ocurre en la segunda venida; por lo tanto, creemos que el juicio no tiene lugar después del traslado sino antes del regreso de Cristo. Entonces los justos recibirán la recompensa que se les ha asignado en el tribunal celestial.

Juicio e investigación en el Antiguo Testamento

Un juicio justo comienza con una investigación, un examen de los hechos y su evaluación antes de pronunciar un veredicto final. Esa es la forma de proceder en cualquier tribunal, incluyendo el celestial. La gente en los tiempos bíblicos realizaba comúnmente indagaciones judiciales antes de hacer decisiones legales. Por ejemplo, la frase "buscando e inquiriendo" (Jueces 6:29) se refiere a ese proceso. Job, al describir su responsabilidad de juez en la puerta de la ciudad, declara: "Y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia" (Job 29:16). Ester le informó al rey que dos de sus siervos estaban planeando matarlo: "Se hizo investigación del asunto, y fue hallado cierto; por tanto, los dos eunucos fueron colgados en una horca" (Ester 2:22, 23). Podríamos citar muchos otros ejemplos.

Dios también hace indagaciones antes de dictar sentencia en contra o a favor de los seres humanos. Vemos esto indicado claramente en Génesis 3:8‑18, el primer juicio registrado en la Biblia. Los eruditos ven en Génesis 3:11‑20 un "juicio", un proceso legal, o una escena de juicio. En esta escena Dios actúa como fiscal, investigando el crimen cometido por la primera pareja. La historia "sigue paso a paso el procedimiento de una acción legal:

08‑10: Escondimiento y hallazgo
11‑13: Interrogación y defensa
14‑19: Tres sentencias de castigo".

Es importante notar que hay un interrogatorio: Dios pregunta, investigando la naturaleza y razón del crimen cometido. En otras palabras, en esta historia hay una investigación dentro del proceso de Juicio en la cual Dios busca y analiza la evidencia. La pregunta obvia es si Dios ya conocía el crimen; y si así era, entonces por qué necesitó hacer una investigación. Umberto Cassuto, un comentarista bíblico Judío, formula esas preguntas y sugiere que “siendo que la narrativa subsecuente describe a Dios como omnipotente, es razonable que aquí no se lo describa como alguien que no se da cuenta de lo que lo rodea". Cassuto añade que "el Juez de toda la tierra llama al hombre, a fin de demandar de él el relato de su conducta". Según otros, el propósito de las preguntas es (1) establecer los hechos y "dejarle claro al hombre y a la mujer lo que ellos han hecho"; (2) permitirle "al hombre, que él mismo reconozca su crimen"; (3) o mejor aún, hacer que el acusado "confiese su culpa".

Es interesante observar que durante la indagatoria Dios cuestionó a Adán y a Eva, pero ignoró sorprendentemente a la serpiente. El Señor no la juzga de la misma forma que a la pareja. Dios sólo condena al enemigo y pronuncia una sentencia contra él. Aquí tenemos un excelente paralelismo con el Juicio final en el que Dios es quien busca la verdad, conduce el juicio y pronuncia el veredicto. Daniel 7 sigue el mismo patrón durante el Juicio escatológico en el que se describe a Dios abriendo los libros (investigando la evidencia), conduciendo el juicio, y dictando la sentencia final (a favor de su pueblo y en contra del enemigo).

Otros casos en los que Dios investigó antes de pronunciar una sentencia aparecen en Génesis 4:9‑13; 18:22; y Salmos 7:8, 9. En este último pasaje la frase "prueba [bajan] la mente y el corazón" se refiere a un proceso investigador, tal como se indica por el uso del verbo bajan. Aquí "sugiere la fase investigadora necesaria para un correcto juicio" (Cf. Salmo 11:4‑6).

La investigación de la evidencia es un tema común en los libros proféticos. Unos cuantos ejemplos pueden ser suficientes para mostrarlo. Oseas 4:1‑3, por ejemplo, contiene el anuncio de un juicio, el análisis de la evidencia y un veredicto. Miqueas 6:1‑16 describe un Juicio completo que incluye testigos, la presentación de la evidencia contra del pueblo y la decisión legal. Sofonías 1:12 usa el verbo "investigar" para referirse a los fundamentos sobre los cuales el juez basará la sentencia. Es simplemente imposible tener un Juicio sin una investigación legal de la evidencia.

Juicio e investigación en el Nuevo Testamento

Durante el período del Nuevo Testamento el principio expresado por Nicodemo era bien conocido: "¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho?" (Juan 7:51). Es legalmente inconcebible pronunciar una sentencia sin reunir y analizar toda la evidencia. Pablo compareció ante Festo y Agripa para un juicio que obviamente incluía la evaluación de la evidencia que apoyaba los cargos contra él (Hechos 25:2-11; 26:2-32).

El tribunal divino sigue el mismo patrón. La Escritura describe a Dios juzgando imparcialmente la obra de cada persona; es decir, él evalúa o examina cuidadosamente la vida de cada individuo antes de dar el veredicto (1 Pedro 1:17). Su juicio es universal. Tanto los vivos como los muertos "darán cuenta" a Dios (1 Pedro 4:5) y él "juzgará... los secretos de los hombres" (Romanos 2:16). En otras palabras, Dios investigará la evidencia escondida de la vista humana. La norma de juicio es la respuesta de la persona a Jesús (2 Tesalonicenses 2:12) y a la ley (Santiago 2:12). La Escritura enfatiza la idea de la investigación mediante la insistencia en el hecho de que Dios juzgará a los humanos según sus obras (Mateo 12:36, 37; 16:27; Apocalipsis 20:13), incluyendo los cristianos (1 Corintios 3:8‑15; 2 Corintios 5: 10; Efesios 6:8; Colosenses 3:23‑25).

El juicio se llevará a cabo "ante el tribunal [bema] de Cristo" (2 Corintios 5: 10) y de Dios (Romanos 14: 10). El Nuevo Testamento usa aquí una imagen tomada del sistema legal secular en el cual el término griego bema designaba un lugar donde se colocaba un oficial, escuchaba los casos y pronunciaba las sentencias legales (Hechos 18:12, 16; 25:6, 10). Las cortes seguían un procedimiento legal que requería la reunión de la evidencia, su evaluación, y la pronunciación de un veredicto final. El escritor inspirado emplea una práctica humana para ilustrar lo que ocurre en el tribunal celestial. La idea que ella trasmite es la de una investigación y evaluación que conducen a un veredicto. "Cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí" (Romanos 14:12), pero las buenas nuevas son que en el tribunal celestial quien habla en nuestro lugar nos confesará delante de los ángeles (Lucas 12:8, 9). Nuestro abogado (1 Juan 2:1) e intercesor (Hebreos 7:25) está a cargo de nuestro juicio. Eso tiene que ser así porque el juicio del pueblo de Dios ocurrirá en el cielo antes del regreso de Cristo. Siendo que nosotros no podremos estar allí, Cristo nos representará.

Daniel 7 indica que el Juicio comienza en el cielo y el Nuevo Testamento apoya el concepto. Ya hemos visto que en Daniel el juicio comienza antes que el reino de Dios sea establecido sobre la tierra. Pablo lo asocia con la segunda venida en Romanos 2:5, 6 y 2 Timoteo 4: 1. Hebreos 9:27, 28 nos informa que el juicio final ocurre después que uno muere, y que el siguiente evento escatológico es la segunda venida. Según el versículo 28 Cristo no viene a juzgar a su pueblo sino a salvarlo; es decir, a darles la recompensa determinada en el juicio. De acuerdo con Romanos 2:5, 6 es en el día de la ira (la segunda venida) cuando será revelado el justo juicio de Dios, y cuando él "pagará a cada uno conforme a sus obras". Aquí encontramos dos ideas importantes. La primera, que el "justo Juicio de Dios" es algo todavía oculto en el tiempo presente, pero que será revelado posteriormente. Esto significa que se hizo una decisión Judicial antes de la segunda venida, porque es en ocasión de ese evento cuando dicha decisión se revela. La segunda, muestra que Dios basó la decisión Judicial en las obras de la persona. Dios las tomó en cuenta en el aspecto investigador del Juicio para determinar el destino final otorgado en ocasión de la venida de Cristo.

El examen de los registros

La Biblia menciona varios libros celestiales donde se conserva la historia de la vida de cada miembro de la raza humana. Incluso los que no eran israelitas en el mundo antiguo creían en tales libros celestiales. Los registros mesopotámicos hablan de la "tablilla de la vida", "la tablilla de sus errores, delitos y crímenes", y "la tablilla de sus buenos actos". Pero es difícil determinar la naturaleza, y en algunos casos el propósito, de tales registros celestiales. La Biblia habla del libro de la vida, basada en la práctica de guardar un registro de los nombres de las personas que vivían en una ciudad (e. g., Isaías 4:3; Ezequiel 13:9). El libro de la vida celestial contiene los nombres de todos aquellos que formaron parte del pueblo de Dios (Éxodo 32:32, 33; Daniel 12: 1; Filipenses 4:3; Lucas 10:20; Apocalipsis 21:27). La apostasía podría resultar en la remoción del nombre de una persona de ese libro (Salmo 69:28; Apocalipsis 3:5). Este libro también registra las acciones humanas, sean buenas o malas (Isaías 65:6; Apocalipsis 20:12). El libro de memorias podría ser el mismo que el libro de las acciones (Malaquías 3:16; Cf. Ester 6:1). La contraparte terrenal del libro de acciones celestial podría haber sido el libro de las Crónicas de los reyes de Israel y Judá que preservaron las cosas buenas y malas que hizo cada rey. Los profetas las usaron para evaluar las vidas de los diferentes reyes. Nosotros no conocemos la naturaleza de los registros celestiales, pero su función es extremadamente importante. La Biblia se refiere a ellos para enfatizar la naturaleza objetiva e imparcial del Juicio final. Tales registros les proveen una evidencia objetiva a los miembros del concilio celestial para determinar el destino de cada individuo (Daniel 7:10; 12:1; Apocalipsis 20:12). Dios, obviamente, no necesita de tales registros, pero sus criaturas sí. Quienes han aceptado a Cristo como su Salvador personal no deben preocuparse del contenido de sus registros en el cielo, porque Cristo les ha otorgado el perdón de sus pecados y la justicia de Cristo les ha sido acreditada. Mientras permanezcan en una relación de pacto genuina con nuestro Salvador el juicio investigador simplemente confirmará y asegurará por siempre su compromiso previo con él.

La justificación por la fe y el juicio

La Biblia enseña que somos salvos por la fe en Cristo y juzgados por las obras. Teólogos cristianos de todas las tradiciones por mucho tiempo han intentado integrar estas dos declaraciones aparentemente contradictorias. Por lo tanto, este problema teológico no es peculiar de los adventistas. Ya hemos indicado que para Pablo el evangelio y el juicio no eran conceptos contradictorios sino complementarlos (Romanos 2:16). El juicio era uno de los conceptos fundamentales que la iglesia primitiva enseñaba a los nuevos conversos (Hebreos 6:3) y era parte de la proclamación apostólica (Hechos 24:25).

Un teólogo luterano escribió: "Una doctrina de la justificación que elude el concepto del juicio pierde su carácter como proclamación del señorío de Dios, y con ello la única base de la humanización de la raza humana. Un concepto del juicio que no adquiere su significado de la doctrina de la justificación no deja lugar para la seguridad de la salvación". Debemos mantener juntos ambos conceptos a fin de presentar un cuadro balanceado de la Escritura. Dos eruditos no adventistas han intentado describir la relación entre el juicio por las obras y la justificación por la fe de la siguiente forma:

"Pablo... cree en el juicio final de cada hombre. La función primaria de éste será revelar si el hombre pertenece a Cristo o no, y en consecuencia determinar su destino. Para quienes han entrado en una relación con Dios por medio de la fe en Cristo, el veredicto anticipado en la justificación y demostrado en sus vidas, será confirmado. Para quienes han rechazado a Cristo, su condenación estará decidida."

De acuerdo con Travis, cuando somos justificados por la fe en Cristo recibimos por adelantado el veredicto de exoneración que será pronunciado en el tribunal divino durante el juicio final. Por lo tanto, el juicio final confirma esa decisión judicial dejando en claro que pertenecemos a Cristo. Sólo aquellos que no pertenecen a Cristo son condenados.

"Ese evento público [descrito en Romanos 2:5], en el cual se dará un veredicto y se pronunciará una sentencia pública, requerirá una evidencia pública verificable para sustentarlos. Y la única evidencia pública disponible serán nuestras obras: lo que hemos hecho y se nos ha visto hacen La presencia o ausencia de la fe salvadora en nuestros corazones será puesta al descubierto por la presencia o ausencia de amor en nuestras vidas."

La justificación por la fe no es un concepto o una idea abstracta para ser asimilada sólo con nuestro intelecto. Quienes han sido justificados viven una vida de obediencia al Señor, que refleja una vida controlada por el amor hacia Dios y hacía otros. La siguiente declaración resume bastante bien la posición adventista a este respecto:

"La Biblia enseña que la Justificación pertenece a las 'cosas' finales, porque trae el ansiado veredicto de absolución del último juicio al presente... Por lo tanto, el testimonio de la Escritura es contradicho cuando la lógica humana concluye que siendo que la justificación ‑una realidad presente a través de la fe ‑ pertenece a las últimas cosas, no se le puede pedir nada adicional al creyente en el Juicio final. Aunque la bendición de la absolución en el Juicio futuro ciertamente llega a operar aun en el presente, la Escritura aclara que lo que Dios quiere ver en el juicio final son creyentes justificados, quienes a través de su gracia hayan dado frutos para su gloria [Filipenses 1:9‑11). La nueva historia que Dios le da a cada creyente no acaba cuando éste va a Cristo y es Justificado; apenas ha comenzado. Al final Dios pide una justificación con frutos, no en el sentido de la fórmula 'fe más obras igual a salvación', sino en el sentido de que la justificación es la fuente del fruto santificado”.

Propósito del juicio final

El Juicio Final es una investigación de la verdad, que busca restablecer la Justicia y la armonía en un mundo trastornado por la presencia del pecado. El Juicio hace al inocente victorioso sobre los malos y reafirma y vindica los principios divinos que gobiernan el universo. De hecho, el juicio final culmina con un reconocimiento cósmico de la justicia de Dios, una teodicea (theós, "Dios" y díke, "Justicia"). Basados en la evidencia que Dios presentará durante el Juicio Final, toda criatura inteligente del universo testificará que Dios es en verdad justo y misericordioso. Sólo entonces será apropiado concluir la guerra entre el bien y el mal y eliminar a Satanás y a sus seguidores del universo.

Filipenses 2:10 y 11 anticipa el momento cuando todo el cosmos reconocerá a Dios y a Cristo como dignos de alabanza: Vara que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre".

Esta será la experiencia de quienes se hallan en el cielo, es decir, ángeles y seres celestiales. Juan describe a los seres celestiales postrándose ante Dios y alabándolo por la sabiduría y poder que él manifestó en sus maravillosos actos de salvación a favor de su pueblo (Apocalipsis 7:11, 12). Tales seres celestiales fueron testigos de los procedimientos judiciales en el cielo y están persuadidos de que Dios es justo en sus juicios contra los poderes malignos (Daniel 7: 10; Apocalipsis 16:5; 19: 1‑10).

El segundo grupo mencionado por Pablo, que se une a quienes se hallan en el cielo para alabar a Dios consiste de seres humanos. Esta expectativa escatológica tiene sus raíces en la proclama del salmista a todas las naciones para alabar a Dios. El pueblo de Dios, los reyes de la tierra y todas las naciones son invitados a adorarlo (Salmo 5:6, 7; 148:1 l). Incluso la naturaleza recibe la invitación para reconocer a Dios como Creador y Redentor (Salmo 148:7‑ 10). Pablo sugiere que tal evento ocurrirá al fin.

El tercer grupo comprende a los que están "debajo de la tierra". La palabra griega usada por Pablo (katajthonios) aparece en la literatura griega para designar a seres divinos o demonios localizados en el infierno, el reino de los demonios. Pablo parece usarla aquí para referirse a los poderes espirituales del mal a fin de enfatizar el hecho de que aún ellos reconocerán y confesarán finalmente que sólo Dios y Jesús son dignos de alabanza y adoración. No es una confesión basada en el arrepentimiento, sino un reconocimiento de que ellos se hallaron en el lado equivocado de la gran controversia y que Dios es justo en condenarlos. En el Antiguo Testamento tenemos un precedente legal para tal práctica.

Israel investigó cuidadosamente el pecado de Acán, y después de identificarlo como el culpable, lo confrontó con las consecuencias. El pueblo de Dios lo sentenció a muerte a fin de restaurar el orden social y espiritual en Israel. Pero antes de la ejecución Josué le dijo: "Da gloria a Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza, y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras" (Josué 7:19). Algunos han llamado a esto una doxología de Juicio. Permítame explicarlo. En esta situación, glorificar y alabar al Señor significaría que Acán aceptaba la responsabilidad por su pecado y que estaba listo para declarar públicamente que el juicio de Dios contra él era merecido y justo. No es una confesión del pecado para obtener perdón, sino un reconocimiento del hecho de que la persona es culpable de los cargos y que el veredicto divino es justo. Los poderes demoníacos reconocerán finalmente que Dios es justo, así como también la sentencia pronunciada contra ellos. Parecería que Dios busca persuadir incluso al archienemigo de que él es realmente un Dios de justicia y amor. Incluso Satanás percibirá claramente la verdad. Ninguna criatura inteligente se perderá eternamente teniendo dudas o cuestionando la naturaleza del carácter de Dios.

Elena de White describe la experiencia de Satanás durante el juicio después del milenio y su doxología de juicio de la siguiente manera: "Satanás ve que su rebelión voluntaria te incapacitó para el cielo. Ejercitó su poder guerreando contra Dios; la pureza, la paz y la armonía del cielo serían para él suprema tortura. Sus acusaciones contra la misericordia y justicia de Dios están ya acalladas. Los vituperios que procuró lanzar contra Jehová recaen enteramente sobre él. Y ahora Satanás se inclina y reconoce la justicia de su sentencia". Es solamente entonces cuando Dios puede detener el reinado destructivo de Satanás.

Quienes han aceptado a Jesús como Salvador y Señor no deben temer al juicio, porque ya han pronunciado su doxología de juicio. Confrontados con el Juicio de Dios sobre la cruz en contra del pecado, ellos reconocen que son culpables de los cargos y que Dios estaba en lo correcto al condenarlos a la muerte eterna. Pero también saben que la fase ejecutiva de su juicio tomó lugar en Cristo y que al aceptarlo a él como Salvador no serán condenados en el juicio final (Romanos 10:9, 10; Juan 5:24). Ahora podemos enfrentar el futuro con plena confianza.

 

Dr. Ángel Manuel Rodríguez
Instituto de Investigación Bíblica
Extraído del libro Fulgores de Gloria;
Capítulo 3; pp. 32-43

 

  Richard P. McBrian, Catholicism (San Francisco: Harper, 1994) p.1164.

  J. H. Wright, “Judgment, Divine”, en New Catholic Enclycopedia, tomo 8, pp. 36, 37.

  Id, pp. 37-40.

  S. N. Gundry, “The Judment of Nations”, en Walter A. Elwell, ed. Evangelical Dictionary of Theology (Grand Rapids: Baker, 1984) p. 591; David R. Nicholas, “Judgements varoius”, en Mal Couch, ed., Dictionary of Premillennial Theology (Grand Rapids: Kregal, 1996) pp. 225-227.

  John F. Walvoord hace una lista de siete juicios que ocurren al momento de la segunda venida y después de ésta (Major Bible Prophecies [Grand Rapids: Zondervan, 1991], pp. 381-388). Nicolas da una lista más completa en “Judgments”, pp. 225-227 [véase la referencia anterior].

  von Rad, Genesis, p. 91; Walter Brueggeman, Genesis (Atlanta: John Knox, 1982) p. 49.

  Claus Westermann, Genesis 1-11: A Comentary (Minneápolis: Augsburg, 1984), p. 49.

  John H. Sailhamer, “Genesis”, en Frank A. Gaebelein, ed., The Expositor’s Bible Commentary (Grand Rapids: Zondervan, 1990), tomo 2, p. 52)

  Victor P. Hamilton, The Book of Genesis Chapters 1-17 (Grand Rapids: Eerdmans, 1990), p. 194.

                                                                                                                                                                                                   Westerman, Genesis 1-11, p. 252.

                                                                                        Umberto Cassuto, A Comentary on the Book of Genesis: Genesis I-IV (Jerusalén: Magnes Press, 1961) p. 155.

                                                                                                                                                                                                                                             Ibíd.

                                                                                                                                                                                           Westerman, Genesis 1-11; pp. 254, 255.

                                                                                                                                                                                                       Hamilton, Genesis 1-17; p. 194.

                                                                                                                                                    Gordon J. Wenham, Genesis 1-15 (Waco, Texas: Word, 1987) p. 77

Westerman, Genesis 1-11, p. 255, escribe: “El crimen comenzó con la serpiente, una criatura de Dios; no hay explicación del origen del mal. La serpiente no es interrogada; es maldecida”.

                                                                      Pietro Bovati, Re-Establisbing Justice: Legal Terms, Concepts and Procedures in the Hebrew Bible (Sheffield, 1994), p. 244.

                                                                        Shalom M. Paul, “Heavenly Tablets and the Book of Life”, Journal of Ancient Near Eastern Studies 5 (1973): 345, 346, 351.

                                                                                                                         Ernst Kaesemann, Commentary on Romans (Gran Rapids: Eerdmans, 1980), pp. 56, 57

                                                                                                Stephen H. Travis, Christ and the judgment of God (Hants, Reino Unido; Marshall Pickering, 1986), p. 64.

                                                                                                   John Stott, Romans: God’s Good News for the World (Downers Grove; InterVarsity Press, 1994), p. 84.

                                                                                                                        Ivan Blazen, “Justification and Judgment”, Adventist Review (11 de agosto de 1983), p.9

                        Hermann Sasse, “Katajchthonios”, en Gerhard Kittel, ed. Theological Dictionary of the New Testament (Gran Rapids: Eerdmans, 1965), tomo 3, pp. 633, 634.

                                                                                                                                                                    El Conflicto de los siglos, p. 728 (la cursiva fue añadida).