EL JUICIO PREVIO AL ADVENIMIENTO

Dr. Alberto R. Treiyer

Mientras enseñaba teología en el seminario adventista de Francia, tuve una discusión con un pastor adventista italiano sobre la actitud negativa de toda Europa contra los militares en Argentina. Era en plena época de guerra sucia. Yo creía en ese tiempo que los europeos juzgaban el cuadro en forma unilateral. Ese pastor, sin embargo, entendió mi punto pero me abrió los ojos de la siguiente manera. Me dijo, en esencia, que “el mundo aceptaría aun a regañadientes que los militares argentinos llevasen al pelotón de fusilamiento a sus opositores, a condición de que los juicios fuesen abiertos y verificables”.

Nuestra pregunta hoy es la siguiente. Si el mundo no acepta que desaparezcan personas sin poder saber por qué los condenaron, ¿aceptaría el universo algo diferente de Dios? ¿Podría descansar la creación celestial en paz con un Dios que hace y deshace sin explicación alguna, basándose simple y puramente en su Omniciencia y Sapiencia infinitas?

En Dan 7 asistimos a una obra de crimen terrible por parte del “cuerno pequeño” contra “los santos del Altísimo” que se cumplió durante la Edad Media de una manera asombrosa y al mismo tiempo espantosa. Lo que procuraron hacer los militares argentinos durante la guerra sucia fue repetir lo que durante más de mil años hizo el papado romano en su peor fase mediante los tribunales de la Inquisición. Se juzgó en secreto a millones de inocentes, los torturaron y condenaron sin darles posibilidad alguna de defenderse, en una farsa religiosa aparatosa que ultrajó al “Hijo del Hombre” y a toda su intercesión celestial.

La hora debía llegar, sin embargo, en que los papeles se invirtiesen. Los seguidores del Cordero que murieron “por causa de la Palabra de Dios y el testimonio que tenían” recibirían vindicación (Apoc 6:9-10). La corte celestial les asigna al final las ropas blancas, ya antes de su resurrección, puesto que deben esperar en la tumba (“descansando”), hasta que se complete el juicio de los vivos en la última generación, la de los 144,000 (Apoc 6:11; 7:3-8; véase 14:13). Al ser vindicados “los santos del Altísimo” delante del universo en la corte celestial, queda claro que el “cuerno” malvado y opresor, el anticristo mismo, no debe prevalecer, y es destruído en la Segunda Venida de Cristo.

1. Problemas de algunos para aceptar la doctrina bíblica del juicio investigador

Hasta el presente, la única iglesia en el mundo que predica la existencia de un juicio investigador del pueblo de Dios previo a la Segunda Venida de Cristo es la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Tal doctrina bíblica ha sido atacada por varios motivos que desconocen la razón o propósito de tal juicio en el universo, y se basan en falsos conceptos acerca de lo que realmente creemos los adventistas. La doctrina del juicio investigador que Dios confió a la Iglesia Adventista está destinada, al mismo tiempo, a corregir falsos conceptos acerca de la justificación por la fe que imperan especialmente en los medios evangélicos. ¿Cuáles son esos conceptos falsos que hay en el mundo cristiano y que deben ser confrontados con el juicio investigador? Consideremos, en primer lugar, dos puntos básicos.

a) La presunción de creer que “una vez salvo, se es siempre salvo”. De esta manera, muchos cristianos evangélicos pretenden que el juicio final debe darse únicamente sobre los impíos que nunca se convirtieron.

Respuesta:  Eze 33:12-13:  “La justicia del justo no lo librará el día que se rebelare...; el justo no podrá vivir por su justicia el día que pecare. Cuando yo dijere al justo, de cierto vivirás, y él confiado en su justicia hiciere iniquidad, todas sus justicias no serán recordadas, sino que morirá por su iniquidad que hizo”.
- Los que proclaman que al convertirse al Señor ya son salvos y siempre salvos, caen en una presunción arriezgada que Dios a través de Ezequiel define con el término “confiado” y que en la expresión popular se expresa como “dormirse en los laureles”.
- Jesús en el Apocalipsis advierte contra esa tendencia al repetir a cada iglesia su promesa de compartir su herencia, en términos condicionales e individuales:  “Al que venza...” Jesús no se está refiriendo a los que nunca se convirtieron, sino a las siete iglesias, dando a entender que no todos sus miembros se salvarán, y que habrá un juicio de los que forman parte del pueblo de Dios para determinar quiénes recibirán la herencia prometida (Apoc 2:7,11,17,26; 3:5,12,21; 21:7).
- Lo mismo podemos decir de la parábola del que entró en la boda sin vestido adecuado y al que, por consiguiente, se expulsó para ser destruido en medio del lloro y crujir de dientes.

Sal 7:8: “Juzga, oh Eterno, a los pueblos; júzgame conforme a mi justicia y a mi integridad”.
- David no consideraba que por haber arreglado sus cuentas con Dios, iba a quedar libre del juicio investigador celestial. Con un criterio semejante Pablo entendió que “todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo..., de manera que cada uno de nosotros dará cuenta a Dios de sí” (Rom 14:10-12; Heb 4:13). Pablo no se está refiriendo a los impíos que nunca se convirtieron, sino a los destinatarios de su carta juntamente con él.

Ecl 12:14:  “Dios traerá toda obra a juicio, todo lo escondido, sea bueno o malo”.
- No sólo las obras malas sino también las buenas deben ser revisadas en juicio. Esto lo confirmó el apóstol Pablo en 2 Cor 5:10:  “Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho cuando estuvo en el cuerpo, sea bueno o malo.”
- “Porque en este día... seréis limpios de todos vuestros pecados delante del Eterno” (Lev 16:30).
                                                                                                                                                     
Mat 12:36-37:  “Os digo que en el día del juicio, los hombres darán cuenta de toda palabra ociosa que hablen. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”.
- No sólo los que nunca se convirtieron tendrán que rendir cuentas a Dios por lo que hablaron, sino también el pueblo de Dios que será salvo por el testimonio que dé y que será considerado en la corte celestial.

b) La pretensión de que los adventistas no estamos seguros de nuestra salvación y que nos justificamos por las obras

Respuesta:  Mentira. Porque “el justo vivirá por la fe” (Rom 1:17), esto es, no confiando en sus justicias, sino en las promesas de salvación de Aquel que es fiel, y que cumplirá lo que prometió (1 Tes 5:23-24; 2 Tes 3:3; Heb 10:23). El negar el juicio investigador implica la presunción de creer que no podemos caer (Mat 24:13; 1 Cor 10:12), dormirse en un campo de batalla (Ef 6:10-18), desconocer la naturaleza humana y la lucha entre el espíritu y la carne que tendremos hasta que venga el Señor (Rom 8; 1 Cor 15:50-58), ignorar el proceso de santificación que acompaña al de justificación y culmina en la glorificación final (1 Cor 1:30; 1 Tes 4:3; Heb 12:10), etc.

2. El propósito del juicio investigador de Dan 7:9-10,13-14

En un intento de volver a Egipto, a la presunción, a una esclavitud que presume ser mejor que la verdadera libertad que otorga el Señor, Desmond Ford intentó en la década de los 80 reafirmar el error evangélico que busca eliminar toda idea de juicio sobre el pueblo de Dios y negar la verdad adventista que advierte sobre el juicio y la importancia de guardar la ley de Dios. Reciéntemente un hijo espiritual inesperado suyo, Carlos Enrique Espinosa, está intentando vindicar a Ford y vindicar la presunción de los evangélicos sobre la justificación, en algunos comentarios que está haciendo sobre las lecciones de la Escuela Sabática que en este trimestre estudian el libro de Daniel. Convendrá ahora, por consiguiente, que expongamos la unilateralidad de su mensaje, ya que volverá a ser crucial al momento de estudiar el capítulo 8 de Daniel.
- Lo que corresponde considerar aquí es si el juicio celestial de Dan 7 tiene que ver con la vindicación de los santos mediante una investigación de sus vidas registradas en los libros del cielo, o la condenación del “cuerno” opresor sin que intervenga un análisis de la vida de los que serán vindicados. Lo que corresponderá considerar en Dan 8 es si lo que contamina el santuario que debe ser purificado y/o vindicado son los pecados confesados del pueblo de Dios, o los pecados blasfemos del cuerno que ataca el santuario.

a) El juicio de Dan 7 vindica al “Hijo del Hombre”

Dan 7:13-14:  El “Hijo del Hombre” no viene a la tierra en esta visión, sino que comparece ante la corte celestial delante del Juez del Universo, para recibir “dominio, y gloria y reino”, de tal manera que “todos los pueblos, naciones y lenguas” le sirvan.
- Si la cuarta bestia de Dan 7 se refiere al imperio romano, el “cuerno pequeño” que se hace más grande que sus compañeros (las diez naciones europeas), no puede ser otro que el papado romano. Así, la escena de juicio que aquí se describe no puede referirse a la ascensión de Cristo en la inauguración del santuario celestial. Para negar el juicio investigador final, Desmond Ford y Carlos Espinosa se vieron y ven obligados a adoptar la propuesta pagana de Porfirio con la cual combatió el cristianismo de los primeros siglos, y de los intérpretes liberales y escépticos de los tiempos modernos que parten de la base de que toda profecía es “vaticinia post-eventum”, es decir, que no existen profecías sobre el futuro.
- El mundo apóstata de hoy, que prefirió creer que nuestros antepasados fueron el mono o el gorila para poder desterrar de la mente la idea de responder ante un Padre celestial en una corte final de juicio, busca desterrar además, con diferentes interpretaciones, la idea de tener que comparecer delante del Juez de todo el universo para rendirle cuentas sobre lo que hicieron en este mundo.
- Los cristianos que terminaron entrando en esa perspectiva apóstata, tratan de negar igualmente la advertencia bíblica del juicio investigador que Dios encomendó al último remanente, pretendiendo que por aceptar a Cristo no necesitan que se les revise la autenticidad de esa profesión de fe. De esa manera le niegan también al Hijo del Hombre y a su Padre el derecho y el privilegio de ser vindicados delante del Universo, no sólamente por la obra de Creación (Rev 4), sino también por la obra de Redención (Rev 5). No se dan cuenta que no alcanza con destruir al diablo y a los malvados dirigentes judíos y a los soldados romanos por lo que hicieron al Hijo de Dios, sino que también debe vindicarse la labor admirable de intercesión que el Cordero de Dios estuvo llevando a cabo durante siglos en el santuario celestial (véase Rom 3:4; 8:33-34; Ef 2:6-7; 3:10; 1 Ped 1:12). [Mientras que el diablo quiere probar ante el universo que el sacrificio e intercesión del Hijo de Dios no sirvieron para nada (Zac 3:1; Apoc 12:10), la corte celestial debe verificar si sus acusaciones tienen valor o no, y cuán honorable es la obra de salvación del Hijo de Dios].
                                            
b) El juicio de Dan 7 vindica a “los santos del Altísimo”

Dan 7:11,22,26-27:  “El tribunal se sentó en juicio, y los libros fueron abiertos... y pronunció juicio en favor de los santos del Altísimo. Y vino el tiempo, y los santos poseyeron el reino... Y el reino, el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, serán dados al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán”.
- La comparecencia del Hijo del Hombre—alguien que así como se identificó en la tierra como el Hijo de Dios ante la mayor corte terrenal de entonces (Dan 3:25), se identifica ahora con nuestra especie humana ante la mayor corte del cielo—tiene como propósito también vindicar a los que lo confiesan en la tierra, y negar a los que lo niegan por temor al peligro o por cualquier presunción que fuese (Mat 10:32-33; Apoc 3:5).
- Los que niegan que los libros que son abiertos contienen todos los hechos del pueblo de Dios, buenos o malos, sino sólo los pecados del “cuerno” blasfemo y opresor, ignoran no solamente la teología del sacrificio y del santuario en el Antiguo Testamento, sino también los numerosos pasajes que describen los libros del cielo con los pecados del pueblo de Dios, y la necesidad de que sean borrados por la corte final de juicio. Véase A. R. Treiyer, The Day of Atonement and the Heavenly Judgment. From the Pentateuch to Revelation (Siloam Springs, 1992), cap. 5; Las Promesas Gloriosas del Santuario (lecciones 1-10), 1994; Los Cumplimientos Gloriosos del Santuario (lecciones 1-10), 1997.
- La vindicación de los santos oprimidos no se da únicamente por la ejecución de los opresores. Numerosos pasajes bíblicos muestran que primero viene la vindicación de la justicia de los hijos de Dios y, como consecuencia, se castiga al imperio terrenal que los condenó.
- ¿Qué es lo que pretenden los que quieren negar un análisis justo y fehaciente del pueblo de Dios en una corte final y celestial? ¿Pretenden dar a los justos condenados por la Inquisición Romana el beneficio de la duda? ¿No abriría eso las puertas para que los que los condenaron requieran también delante del universo el beneficio de la duda por lo que les hicieron, debido a que no se probó la inocencia de los santos? ¡No! Dios prometió que sacará a luz las justicias de su pueblo, y nadie tendrá dudas sobre su fidelidad e integridad delante de Dios y del universo entero (Sal 7:8). El universo quedará libre de toda duda con respecto a Dios, su Hijo, su pueblo y los que se perderán. Por eso dijo Pedro que el juicio debe comenzar “por la casa de Dios;  y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?” (1 Ped 4:17).

Zac 3:1-5: Al vindicar al pueblo de Dios en la persona de su Sumo Sacerdote, la corte celestial condena a Satanás y a toda su cohorte terrenal y celestial. Como resultado, la maldad que le es quitada se la envía al imperio opresor, Babilonia, como lo hacía el macho cabrío por Azazel después que los pecados del pueblo de Dios habían sido quitados del santuario terrenal (Lev 16:20ss; Zac 5:5-11). Los malhechores de entre el pueblo de Dios que no participaron del cambio de ropas de su sumo sacerdote (de la purificación del santuario), son también destruidos como los que no participaban del espíritu de humillación del Día de la Expiación (Lev 23:29-30; Zac 5:1-4).

Miq 7:8-10:  La vindicación del pueblo de Dios que se levanta de su pecado y del castigo consiguiente que debió sufrir por él viene primero. La destrucción de sus enemigos se da como resultado de esa vindicación divina. En la vindicación del pueblo de Dios, Dios juzga a su pueblo, saca a luz sus justicias y le hace justicia. El Señor vuelve a compadecerse en la corte final desterrando su pecado como en el Día de la Expiación y en la visión de Zacarías (Miq 7:18-29).

Mal 3:16-18:  Se escribe “un libro de memoria ante él (Dios) en favor de los que temen al Eterno”. Como resultado, se puede ver la diferencia entre el justo que es vindicado, y el malo que es condenado. La corte celestial no halla “mentira en sus bocas” (Apoc 14:5), se nos dice en referencia al último remanente, puesto que “guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús” (v. 12; véase 1 Jn 2:4).

- Primero viene el juicio investigador que tiene como propósito vindicar a los santos del Altísimo. Luego viene la recompensa que consiste en recibir el reino (Dan 7:18,22,26-27). Al probarse la inocencia de los santos que fueron condenados por los tribunales humanos apóstatas y corrompidos de la tierra, el imperio opresor es condenado y destruido (v. 26). ¿No resulta ridículo pensar que Dios va a juzgar a los jueces que condenaron a los santos, sin juzgar primero a los santos y demostrar su inocencia, para entonces juzgar a los criminales de su pueblo?
- Los afligidos y condenados injustamente por causa de la Palabra de Dios y el testimonio de Jesús, se sentarán finalmente en juicio con el Señor en esa corte celestial para juzgar a sus jueces y verdugos terrenales durante el milenio, y determinar la medida exacta de su castigo según sus obras (Apoc 20:4,12-15). Serán “reyes”, porque el pecado no se enseñoreará más de ellos, ni tendrán que sufrir la condenación y opresión de un poder blasfemo y cruel que “los vencía”. Por el contrario, ellos reinarán sobre los que pretendieron ser reyes sobre ellos, y los condenarán.

Conclusión

El mensaje y advertencia del juicio investigador celestial y final está destinado a corregir la creencia de que los mandamientos de Dios no están más en vigencia, y la noción expresada en una canción popular de burla francesa:  “No importa lo que hagas, total, todos iremos al paraíso”. El problema del adulterio no se resuelve negando el juicio final por el hecho de haberse convertido al Señor, sino confesando la falta, apartándose de ella, y confiando en la fidelidad divina de volver a tener misericordia a la hora del juicio (Miq 7:18-19). En lugar de ilusionarse con salvarse a toda costa porque alguna vez se recibió el evangelio, haríamos bien en meditar en pasajes como los que Pablo y Pedro dirigieron no pura y simplemente a los incrédulos, sino al mismo pueblo de Dios.

Gál 6:7-10:  “No os engañéis, nadie puede burlarse de Dios. Todo lo que el hombre siembre, eso también segará. El que siembra para su carne, de la carne segará corrupción. Pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer el bien, que a su tiempo segaremos, si no desfallecemos. Así, según tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, especialmente a los de la familia de la fe”.

1 Cor 6:9-10:  “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios”.

1 Ped 2:19-22:  “Les prometen libertad, cuando ellos mismos son esclavos de la corrupción... Si después de haberse alejado de las impurezas del mundo, por el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, se enredan de nuevo en ellas, y son vencidos, su último estado viene a ser peor que el primero. Mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo Mandamiento que les fue dado. Les sucede lo del proverbio tan cierto:  ‘El perro se volvió a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el lodo’”.