Casa Publicadora Brasilera
Comentarios de la Lección de Escuela Sabática

I Trimestre de 2015
Proverbios

 

Lección 1
(27 de diciembre de 2014 al 3 de enero de 2015)

 

El llamado de la sabiduría

Raildes do Nascimento

Estructura, autoría, fecha y texto del libro de los Proverbios

Este libro es una colección de obras de varios autores. A tres se los menciona por su nombre (Salomón, Agur, y Lemuel), mientras que a otros se los alude de manera colectiva como “sabios”. Por lo menos una sección del libro (la última) es anónima. Hay una nota de redactor (Proverbios 25:1), para afirmar cuándo se compiló una de las secciones, pero nada se dice acerca de la fecha en que las compilaciones fueron reunidas.

“Antes era inteligente, y quería cambiar el mundo; ahora soy sabio, y estoy cambiándome a mí mismo”. Esta frase, de autoría desconocida, bien podría retratar el objetivo principal del libro de Proverbios. La palabra “proverbio” hace referencia a un dicho breve, en lugar de muchas palabras (pro: en lugar de; verba: palabras). Popularmente significa cualquier dicho incisivo y moralizador, o una máxima breve. Sin embargo, el término hebreo traducido como “proverbios” (mishle) tiene un significado mucho más amplio, siendo utilizado en relación a muchos discursos, frases y expresiones que no podrían ser clasificados en la actualidad como “proverbios”. El proverbio no argumenta, se lo toma como cierto. Su propósito no es el de explicar un tema, sino expresarlo de manera enfática.

En Proverbios ingresamos en la escuela de Dios, aprendiendo la sabiduría celestial práctica. Su objetivo es el de promover la sabiduría, la disciplina, el entendimiento, la sensatez, la justicia, el derecho, la prudencia, el conocimiento, el buen criterio, el discernimiento y la orientación.

Algunos eruditos dividen al libro de Proverbios en tres grandes bloques:

  1. Capítulos 1 al 10: Palabras dirigidas a los hijos (“Hijo mío…”).
  2. Capítulos 11 al 20: Palabras dirigidas a los padres (Educación).
  3. Capítulos 21 al 31: Palabras dirigidas a los reyes y gobernantes.

 

Según Matthew Henry, los Proverbios son una nueva manera de enseñar la sabiduría divina. Primero existieron las leyes divinas, las historias y los cánticos. Ahora, los proverbios divinos; la Sabiduría infinita se valió de métodos variados para nuestra instrucción.

Algunas informaciones acerca de los Proverbios como método de enseñanza:

  1. Eran una antigua metodología de enseñanza. Fue la más antigua entre los griegos. Cada uno de los siete sabios griegos tuvo algún proverbio que lo valoraba y que lo había hecho famoso. Ellos creían que esas enseñanzas provenían de los cielos. Los Proverbios de Salomón son una revelación real de las enseñanzas de origen celestial real.
  2. Eran un método de enseñanza simple y fácil, que no suponía casi ningún esfuerzo, tanto de los maestros como de los alumnos, ni tampoco exigía mucho de su entendimiento o memoria. Las orientaciones contenidas en los Proverbios son breves, siempre expresando su sentido y su evidencia en una afirmación breve. Estas enseñanzas son rápidamente entendidas y aceptadas, y fácilmente retenidas en la memoria.
  3. Eran un método de enseñanza muy provechoso, con el cual se alcanzaba objetivamente su propósito. Los proverbios, en una conversación, son como un axioma filosófico; máximas de la ley, postulados como en la matemática; o sea, verdades que no necesitan ser probadas, pues son universalmente válidas.

 

Al estudiar el libro de Proverbios, tendremos la oportunidad de:

  1. Generar nociones correctas de las cosas, dotando a nuestras mentes con ideas claras y distintivas, para que podamos saber cómo hablar y actuar de manera prudente y en conformidad con la voluntad divina.
  2. Discernir entre la falsedad y la verdad, el bien y el mal, corrigiendo nuestro modo de vivir.
  3. Reconocer el entendimiento y el conocimiento que nos oriente en la práctica de la justicia, el juicio y la equidad.

 

Comentario de la lección 1: “El llamado de la sabiduría”

El principio de la sabiduría

La expresión “temor del Señor” aparece en la Biblia en 27 ocasiones, y en el libro de Proverbios están la mayoría (15 oportunidades). Proviene del hebreo yare. Este vocablo, según Charles Ryrie, es el punto de partida y la esencia de la sabiduría. Puede ser clasificado en las siguientes categorías:

  1. Previsión intelectual del mal, sin énfasis en la reacción emocional;
  2. Reverencia o respeto;
  3. Comportamiento íntegro;
  4. Adoración religiosa formal.

 

Por “temor” (miedo), el Antiguo Testamento hace uso de otros términos (pahad, hatah, harad), En Proverbios, “temor” significa reverencia a Dios, expresada en la sumisión a su Voluntad.

Este “temor” se presenta a la luz de varias perspectivas de gran importancia:

  1. El temor del Señor es el principio del saber, la ciencia o el conocimiento (Proverbios 1:7. En este caso, está más relacionado al proceso de construcción del conocimiento y el entendimiento de la vida.
  2. El temor del Señor es el principio de la sabiduría (Salmo 111:10; Proverbios 9:10). Aquí se relaciona a la Fuente u Origen de toda sabiduría.
  3. El temor del Señor es la instrucción de la sabiduría (Proverbios 15:33).
  4. Quien halla el temor del Señor, encuentra el conocimiento (Proverbios 2:5);
  5. El temor del Señor conduce a la vida, y es la fuente de la vida (Proverbios 19:23; 14:27);
  6. Job define al temor del Señor como la propia Sabiduría (Job 28:28).

 

El temor del Señor, como principio o primero, puede ser definido también como la esencia, el corazón, el punto de partida, de la sabiduría. Es el elemento no sólo limitado a la literatura sapiencial, sino presente a lo largo del Antiguo y el Nuevo Testamento.

  1. Abrahán oyó las palabras de aprobación de Dios: “Ahora sé que temes a Dios” (Génesis 22:12).
  2. Job temía a Dios (Job 1:1, 8, 9; 2:3).
  3. José afirmó a sus hermanos: “Temo a Dios” (Génesis 42:18).
  4. Las parteras hebreas temían a Dios (Éxodo 1:17, 21).
  5. Una de las cualidades de los líderes a los cuales Moisés delegó responsabilidades para encarar las dispuestas era que fueran “temerosos de Dios” (Éxodo 18:21).
  6. Lucas (Hechos 9:31), Pablo (2 Corintios 5:11) y Juan (Apocalipsis 14:7), escribieron acerca del tema.

 

El temor del Señor fue el secreto por el cual muchos salieron del anonimato hacia puestos de autoridad y dominio, dejando un legado en la Historia de la humanidad.

Debe adquirirse el conocimiento que se llama ciencia, y al mismo tiempo el que lo busca ha de reconocer diariamente que el temor de Dios es el principio de la sabiduría. Todo lo que fortalezca la mente debe ser cultivado hasta el máximo posible, y a la vez, buscarse a Dios en procura de sabiduría; porque a menos que sean guiados por la sabiduría de lo alto, llegarán a ser presa fácil del poder engañador de Satanás. Llegarán a ser grandes en sus propios ojos, pomposos y llenos de suficiencia propia”.

La verdadera educación

“Si los pecadores intentan engañarte…” (Proverbios 1:8-19): Aquí pueden verse que los dos caminos citados en el versículo 7 están ante los pies del lector. Los vívidos detalles, la sinceridad del padre, y la insistencia respecto de que el resultado final debe ser enfrentado, son típicos del estilo didáctico de este grupo de capítulos (1 al 9). Aquí se suma el libre albedrío, pero antes de que el niño sepa escoger, debe ser enseñado. La educación es, antes que nada, una cuestión de la familia, y la verdadera educación proviene, en primer lugar, de los padres. En el versículo citado, esta educación es llamada “instrucción”, incluso como doctrina (en hebreo, Torah, es “Ley”).

Aquí Salomón les escribe a los padres que están en armonía con el Señor. En Éxodo 20:12 tenemos el primer mandamiento con promesa del Sinaí: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que el Señor, tu Dios, te da”. “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo… para que te vaya bien, y vivas largo tiempo sobre la tierra” (Efesios 6:1-3). Por falta de tiempo, muchos padres permiten que sus hijos aprendan con los impíos, pero es en la familia donde debe iniciarse la educación. “Adiestra al niño en el camino que debe seguir” (Proverbios 22:6). No sólo con palabras, sino a través de las acciones. Los padres son los representantes de Dios ante los hijos. Este versículo ordena a los padres “dirigir, educar y desarrollar”, y para hacerlo, deben ellos mismos comprender el camino por el cual el niño debe andar.

En el hogar es donde ha de empezar la educación del niño. Allí está su primera escuela, […] Si no se instruye correctamente al niño en el hogar, Satanás lo educará por instrumentos elegidos por él”.

¿Cómo resistir las tentaciones que la cultura, la sociedad, los amigos, o hasta incluso la propia familia, pueden lanzar en nuestro camino? Somos instruidos a amar a Dios y temerlo (Eclesiastés 12:12-14). Practicando estos dos conceptos, la verdadera sabiduría vivirá en el hogar.

El llamado de la Sabiduría (Proverbios 1:20, 21)

La sabiduría sale a la procura de los perdidos que son envueltos por el enemigo. Mientras los pecadores arman celadas y quedan a la espera del incauto (Proverbios 1:11, 18), la “sabiduría clama en las calles, da su voz en las plazas” (Proverbios 1:20), “clama en los principales lugares de reunión” y “en las plazas da sus razones” (vers. 21). En la parábola de las bodas, Jesús declaró: “Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad al banquete a cuantos halléis” (Mateo 22:9, 10). Los que aceptan la sabiduría no reparan en esfuerzos para transmitirla, pero las que la rechazan son llamados necios, escarnecedores y locos. Soportarán solos las aflicciones y finalmente perderán la oportunidad del conocimiento y de la salvación. Cosecharán los frutos de sus propias maquinaciones (Proverbios 1:22-32).

Cuando rechazamos la sabiduría de lo alto, acabamos quedándonos con las ideologías, fábulas y mentiras que fabricamos, o que otros fabrican: “Maldito el que confía en el hombre” (Jeremías 17:5).

Versículos 20-33. Salomón declaró cuán es peligroso no escuchar el llamado de Dios, y mostró cuan riesgoso es aceptar las tentaciones de Satanás. Cristo es el Creador de la Sabiduría. Se presentan tres clases de personas al respecto:

  1. Los simples: pecadores que desean andar conforme sus propias nociones acerca del bien y del mal, y contrarios a los caminos de Dios. Acaban hundiéndose en la maldad.
  2. Los escarnecedores: Se burlan de la religión y de todas las cosas sagradas y necias.
  3. Los necios. Son los que odian a los que les administran enseñanza y tiene aversión a la verdadera piedad.

 

Irónicamente, Salomón mostró que la verdadera sabiduría de lo Alto, del Trono de Dios, y los que le prestan oído habitarán seguros, tranquilos y sin temor del mal (Proverbios 1:33).

Los beneficios de la sabiduría

Lo primero que necesitamos entender es que “temor” no consiste en tener miedo como el que Adán tuvo después de haber pecado. Tres hechos se dieron en Adán: percibió su desnudez, tuvo miedo, y se escondió (Génesis 3:10). Son cosas que experimentamos al no seguir a Dios, la Fuente de la Sabiduría.

Salomón presenta las condiciones para comprender qué es tener el “temor del Señor”. En primer lugar, “si prestas oído”, en segundo, “si clamas”; y, en tercer lugar, “si la buscas como a la plata y la procuras como a tesoros escondidos” (Proverbios 2:1-4). Los que buscan fervientemente la Sabiduría celestial nunca se quejarán de haberse esforzado en vano. “Pedid, y os darán; buscad, y hallaréis; llamad, y os abrirán” (Mateo 7:7).

Cuando leemos el versículo 4, entendemos que en aquél tiempo no había bancos para depositar los tesoros. Eran enterrados y, a veces, el dueño del tesoro moría sin dejar datos acerca del lugar en el que había enterrado su tesoro. Pero si alguien lo sabía, salía a procurar ese tesoro y pagaba un algo precio cuando lo encontraba. Así entendemos cómo debemos buscar la sabiduría. Jesús lo contó en la parábola del tesoro escondido: “El Reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en un campo, que un hombre encuentra, y lo vuelve a esconder. Y lleno de gozo va, vende todo lo que tiene, y compra aquél campo” (Mateo 13:44). Eso es valorar el conocimiento y la sabiduría que viene de lo Alto.

Proverbios 2:5-9. Para encontrar la sabiduría divina, debemos escuchar, clamar, buscar y valorar ese don divino como un tesoro escondido (comparar con Efesios 2:8).

Cuando recibimos ese don, la sabiduría encuentra lugar en el corazón, la sede de la razón, que en la cultura hebrea estaba asociada con la mente. La razón y la emoción se equilibran, y marcan el nivel de la conversión, lo que produce gozo y nos libra del camino del mal, de la educación perversa, de la seducción del mal, de modo que ahora andamos en el camino de los justos (Proverbios 2:10-22). Dios nos invita: “Dame, hijo mío, tu corazón; y miren tus ojos por mis caminos” (Proverbios 23:26). La comprensión de la justicia, juicio, y el temor del Señor, está directamente conectada con el primer mensaje angélico: “Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado” (Proverbios 2:9; Apocalipsis 14:7).
                                                                 
Cómo eran consideradas las mujeres. ¿Por qué razón Salomón presenta su mensaje sólo para un hijo, y nunca para una hija; y cuando habla de la mujer, la describe como alguien que conduce al hombre al pecado (versículos 13-19)? En la cultura hebrea, quienes iban a la escuela a aprender eran solo los hombres, y sólo ellos adquirían conocimiento. Pero al cierre del libro, presentó a la mujer, la virtuosa, que cuida de su casa (Proverbios 31). Podemos entender también, como lo afirman algunos eruditos de la cultura hebrea, que por el hecho de que Eva condujera al pecado a Adán, la mujer se volvió culpable por la desgracia ocurrida con la humanidad y, aun en los tiempos de Pablo, los judíos adherían a ese manera de pensar (1 Corintios 14:34, 35; Efesios 5:22, 23).

Los caminos del pecado son sendas de tinieblas, incómodas e inseguras; son los insensatos los que dejan los caminos sencillos, agradables e iluminados, los que sienten placer en cometer pecados y ver a los demás pecar. El sabio evitará su compañía. La verdadera sabiduría también nos preservará de los que conducen a las pasiones carnales, las que corrompen el cuerpo y batallan contra el alma. Los padres sabios mantendrán esas influencias lejos de sus hijos.

¡No olvides!

“La inteligencia y el carácter son el objetivo de la verdadera educación” (Martin Luther King Jr.). Para el Mahatma Gandhi, la verdadera educación consistía en revelar lo mejor de una persona. La verdadera educación es la que concede al hombre la riqueza de la virtud, del carácter y la espiritualidad. Bajo el punto de vista bíblico, la verdadera educación se caracteriza por el llamado de la sabiduría, descripta por el apóstol Santiago como aquella que viene de lo Alto (Santiago 3:15).

Como contrapartida, existe la sabiduría egocéntrica, ejemplificada en las palabras de Lucifer: “Subirá más allá de las nubes y seré semejante al Altísimo”. Ezequiel describió la caída del ángel rebelde: “Tú eras el modelo de la perfección, lleno de sabiduría y acabado en hermosura… querubín grande, protector… perfecto eras en todos tus caminos…A causa de la multitud de tus tratos fuiste lleno de iniquidad, y pecaste. Por eso te eché del monte de Dios” (Isaías 14:14; Ezequiel 28:12-17). Lo mismo ocurrió con Eva. Ella pensó: “Seré como Dios” (Génesis 3:5). El orgullo la llevó a actuar y a vivir independientemente de Dios. El peligro de ser sabio a los propios ojos es que no nos damos cuenta de que estamos lejos del Señor.

La sabiduría sin Dios no es sabiduría, es egoísmo y orgullo, es sacarlo a Dios en su lugar en nuestra vida y ponernos nosotros. Esto es una locura (raca, en hebreo). La sabiduría implica una relación estrecha e íntima con Dios (Proverbios 3:1, 3, 5), y la sede de la respuesta y el corazón relacionado con la mente (Proverbios 3:3).

La sabiduría se asocia a la vida y a la salud, y una de las imágenes más sugestivas es la del árbol de la vida (Proverbios 3:18). Se hace mención al árbol de la vida en otros textos del libro (Proverbios 11:30; 13:12; 15:4). Se menciona el Edén, donde había una calidad de vida superior antes del pecado, en una estrecha e íntima relación con Dios.

Lucas mostró que esa relación puede ser restaurada: “El Reino de Dios ya está entre vosotros” (Lucas 17:21, 22). Salomón mencionó que Dios puso la eternidad dentro de nosotros (Eclesiastés 3:11). En la oración del Padrenuestro, encontramos alusión a ese Reino: “Sea hecha tu voluntad, aquí en la tierra, como en el cielo” (Mateo 6:10). Así, aprendemos a esperar la prometida recuperación del reino perdido (Daniel 7:8).

Proverbios 3:19, 20 presenta la creación. Aparentemente fuera de contexto, el objetivo de Salomón fue el de realzar la idea del versículo 18, que hace recordar la insensatez de Adán y Eva, que escogieron comer del árbol del conocimiento del bien y del mal y perdieron acceso al árbol de la vida, el único que daba conocimiento y sabiduría (3:1-6). La misma Persona que nos creó, que nos ama y quiere conducirnos de nueva a casa (el nuevo Edén). En Proverbios 3:21, 24 encontramos la seguridad para vivir en paz, experimentando un pedacito de cielo aquí en la tierra. Esta perspectiva también está contenida en la promesa que concluye este pasaje: “Los sabios heredarán honra” (Proverbios 3:35).

Para estudiar y meditar

“Tengan coraje para proceder rectamente. Para todos los que son practicantes de su Palabra, la promesa del Señor es más valiosa que el oro y la plata. Que todos considerar como una gran honra el hecho de ser reconocidos por Dios como hijos”.

“En su sabiduría, el Señor pone a los que buscan la verdad en relación con semejantes suyos que conocen la verdad. Es plan del Cielo que los que han recibido la luz la impartan a los que están todavía en tinieblas. La humanidad, sacando eficiencia de la gran Fuente de la sabiduría, es convertida en instrumento, agente activo, por medio del cual el Evangelio ejerce su poder transformador sobre la mente y el corazón”.


Se desempeñó como pastor distrital, y Director de los Departamentos de Salud, Evangelismo y Misión Global. Es doctor en Misiología y actualmente es profesor de Teología Aplicada en la Facultad Adventista de Amazonia, en Benevides, estado de Pará, Brasil. Está casado y tiene dos hijos.

J. Sidlow Baxter, 1993                                                                        

Elena G. de White, Consejos para los maestros, p. 461.

White, El hogar cristiano, p. 161.

White, Review and Herald, 9 de mayo de 1899.

White, Los hechos de los apóstoles, p. 109.