Casa Publicadora Brasilera
Comentarios de la Lección de Escuela Sabática

I Trimestre de 2015
Proverbios 

Lección 9
(210 al 28 de febrero de 2015)

 

Palabras de verdad

Raildes do Nascimento

Introducción

Los capítulos 22 al 24 de Proverbios enseñan acerca del conocimiento de la verdad, esencial para el crecimiento cristiano, y nos prepara a fin de presentar con claridad las verdades de Dios. Cuando Pilato interrogó a Jesús, le hizo la siguiente pregunta: “¿Qué es la verdad?” (Juan 18:38). Aunque Pilato no esperaba esta respuesta, Jesús declaró que era la propia Verdad (Juan 14:6). Elena G. de White escribió: “No se retiene ninguna verdad esencial para nuestra salvación, no se omite ningún milagro de misericordia, no se deja sin empleo ningún agente divino”.

Los textos de esta lección hablan acerca de las injusticias sociales, el robo a los pobres, la envidia a la prosperidad de los impíos, lo que ponemos en nuestra boca (la temperancia), y nuestra responsabilidad de presentar las verdades bíblicas con claridad a todos los que nos son enviados.

El conocimiento de la verdad

Un seguidor de Jesús debe buscar la verdad cada instante de la vida. “Un breve prólogo (Proverbios 22:17-21) llama la atención del alumno a las palabras de los sabios que el maestro seleccionó para su instrucción (versículo 17), invitándola a que ellas formen parte de sí mismo (vers. 18), declarando que el propósito de ellas es implantar en él la confianza en Jehová (vers. 19)”.

En estas palabras encontramos un llamado no sólo a aprender palabras bellas, sino para que se interioricen en la mente y el corazón. Algunos afirman que esta invitación a escuchar las palabras de los sabios inicia una nueva sección del libro de Proverbios (cf. 1:1; 10:1). Los versículos 17 al 21 conforman un todo, en contraste con los breves proverbios sueltos que los anteceden y los continúan.

La verdad debe abarcar el corazón, y está estructurada en cinco fundamentos eternos: Dios Padre (Juan 17:3); Dios Hijo (Juan 14:6): Dios Espíritu (Juan 16:3); la Palabra (Juan 17:17); y la Ley (Salmo 119:142). El conocimiento de la verdad resulta en una fe sólida que no proviene de la emoción ni de la experiencia desprovista de contenido. Esta fe eleva nuestra convicción acerca de Dios y su Persona. Debemos tener buenas razones para la fe. Finalmente, el conocimiento de la verdad libera y conduce al cristiano a compartir la verdad (Juan 8:32).

Es imposible para las mentes finitas comprender el carácter y las obras del Infinito en toda su plenitud. Al más erudito, al más educado, ese Santo Ser permanece siempre envuelto en misterio. “¿Llegarás a la perfección del Todopoderoso? Es más alta que los cielos: ¿qué harás? Es más profunda que el Seol: ¿cómo la conocerás? En longitud sobrepasa a la tierra, y es más ancha que el mar” (Job 11:7-9).

Robar al pobre

Hay un decreto de muerte para los que roban a los pobres y oprimen a los afligidos con juicios. “Porque el Señor… despojará la vida de sus despojadores” (Proverbios 22:23). Dios aborrece el robo, pero más todavía cuando se roba a un pobre. “El que roba y oprime al pobre lo hace bajo su propio riesgo. Y si los hombres no reconocen esto por sí mismos, entonces Dios lo hará”.

Este consejo parece haberse dirigido a los jueces que se sentaban “a la puerta” (Rut 4:1-11) a fin de amonestarlos a que no favorecieran a los ricos ni oprimieran a los pobres para obtener algún provecho. Todavía esta verdad es pertinente para los días actuales en los que predomina la injusticia y los menos favorecidos perecen a manos de pecadores.

La Biblia dice que Dios juzgará la causa de todos los oprimidos. El Señor abogará por los afligidos y hará justicia, algunas veces a través de hechos milagrosos (2 Reyes 4:1-7). Está cerca el tiempo en el que dirá: “Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos, cierta tras de ti tus puertas, escóndete por un breve momento, hasta que pase la ira. Porque el Señor viene de su morada, para castigar por sus pecados a los habitantes de la tierra. Y la tierra descubrirá la sangre derramada sobre ella, y no encubrirá sus muertos” (Isaías 26:20, 21).

Hombres que pretenden ser cristianos pueden defraudar y oprimir a los pobres; pueden robar a los huérfanos y las viudas; condescender con el odio satánico por no dominar la conciencia de los hijos de Dios. Pero Dios traerá todo a juicio. “Juicio sin misericordia se hará con el que no hace misericordia” (Santiago 2:13). “No pasará mucho tiempo antes que ellos estén ante el Juez de toda la tierra para rendir cuenta del dolor que han causado a los cuerpos y las almas de los que forman la herencia divina”

 

Celosos de los impíos

Algunas veces los siervos de Dios se sienten tentados a envidiar la suerte de los pecadores que prosperan y parecen vivir felices y sin preocupaciones (Salmo 37:1; 73:3, 17; Proverbios 3:31; 24:1, 19). Las ocupaciones habituales de los inescrupulosos parecen seductoras y atractivas. Muchos erróneamente creen que el buen comportamiento causa aversión (Salmo 1:1; Proverbios 4:14-19). Hay por lo menos tres peligros cuando alguien se involucra con los impíos: 1) Disminución de las elevadas resoluciones de orden moral a través de la ridiculización de los perversos y los atractivos de una vida sin restricciones; 2) prejuicios en la reputación por la compañía de los depravados; y 3) complicidad en los planes de los impíos para perjudicar a los inocentes.

“No sientas envidia de los pecadores. Y ni siquiera permitas que entre en tu mente un pensamiento como: “¡Oh, si pudiera dejar de refrenarme…! No envidies la prosperidad del impío. Ten la seguridad de que en ella no hay verdadera felicidad”.

Así como no deberíamos regocijarnos por la caída de un enemigo, no debemos sentir envidia de ellos (Proverbios 23:17), ni guardar rencor a causa de su prosperidad (Salmo 37:1, 8: 73:2, 3; Proverbios 24:1). Esto nos conduciría a la tristeza y al desánimo, causando posiblemente que entremos en la senda de los impíos a fin de disfrutar los placeres que ellos aparentemente disfrutan. Tales sentimientos sólo pueden conducir a la muerte (Proverbios 24:20). En la parábola, el rico orgulloso se dijo a sí mismo: “Muchos bienes tienes almacenados para muchos años. ¡Reposa, come, bebe y alégrate!”. Pero Dios le dijo: “¡Insensato! Esta noche viene a pedir tu vida. Y lo que has guardado, ¿de quién será?” (Lucas 12:19, 20).

Dios dice: “Miradme a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra; porque Yo Soy Dios, y no existe ningún otro” (Isaías 42:22). Éste debiera ser el enfoque del justo. Dios declara: “Mía es la plata, y mío el oro –dice el Señor Todopoderoso” (Hageo 2:8). En esto debiera consistir la seguridad del cristiano.

Lo que ponemos en nuestra boca

La alimentación estuvo involucrada en la primera tentación, cuando Satanás tentó a Adán y Eva a través del apetito, contradiciendo la Palabra de Dios (Génesis 3:·,4). Noé siguió el mismo camino, embriagándose (Génesis 9:20, 21). La comida y la bebida son esenciales para la vida, pero debemos seguir las orientaciones de la Palabra de Dios (1 Corintios 10:31).

En Proverbios 23:29-35 tenemos un poema acerca de las bebidas alcohólicas. “La forma poética y las imágenes literarias presentan una situación extremadamente realista de una de las mayores causas del pecado y la tristeza. Las palabras hebreas traducidas como “ay” y “dolor”, son dos interjecciones. Consisten en exclamaciones y gemidos que profiere el bebedor cuando se recupera de su estupor y siente una reacción de agotamiento provocado por una noche de embriaguez”. El profeta advirtió: “¡Ay de aquél que da de beber a su prójimo! ¡Ay de ti que le acercas tu hiel y lo embriagas, para mirar su desnudez! Te has llenado de deshonra más que de honra. Bebe tú también, y serás descubierto. La copa de la diestra del Señor volverá sobre ti, y vómito de afrenta será sobre tu gloria” (Habacuc 2:15, 16).

“Satanás procura atraer a los jóvenes al camino de la perdición, y si puede colocar una vez los pies de ellos en el camino, los apresura en su curso descendente guiándolos de un libertinaje a otro, hasta que sus víctimas pierden la sensibilidad de la conciencia y no tienen más temor de Dios delante de sus ojos. Cada vez tienen menos dominio propio. Se entregan al vino y al alcohol, al tabaco y al opio, y van de un grado de disipación a otro. Son esclavos del apetito. Aprenden a despreciar consejos que una vez respetaron. Se revisten de fanfarronería y se jactan de ser libres, cuando son los esclavos de la corrupción. Por libertad quieren decir que son esclavos del egoísmo, del apetito depravado y del libertinaje”. Finalmente, Pablo exhorta: “los borrachos… no heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:10).

Nuestras responsabilidades

Testificar y predicar debiera ser la actitud de todo cristiano. Dios les dice a los llamados: “Pues vosotros sois linaje elegido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de Aquél que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9). Somos sus atalayas. Si no les advertimos a los impíos y a los justos acerca de sus malos caminos, y ellos mueren, Dios nos hará responsable de su sangre (Ezequiel 3:16-20).

La adquisición de la sabiduría y el conocimiento implica una responsabilidad, que puede compararse a la edificación y la prosperidad de una casa (Proverbios 24:3, 4). Hay una relación entre el conocimiento y el poder (Proverbios 24:5-7; cf. 11, 14; 20:18). El necio no se atrevía a hablar en la puerta, la cual era considerada el centro de los negocios y las transacciones legales (Proverbios 24:7).

Proverbios 24:11 dice que deberían ser auxiliados aquellos que están en peligro de morir debido a un juicio injusto o, probablemente, a la opresión de un pobre a manos de los ricos (según la opinión de Oesterley). Tal vez sea una referencia a las manos de una sociedad impía tal como se describe en Proverbios 1:10. Si este deber era descuidado, Dios lo sabría (Proverbios 24:12).

“Siete veces cae el justo” (Proverbios 24:16) en calamidad, pero no en pecado. “En contraste con el justo, que puede caer de vez en cuando, pero que se recupera, el inicuo es ‘engullido por la calamidad’. La ley del amor no funciona de ese modo. El hombre bueno puede no buscar la venganza, pero cuando se le otorga, a través de las circunstancias de la vida, se siente vindicado y se deleita en ello”.

Toy traduce Proverbios 24:21 del siguiente modo: “Teme a Dios y al rey. No te aires contra ninguno de ellos, pues la ruina que pueden infligir es súbita, y su destrucción no puede preverse” (cf. 1 Pedro 2:17).

 

Consideraciones finales

Abrahán fue llamado para ser una bendición para todas las naciones. En la primera oportunidad que tuvo para testificar de su fe, cayó drásticamente ante Faraón. “Durante su permanencia en Egipto, Abraham dio evidencias de que no estaba libre de la imperfección y la debilidad humanas. Al ocultar el hecho de que Sara era su esposa, reveló desconfianza en el amparo divino, una falta de esa fe y ese valor elevadísimos tan noble y frecuentemente manifestados en su vida. […] Razonó que no mentía al presentar a Sara como su hermana; pues ella era hija de su padre, aunque no de su madre. Pero este ocultamiento de la verdadera relación que existía entre ellos era un engaño. Ningún desvío de la estricta integridad puede merecer la aprobación de Dios. A causa de la falta de fe de Abraham, Sara estuvo en gran peligro”.

Como hijos de Dios, no podemos omitir la verdad, aun cuando eso tenga consecuencias. Lo que necesitamos es creer que Dios estará con nosotros (Josué 1:9). Imagina lo que fue que un impío reprendiendo a un justo. Faraón le dijo a Abrahán: “¿Qué has hecho conmigo? […] ¿Por qué dijiste: ‘Es mi hermana’ y me pusiste en ocasión de tomarla parar mí por esposa? Ahora ahí está tu esposa. Tómala y vete” (Génesis 12:18, 19). Eso fue drástico para Abrahán. ¡Seamos verdaderos y justos en la misión que nos ha sido encomendada!

 

Dr. Raildes do Nascimento
Profesor
Facultad Adventista de Amazonia

Benevides, Pará (Brasil)

Se desempeñó como pastor distrital, y Director de los Departamentos de Salud, Evangelismo y Misión Global. Es doctor en Misiología, profesor de Teología Aplicada en la Facultad Adventista de Amazonia.

Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 39.

W. A. Rees Jones; Andrew F. Walls, Provérbios (Novo Comentário da Bíblia), p. 61.

White, Patriarcas y profetas, p. 94.

Matthew Henry, Proverbios (Comentario bíblico), p. 45.

White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 141.

Henry,p. 47, 48.

Comentário Bíblico Adventista do Sétimo Dia, tomo. 3, pp. 1309-1311.

White, La temperancia, p. 242.

Rees Jones y F. Walls, p. 65.

White, Patriarcas y profetas, p. 108.