¿Por qué Dios endureció el corazón del faraón?
Ángel Manuel Rodríguez


Para la mayoría de la gente es difícil entender por qué Dios endureció el corazón del faraón. Esto parece indicar que la libertad individual fue suspendida al menos temporalmente y que Dios controla las decisiones y acciones humanas, lo que nos lleva a preguntarnos cuál es el papel de la responsabilidad humana. Si Dios endureció el corazón del faraón, ¿fue el monarca responsable de sus actos?
       1. Clarifiquemos el significado: En algunos idiomas, cuando  usamos la frase «endurecer el corazón» para describir la actitud de un individuo, nos referimos por lo general al aspecto emocional de la persona. En esos casos, procuramos decir que la persona es insensible y aun cruel hacia los demás. La frase hebrea que se traduce como «endurecer el corazón» enfatiza más bien los aspectos racionales y volitivos de la naturaleza humana. En la Biblia el «corazón» es visto básicamente como el centro del pensamiento racional y de toma de decisiones. Por lo tanto, «endurecer el corazón» significa que la persona no está usando de manera apropiada sus capacidades racionales. En otras palabras, aun cuando se lo confronta con evidencias o hechos claros, decide permanecer impasible. Por lo general, decimos que es una persona obstinada. Cuando la Biblia dice que Faraón endureció su corazón, significa simplemente que fue obstinado; es decir, que se aferró desafiante a su postura a pesar de las razones y argumentos contrarios. Su actitud fue irracional.
       2. Uso de la frase: La frase «endurecer el corazón» se usa unas veinte veces en el relato de Éxodo. En la mitad, Dios es el agente (Dios endureció el corazón de Faraón); en la otra mitad, el faraón es el agente explícito o implícito (él endureció su corazón). Para entender el uso de la frase, deberíamos recordar que el propósito de las plagas era demostrarle al
faraón que el Señor es bueno. El conflicto es entre el Señor, el faraón y los dioses de Egipto. Se inicia cuando el faraón dice: «¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová ni tampoco dejaré ir a Israel» (Éxo. 5:2). En consecuencia, Dios decide llevar a cabo señales milagrosas por las cuales los egipcios y el faraón «sabrán que yo soy Jehová» (Éxo. 7:5, 17; 8:10). El faraón rechaza esta evidencia abrumadora: «él endureció su corazón». Su obstinación consiste en negar que Jehová es el Señor, y esta actitud se manifiesta al no permitir que Israel abandone Egipto.
      3. El papel de Dios: Cuando Dios le habla a Moisés, le revela su plan: «Yo endureceré el corazón del faraón» (Éxo. 7:3; Éxo. 4:21). La secuencia de eventos en la narrativa explica qué quiere decir Dios. En primer lugar, la narrativa de las plagas expresa claramente que el faraón endureció su corazón (Éxo. 7:13, 22; 8:15, 19, 32; 9:7, 34, 35; 13:15). Esta obstinación lo hace responsable de sus actos.
      En segundo lugar, el endurecimiento se incrementa hasta el punto que no solo el faraón sino también sus siervos endurecen su corazón en oposición al Señor (Éxo. 9:34, 35). El hecho de que los hechiceros del faraón pudieron duplicar algunos de los milagros en un comienzo contribuyó a esta obstinación (Éxo. 7:11-13, 21, 22; 8:7).
      En tercer lugar, solo después de la quinta plaga el texto hace responsable a Dios del endurecimiento del faraón y sus funcionarios. En otras palabras, durante las primeras cinco plagas el faraón endureció su corazón, y durante las últimas cinco Dios aparece como el responsable (Éxo. 9:12; 10:1, 20, 27; 11:10; 14:4, 8, 17) y ocasionalmente el faraón (13:15).
      Esto significa obviamente que al principio el Señor procuró persuadir al faraón para que reconociera la revelación divina. Pero su constante rechazo resultó en una doble causalidad: el endurecimiento del faraón fue confirmado cuando Dios le endureció el corazón. La acción divina fue una reacción a la negativa previa del faraón de dejarse persuadir. A partir de allí, el faraón fue incapaz de resistir su propia obstinación. Quedó atrapado dentro de sus propios ardides. A pesar de ello, Dios cumplió su propósito final. Algunas de las naciones de Canaán temieron a Dios cuando oyeron lo que había hecho en Egipto (ej., Jos. 2: 8-11).
       Es preciso que oremos por un nuevo corazón, un corazón de carne (Eze. 36:26).