Casa Publicadora Brasilera
Comentarios de la Lección de Escuela Sabática

IV Trimestre de 2014
La epístola de Santiago 

Lección 11
(6 al 13 de diciembre de 2014) 

Preparación para la siega

Milton L. Torres

Introducción

En la segunda sección del capítulo 5 (versículos 7 al 12), como conclusión, Santiago retornó a los temas que orientaron su exposición: la condena del radicalismo (5:9) y la denuncia del fracaso elemental de los materialistas (5:10, 11), incluyendo estos temas bajo el tópico general de la paciencia o la perseverancia hasta el regreso de Cristo: “Hermanos míos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra. Aguarda con paciencia hasta recibir la lluvia t|emprana y tardía” (5:7).

Tal como era su costumbre, el apóstol instaló el nuevo tema con la expresión “Hermanos míos…” y lo destacó al recurrir permanentemente a palabras de una misma familia lingüística. Algunos de los manuscritos más antiguos y confiables no incluyen en el versículo, la palabra “lluvia” (hyetos). Este es el caso del papiro p74 y el Códice Vaticano. El Códice Sinaítico incluye, en su lugar, la expresión “el primero y el último fruto”, una dictografía probablemente ocasionada por la presencia de la expresión “el precioso fruto de la tierra” en el mismo versículo. No obstante, el hecho de que la palabra “lluvia” esté presente en el Códice Alejandrino, también un excelente manuscrito de Santiago, nos lleva a creer que hay buenas posibilidades de que sea una expresión original del autógrafo.

 

En espera de la lluvia

Santiago 5:7 hace referencia a la sucesión de lluvias en dos épocas determinadas en Palestina. Los antiguos judíos recibían las lluvias tempranas o iniciales en el otoño (octubre a noviembre) y las lluvias tardías o finales en la primavera (abril o mayo). El Hemisferio Norte tiene sus estaciones en épocas opuestas a las del Hemisferio Sur.

Sólo las lluvias tempranas estaban garantizadas, siendo común la ausencia de las lluvias en primavera. Esto representaba una dificultad muy significativa para el agricultor, pues las primeras lluvias hacían germinar la semilla, mientras que las últimas lluvias garantizaban la maduración del fruto. La metáfora es, obviamente, extraída del Antiguo Testamento (Deuteronomio 11:14; Jeremías 5:24, etc.), e indica que el agricultor no debía cruzarse de brazos, pues debía trabajar durante un plazo definido: “Vosotros también tened paciencia, afirmad vuestro corazón, porque la venida del Señor se acerca” (Santiago 5:8).

¿Cuán cerca, es “cerca”?

La proximidad del regreso de Jesús, según la promesa de Santiago, siempre fue una bendita esperanza, que inflamó a los lectores de la Biblia durante la larga historia del cristianismo. Ante la aparente demora en el cumplimiento de esta promesa, podemos recurrir a la precisión profética con la que Dios siempre actuó en el relato bíblico. Elena G. de White nos amonesta a fortalecer nuestro corazón con las siguientes palabras:

“Compañeros de peregrinación, estamos todavía entre las sombras y la agitación de las actividades terrenales; pero pronto aparecerá nuestro Salvador para traer liberación y descanso. Contemplemos por la fe el bienaventurado más allá, tal como lo describió la mano de Dios. El que murió por los pecados del mundo está abriendo de par en par las puertas del Paraíso a todos los que creen en él. Pronto habrá terminado la batalla y se habrá ganado la victoria. Pronto veremos a Aquel en quien se cifran nuestras esperanzas de vida eterna. En su presencia las pruebas y los sufrimientos de esta vida resultarán insignificantes”.

Quejarse, refunfuñar y crecer

La preocupación social de Santiago resurgió aun cuando el apóstol analizó cosas tan urgentes como la consumación de los siglos y el regreso de Jesús, pues la relación con el prójimo se convierte en un criterio por el cual todos los cristianos serán juzgados en aquél gran Día.

En este contexto es que se inserta el versículo 9: “Hermanos, no os quejéis unos de otros, para que no seáis condenados. Mirad que el Juez está a la puerta”. Santiago reprobó aquí toda forma de crítica y condenación previa basada en estereotipos e ideas preconcebidas. Hay una estrecha relación entre el verbo “juzgar” y la actitud hacia el prójimo (Santiago 2:4; 4:12; etc.).

El propósito de Santiago fue el de animar a perseverar con la idea de que, pronto, todas las injusticias serían corregidas. La expresión “paciencia” (makrothymia) tiene, en el griego original, un sentido mucho más activo del que le atribuimos en la lengua española. Significa soportar con fortaleza las dificultades, hasta el límite. Para enfatizar esta idea, el apóstol presenta luego tres modelos de perseverancia cuya fidelidad perduró, triunfalmente, aun en presencia de las más terribles pruebas: los profetas (5:10, 11ª); Job (5:11b) y Jesús (5:11c).

Modelos de paciente perseverancia

El primer “modelo” o “ejemplo” (hypodeigma) de paciencia es la de los profetas: “Hermanos míos, tomad por modelo de aflicción y paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor. Consideramos felices a los que soportaron con paciencia” (5:10, 11a). Santiago comenzó por los profetas; el apóstol Pedro presentó un único ejemplo (hypodeigma): Jesús (1 Pedro 2:21). Santiago, sin embargo, prefirió proseguir de manera gradual: primero presentó la idea irrefutable de que los profetas fueron perseguidos hasta la muerte: “En vano he azotado a vuestros hijos; no han recibido ser enmendados. Vuestra espada devoró a vuestros profetas como león destrozador” (Jeremías 2:30; véase también Hechos 7:52). Los profetas, aun hablando en nombre del Señor, o sea, bajo su misma Autoridad, perecieron. Pero Santiago les recordó a sus oyentes que, justamente por eso, eran tenidos en gran estima.

El segundo ejemplo es una breve mención de Job: “Habéis oído la paciencia (hypomonē) de Job” (5:11b). Extrañamente, esta es la única referencia a Job de todo el Nuevo Testamento. Los judíos admiraban considerablemente la historia de Job, a punto tal de incluir, junto con Daniel y Noé, entre los grandes personajes del Antiguo Testamento (Ezequiel 14:14). Job, de hecho, es un ejemplo perfecto de la clase de paciencia activa que Santiago visualizó como necesaria para la salvación. Por eso, utilizó la palabra hypomonē, “paciencia”, como “resistencia”, esto es, la capacidad de soportar todas las presiones, en lugar de makrothymia, “paciencia” en el sentido de “perseverancia”.

Finalmente, el apóstol presentó el propio ejemplo de Cristo. La última parte del versículo 11 fue traducida, correctamente, de este modo: “Habéis visto el fin del Señor. El Señor es muy misericordioso y compasivo”. La expresión “muy misericordioso” (polysplagchnos) es más enfática de lo que hace suponer la traducción castellana. Describe a una persona que fue tocada en las fibras más íntimas de su alma, y generalmente es utilizada como referencia a la actitud de Jesús (cf. Mateo 9:36).

La expresión “fin del Señor” (to telos kyriou), por otro lado, ha dado lugar a las más diversas interpretaciones. Algunos sugieren que hace referencia al fin que Jesús le dio a Job, o sea, el doble de los bienes que él había perdido (genitivo subjetivo). Otros la interpretan en relación a la muerte de Jesús (genitivo objetivo). En ambos casos, no obstante, es posible establecer una analogía entre la resurrección de Jesús y el hecho de que Job recuperara sus bienes, tal como consta en la narración del final de su libro.

En su ejemplificación de los modelos para la perseverancia cristiana (profetas, Job, Jesús), Santiago hizo uso de una figura del lenguaje conocida como sinestesia. El apóstol combinó las sensaciones orales, auditivas y visuales: hablamos de los profetas, oímos la historia de Job y vimos el fin de Jesús. Como puede percibirse, Santiago no solo quiso transmitir un mensaje. El apóstol hizo un esfuerzo concentrado y minucioso para que este mensaje estuviera revestido de un poder que generara un impacto tanto en los pensamientos como en los sentimientos. ¡Ah…! ¡Si todos pudiéramos hablar del mensaje de la cruz del mismo modo!

Transparente como la luz del sol

Al concluir su exposición acerca del hombre perseverante, Santiago describió una de sus características más significativas: el valor de su palabra: “Sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni con ningún otro juramento. Vuestro “sí”, sea “si”, y vuestro “no”, sea “no”; para que no caigáis en condenación” (5:12).

Esto significa que el hombre que persevera en otras cosas, también persevera en cumplir aquello que declara con su propia boca. Esto exceptúa de la necesidad de los juramentos, pues las personas que lo rodean deben reconocer que sus palabras tienen fuerza de verdad. Tal hombre no es condenado, tanto por sus semejantes, como por Dios. En este análisis acerca del hombre perseverante, Santiago nos recuerda, sobre todo, que la perseverancia del hombre es apenas un reflejo de la perseverancia de Dios en su relación con los seres humanos. 

Consideraciones finales

La perseverancia es parte fundamental de la vida cristiana. De acuerdo con Job 14:19, son las aguas que desgastan las piedras. Esto significa que, a pesar de todas las adversidades que el cristiano deba enfrentar en su vida cotidiana, con la ayuda de Dios puede ser victorioso.

Una importante dimensión del mensaje de Santiago es que las pruebas producen perseverancia, y la perseverancia, construida en los ejemplos exitosos disponibles en la Palabra de Dios, fortalece nuestro corazón para soportar y vencer nuevas pruebas.

Pastor, con maestrías en Lingüística y Letras Clásicas; posee un doctorado en Arqueología Clásica. Está cursando el doctorado en Letras Clásicas y el posdoctorado en Estudios Literarios. Editor de la revista Protestantismo em Revista, es autor de diversos artículos y libros en el área de la Teología Bíblica. Actualmente se desempeña como coordinador de las carreras de Letras y Traductorado en la Universidad Adventista de San Pablo, Campus Engenheiro Coelho. Está casado con Tania M. L. Torres, y tiene dos hijos.

De no mediar alguna aclaración en contrario, la versión utilizada para vertir los pasajes bíblicos utilizados es la versión Nueva Reina Valera (2000) editada por la Sociedad Bíblica Emanuel.

Dictografía es una repetición accidental e innecesaria de una determinada expresión en un manuscrito antiguo.

Autógrafo es un manuscrito antiguo original. Ningún autógrafo, tanto de la Biblia o de otros autores clásicos, sobrevivió desde la Antigüedad. Todo lo que tenemos son copia de copias.

Elena G. de White, Profetas y reyes, pp. 540, 541.