COMENTARIOS DE LA LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

II Trimestre de 2015

El libro de Lucas

Lección 11
13 de junio de 2015

El Reino de Dios

Prof. Sikberto Renaldo Marks

Versículo para Memorizar: “Porque vendrán del oriente y el occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios” (Lucas 13:29).

Introducción

Según el autor de la Lección, la expresión “Reino de Dios” aparece en los evangelios en aproximadamente 109 ocasiones. Por lo tanto, es importante.

¿Y qué es el Reino de Dios? Sin duda, el lugar donde Dios reina, o sea, su país o nación. Abarca el universo entero. En ese reino, por ahora, hay un lugar que Satanás arrebató, nuestro planeta tierra, sobre el cual poseía autoridad hasta el momento de la victoria de Jesús en la cruz. Desde ese momento en adelante, Satanás ya no es el príncipe de este mundo, aunque anda por aquí causando estragos, hasta que llegue la hora en el que sea eliminado. Desde la cruz en adelante, el reino de Dios abarca todo el universo, sin exceptuar ningún lugar.

Pero el Reino de Dios es más que un ámbito geográfico. Es además, y especialmente, la intimidad de vínculo de un ser humano con el Creador. O sea, es el vínculo del amor, la Ley de Dios, la que nos hace que estemos unidos con Dios, y Él con nosotros. El amor es la ley básica de ese reino, y ello es lo que nos vincula unos a otros, lo que nos hace vivir en armonía, en paz, para ser felices. Cuando tenemos ese amor, de parte de Dios en nuestro corazón, el reino de Dios está en nosotros. Mientras estemos en estos restos del reino de Satanás, en lo que quedó del estrago que él causó, y que nos hacen sufrir mucho, al tener el amor de Dios en nosotros estaremos disfrutando de algunos de los beneficios del reino del amor, y por lo menos tendremos la imbatible esperanza de que en un día, no muy lejano, estaremos disfrutando plenamente del reino.

Entonces, es importante que nos demos cuenta que el Reino de Dios es una desvinculación del mundo, y una conexión con nuestro Salvador. Es la obra del Espíritu Santo en nuestra vida, desarrollando nuestro carácter. En síntesis, el Reino de Dios es obedecer a los mandamientos de ese reino.

Características del Reino de Dios: 1ª parte

En este mundo tenemos diversos sistemas de gobierno. Son decenas. Algunos ejemplos que podemos citar: el monárquico, el republicano, el parlamentario, el presidencialista, la dictadura, y otros más. Los regímenes políticos son clasificados en dos: regímenes autocráticos y regímenes democráticos. Los autocráticos reúnen la autoridad y el poder en una sola persona; los democráticos, basan su autoridad y poder en el pueblo. Aunque hay otras clasificaciones.

El sistema de gobierno del Reino de Dios no se parece a nada de lo que tenemos aquí en la tierra. Es infinitamente superior. No se clasifica como una democracia, ni como una autocracia. Es un reino específico, imposible de reproducir de manera genuina aquí en la tierra por iniciativa humana. Es el gobierno de Dios.

Es interesante que el pueblo no vota en el reino de Dios, ni escoge ministros, mucho menos elige representantes, o decide a través de poderes legislativos, ejecutivos o judiciales. En este reino todo es diferente. Partiendo desde el mismo Dios, el Rey, quien ama a todos, todos se aman, y todos se sirven el uno al otro, así como también hace el Rey.

Aquí, personas pecadoras, corrompidas, son las que eligen a hombres y mujeres con las mismas características, para que los gobiernen. En el Reino de Dios, el Creador es que da origen a todo. Creó el universo y al ser humano aquí en la tierra. No somos nosotros quien elegimos a Dios, sino es Él quien nos hizo existir para que pudiera amarnos. Él es amor. Dios no tiene una Ley: Él es la Ley. Jamás cambia, y su Ley es el amor incondicional. Esa es la infinita diferencia. Dios es absolutamente confiable, a punto tal de que probó ese amor por nosotros, al venir Jesús a morir en la cruz en nuestro lugar, sustituyéndonos en la muerte eterna. Él salió vencedor sobre esa muerte, al resucitar al tercer día. Este es un reino que Dios estableció conforme a su carácter. Y ese carácter es absolutamente perfecto, pues se basa en el amor. Ese Dios, el Rey, es eterno, capaz de crear vida, y de mantenerla. Es capaz de crear todo lo que desea, y lo hace a la perfección. En ese Reino, a diferencia de los sistemas de gobierno terrenales, todo se origina en Dios, que es infinitamente amor e infinitamente poderoso. En ese reino es absolutamente seguro vivir, y allí no existe dolor, ni llanto ni muerte (Apocalipsis 21:4).

Jesús, en la tierra, reinauguró el Reino de Dios cuando conquistó de nuevo el poder que Satanás había tomado de Adán y Eva. Eso se concretó en la cruz. Aquí, Él es el reino de Dios, y en ese reino permanece, aunque de manera provisoria, todos aquellos que lo acepten como Rey. Cuando Jesús vuelva, tal como lo ha prometido, iremos a su Reino, y con Él reinaremos, pues una característica de ese reino es una total transparencia.

Características del Reino de Dios: 2ª parte

El reino de Dios es de los humildes y obedientes, como los niños, quienes confían totalmente en sus padres. Jesús llegó a decir: “Dejad que los niños vengan a mí, porque de ellos es el reino de los cielos” (Lucas 18:16). Eso significa que allí no hay necesidad de astucias y de disputas para pertenecer a ese reino; por el contrario, tiene que ser una persona auténtica, moldeada por el amor, y esa es la transformación que el Espíritu Santo está dispuesto a hacer en nosotros, si se lo permitimos.

Todos debemos buscar primeramente el Reino de Dios, o sea, optar por Jesús. Al hacerlo, todo lo demás que necesitemos, nos será añadido. Por ejemplo: necesitamos abrigo, ropa y alimento, además de otras cosas más, y si somos fieles a Dios, permaneceremos en su Reino, y Él suplirá todo lo demás.

Este es un Reino de lealtad. Dios es absolutamente leal a la Ley fundamental de ese reino. Por eso es confiable ante sus súbditos. Es Él quien toma la iniciativa de socorrernos, mientras lo necesitemos en este mundo tenebroso y terrorífico. Antes de que siquiera tengamos la noción de lo que necesitamos, Él ya está pensando en cómo asistirnos. Es cierto que en muchas ocasiones Él no nos socorre, tal como ocurrió con los apóstoles, que en su mayoría fueron martirizados. No siempre Él ayuda en el momento en que nosotros pensamos que debe serlo; a veces Él permite que pase algún tiempo, tal como ocurrió con los tres compañeros de Daniel, a quienes Dios no libró del horno de fuego, sino del efecto del fuego sobre ellos. Una cosa es cierta: Dios jamás dejará que un hijo suyo, quien lo escogió después de haber caído en pecado, pierda la vida eterna.

Así es el Reino de Dios. Él es un Rey que nos creó por amor, para amarnos, y para que también nosotros nos amásemos unos a otros, y que así viviéramos por la eternidad, en plena felicidad.

El Reino de Dios: Ya, pero no todavía

Esta sección es una revisión de las dos secciones anteriores, y añade algo más. El Reino de Dios ya está con nosotros, desde que Jesús pasó a proclamar su mensaje de salvación, a sanar, a resucitar, a enseñar, a traer esperanza a los seres humanos. Era el Rey entre nosotros, aunque el Reino aún no había llegado en su plenitud.

Jesús mismo enseñó sobre las dos etapas del restablecimiento de su Reino aquí en la tierra. Él sanó a los enfermos (Lucas 9:11); predicó el Evangelio (Lucas 4:16-19); perdonó los pecados (Lucas 7:48-50); y dominó a los agentes del demonio (Lucas 11:20). Es de esa manera que el Reino de Dios había llegado a la tierra.

En esa primera etapa, Jesús tomó nuevamente el poder de Satanás sobre este mundo. Satanás lo había tomado de Adán y Eva, quienes debían dominar aquí sobre la naturaleza y los animales, pero en la caída, Satanás se había convertido en el señor, ostentaba el dominio, el poder, aunque no la autoridad, que nunca dejó de pertenecer a Dios. Cuando Dios les dio el poder a Adán y Eva, también les había dado su autoridad. Pero toda autoridad es divisible, o sea, cuando alguien delega autoridad a otra persona, quien delega no deja de continuar teniendo esa autoridad. Por ejemplo: cuando un gerente de una empresa delega su autoridad a un jefe subalterno, ese gerente continúa siendo responsable por lo que ese subalterno hace, y por ello debe supervisarlo. Es el estatuto de la co-autoridad. Cuando Jesús les delegó su autoridad a Adán y Eva, Él continuó siendo el Dueño de este mundo, y teniendo autoridad. Satanás es apenas se apoderó de lo que Adán y Eva tenían, pero no de lo que Dios poseía. Jesús tomó nuevamente el poder de Satanás, antes de que lo terminara destruyendo todo –que es lo que todavía está faltando– y entonces ya hizo previsión para que esto fuera hecho, hacia el final del milenio.

La plenitud del restablecimiento del Reino de Dios sucederá en ocasión de la Segunda Venida, y en su totalidad, cuando todo sea restablecido luego de la destrucción del mal, después de la Tercera Venida. Entonces es donde toda lágrima será enjugada (Apocalipsis 21:4), y todo volverá otra vez al estado original, tal como fue creado.

El Reino y la Segunda Venida de Cristo

La Lección enseña que Dios hizo dos cosas relevantes a lo largo de la historia de la humanidad. La primera, que Él actuó por intermedio de Cristo para salvar a la humanidad de la tragedia de la caída bajo el poder de Lucifer. El acto culminante fue la vida de Jesucristo aquí en la tierra como ser humano, y su muerte en la cruz. Esa vida probó la posibilidad de la obediencia a los mandamientos de parte de un ser humano. Y su muerte probó la capacidad de un ser humano de mantenerse fiel y tener fe en Dios, hasta los últimos momentos de la vida.

Aunque quedó probado que era vital obedecer a los mandamientos conforme el estado original, Satanás, a través de sus agentes humanos, aun así, resolvió y logró hacer modificaciones a los mandamientos, especialmente los relacionados a la adoración a los ídolos y el día de santificación, cambiándolo del sábado al domingo. Este fue un logro increíble, pero Satanás consiguió que billones de personas pasaran a creer en este cambio del día de adoración del sábado al domingo, siendo que el propio Señor Jesucristo, el Señor del Sábado, sufrió terriblemente para obedecer ese, y los demás mandamientos. El enemigo logró que multitudes creyeran que, luego de tamaño sufrimiento, se pudo cambiar el día santo, como si ese sufrimiento fuera una banalidad. La justificación que se esparció para el cambio, fue la resurrección en el día domingo. Eso, en sí, era una burla, pues luego del enorme sufrimiento para obedecer, ¡Satanás hizo que se aboliera la causa de esa obediencia! ¡Inadmisible! Tenemos que ser testigos de la verdad contra la falsedad de esta mentira, en la que muchos creen como verdadera.

La segunda cosa que la Lección nos enseña es el restablecimiento completo del Reino de Dios aquí en la tierra. Eso será cuando ya no quede vestigio alguno del mal causado por la acción ambiciosa de Satanás, quien deseaba el poder sobre el universo. El proceso de restauración completa del Reino de Dios en la tierra se iniciará con la Segunda Venida del Salvador, y culminará con la restauración total de la tierra, purificada del pecado, luego de la Tercera Venida.

Para que participemos del éxito que se garantiza por la restauración del Reino, debemos velar mientras estemos vivos. Cada día debemos prepararnos para ser guiados por el poder del Espíritu Santo. Esto es vital, pues fácilmente podemos ser arrastrados y enredados en las cosas tentadoras del mundo, y perdernos en el camino largo y ancho de Satanás.

Nuestra preparación consiste en velar, estar atentos para tener el conocimiento de los hechos y saber qué decidir ante ellos, y también ocuparnos en el ministerio de anunciar el pronto regreso de Jesús a la tierra. Esta tarea ayudará a que otros también se salven y nos fortalecerá en nuestra decisión, para que no caigamos en alguna trampa que Satanás, todo el tiempo, está preparando para todo aquél que sigue a Jesús.

Testigos

Aquí llegamos a tener una perspectiva correcta acerca del Reino de Dios, mientras Jesús todavía no vuelve. Antes de partir, Jesús –al responder a una pregunta de los discípulos acerca de cuándo sería restablecido el Reino de Dios– dijo que ellos recibirían el poder del Espíritu Santo para testificar acerca de ese reino a todo el mundo.

Pues bien, ¿qué aprendemos entonces de esto (Hechos 1:1-8)? Que, de alguna manera, el Reino de Dios está en nosotros, si tenemos el poder del Espíritu Santo. O sea, somos embajadores de ese Reino, testigos y representantes autorizados a invitar a otros a participar de él. Mientras que la plenitud de reino no se establezca, tenemos las credenciales de ese Reino, una especie de garantía y derecho de recibir a otras personas para que participen, junto a nosotros, de ese Reino. Es así como permanecemos, mientras tanto, en el Reino de Dios.

En síntesis, siempre debemos estar listos, velando y aguardando el cumplimiento de las profecías respecto del Reino de Dios. Algunas de ellas son: el reavivamiento y la reforma, el recibimiento del poder para la lluvia tardía y el fuerte pregón, la conclusión de la predicación del evangelio, la llegada del decreto dominical, el sellamiento, el tiempo de las plagas y las grandes angustias, el anuncio del día y la hora de la llegada de Jesús y, finalmente, la Segunda Venida. Entonces, estaremos físicamente en el Reino de Dios, cuando finalmente percibiremos cuánto nos habríamos perdido si no hubiéramos permanecido fieles.

Resumen y aplicación del estudio

  1. Síntesis de los principales puntos de la lección

 

    1. ¿Cuál es el principal enfoque?

El Reino de Dios está donde está el Rey, ejerciendo poder, y con súbditos que le obedezcan. Desde que Jesús vino a la tierra, lo hizo como Salvador, como Alguien dispuesto a tomar de nuevo el poder de Satanás. Antes de morir en la cruz, tuvo seguidores, y fundó su Reino aquí. Así, vino para restablecer el Reino de Dios. Antes de la cruz, Jesús inauguró su Reino, aunque dependiendo del éxito de la prueba de la crucifixión. Si nosotros somos seguidores obedientes de Jesús, entonces pertenecemos a ese Reino, Él es nuestro Rey, y por ello amamos y somos amados por otros seres humanos y por nuestro Rey.

    1. ¿Cuáles son los tópicos relevantes?

 

El Reino de Dios está entre nosotros, aunque no en su total plenitud. Hoy estamos bajo el reino de la gracia. Podemos escoger seguir a Dios o seguir al mundo, esto es, a Satanás. Cuando el Reino de Dios llegue en su total plenitud, en ocasión de la Segunda Venida, entonces seremos transformados completamente, totalmente santificados, separados para la vida eterna con Jesús, para vivir en las condiciones del dominio del amor. Ese dejará ser el reino de la gracia para transformarse en el reino de la gloria, o sea, de la perfección.

    1. ¿Has descubierto otros puntos que podrías añadir?

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  1. ¿Qué cosas importantes podemos aprender de esta lección?

 

Para pertenecer al Reino de Dios es necesario elegir. Hay una invitación de parte de Jesús, del tipo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Debemos aceptar esa invitación, pues es iniciativa de Dios. Desde ese momento en adelante, ya perdonados, nos corresponde aceptar las orientaciones del Espíritu Santo, obedeciendo siempre la voluntad de nuestro Rey, que es lo mejor para nosotros. A través de la muerte de Jesús recibimos el don de la vida eterna.

  1. ¿Qué aspectos puedo agregar a partir de mi estudio?

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  1. ¿Qué medidas debemos tomar a partir de este estudio?

 

Debemos vivir una vida nueva, separados del mundo, dirigida hacia los requisitos del amor eterno. Eso quiere decir que debemos ejercitarnos en la práctica vital de todos los que siguen a Jesús, o sea, el amor al prójimo. Así, buscaremos a ese prójimo para que participe, junto a nosotros, del reino de Dios.

  1. ¿Qué es lo bueno en mi vida que me propongo a reforzar y lo malo para cambiar?

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  1. Comentario de Elena G. de White

 

“’Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo’, dice Jesús (Lucas 12:30). ‘Vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas’ (Mateo 6:32, 33). ‘He venido para abriros el reino de amor, de justicia y de paz. Abrid el corazón para recibir este reino, y dedicad a su servicio vuestro más alto interés. Aunque es un reino espiritual, no temáis que vuestras necesidades temporales sean desatendidas. Si os entregáis al servicio de Dios, el que es todopoderoso en el cielo y en la tierra proveerá todo cuanto necesitéis’” (El discurso maestro de Jesucristo, p. 84).

  1. Conclusión general

 

“Cuando nuestros corazones resplandecen de amor por Jesús y por las almas por las cuales él murió, nuestras labores serán coronadas de éxito... Que cada uno de nosotros se pregunte: ¿No puedo ser yo el medio por el cual se salve algún alma en el reino de Dios? Necesitamos la profunda influencia del Espíritu de Dios en nuestros corazones, no sólo para recibir nosotros las vestiduras blancas, sino para que influyamos de tal manera sobre los demás, que sus nombres sean escritos en el libro de la vida, y nunca más sean borrados” (Historical Sketches, pp. 138-140; citado en Exaltad a Jesús, p. 320).

  1. ¿Cuál es el punto más relevante al que llegué mediante este estudio?
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