COMENTARIOS DE LA LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

I Trimestre de 2015

Proverbios

Lección 4
24 de enero de 2015

Sabiduría divina

 

Prof. Sikberto Renaldo Marks

Versículo para Memorizar: “Jehová me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras” (Proverbios 8:22).

Introducción

En Génesis 1:1 encontramos el comienzo del relato de la creación en la tierra, la semana en la que se creó todo lo que existe aquí. Pero este versículo de Proverbios 8:22 habla de algo que pasó mucho a tiempo antes de la semana de la creación en nuestro planeta. ¿Cuánto tiempo antes? Es imposible afirmarlo, tal vez desde la eternidad.

Lo que sí podemos estar seguros en este versículo es que Dios creó el universo a través de su capacidad intelectual, y lo hizo con sabiduría, esto es, con amor. Recordemos que la sabiduría es la manifestación del amor en forma práctica. El universo es también el producto de la sabiduría, de una inteligencia superior, la cual se origina únicamente en Dios. No es el resultado del azar, ni de ninguna explosión.

La sabiduría humana, especialmente la científica que se circunscribe a las ansias de explicar el origen de todo lo que existe a través del así llamado Big Bang, es locura ante de Dios, pues es inadmisible que algo surja y se organice hasta niveles casi infinitamente complejo como resultado de una explosión. Algo así siempre genera mayor desorganización, nunca la perfecciona.

La Lección propone que lo que informa Proverbios 8:22 es absolutamente verdadero. Y es así, con certeza, pues desde una postura mínimamente razonable y lógica, explica cómo algo complejo se originó en una Fuente inteligente y poderosa. Esto tiene sentido, y es absurdo pensar que hubo un núcleo primordial que nadie sabe de dónde vino, y que haya explotado por algún motivo y que los destrozos de esa explosión hubieran originado el complejo universo. Hay que carecer de sabiduría para aceptar esta hipótesis, si bien es muy grande la cantidad de científicos que la admite. Y cada vez que alguna hipótesis se demuestra como errónea, pronto inventan otra para sustituirla, como es el caso de la explicación para el agua, la cual habría llegado a la tierra a través de meteoritos. Ahora que descubrieron que el líquido presente en estos cuerpos no es agua, surgió la idea de que podría haber llegado a través de algún cometa. Y así van las cosas, de mentira en mentira, de falsedad en falsedad, unos engañan a otros, y todo va de mal en peor. Una sociedad basada en una mentira jamás podrá ser sustentable.

Hay sólo una Verdad. Mentiras puede haber muchas, y en diferentes versiones. Se puede inventar mentiras a voluntad, pero la Verdad no puede ser inventada. Existe, no es una versión, sino una explicación única y exclusiva. No hay dos verdades, y si alguna explicación ha cambiado, es porque no es verdadera. La verdad está en Dios, quien existió desde siempre, y existirá para siempre.

La sabiduría clama

La sabiduría es esencial para todos. Gobernantes, empresarios, ejecutivos, pastores, maestros, médicos, ingenieros, artistas, padres y madres, hijos, ciudadanos, todos necesitamos ser sabios pues todos necesitamos comunicarnos unos con otros, relacionarnos e influenciar en los que nos rodean. Todos tenemos el derecho y el deber de existir para el bien de los demás. Todo lo que hagamos, sin importar cuál es nuestra responsabilidad como ciudadanos o siervos de Dios, debe contribuir para el bien, y eso será así si somos sabios.

Para entenderlo mejor, citemos algunos ejemplos. Hace unos días, una persona encendió un fuego en su terreno. Era un fuego pequeño. Eso se sabe que está prohibido, y otro vecino cercano, llamó a la policía. Ahora surge un interrogante: ¿No había otro modo más sabio de resolver esta cuestión sin utilizar la fuerza policíaca?

A algunos jóvenes de mi ciudad les gusta escuchar música a alto volumen. Pasan algunas noches de la semana escuchando música en sus automóviles con un volumen exageradamente alto. ¿Será que estas personas no podrían ser más sabias como para respetar la tranquilidad de los demás?

En este día estaba haciendo un recorrido en bicicleta desde la localidad de Ijuí a la de Panambí. Son 82 kilómetros, ida y vuelta. Es un ejercicio para desarrollar una buena salud. Al regreso, misteriosamente la rueda de la bicicleta del último de los ciclistas de la fila se trabó, y sufrió una fea caída. Sufrió raspones en todo su cuerpo, pero felizmente no hubo ninguna fractura. Cuando llegamos hasta donde él estaba, un automóvil ya había vuelto y sus ocupantes estaban viendo qué hacer, y llamaron a una ambulancia. Esto es sabiduría, pues no sabían quién era, ni lo que había sucedido, sólo lo habían visto caído en el pavimento. Podría haber sido un borracho, o tal vez algo peor.

El mundo está repleto de historias en las que personas tomaron decisiones sabias o decisiones astutas o ignorantes. En la mayoría de los casos, las decisiones que son tomadas empeoran las relaciones entre las personas. Vean el caso de lo que sucede entre los palestinos y los judíos, o lo que pasa en Irak o Siria. ¿Por qué tanto odio? ¿Qué ganas esta gente con la venganza? Pero generalmente la actitud es devolver con la misma moneda, tratar con furia y obtener alguna ventaja. Falta sabiduría en el mundo, y esto es lo mismo que decir que en el mundo falta amor.

La sabiduría es algo precioso, pues ella es el propio Señor Jesucristo. Los sabios tienen el carácter de Jesús en el corazón. Ellos actúan como lo haría el gran Maestro.

“Nadie puede ser un exitoso ganador de hombres hasta que él mismo no haya resuelto el problema de su entrega a Dios. Hemos de revestirnos individualmente del Señor Jesucristo. Para cada uno de nosotros él debe llegar a ser sabiduría, justificación, santificación y redención. Cuando nuestra fe se aferre de Cristo como nuestro Salvador personal, lo presentaremos [a Cristo] delante de otros en una nueva luz. Y cuando las personas contemplen a Cristo como él es, no disputarán acerca de doctrinas; correrán a él para lograr perdón, pureza y vida eterna” (El colportor evangélico, p. 51).
La sabiduría y la creación

Este estudio es de la mayor importancia. Invito a que lean y mediten en la cita de Elena de White de la lección correspondiente al día viernes. Allí se hace referencia al pasaje de Proverbios 8:22-30, en la que se afirma que la sabiduría existió desde siempre, desde antes de la creación, y la sierva del Señor explica que esa sabiduría es el propio Señor Jesucristo. Esto es perfectamente comprensible debido a que cualquier inteligencia sólo puede existir en la mente de alguien. La sabiduría se acondiciona en una mente especial, en la de Jesús. Es evidente que Dios Padre también es sabio, pero se destaca a Jesús porque fue a través de Él que todo fue creado. Todo fue hecho con sabiduría, a punto tal de que todo “era bueno”, y al final de la creación, la evaluación fue “bueno en gran manera”.

La responsabilidad de Jesús antes del pecado era la de establecer un vínculo entre la criatura (creada por Él mismo) y el Padre. Esa debía ser una relación sabia, esto es, de amor. Era Jesús quien promovía esto, y por esa razón, Él también se convirtió en Mediador de la salvación de la humanidad. Continuó haciendo la misma obra de antes, pero ahora con un nuevo objetivo: restablecer la comunión con Dios a través de la reconciliación (Romanos 5:10).

Toda inteligencia y todo conocimiento provienen de Dios. Todo lo que existe viene de Él. Sin embargo, el énfasis en el hecho de que la sabiduría proviene de Él es vital porque es la guía que orienta al bien. Todo conocimiento existente en el universo sirve para que aprendamos que proviene de Dios, y a la sabiduría podemos observarla mejor en la naturaleza, y experimentarla a través de una relación plena con Dios. Esta es la idea: aprender directamente de Jesucristo acerca de cómo relacionarnos entre nosotros, cómo ser buenos con los demás y ayudarlos. Esto no quiere decir que siempre debamos estar de acuerdo con todos, pues si sabemos que están obrando incorrectamente, y si no los prevenimos, no seremos sabios, sino falsos.

“Todo el amor paterno que se haya transmitido de generación a generación por medio de los corazones humanos, todos los manantiales de ternura que se hayan abierto en las almas de los hombres, son tan sólo como una gota del ilimitado océano, cuando se comparan con el amor infinito e inagotable de Dios. La lengua no lo puede expresar, la pluma no lo puede describir. Podéis meditar en él cada día de vuestra vida; podéis escudriñar las Escrituras diligentemente a fin de comprenderlo; podéis dedicar toda facultad y capacidad que Dios os ha dado al esfuerzo de comprender el amor y la compasión del Padre celestial; y aún queda su infinidad. Podéis estudiar este amor durante siglos, sin comprender nunca plenamente la longitud y la anchura, la profundidad y la altura del amor de Dios al dar a su Hijo para que muriese por el mundo. La eternidad misma no lo revelará nunca plenamente”.

“Sin embargo, cuando estudiemos la Biblia y meditemos en la vida de Cristo y el plan de redención, estos grandes temas se revelarán más y más a nuestro entendimiento. Y alcanzaremos la bendición que Pablo deseaba para la iglesia de Efeso, cuando rogó: ‘El Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación para su conocimiento; alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál sea la esperanza de su vocación, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál aquella supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos’ (Efesios 1:17-19)” (Joyas de los testimonios, tomo 2, p. 337).

Regocijo en la creación

Donde vivimos, tenemos un terreno amplio. Un césped muy bonito. Este domingo, cortamos todo el césped, con una máquina nueva, una recicladora de pasto. Todo quedó muy lindo. A la tarde, con mi esposa, nos sentamos para disfrutarlo. Quedamos contentos porque todo quedó muy bonito, bien verde, con flores aquí y allá, floreciendo. En un rincón del patio, crecen hermosas las habas verdes, que pronto cosecharemos. Son deliciosas, y no hay plaga que los perjudique.

Me imagino cuán contento debió haberse sentido Dios cuando terminó la semana de la creación. Si en cada día Él declaró que todo había sido “bueno”, al final de esa semana afirmó que era muy bueno, y eso porque había quedado gozoso con lo que había hecho. En este planeta hasta una semana atrás todo estaba vacío y sin forma, ahora había un hermoso jardín, peces, aves y animales disfrutaban, principalmente los seres humanos apreciando toda la belleza.

A la tarde, cuando es posible, nuestro placer es sentarnos en algún lugar del patio en el césped, y disfrutar con nuestros animales que se sientan junto a nosotros, de los vuelos y los cánticos de los pájaros, y especialmente ahora, de la astucia de un gatito que mi hija encontró en la cuneta mientras pedaleaba por la ruta con un grupo de ciclistas. Rescató al animal para que no muriera, con el propósito de regalárselo a alguien para que cuidara de él. Surgieron dos interesados pero parece que el animal entendió todo. Se dedicó a juguetear con tanta intensidad que ninguno de nosotros quiso deshacerse de él. Se quedó con nosotros, con mi hija, pero de día viene a nuestra casa. Nos alegra a todos, pues corre por todos lados y hace que todos nos riamos.

Cómo debió haberse deleitado Dios con toda la belleza que había creado. Seguramente prestaba atención a lo que hacían los animales, pues había sido Él quien había determinado el modo de vida de cada uno. Entonces, todo estaba funcionando según lo planeado, y junto a todo ello estaban Adán y Eva, dotados con tanta belleza y perfección. De hecho, sólo en un entorno así la vida eterna es coherente, pues no tiene sentido interrumpir la perfección, y mucho menos con la muerte. Este planeta se había convertido en un rincón del universo lleno de inteligencia y felicidad. En aquellos tiempos, la sabiduría, Jesús, que lo había planificado en todos sus detalles, se regocijó de alegría. Qué tragedia entonces fue la aparición del pecado, cuánta tristeza en el corazón de Dios, cuando la santa pareja cayó en la desobediencia. Pero cuando todo sea restaurado, nuevamente al modelo original, entonces el universo otra vez será sólo felicidad.

“En el medio en que vivía la santa pareja, había una lección para todos los tiempos; a saber, que la verdadera felicidad se encuentra, no en dar rienda suelta al orgullo y al lujo, sino en la comunión con Dios por medio de sus obras creadas. Si los hombres pusieran menos atención en lo superficial y cultivaran más la sencillez, cumplirían con mayor plenitud los designios que tuvo Dios al crearlos. El orgullo y la ambición jamás se satisfacen, pero aquellos que realmente son inteligentes encontrarán placer verdadero y elevado en las fuentes de gozo que Dios ha puesto al alcance de todos” (Patriarcas y profetas, p. 29).

La apelación de la sabiduría

Hay dos clases de intelectuales: los que tienen mucho conocimiento, pero no son capaces de producir algo con él, y los que también tienen mucho conocimiento, y saben cómo sacar provecho de ello. A la primera clase acostumbramos denominarlos “teoricones” (una palabra que no existe en el diccionario, pero que es fácil entender lo que ella significa). Son personas que parecen una enciclopedia, saben muchas cosas, pero basta con darle un vistazo a lo que han producido con su conocimiento, y es poco, ¡incluso nada! Los que mueven el mundo son los producen mucho con lo que saben.

Hay otra clasificación, pero es más radical. Tenemos dos clases. Las dos saben mucho, pero una de ellas no cambia con el conocimiento que posee, sólo el otro grupo lo hace. Por ejemplo, es el caso de muchos médicos que le orientan a sus pacientes acerca de cómo deben cuidarse en la salud, y está bien que lo hagan, haciendo ejercicio regularmente por lo menos tres veces por semana, etc., etc., pero que ellos mismos no siguen esas instrucciones. En estos casos, el efecto de la recomendación no tiene poder, pues el médico no puede decir. “Yo lo hago, y me ha ido bien”.

Pues bien, en Proverbios, la sabiduría no admite que sólo la conozcamos bien, sino desea que vivamos según sus orientaciones, y que nuestra vida produzca resultados en consonancia con esa sabiduría. ¡Debemos ser testimonios vivientes de la obediencia a Dios, el Sabio! Por ejemplo, si somos el pueblo de la Biblia, entonces debemos entender la Biblia y vivir de acuerdo con ella. Otro ejemplo: si defendemos nuestros buenos principios de salud, debemos conocerlos y vivir de acuerdo a ellos, mostrando en nuestra vida que tenemos una salud superior. Debemos ejercitarnos, y mostrarles a los demás cómo eso genera resultados positivos en nuestra vida. Los miembros de nuestra iglesia deberían ser mucho más saludables que la población en general. Tenemos que vivir más tiempo y mejor, y aún más, tenemos que ser más inteligentes que los demás. Estos dos ejemplos sirven sólo como ilustración, pero hay cientos de abordajes que podrían servir como ejemplo. Es importante que esta lección sea entendida de manera práctica. O sea, cómo se vive la sabiduría de manera cotidiana.

Si aplicamos la sabiduría a la vida práctica, encontraremos vida. No sólo alcanzaremos la vida eterna, sino que aquí seremos más saludables, en promedio tendremos menos enfermedades y menor cantidad de enfermos entre nosotros. Ciertas enfermedades nunca las tendremos, como el SIDA, a no ser por alguna transfusión de sangre u otro accidente de contaminación. A su vez, la sabiduría dice que, si la aborrecemos, esto quiere decir, si vivimos de manera contraria a sus orientaciones, hallaremos la muerte. Y no sólo la muerte eterna, sino que aquí viviremos menos tiempo y en peores condiciones.

Voy a ilustrar esto de manera práctica. Debido a que soy docente universitario en cursos superiores, he desarrollado la capacidad de observación, y presto atención a muchas cosas, algunas de ellas, naturalmente, casi sin querer, como se dice. He notado que las mujeres de alrededor de 60 años, y que están en la iglesia hace mucho tiempo, se las ve mejor conservadas que las mujeres en general. Es el estilo de vida que las preserva. Hace un tiempo estuvo un pastor en mi ciudad, que reveló el secreto para la belleza de su esposa, que ya estaba orillando los setenta años. Era su manera de alimentarse. Pues bien, en eso consiste el vivir mejor si obedecemos a la sabiduría, esto es, a Jesucristo.

“El Señor Jesús actúa mediante el Espíritu Santo, pues este es su representante. Por medio de él infunde vida espiritual en el ser, avivando sus energías para el bien, limpiándola de la impureza moral, y dándole idoneidad para su reino. Jesús tiene grandes bendiciones para otorgar, ricos dones para distribuir entre los hombres. Es el Consejero maravilloso, infinito en sabiduría y fuerza, y si queremos reconocer el poder de su Espíritu y someternos a ser amoldados por él, nos haremos completos en él. ¡Qué pensamiento es este! En Cristo ‘habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Y vosotros estáis completos en él’ (Colosenses 2:9, 10). El corazón humano nunca conocerá la felicidad hasta que se someta a ser amoldado por el Espíritu de Dios. El Espíritu conforma el ser renovado al modelo, Jesucristo. Mediante la influencia del Espíritu, se transforma la enemistad hacia Dios en fe y amor, el orgullo en humildad. El ser humano percibe la belleza de la verdad, y Cristo es honrado por la excelencia y perfección del carácter. Al efectuarse estos cambios, prorrumpen los ángeles en arrobado canto, y Dios y Cristo se regocijan por las almas formadas a la semejanza divina” (Mensajes para los jóvenes, p. 39).

Uno u otro

La Lección presenta un paralelismo entre la sabiduría y la insensatez, identificando cómo es cada una y hacia dónde conducen. Ambas hacen invitaciones para que las personas las acepten y las sigan. Adoptar una u otra requiere ocupar el mismo espacio, la mente humana. No se puede tener ambas al mismo tiempo, es una cuestión de elección: o una, o la otra. Se vive por una, o se vive por la otra.

La sabiduría ofrece cosas saludables y confiables. Aporta alimento espiritual y vida eterna. Ofrece también todo lo que fue creado para que podamos deleitarnos con ello. Es Jesucristo mismo, y por quien ofrece la salvación de la muerte eterna a través del perdón de nuestros pecados. Ofrece también alimento espiritual saludable para la vida física. Desea que tengamos salud y que vivamos felices aquí en la tierra, y también en el cielo para siempre. La sabiduría tiene la capacidad de ofrecernos el cielo, la eternidad, y las delicias que hay en todo el universo por el poder sustentador del Creador. La Sabiduría es el mismo Creador.

La insensatez es sádica. Esconde sus intenciones. Promete cosas buenas, que no cumple, tanto porque no le interesa brindar buenas cosas, como porque ni siquiera tiene la capacidad de ofrecerlas. Mientras que la sabiduría vive con Dios, pertenece a Él, la insensatez proviene de Satanás, y sólo existe porque Lucifer se transformó en Satanás y desarrolló el mal.

Debemos prestar atención al hecho de que el mal no existió desde la eternidad, pero Dios tenía conocimiento de él, de la posibilidad de su existencia. Antes de que el mal se manifestara en Satanás, era apenas un concepto en la mente de Dios. El Creador jamás le enseñó el mal a Lucifer, ni a nadie más. Incluso su deseo fue de que nadie conociera el mal, pero Satanás sí lo quiso, y fue de eso que le habló a Eva, acerca de que conocerían el mal más allá del bien. Satanás, luego de su caída, supo muy bien que el mal cautiva, fascina, es misterioso, es atractivo, aun para personas puras y perfectas, como lo eran Adán y Eva. Esa es la astucia de la insensatez, atrapar a las personas en los misterios, en lo novedoso (aunque siempre se descubre luego de que es pésimo) y seductor. Sólo se descubre su trágico final luego de pasar por una senda atrayente y seductora, llena de deseos y sensaciones agradables, pero engañosas, falsas y malintencionadas.

Los que se convierten en sabios por andar con la sabiduría y aprender de ella, se vuelven también semejantes a Jesús, esto es, humildes y sensibles a los propósitos del amor. Son personas que aceptan la reprensión mientras que los insensatos la detestan, pues se creen autosu8ficientes. Tal como lo afirma la lección, la clave de la sabiduría es la humildad. El humilde está siempre dispuesto a dos cosas: ayudar a quien sea, y a aprender, sea lo que fuere, y cambiar si es necesario.

“Podemos tener una visión del futuro, de la bienaventuranza en el cielo. En la Biblia se revelan visiones de la gloria futura, escenas bosquejadas por la mano de Dios, las cuales son muy estimadas por su iglesia. Por la fe podemos estar en el umbral de la ciudad eterna, y oír la bondadosa bienvenida dada a los que en esta vida cooperaron con Cristo, considerándose honrados al sufrir por su causa. Cuando se expresen las palabras: ‘Venid, benditos de mi Padre’ (Mateo 25:34), pondrán sus coronas a los pies del Redentor, exclamando: ‘El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder y riquezas y sabiduría, y fortaleza y honra y gloria y alabanza....” (Apocalipsis 5:12)” (Los hechos de los apóstoles, p. 480).

Resumen y aplicación del estudio

  1. Síntesis de los principales puntos de la lección

 

    1. ¿Cuál es el principal enfoque?

En esta semana identificamos a la Sabiduría. Es una Persona: Jesús. Estuvo con Dios Padre desde siempre. Jesús fue la Palabra que estaba con Dios (Juan 1:1-5). No significa esto que Dios no sea sabio, pero la Biblia considera a Jesús como la Sabiduría de Dios, y por eso todo lo que fue creado, fue hecho por medio de Jesús.

Jesús siempre fue el Mediador entre el Padre y la criatura, desde que existieron las criaturas. No mediaba las faltas de ellas, pues mientras no hubo caída, no existió el pecado, pero las ligaba al amor de Dios Padre. Ese fue un tiempo de plena felicidad en el universo. Podemos imaginar pálidamente cómo habrá sido ese tiempo, en el que se crearon todas las cosas en el universo, y las criaturas en diversos lugares, y finalmente la creación en nuestro planeta. Fue un tiempo de gozo y regocijo en todos los lugares, no había motivo para la tristeza, ni de pedidos de perdón. La mediación de Jesús era un vínculo entre el amor de la criatura de todos los rincones del universo con el Dios Padre, en el trono del gobierno perfecto. Así fue hasta los días de la rebelión de Satanás, y luego, de la caída de Adán y Eva. Entonces apareció la tristeza en el universo.

    1. ¿Cuáles son los tópicos relevantes?

 

Jesús fue Mediador antes de la aparición del pecado. Él no mediaba para arrepentimiento, sino para concretar la perfecta relación entre Dios Padre y las criaturas inteligentes creadas por Jesús. En el día de la Caída, se convirtió en el Mediador entre el pecador que se arrepiente y Dios, para obtener el debido perdón y la salvación. Después vino a la tierra para morir por nosotros, y así salvarnos.

    1. ¿Has descubierto otros puntos que podrías añadir?

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  1. ¿Qué cosas importantes podemos aprender de esta lección?

 

¿Cómo era la situación antes de la creación? Lo que podemos saber es que había extrema felicidad entre el Padre y el Hijo, desde la eternidad. Y durante la creación, la felicidad persistió. En el tiempo en el que junto con mi novia construimos nuestra casa, fue de plena felicidad. Teníamos poco dinero y ahorrábamos para comprar los materiales. Pero era tan agradable ver todos los días avanzando la obra… Del mismo modo, cada día Dios decía: “He aquí que todo es bueno”. Dios hizo un buen trabajo. Todo era felicidad, hasta que surgió el pecado, y aquí estamos nosotros, casi al final de este drama milenario.

  1. ¿Qué aspectos puedo agregar a partir de mi estudio?

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  1. ¿Qué medidas debemos tomar a partir de este estudio?

 

Si Jesús fue el Creador de nuestra vida, si Él siempre fue el Mediador, entonces quiere decir que hoy somos tan dependientes de Él para vivir, que debemos entregarnos a Él todos los días, para que Él nos guíe y nos transforme, para que vivamos por la eternidad.

  1. ¿Qué es lo bueno en mi vida que me propongo a reforzar y lo malo para cambiar?

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  1. Comentario de Elena G. de White

 

“En todos sus esfuerzos, Cristo procuraba hacer interesantes sus enseñanzas. Sabía que una muchedumbre cansada y hambrienta no podía conseguir beneficio espiritual, y no olvidaba sus necesidades corporales. En cierta ocasión realizó un milagro para alimentar a cinco mil personas que se habían reunido para escuchar las palabras de vida que brotaban de sus labios. Jesús tenía en cuenta los alrededores cuando daba su preciosa verdad a las multitudes. El panorama era de tal naturaleza que atraía los ojos y despertaba admiración en el pecho de los que amaban lo bello. Podía ensalzar la sabiduría de Dios en las obras que había creado, y podía vincular estas lecciones sagradas dirigiendo sus mentes de la naturaleza al Dios de ella” (Joyas de los testimonios, tomo 1, p. 273).

  1. Conclusión general

 

En este estudio hemos aprendido que la Divinidad es puro amor, y que ese amor tiene un único interés: formar criaturas inteligentes para que sean amadas por Dios, y que Él las atrae para que ellas también lo amen, para que así se amen entre ellas y sean felices por la eternidad. Estas criaturas tienen el poder de engendrar hijos, para amarlos así como el Dios Creador los ama, y que estos hijos amen a sus padres y a Dios, que los creó a todos. ¡Así es Dios!