¿Los sacrificios no eran un tipo de crueldad hacia los animales?

Ángel Manuel Rodríguez
No, no lo creo. Hoy día, la idea de matar animales como acto religioso es extraña para la mayoría de los cristianos. En efecto, miramos con sospecha a los que matan animales por razones religiosas o supersticiosas. Es verdad que el pueblo de Israel ofrecía ocasionalmente sacrificios animales al Señor, pero deberíamos leer el texto bíblico en su contexto. El sistema de sacrificios revela al menos tres objetivos principales de los sacrificios animales: devocionales, alimentarios y teológicos.
1. Expresión de sentimientos religiosos: En ocasiones, los israelitas llevaban sacrificios para expresar gratitud y gozo ante el Señor: «Ofrecerás allí sacrificios de comunión, y […] te regocijarás en la presencia del Señor tu Dios» (Deut. 27:7, NVI). En otras instancias, ofrendaban de los productos de la tierra (Lev. 2:1-10; 23:9-11), pero la mayoría de las veces, la persona daba una ofrenda sustancial, un animal. Lo costoso de la ofrenda estaba relacionado con el nivel de gratitud que deseaban expresar y con las finanzas personales. Algunos podían llevar un toro, otros solo una oveja o una cabra o inclusive un ave (Lev. 1:3, 10, 14). La ofrenda de un toro, oveja o cabra equivaldría hoy a dar una contribución sustancial a la iglesia. Para los israelitas, los animales eran su cuenta bancaria.
2. Interés alimentario: A menudo, las preocupaciones religiosas y alimentarias eran parte de los sacrificios. Este era especialmente el caso de las ofrendas de acción de gracias. Eran llevadas al Señor por razones religiosas, pero al mismo tiempo se compartía la carne del animal con otros en una comida de comunión (Lev. 7:12-18). Durante algunas festividades religiosas, el rey ofrecía muchos sacrificios para que el pueblo comiera (1 Crón. 29:21, 22). En esos casos, la gente se beneficiaba de la riqueza del rey sin tener que tocar sus «cuentas bancarias». Los israelitas tenían carne disponible también mediante la matanza rutinaria o secular de animales, y la caza de animales limpios (Deut. 12:15; Lev. 17:13). En estos casos, la sangre, en lugar de ser derramada en la base del altar, se vertía sobre la tierra y se cubría con tierra. Esto mostraba respeto por la vida del animal creado por Dios.
3. Expiación y sacrificio: Desde el punto de vista teológico, los sacrificios animales tenían el propósito fundamental de mediar simbólicamente la reconciliación con Dios por la remoción del pecado y la impureza (Lev. 4). En la mayoría de los casos, se alcanzaba la expiación mediante la víctima del sacrificio, cuya sangre llegaba a ser el medio para la remoción del pecado/impureza del pecador arrepentido. Es aquí donde la teología de los servicios del santuario adquiere importancia, en particular en relación con la naturaleza del pecado y la expiación. El uso de una víctima para el sacrificio lleva a cuestionar la conexión entre el pecado y la muerte, y entre la expiación y la vida.
En último término, los sacrificios de sangre revelan que el pecado no puede ser separado de su resultado inmediato: la muerte. Esto quedaba expresado en la muerte ritual del animal. El hecho que este fuera inocente señalaba lo costoso de la redención. Los pecadores arrepentidos eran perdonados y seguían vivos, pero solo porque se había ofrecido otro  sacrificio por ellos. Esta dimensión teológica de los sacrificios es el centro del concepto bíblico de la redención, que halló su expresión más profunda en la muerte del Hijo de Dios. Me atrevería a decir, y usted no tiene por qué estar de acuerdo conmigo, que Dios experimentaba dolor por las muertes animales, así como también sufrió por la muerte de su Hijo. 
4. Sufrimiento animal: La matanza de animales para el sacrificio conllevaba dolor y sufrimiento. No sabemos cómo se mataban los animales, pero se ha sugerido que el verbo hebreo shajat significa «degollar». En ese caso, el único dolor era el corte que dejaba escapar la sangre y pronto volvía inconsciente al animal. La intención divina era reducir el sufrimiento al mínimo, lo que muestra la preocupación de Dios por los animales. La tradición judía posterior habla de un cuchillo bien afilado para evitar sufrimientos innecesarios a la víctima.