Ser y hacer

Prof. Sikberto Renaldo Marks

Versículo para Memorizar: “Pero sed hacedores de la Palabra, y no tan solo oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22).

Introducción

El autor de la lección presenta como ilustración las hazañas de Charles Blondín, que atravesaba las cataratas del Niágara sobre una cuerda floja. Dejando de lado la cuestión de la imprudencia, pues tal cosa es una tentación contra Dios, tal como aquella de tirarse desde lo alto del pináculo del Templo, la ilustración es adecuada. La historia del pueblo de Dios está repleta de personas que adquirieron un vasto conocimiento de la verdad, pero que vivieron exactamente de modo contrario a ese conocimiento. Así ocurrió con el pueblo de Dios luego de la entrada a Canaán, puesto que insistieron en adorar ídolos como los paganos. Siempre fueron en dirección al modo de adoración de los pueblos paganos. Después del retorno del exilio babilónico, a causa de esa adoración idolátrica, resolvieron burocratizar (normalizar, reglamentar al extremo), la obediencia a la ley, con sus 613 normas que debían ser seguidas, en otro extremo del error.

No vamos a detenernos en todos los casos en los que hubo información, conocimiento y orientación y, aun así, se llevó una vida de rebeldía contra Dios. Pero una situación que podemos destacar es lo que ocurrió con Jesús, precisamente Aquél que en Abrahán había originado el pueblo de Dios. Él no fue reconocido por los altos dignatarios de su propio pueblo, y fue llevado a la muerte por ellos mismos. Entre los doce escogidos hubo uno, Judas, que convivió con Jesús, pero a pesar del vasto conocimiento que le fue presentado por el propio Salvador, salió para ahorcarse y poner fin a la esperanza de vida eterna para sí.

Tal como lo afirma la lección, ver, conocer, saber, enseñar, bautizar, trabajar, involucrarse, no es suficiente para ser salvo, ni para permanecer en la senda correcta. Eso todo son obras, pero la mente puede estar vinculada a otras cosas, y cosas de este mundo. Una iglesia hermosa, con un pastor dinámico, que prepare buenos sermones, con una Escuela Sabática participativa, puede estar en un camino totalmente equivocado. Puede estar simplemente viviendo bajo el encantamiento de este mundo, creyendo que está haciendo algo para Dios.

Hago referencia a una profecía, que no es muy aceptada por muchos, de Elena G. de White. Me siento alentado nuevamente a hablar de esto: el ingreso de la música de tambores, en la actualidad la batería, uno de los cuatro elementos extraños a los cuales Elena G. de White hizo referencia, que entrarían en la iglesia, exactamente un poco antes del fin del tiempo de gracia. Ella se refirió a cosas extrañas que entrarían en nuestros cultos, un poco tiempo antes del término de la predicación del Fuerte Pregón. Sobre esto ampliaré más adelante en este comentario. Sé que algunos, enojados con esto, enviarán correos electrónicos manifestando su disconformidad. Pero me gustaría que se los enviaran a Dios, quien fue el que dio esta profecía a su sierva, no a mí, que soy un simple lector de lo que los profetas escribieron y de lo que la sierva del Señor escribió en sus escritos. ¡Tenemos que “ser y hacer”!

Conoce a tu enemigo

Hay una pregunta que debemos hacernos: ¿Cómo me ven los demás y que yo mismo no percibo? O sea, ¿en qué cosas podría estar dando un mal testimonio sin darme cuenta que es en eso que necesito cambiar mi vida? Muchas veces los demás se dan cuenta de cosas en las que estoy equivocado, sólo que no las percibo.

El ser humano no está muy capacitado para percibir su condición propia, especialmente en lo que se equivoca. Es muy capaz, sí, de percibir los errores de los demás. Tal vez sea por eso que la Biblia orienta que debemos exhortarnos los unos a los otros en amor, pues al ver con mayor facilidad la condición del prójimo, podemos curarnos también los unos a los otros.

¿Cuál es la orientación de Santiago para identificar nuestras incompetencias? Como sucede generalmente en la Biblia, es muy simple: practicar lo que está escrito en la Palabra.

Entonces, no debemos ser meros oidores, ni lectores, superficiales, sino que en los mensajes que recibamos, ya sea en sermones, en lecturas, en los estudios de la Lección de Escuela Sabática, procuremos identificar lo que es para nosotros, pidiéndole a Dios que cambie nuestra vida. Vivimos en una autoconfianza ilusoria, pensamos que somos buenos, cuando los demás perciben exactamente lo contrario. Nuestra mente presenta una deficiencia adquirida a lo largo de los siglos: la capacidad de percepción de los propios errores. Jesús advirtió sobre esto cuando se refirió a la facilidad de las personas de percibir la astilla en el ojo de los demás, sin hacerlo con la viga que había en los propios.

En el estudio correspondiente a la lección del domingo encuentro lo que he resuelto en denominar “incompetencia de la autopercepción”. Es nuestra vida invisible a nosotros mismos. Son las cosas en las que vivimos equivocados, pero que nos damos cuenta, a pesar de que los demás lo perciben con facilidad. Un caso fue el de Pedro. Él no se volvió cobarde de un momento al otro. Era cobarde como los demás. Pero, a diferencia de los otros, se creía valiente, a punto tal de decir que aunque todos los demás abandonaran a Jesús, él no lo haría. Pero finalmente lo hizo peor, puesto que negó conocer a Jesús.

El joven rico es otra persona que se juzgaba superior, por guardar la ley conforme lo exigían los sacerdotes de aquellos días. Pero fue incapaz de percibir que no amaba a las personas, aunque obedeciera la ley. En realidad, esa obediencia era una formalidad estéril, sin sentido, desprovista de toda práctica. Seguramente no daba ni siquiera una mínima limosna a algún pobre, ya que vivía apegado a sus posesiones. Transformó a esas posesiones en un dios. Y no lo percibió hasta que Jesús lo hizo caer en cuenta.

Esta incompetencia de la percepción es nuestro mayor enemigo. No vemos donde estamos siempre cayendo, donde Satanás nos tienta. En estos puntos vivimos una ilusión, pero necesitamos salir de esa situación. La humildad, y el propósito firme de cambiar es lo que necesitamos para salir de esa arena movediza en la que estamos, sin darnos cuenta que nos estamos hundiendo cada vez más en ella.

Ser un hacedor

Santiago enseña la verdad acerca de la práctica cristiana. Consiste en unir lo que somos con lo que hacemos. Y esto significa que debemos ser lo Dios enseña a través de la Biblia, y hacer las cosas tal como Él las enseña. Lo que somos debe estar en coherencia con lo que hacemos. A diferencia del viejo refrán popular: “Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”, debemos ser coherentes, auténticos. Lo que somos y lo que hacemos debe tener la misma orientación.

Vamos a un ejemplo para ilustrar esto. Imaginemos a una persona que en su vida ha hecho grandes esfuerzos para alcanzar a vidas para ser bautizadas. Cada tanto trae alguien a la iglesia. Y esto es bueno, loable. Pero, por otro lado, hay algunas cosas en la vida de esta persona: no vela por su familia. No es un buen marido, ni un buen padre. Un tiempo más adelante, sus hijos se retiran de la iglesia, y un día, su esposa se va con otro hombre. Pues bien, debemos tener en cuenta que no siempre en los casos en los que una mujer deja a su marido, o que el marido abandona a su esposa, es porque la otra parte falló. Pero es común que suceda lo que acabamos de mencionar. Este es uno de esos casos –hay muchas otras posibilidades– en los que el “hacer” es incoherente con el “ser”.

En una ocasión, habiendo fallecido un hombre que había sido un líder en la iglesia, el velorio se llevó a cabo en la iglesia. En cierto momento, el pastor oficiante permitió que los presentes se pronunciaran acerca del fallecido. Un hermano se levantó y pronunció palabras elogiosas acerca de cuán buen cristiano había sido en vida. Sin poderse contener, la esposa enlutada, le dijo a su hijo que estaba a su lado en una voz que se pudo escuchar: “Hijo, ve a ver si en el ataúd si es el mismo papá que está allí”. Había incoherencias entre lo que aquél hermano hablaba y lo que aquél fallecido era en su hogar. Los demás no conocían el “lado oscuro” del fallecido. Lo que somos debe estar en consonancia con lo que hacemos todo el tiempo.

Un verdadero cristiano ama a los enemigos, ayuda a quien lo necesita, es misericordioso, es perdonador, es un buen padre o buena madre, una persona siempre equilibrada, que vive los principios que Dios nos dejé ejemplificados por Jesús, que acepta por completo al Espíritu de Profecía, que viste con sencillez, aunque con buen gusto, etc. O sea, un ejemplo de vida en todos los sentidos, pues está en pleno proceso de santificación.

La Ley de libertad

En estas lecciones, a menudo hemos estado estudiando acerca de la Ley, la gracia, la fe, la santificación, el crecimiento espiritual y la salvación. Y estos son temas vitales para los últimos días, de allí la importancia con la que estos temas se revean de tiempo en tiempo. No hace mal profundizar sobre aquello que es central para nuestra salvación: la gracia de Cristo, y la Ley por la cual podemos ser condenados, pero también por la cual podemos mantenernos salvos.

Santiago afirmó que “el que es… cumplidor, éste será feliz en lo que hace” (Santiago 1:25). Pablo también declaró que, sin Cristo, la Ley nos condena; pero con Cristo, se convierte en la Ley de la libertad, pues nos encamina a la gracia. Santiago dice algo más, que parece contradictorio: Abrahán fue justificado por las obras, y que la fe sin las obras es inoperante (Santiago 2:20, 21). ¿Qué quiso decir con esto?

Hagamos una pequeña revisión sobre este tema, que ya hemos analizado varias veces. La salvación funciona así: somos pecadores, nacemos y heredamos la naturaleza pecadora de nuestros antepasados. Cuando nos arrepentimos, lo hacemos porque la Ley nos ha mostrado que éramos pecadores. Así, nos encamina a la gracia de Jesús, quien nos perdona el pecado si hubo arrepentimiento. Una vez perdonados, es evidente que no continuaremos pecando, por lo que obedecemos la Ley. Y cuando, renacidos en Cristo, pecamos, otra vez tenemos que ser perdonados, a través de la gracia. Pero toda vez que seamos perdonados y, en esa condición, estando salvados, continuaremos salvados si no pecamos, esto es, obedeciendo la Ley. Y la obediencia son las obras que complementan la fe, para crecimiento espiritual. O sea que tener fe, sin obedecer, no vale de nada para la salvación. En rigor de verdad, no es posible tener una fe auténtica sin obediencia. Imagina cómo sería tener fe, pero desobedecer, ¡sin que nos importe esta condición!

Entonces, ¿cómo entender lo que Santiago dijo acerca de que Abrahán fue justificado por las obras? Simple: está claro que Abrahán había sido perdonado, por la gracia, y entonces pasó a ser obediente a Dios, y en eso constituyen las obras. Había sido justificado por la fe, pero luego de esa justificación, continuó siendo justificado por las obras, esto es, ya no estaba siendo condenado por la Ley, sino que ésta se convirtió en su ley de libertad. Sí, “Ley de libertad”, porque ahora, ya no desobedeciendo a la ley, está había pasado a protegerlo. Antes ya era una ley de libertad porque, mostrando el pecado, recomendaba la gracia de Cristo para librarse del pecado y la condición de mortal.

¿Útiles o inútiles?

Hay dos cosas que debemos considerar en esta sección del estudio: el control de la lengua y la ayuda a los débiles y necesitados. En relación a la lengua, lo que en verdad tenemos que controlar es la mente, pues es el cerebro humano el que determina lo que hablamos o hacemos. Nuestra mente, en definitiva, ¿por quién está comandada? Allí está el problema: quien comanda la mente es la propia mente, nadie más. Ella misma es la que decide lo que va a ser y lo que va a decidir. Es la mente la que educa a la mente. Entonces, ¿cómo proceder para que la mente sea educada dentro de los principios divinos? Pues, como siempre se ha dicho, debemos cuidar lo que hablamos y lo que hacemos. Pero, ¿cómo la mente puede educarse así misma si, por ejemplo, está envilecida en malos pensamientos y malos comportamientos?

Por increíble que parezca, esto es más fácil de lo que podamos imaginar, pero requiere persistencia. La mente, por sí misma, debe decidir por el cambio. Así es como sucede. Debe optar por seguir los principios divinos de la Palabra de Dios. Allí aprenderá los buenos principios, y deberá decidir seguirlos. Es la propia mente la que debe decidir por cuál camino seguirá, si en dirección a Dios, o en dirección del enemigo. No podemos engañarnos pensando que quien comanda lo que hablamos es nuestra lengua, un órgano que apenas sigue las órdenes de nuestra mente. Es la mente la que debe aprender a convertirse pues, por encima de ella, no hay ser humano, no hay más nada. La mente comanda todo en el cuerpo, incluyendo a ella misma.

A su vez, la cuestión de la religión práctica, sobre cómo vivimos, lo que hacemos, cómo tratamos a los demás, sigue el principio de amar a las otras personas como nos amamos a nosotros mismos. Por cierto, tenemos mucho que aprender en esta cuestión, así como mucho por cambiar. Necesitamos amparar a los más débiles, ayudar a otras personas a salir de situaciones deprimentes, aconsejar a los jóvenes, ayudar a restablecerse a los que han caído en el pecado, buscar a los que se han apartado de la iglesia, solidarizarse con los enfermos y ancianos, socorrer a los pobres, en fin, ser útiles a la sociedad. Este es un punto en el que todavía tenemos mucho que avanzar y mucho que concretar.

Diferentes del mundo

Debemos conservarnos incontaminados en el mundo. No podemos salir del mundo, no debemos apartarnos de las personas, necesitamos vivir entre ellas, hemos sido llamados a influir en las personas, y en esa situación, Dios espera que seamos ejemplo, tal como Jesús lo fue, no copiadores o imitadores del mundo. Especialmente en la iglesia, debemos demostrar nuestra creatividad e inventiva para innovar, no para copiar, de las iglesias en la que Dios no colocó el sello de “Verdaderas”. No podemos olvidar que la iglesia verdadera es Laodicea, y que por serlo debe tomar recaudos para purificarse. Hay que recordar que habrá un zarandeo en la iglesia para separar la cizaña del trigo.

Jesús vivió entre personas todos los días. Se apartaba de ellas para orar y meditar, pero luego volvía. Jamás se dejó influenciar por el ambiente en el cual vivía. Él influía sobre él, no era influenciado por él. Y ese es nuestro ejemplo.

Elena G. de White nos dejó una profecía que debiera servir como advertencia para la iglesia. Esta profecía está siendo dejada de lado, especialmente por muchos de nuestros altos líderes. Así también fue en el pasado, en tiempos de Jesús. Tenemos, por lo tanto, una enseñanza de la historia.

“El Espíritu Santo no tiene nada que ver con ese desorden perturbador y esa barahúnda que me fueron mostrados en enero pasado. Satanás trabaja en medio del estruendo y de la confusión producida por esa clase de música, la cual, si fuera dirigida debidamente, serviría para alabar y glorificar a Dios. El diablo hace que tenga el mismo efecto que la mordedura ponzoñosa de la serpiente”.

“Las cosas que han ocurrido en el pasado también acontecerán en el futuro. Satanás convertirá la música en una trampa debido a la forma como es dirigida. Dios exhorta a su pueblo, que tiene la luz ante sí en la Palabra y los testimonios, a que lea y considere, y luego que obedezca. Se han dado instrucciones claras y definidas a fin de que todos comprendan. Pero la comezón que experimentan ciertas personas por originar alguna cosa nueva, determina el surgimiento de doctrinas extrañas, y destruye en gran medida la influencia de aquellos que podrían ser un poder para realizar el bien, si mantuvieran firme su confianza en la verdad que el Señor les ha dado” (Mensajes selectos, tomo 2, p. 43; énfasis añadido).

“Pueden introducirse muchas mejoras en el canto. Algunos piensan que cuanto más alto canten tanto más musicales son, pero el ruido no es música. El buen canto es como la música de los pájaros: suave y melodioso”.

En algunas de nuestras iglesias he escuchado solos que eran inapropiados para el servicio de culto en la casa de Dios. Las notas prolongadas y los sonidos peculiares tan comunes en el canto de ópera no agradan a los ángeles. Estos se complacen en oír los sencillos cantos de alabanza expresados en un tono natural. Ellos se unen con nosotros en los cantos en los que cada palabra se pronuncia claramente, en un tono musical.  Participan en las melodías cantadas con el corazón, el espíritu y el entendimiento” (Manuscrito 91, 1903; citado en El evangelismo, p. 372).

En Mensajes selectos, tomo 2, pp. 41-44 ella advierte que, poco antes del cierre del tiempo del gracia, entrarían en la iglesia un conjunto de elementos extraños, o sea, indebidos. Entre ellos estaría la música, los gritos, los tambores y la danza. Y estas cosas “extrañas” ya están, siendo confundidas –tal como ella lo previó– como una operación del Espíritu Santo. Hay iglesias que ostentan una batería, y no logran relacionarla con la profecía de quien dicen ser nuestra última profetisa. En el pasado, también ocurrió que muchas profecías no significaron nada para muchas personas. El enemigo, Satanás, astuto, logra hacer que lo “extraño” no lo parezca. Las personas no logran distinguir lo que Dios aprueba de lo que Él ha rechazado a través de la palabra profética. “Estos festivales de moda de las iglesias y estas representaciones teatrales han hecho naufragar el carácter de muchos, y miles más serán destruidos; sin embargo la gente no se percatará del peligro ni de la terrible influencia ejercida. Muchos hombres y mujeres jóvenes han perdido sus almas a causa de esas influencias corruptoras” (Review and Herald, 21 de noviembre de 1878; citado en Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 213; énfasis añadido).

O somos diferentes del mundo o, quien no lo fuera, será zarandeado hacia afuera, y se convertirá en un enemigo de la iglesia. Éste es un tema en el que debemos pensar y reflexionar. Quien prefiera no prestar atención a la profecía, por lo que estará escogiendo su futuro de manera equivocada –pues con la profecía no se juega– debe tener en cuenta que cuando se arrepienta tal vez sea demasiado tarde. Durante la séptima plaga muchos intentarán arrepentirse. Pero será demasiado tarde.

Resumen y aplicación del estudio

  1. Síntesis de los principales puntos de la lección

 

    1. ¿Cuál es el principal enfoque?

El enfoque de la lección de esta semana podría ser: Somos tentados exactamente en aquello en lo que están nuestros deseos, pasiones y placeres. Es por eso que caemos  con tanta facilidad.

Otro punto es que, cuando alguien nos amonesta en nuestras flaquezas, con facilidad nos enojamos, nos resistimos y rechazamos el consejo. Muchas veces nos rebelamos contra la persona que quiso ayudar. Eso sucedió con Jesús: lo dejaron cuando Él habló de las restricciones para entrar en el reino de Dios. Ya no importaron tanto las bellezas del futuro, sino que fue difícil dejar de lado los pequeños placeres del presente. Lo que nos aferra a este mundo son los gustos, los deseos, los placeres, las pasiones, las amistades, las costumbres, y cosas afines. Queremos convivir con ellos aunque, contradictoriamente, muchos aun así quieren salvarse, sin dejar de lado lo que los mantiene atados a este mundo.

    1. ¿Cuáles son los tópicos relevantes?

 

La Ley es nuestro espejo. Necesitamos ponerla en práctica. Es más importante practicar que conocer. ¡Es así! Hay una diferencia fatal, de muerte eterna, entre quien es doctor en la ley de Dios, pero que no practica todo cuanto sabe, y entre quien descubrió recientemente este asunto, y practica lo poco que sabe. Por la fe estaremos en condiciones de obedecer. La obediencia que salva es la que proviene después del perdón, aquella que practicamos antes de ser perdonados sólo nos impide que tengamos más cosas de la que arrepentirnos. ¡La que es practicada después del perdón es la que nos mantiene salvos!

    1. ¿Has descubierto otros puntos que podrías añadir?

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  1. ¿Qué cosas importantes podemos aprender de esta lección?

 

Es imposible vencer las tentaciones con nuestras propias fuerzas. Sería algo así como proponerle una carrera cósmica a Satanás. Nunca lograríamos vencerlo. Pero, con el poder de Dios, la victoria –ya no con nuestras propias fuerzas– es perfectamente posible. Por lo tanto, ¿qué debemos hacer? Simple: orar en el momento preciso de la tentación, pidiéndole ayuda a Dios. Experiméntalo, te vas a sorprender.

  1. ¿Qué aspectos puedo agregar a partir de mi estudio?

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  1. ¿Qué medidas debemos tomar a partir de este estudio?

 

Debemos procurar una mayor comunión con Dios. Vivir cada día con Él. ¿Y cómo se hace esto? Por la mañana, en primer lugar, estudiar algún tema de la Biblia. También estudiar la Lección de la Escuela Sabática. Luego, en la reunión familiar (en caso de que sea posible), hacer un pequeño culto, de cinco a diez minutos. Cada familia debe ser creativa e innovar en su culto. Durante el día, orar a Dios con frecuencia, especialmente en los momentos críticos. Esas son las oraciones que se hacen en cualquier lugar, en silencio, sin que nadie se dé cuenta. También hacer oraciones más formales a solas, en algunos momentos del día. A la noche, podemos hacer un pequeño culto familiar, aunque en algunos casos sea imposible, pero no podemos dejar de orar antes de irnos a dormir. Existen medios en la actualidad para acceder a porciones bíblicas en cualquier momento (por ejemplo, el celular); en muchas ocasiones es posible acceder a una Biblia virtual cuando haga falta. Así viviremos con Dios. Estas son solo algunas posibilidades. Cada uno puede, con su creatividad, elaborar su propio plan, no hay un ritual único al que todos debieran seguir. Al fin y al cabo, Dios nos dotó con creatividad, para que no seamos rutinarios, para que creemos cosas diferentes.

  1. ¿Qué es lo bueno en mi vida que me propongo a reforzar y lo malo para cambiar?

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  1. Comentario de Elena G. de White

 

“En la transgresión de la ley, no hay seguridad ni reposo ni justificación. El hombre no puede esperar permanecer inocente delante de Dios y en paz con él mediante los méritos de Cristo, mientras continúe en pecado. Debe cesar de transgredir y llegar a ser leal y fiel. Cuando el pecador examina el gran espejo moral, ve sus defectos de carácter. Se ve a sí mismo tal como es, manchado, contaminado y condenado. Pero sabe que la ley no puede, en ninguna forma, quitar la culpa ni perdonar al transgresor. Debe ir más allá. La ley no es sino el ayo para llevarlo a Cristo. Debe contemplar a su Salvador que lleva los pecados. Y cuando Cristo se le revela en la cruz del Calvario, muriendo bajo el peso de los pecados de todo el mundo, el Espíritu Santo le muestra la actitud de Dios hacia todos los que se arrepienten de sus transgresiones. ‘Porque de tal manera  amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna’ (Juan 3: 16)” (Mensajes selectos, tomo 1, pp. 250, 251).

  1. Conclusión general

 

Creer en Dios y en su Palabra, esto es, aceptar que Dios existe y que es el Creador, que la Biblia es la Palabra de Dios y que Jesús es nuestro Salvador, no es suficiente. Debemos poner en práctica lo que sabemos, y procurar siempre saber más. Así creceremos en el amor de Dios.

  1. ¿Cuál es el punto más relevante al que llegué mediante este estudio?
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