Las trompetas del Apocalipsis
Dr. Alberto R. Treiyer
Febrero de 2014

La Revista Didajé es la revista teológica de la Universidad Adventista de Perú. Han publicado muy buenos artículos, pero en un reciente artículo que han publicado en castellano de Ángel M. Rodríguez, tomado de la revista Ministry (Enero 2012), están contribuyendo a la introducción de la confusión en la Iglesia Adventista.
Permítanme, antes que nada, citar la breve reacción a ese artículo del Dr. Gerhard Damsteegt, profesor de la Universidad de Andrews, y autor del libro sobre las 27 doctrinas de nuestra iglesia (a las que se agregó una más en un congreso posterior). Como era de esperarse, esa reacción que se envió a los redactores de la revista Ministry, no fue publicada.
“Uno de los serios flaws del artículo es la definición de historicismo que ahora parece abarcar aún interpretaciones que rechazan el principio día por año que los adventistas han usado para interpretar Apocalipsis 9:15.
Este nuevo enfoque de tiempo en Apocalipsis 9 que es defendido por varios exégetas adventistas del NT tiene su origen en protestantes no historicistas. Es sorprendente ver ahora cómo impactan a nuestros eruditos esos eruditos no adventistas, quienes no tienen noción del cumplimiento histórico de las trompetas. Sin embargo, si Uds. quieren ser aceptados por eruditos no adventistas, esa es la manera en que Uds. deben presentarse a sí mismos. La revista Ministry ha hecho un excelente trabajo en promover de nuevo la confusión en nuestras filas”.
En efecto, los futuristas están bien contentos con ese artículo, porque pueden citarlo para probar que si la iglesia no puede explicar las trompetas es porque no se cumplieron todavía (ese artículo movió a Edwin Gane a escribir un libro que ofrece un cumplimiento doble, histórico vago y futurista más vago todavía). Aún los liberales se afirman porque pueden mostrar que los adventistas no tienen una visión clara del Apocalipsis, y hasta pueden poner como ejemplo las posiciones ridículas y contradictorias que allí hay. Hasta autores que parecían conservadores, como Heidi Heiks, han desacreditado con el aval de algunos miembros del BRI, la posición oficial que nuestra iglesia siempre tuvo sobre el particular. Y nada podría debilitar más la posición historicista de los que se mantienen fieles al legado profético que recibimos, como ese artículo que pretende ampliar el concepto historicista como para dejar al historicismo sin substancia real. Quiten Uds. 1840 y se viene luego 1833 (como ya ha pasado), 1798 y 1844.
Antes de la confrontación pública que tuvimos en 3 ABN con Jon Paulien, Ranko Stefanovic (liberales), y otros hermanos futuristas, Ángel M. Rodríguez me escribió personalmente diciendo: “La Iglesia Adventista es historicista, pero nunca adoptó oficialmente una posición historicista en particular” sobre las trompetas. Esa ignorancia fatal es la que refleja en el artículo de Ministry que ahora la revista Didajé se encargó de difundir en castellano. Nuestra iglesia siempre tuvo una posición oficial defendida en más de un congreso de la Asociación General, como lo pruebo en el librito The Mystery of the Apocalyptic Trumpets Unraveled, y Los Tiempos Apocalípticos del Santuario. Confirmaciones bíblicas, históricas y astronómicas (disponible en unos días más).
Al bautizar a tantas posiciones divergentes que niegan las fechas proféticas de las trompetas como siendo historicistas, A. M. Rodríguez se revela como “políticamente correcto”, como “el bueno reconciliador de la película”, una actitud que se le vio especialmente en la parte final de su ministerio en varios puntos. En esa actitud, debía buscar una falla también en el historicismo “tradicional” como lo llama (término que usan despectivamente los futuristas y liberales), y pretendió que esa interpretación “tradicional” no había sido capaz de explicar “el sello de Dios” en la quinta trompeta (evidentemente no leyó mi libro The Seals and the Trumpets. Biblical and Historical Studies, a pesar de que escribió el prefacio; ni el otro The Mystery of the Apocalyptic Trumpets Unraveled (publicado al mismo tiempo que su artículo), donde soy más definido en mostrar el cumplimiento histórico de Apocalipsis 9:4).
Tengo conmigo el libro de Gluder Quispe, The Apocalypse in Seventh-Day Adventist Interpretation, publicado por la misma universidad adventista de Perú en 2013. Trae a colación también el artículo de A. M. Rodríguez para mostrar los diferentes enfoques que se han introducido en nuestra iglesia en lo que va de la segunda mitad del S. XX, pero no se contenta con eso. Muestra cómo se fue diversificando nuestra iglesia con los años, adoptando posturas exegéticas y teológicas en perjuicio de un enfoque que se enracina en la historia, y terminando en el caos presente. En ese sentido, aunque con ciertas reservas, considero útil esa tesis doctoral porque permite descubrir más fácilmente la génesis del problema actual, algo que A. M. Rodríguez no hace en su artículo. Aunque el trabajo de Quispe es puramente descriptivo (no da respuestas a las diferentes posiciones), muestra claramente en dónde está el problema desde una perspectiva general. Con la adopción de metodologías modernas, se ha perdido el interés en la historia. El resultado ha sido tal que hasta Apocalipsis 12:17, según algunos intérpretes, deja de ser una aplicación directa a la Iglesia Adventista como siempre se sostuvo y se sostiene aún, y se vuelve universal hasta para incluir incluso a los musulmanes.
A continuación comparto mi reacción al artículo de A. M. Rodríguez que la revista Didajé reprodujo en castellano con el permiso de la revista Ministry. Podrán encontrar esa reacción en mi página de internet: www.adventistdistinctivemessages.com
En su artículo “Issues in the Interpretation of the Seven Trumpets of Revelation” (Ministry, January 2012), Angel M. Rodríguez juntó varias interpretaciones que se fueron introduciendo en la Iglesia Adventista mayormente hacia fines del S. XX. Trata de probar allí dos cosas: que todas esas interpretaciones son historicistas, y que “hasta el momento presente… no hay una interpretación final disponible” en nuestra iglesia.
Podemos aceptar que toda interpretación pueda mejorarse y expandirse. Pero esa manera superficial de tratar el tema no hace justicia a la fe profética de nuestra iglesia. La Iglesia Adventista tiene una interpretación oficial de las trompetas que fue defendida enfáticamente por más de un siglo y que nunca fue oficialmente rechazada. Al contrario, sigue siendo predicada por muchos evangelistas. Esa interpretación fue considerada en varios congresos de la Asociación General (1883, 1901, 1903) como “fundamental” y “fundacional” para la fe de nuestro pueblo, así como “hitos en la historia adventista” (por más referencias véase mi libro The Mystery of the Apocalyptic Trumpets Unraveled). Por consiguiente, un estudio responsable de las trompetas requiere hoy un análisis de las razones por las que algunos intérpretes actuales se están alejando de la fe profética de nuestros antepasados, y no simplemente un informe de la confusión y caos introducidos en tiempos recientes.
 Como lo he demostrado más de una vez en mis libros y conferencias, los problemas actuales comenzaron primero en el protestantismo moderno y ahora en el adventismo reciente, cuando Roma dejó de ser mirada como digna de los juicios de Dios por los crímenes que cometió contra su pueblo. Al mismo tiempo, varios intérpretes comenzaron a imponer reglas de interpretación al texto que la Biblia no requiere. Algunas de esas reglas tienen que ver con los típicos principios escépticos de la exégesis moderna que no son compatibles con el legado historicista bíblico y protestante que heredamos. Esa es la razón también por la que encontramos una reticencia a ir a la historia para encontrar el cumplimiento específico de la profecía.
Por último, el intento de Rodríguez de probar que los que espiritualizan el cumplimiento de las trompetas del Apocalipsis son historicistas falla en su misma base. En efecto, nadie niega que haya símbolos en el libro del Apocalipsis. Lo que rechazamos es una aplicación vaga e indefinida de las profecías apocalípticas por reducirlas a ideas y filosofías desencarnadas de la entidad que las introdujo en la historia. Así, Babilonia no es simplemente la apostasía de los últimos días, sino Roma, más definidamente, la Iglesia Católica Romana con su príncipe blasfemo. Sus hijas son las iglesias protestantes que siguen su ejemplo. Egipto no es meramente el ateísmo, sino “la nación representada por Egipto” (GC 269) que en su momento histórico específico fue Francia, y cuya influencia se extendió a toda la tierra. El Israel de Dios no es hoy el cristianismo en general, o los musulmanes fieles, sino el último remanente que guarda los mandamientos de Dios y tiene el testimonio de Jesucristo, más definidamente, la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Las trompetas representan ejércitos que Dios levantó para castigar al reino opresor de Roma a lo largo de los siglos, no puramente filosofías.
Rechazamos como no historicista la tendencia a evitar la responsabilidad de definir de una manera concreta y específica las iglesias o reinos que cumplen en un momento específico de la historia lo que estaba anunciado.