Las violaciones a la ley en el juicio a Jesús

Los dirigentes de la nación ya habían decidido lo que habían de hacer con Cristo. Ahora sólo les faltaba una prueba aceptable para justificar su acción. Habían decidido irrevocablemente que lo condenarían a muerte, pero no sabían cómo hacerlo y al mismo tiempo mantener la apariencia de legalidad. Cuando se reunió el consejo, los dirigentes estaban tensos, temerosos de que fracasara su perverso plan. Tenían miedo: (1) de que el pueblo, que cada vez más estaba poniéndose del lado de Jesús y en contra de ellos (Juan 12: 19), tratara de rescatarlo; (2) que si se demoraban en finiquitar el caso, sobre todo si esperaban hasta después de la pascua, se produciría una irresistible reacción pública en favor de Jesús; (3) que algunos de entre ellos hablaran en defensa de Jesús, como lo habían hecho en ocasiones anteriores (ver com. Mat. 26: 66), y demandaran que se hiciera justicia; (4) que, a pesar de todos sus esfuerzos, fracasarían en su propósito de condenar a Jesús; (5) que Caifás no pudiera continuar con el proceso hasta completarlo; (6) que se intentara examinar la naturaleza de los milagros que Jesús había realizado en sábado; (7) que Jesús pudiera reavivar los enconados prejuicios de los fariseos y de los saduceos, y así dividiera el concilio, como lo hizo Pablo en una ocasión posterior (Hech. 23: 6-10), haciendo imposible el proceso jurídico; (8) que Jesús revelara aspectos desfavorables de la vida privada de ellos y que hiciera ver los medios ilegales que estaban empleando para enjuiciarlo. Además, a medida que transcurría el juicio, Jesús también les dio razón de sentir un temor mortal ante el gran día del juicio final. Ver DTG 647-655.

A fin de condenar y ejecutar a Jesús debían darse dos pasos fundamentales: (1) el juicio religioso ante el sanedrín (ver com. vers. 57), para que la condenación pudiera parecer justificada apoyándose en la ley judía, y (2) el juicio civil ante Pilato (ver com. vers. 57), para conseguir la aprobación romana para la ejecución de la sentencia de muerte. La acusación contra Jesús preferida por el sanedrín, y por la cual fue condenado a muerte, era la de blasfemia; específicamente se lo acusó de haber dicho ser Hijo de Dios. Ante las autoridades romanas, la acusación preferida era la de sedición e insurrección. Hubo en total siete etapas en el juicio (DTG 708), cuatro ante autoridades religiosas y tres ante autoridades civiles. El propósito, la naturaleza, y el resultado de cada una de estas siete audiencias fueron los siguientes:

1. Audiencia preliminar ante Anás. (Ver. com. Juan 18: 13-24; cf. DTG 647-651.) Anás (ver com. Luc. 3: 2) había sido sumo sacerdote desde el año 7 hasta el año 14 d. C. Era honrado y respetado como el mayor estadista de la nación y "se buscaban y ejecutaban sus consejos como voz de Dios" (DTG 647). Por causa de la popularidad que Jesús tenía con el pueblo, se consideró que era necesario conservar la apariencia de legalidad en su juicio. El sanedrín ya había decidido aniquilar a Jesús (Juan 5: 16, 18; 7: 19; 8: 37, 40; 11: 53; cf. Mat. 12: 14; Mar. 3: 6; Juan 10: 31, 39), pero, después de intentarlo por espacio de dos años (DTG 184, 648), todavía no había podido formular un plan para llevar a cabo su propósito. Por lo tanto, se consideró conveniente que Anás interrogara personalmente a Jesús a fin de conseguir, de ser posible, acusaciones que pudieran condenarlo. Esta audiencia preliminar pudo realizarse aproximadamente entre la una y las dos de la madrugada del viernes. Anás fracasó completamente y fue silenciado por la incisiva lógica de la respuesta de Jesús (Juan 18: 23; DTG 649).

2. Audiencia preliminar ante Anás y Caifás.
(Ver DTG 650, 708.) Después de haber prendido a Jesús, Anás y Caifás convocaron a un grupo cuidadosamente escogido de miembros del sanedrín (ver com. vers. 59) para celebrar inmediatamente una sesión, con la esperanza de poder condenar a Jesús antes de que sus amigos pudieran hablar en su favor y antes de que el peso de la opinión pública pudiera contrapesar su decisión de eliminarlo. Según DTG 650-651, mientras se reunían los miembros escogidos del sanedrín, Anás y Caifás hicieron un segundo intento por obtener de Jesús alguna prueba condenatoria que pudiera emplearse en el juicio, pero no tuvieron éxito. Como sumo sacerdote, Caifás era presidente ex oficio del sanedrín, y por lo tanto debería presidir en el juicio, pero su relativa falta de experiencia (DTG 647) suscitó temores de que no pudiera llevar el juicio hasta una decisión. Los evangelistas no mencionan este segundo interrogatorio informal, anterior al primer juicio ante el sanedrín, el cual pudo haber ocurrido aproximadamente entre las dos y las tres de la madrugada (DTG 650).

3. juicio nocturno ante el sanedrín. Ver com. cap. 26: 57-75; cf. DTG 650-662.) Según la ley judía, el tribunal debía juzgar durante el día los casos en los cuales estuviera en juego una sentencia de muerte. La Mishnah dice lo siguiente: "Los pleitos civiles se juzgan de día, y se concluyen de noche; pero las condenas capitales deben decidirse de día y concluirse de día" ( Sanhedrin 4. 1). Los dirigentes temían que el pueblo intentara rescatar a Jesús si él permanecía bajo la custodia de ellos. Recordaban también que varios intentos anteriores para aniquilar a Jesús habían sido desbaratados por ciertos miembros influyentes del sanedrín (ver com. vers. 66). Por lo tanto, decidieron resolver el caso entregando a Jesús para que lo encarcelaran los romanos antes de que alguien pudiera tener la oportunidad de hablar en defensa de él. Este juicio ocurrió aproximadamente entre las tres y las cuatro de la madrugada. En esta época del año, en la latitud de Jerusalén, comienza a amanecer en torno de las cuatro de la mañana y el sol sale como a las 5: 30. Este juicio dio por resultado un veredicto unánime de muerte (ver com. vers. 66), pero el veredicto debía confirmarse a la luz del día a fin de ser legal (ver la declaración de Sanhedrin 4. 1 citada más arriba).

4. juicio diurno ante el sanedrín. (Ver com. Luc. 22: 66-71; cf. DTG 661-662.) La ley judía prohibía que se realizaran juicios nocturnos en aquellos casos en los cuales pudiera aplicarse la pena de muerte. En ninguna circunstancia podía pronunciarse sentencia de muerte por la noche (ver com. N.° 3). Por lo tanto, a fin de preservar la apariencia de legalidad, la decisión unánime tomada por el sanedrín en la noche debía reafirmarse a la luz del día. Esto lo hizo el sanedrín cuando volvió a reunirse poco después de la salida del sol. Condenaron a Jesús como digno de muerte y dispusieron entregarlo a las autoridades romanas para que fuera ejecutado.

5. Primer juicio ante Pilato. (Ver com. Luc. 23: 1-5; Juan 18: 28-38; cf. DTG 671, 676.) Pilato fue despertado temprano por la mañana, quizá como a las seis o poco después. Mientras investigaba los hechos pertinentes, se convenció de la inocencia de Jesús. De no haber sido por la evidente animosidad de los judíos, lo habría liberado. Al enterarse de que Jesús era de Galilea, lo envió a Herodes Antipas, quien estaba en ese momento en Jerusalén, quizá con motivo de la celebración de la pascua.

6. Interrogatorio ante Herodes Antipas. (Ver com. Luc. 23: 6-12; cf. DTG 676-679.) Si bien el arresto había ocurrido en Jerusalén, Jesús era galileo, y Herodes Antipas, como rey de Galilea y de Perea -aunque títere de los romanos (ver com. Luc. 3: 1-2)-, podía oír la acusación y dar una sentencia. Estaba convencido de que Jesús era inocente, y en un primer momento quiso libertarlo, pero no dictó sentencia y lo devolvió a Pilato. Esta interrogación ocurrió tal vez en torno de las siete del viernes de mañana.

7. Segundo juicio ante Pilato. (Ver com. Mat. 27: 15-31; Juan 18: 39 a 19: 16; cf. DTG 679-689.) Pilato -gobernador romano de Judea y de Samaria- buscó diversos medios para liberar a Jesús, pero no pudo hacerlo. Cuando los judíos amenazaron con presentar ante las autoridades de Roma su manera de encauzar el juicio, Pilato cedió ante la demanda de ellos de que crucificara a Jesús. Es probable que este juicio hubiera comenzado en torno de las ocho y hubiera terminado antes de las nueve de la mañana (Mar. 15: 25).

Diversos aspectos de los procedimientos judiciales en contra de Cristo contravenían a la ley judía, tal como fue codificada más tarde en la Mishnah, que es una colección de la tradición oral judía hecha hacia fines del siglo II d. C. Ciertas secciones de esta colección reflejan una tradición posterior a la de los días de Jesús. Pero en la medida que varias de estas leyes estaban en vigencia en tiempos de Jesús, su violación representa una perversión de la justicia en la forma de conducir el juicio de Jesús.

Presentamos a continuación una lista parcial de leyes judiciales de la Mishnah:

1. Las acusaciones que pudieran implicar el pronunciamiento de una pena de muerte debían juzgarse de día ( Sanhedrin 4. 1; DTG 656).

2. La sentencia de muerte debía pronunciarse de día: "Las penas de muerte deben tratarse de día y concluirse de día" ( Sanhedrin 4. 1).

3. Un veredicto desfavorable en un juicio de pena capital debía postergarse hasta el día siguiente de haberse escuchado todas las pruebas. "Puede concluirse un juicio de pena de muerte el mismo día si el veredicto es favorable, pero sólo al día siguiente si el veredicto es desfavorable" ( Ibíd .).

4. Por cuanto un veredicto desfavorable en un caso de pena capital debía postergarse hasta el día después de haber terminado la audiencia, no podía juzgarse tal caso en viernes o en un día anterior a una fiesta religiosa. "Por lo tanto, no se realizan juicios en víspera de sábado o de fiesta" ( Ibíd. ).

5. Los testigos que presentaran testimonios contradictorios debían ser descalificados y su testimonio era rechazado. Si los testigos "se contradicen... su evidencia es nula" ( Id . 5. 2).

6. La acusación de blasfemia, base para que Caifás demandara pena de muerte (vers. 65-66), no tenía validez. Según la Mishnah Sanhedrin 7. 5, "quien blasfema es castigado sólo si pronuncia el Nombre [divino]"; es decir, si decía el nombre Yahweh (Jehová), y el castigo por la blasfemia era la horca ( Id . 6. 4), o el apedreamiento ( Id . 7. 4). Jesús no pronunció el sagrado nombre de Dios (ver com. vers. 64).

7. Por lo menos en el caso de una persona condenada a morir apedreada, se daba toda oportunidad posible para que alguien testificara en su favor. "Se ubicaba un hombre en la puerta del tribunal con una bandera en la mano, y un jinete a cierta distancia, pero todavía a la vista del anterior. Entonces, si uno decía: ´Tengo algo [más] que decir en su favor', [el que estaba en la puerta del tribunal] agitaba la bandera y el jinete corría y los detenía. Aun si el acusado mismo decía: 'Tengo algo que alegar en mi propia defensa' se lo traía de vuelta, hasta cuatro o cinco veces, siempre que hubiera base para su afirmación. Si entonces resultaba inocente, lo liberaban; de lo contrario, salía para ser apedreado. Y un heraldo lo precedía [pregonando]: 'Fulano de tal, hijo de fulano de tal, va a ser apedreado porque cometió tal y tal falta, y fulano y zutano son sus testigos. Cualquiera que sepa algo en su favor, que venga y lo declare'" ( Ibíd . 6. 1). Evidentemente, en el juicio de Jesús no se tomaron en cuenta estas disposiciones. No hay excusa para que no se hubiera convocado a testigos defensores.

Otras infracciones del código penal judío en el juicio de Jesús fueron:

1. El juicio ante un grupo de jueces escogidos debido a su prejuicio contra el acusado, con la exclusión premeditada de miembros que simpatizaban con él (cf. DTG 648, 657).

2. El haberlo tratado como a un criminal condenado antes de que fuera juzgado legalmente y declarado culpable (cf. DTG 650, 657). Según la ley judía, se consideraba inocente a una persona mientras no se comprobara su culpabilidad (DTG 648). "Los juicios civiles pueden iniciarse para absolución o para condenación; las acusaciones en que está implicada la pena capital pueden iniciarse para absolución, pero no para condenación" ( Sanhedrin 4. 1).

3. La sentencia de muerte basada en el propio testimonio de Jesús (DTG 662).