Casa Publicadora Brasilera
Comentarios de la Lección de Escuela Sabática

I Trimestre de 2015
Proverbios

Lección 11
(7 al 14 de marzo de 2015)

Vivir por fe

Raildes do Nascimento

Introducción:

Jeremías escribió: “Así dice el Señor: Maldito el que confía en el hombre, el que se apoya en la carne, y su corazón se aparta del Señor. Será como la zarza del desierto. No verá el bien, sino que morará en la sequedad del desierto, en tierra salada e inhabitable. Bendito el que confía en el Señor, y pone su esperanza en Él” (Jeremías 17:5-7). En el contexto de la salvación, sólo hay seguridad cuando confiamos en el Señor, y no en el hombre.

Acerca de Proverbios 29:25, Champlin afirma: “El hombre que teme a otro restringe sus palabras y actos. Las personas temen decir lo que realmente creen y se sienten inseguros ante la perspectiva de que los demás los critiquen. Un tipo de temor a la audiencia los hace decir sólo que el público quiere escuchar. Se limitan en muchos casos para no perder su trabajo ni la fuente de sus ingresos. En vez de buscar la verdad, los hombres se acomodan a la combinación de verdades y mentiras a las que ya se han habituado. Muchos dogmas comienzan a ser considerados como verdad, y así transcurren los siglos y los hombres son reacios a levantar la voz, a causa del temor”.

“El que confía en el Señor está seguro” (Proverbios 29:25). En contraste con el temor del hombre, quien confía en el Señor estará seguro. Sólo beneficios pueden resultar de la confianza en el Señor. “Muchos dolores sufre el impío, pero el constante amor del Señor rodea al que confía en Él” (Salmo 32:10). Los que viven en continua dependencia de Dios y su gracia, viviendo por la fe, están siempre en paz. Es promesa del Señor. “Encomienda al Señor tu camino, confía en Él, y Él obrará” (Salmo 37:5).

Guardar la Ley

La exhortación que Proverbios nos deja aparentemente puede ser considerada excesiva, severa y cruel, pero no es así. Es correctiva. “El que aparta el oído para no oír la Ley, hasta su oración es abominable” (Proverbios 28:9). No hay perdón cuando no existe la confesión (Proverbios 28:13); si no hay Ley, no hay pecado; si no hay pecado, no hay muerte; y si no hay muerte, ¿por qué necesitaríamos de Cristo? (Romanos 7:7, 8; 6:23; 1 Juan 2:1).

Siendo que entre el ser humano y Dios debe existir una relación de amor, apoyada por el principio de la fidelidad (Éxodo 20:3), sería una arrogancia creer que ese amor debe ser una vía de una sola mano, aun cuando comprendamos que el amor de Dios es incondicional. El amor involucra límites, y puede ser expresado a través de los Mandamientos.

Para hacer más evidente la necesidad de guardar los mandamientos como un acto de sabiduría, puede utilizarse el ejemplo del matrimonio. Una pareja necesita, en primer lugar, amarse; y después seguir diversas “leyes” para que exista una relación saludable: y una de esas leyes es la fidelidad. Pero la pareja que se ama no anda con un libro de reglamentos bajo el brazo, intentando hacer lo que es correcto. En verdad, en virtud del amor, todo sucede con naturalidad, porque quien ama cuida, respeta y es fiel. Si tenemos normas para las relaciones entre un hombre y una mujer, ¿no deberíamos entonces seguir normas de conducta en la relación entre la persona y Dios? Muchos creen que la gracia los libera del compromiso vigente con la Ley (ver Romanos 6:1, 2, 15-18; Juan 14:15). La gracia falsa pretende salvar en el pecado, pero no del pecado.

Buscad al Señor

Con respecto a la relación de Dios con su Ley, que son dos puntos importantes para tener una experiencia real con Él, podemos ilustrarla de la siguiente manera: Relacionarnos con Dios es lo mismo que buscarlo, lo que resulta en guardar la Ley. Las dos cosas jamás podrían estar separadas.

Jesús les encomendó a los que profesan el cristianismo a buscar en primer lugar el Reino de Dios y su justicia (Mateo 6:33). La orden no consiste en buscar a Dios cuando se tenga tiempo, cuando no se cuente con un trabajo o cuando se tenga ganas, sino buscarlo en primer lugar, o sea, al levantarte, antes de hacer cualquier cosa, antes de encender el celular, antes de revisar los mensajes del WhatsApp, Facebook, etc., tenemos que buscar a Dios.

El verbo sugiere una ocupación continua en la búsqueda de algo, o hacer un esfuerzo vigoroso y diligente para obtener algo. Al comprender que debemos buscar al Señor en primer lugar de manera diligente, habrá otras cosas que se añadirán a nuestra vida. Entonces comprendemos claramente que Dios escruta todas las cosas, y nos revela sus verdades (Amós 3:7).

Elena G. de White escribió: “Aquel cuyo corazón está resuelto a servir a Dios encontrará oportunidades para testificar en su favor. Las dificultades serán impotentes para detener al que esté resuelto a buscar primero el reino de Dios y su justicia”.

Palabras a los ricos

Casi salva, totalmente perdida”. Esta frase puede ser aplicada a la esposa de Lot: Perdió la vida por haber mirado hacia atrás (Génesis 19:26). ¿Cuál sería el significado de mirar hacia atrás? Dirigir la mirada hacia los placeres, los vicios, las riquezas, y valorar más el reino del mundo que al reino de Dios. “La mujer de Lot miró atrás hacia la ciudad, donde estaban su hogar y sus posesiones y algunos de sus hijos. En ese momento rehusó renunciar a ellos”. Ella era naturalmente una persona irreligiosa, probablemente oriunda de Canaán”. Cristo dijo: “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21).

Hablando acerca de los ricos, Jesús dijo: “Difícilmente un rico entrará en el reino de los cielos […] Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico en el reino de los cielos” (Mateo 19:23, 24). El pecado no está en ser rico, sino en poner a la riqueza en primer lugar. Los versículos de 1 Juan 2:15-17 tratan del amor al mundo y las cosas que hay en él. Satanás le ofreció el mundo a Cristo: “De nuevo el diablo lo llevó a un monte muy alto. Le mostró todos los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: ‘Todo esto te daré, si te postras y me adoras’. Entonces respondió Jesús: ‘Vete, Satanás, que escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás” (Mateo 4:8-10). La garantía de nuestra victoria está basada en poner a Dios en primer lugar, viviendo de acuerdo con un “Escrito está”. Proverbios 28 enseña cómo hacer un buen uso de las bendiciones que recibimos: no oprimir (Proverbios 28:8); dar con gozo (Proverbios 11:24), trabajar (Proverbios 28:19), etc.

La riqueza atesorada no es meramente inútil: es una maldición. En esta vida es una trampa para el alma, pues aparta los afectos del tesoro celestial. […] El que se da cuenta de que su dinero es un talento que proviene de Dios, lo usará económicamente, y sentirá que es su deber ahorrar, para poder dar”.

Manual para los pobres

Ante Dios, el rico y el pobre están en una misma posición. Ambos están siendo invitados a la vida eterna. Pero en la parábola del rico y Lázaro Cristo mostró una ventaja del mendigo sobre el rico. Luego de que ambos murieran, el pobre fue dirigido al seno de Abrahán, mientras que el rico estaba en el infierno (Lucas 16:19-31). En Proverbios 29:13 hay un encuentro de ambos con Dios: “El pobre (ras, en hebreo), desposeído de recursos y hambriento, es lo opuesto del opresor. Moralmente, los dos son completamente diferentes, y sus vidas se alejan. Pero hay un punto en el cual se ‘encuentran’ “ y Dios, en su gracia, ofrece luz a los ojos del pobre y el opresor. Jesús es “la luz de los hombres… que alumbra a todo hombre que viene a este mundo” (Juan 1:4, 9). Ambos pueden alcanzar la verdadera luz: los ricos amando a los pobres y los pobres amando a los ricos, creyendo que Dios les otorgará su recompensa si proceden correctamente.

“El pobre que explota a los pobres es lluvia torrencial que deja sin pan” (Proverbios 28:3). Jesús contó la parábola del acreedor inmisericorde, quien debía diez mil talentos a su señor. No teniendo con qué pagar, le fue perdonada su deuda. Pero al ir a su casa, se encontró con su consiervo, quien le debía cien denarios. Y agarrándolo, lo ahogaba, diciendo: ‘Págame lo que me debes’ (Mateo 18:23-25). Champlin declaró: “El hombre que había sido oprimido se convirtió en opresor. Era un hombre de corazón duro, que nada había aprendido de su propia experiencia negativa. Esta situación es como una lluvia torrencial y pesada, que destruye las plantaciones y no deja alimento de origen agrícola en el reino. El resultado es una calamidad generalizada”.

Proverbios 28:6 muestra que “es mejor que alguien padezca necesidades materiales, y poseer riquezas espirituales en vez de riquezas materiales y ser una persona inicua”. Jesús vio a la viuda pobre dar su mejor ofrenda en el templo. Había depositado todo en el alfolí, demostrando plena confianza en Dios. Muchos habían depositado “de sus sobras, pero ella, de su pobreza, echó todo lo que tenía, todo su alimento” (Marcos 12:44). Dios no ve la cantidad, sino la calidad de aquellos que le sirven. Cuando das, El no mira tu ofrenda, sino el sacrificio que ella representa para ti.

Amar la verdad

Hay dos cosas esenciales para hacer posible que el amor desborde: “Confianza y honestidad”. Dios no tiene simplemente amor, sino que “es amor” (1 Juan 4:8).  Amar la verdad es amar a Cristo, y ser libre es guardar sus Mandamientos (Salmo 119:142; Juan 14:6). No debemos preguntarnos meramente qué es la verdad, sino ¿Quién es la verdad? Elena G. de White declara: “Cristo es la verdad. Sus palabras son la verdad, y poseen un valor mayor y un significado más profundo de lo que aparecen en la superficie. Las mentes avivadas por el Espíritu Santo discernirán el valor de estas declaraciones”.

Debemos hacer no solo que creemos que sea correcto, sino lo que Él espera que hagamos. “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos” (Juan 14:15; NRV2000). Es simple: quien ama a Dios guardará sus mandamientos. “El que tiene mis Mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama. Y el que me ama, será amado por mi Padre; y yo lo amaré, y me manifestará a él” (Juan 14:21, NRV200).

En Proverbios 29:15, 19, la corrección es oportuna y necesaria. Pablo demostró que las Escrituras son una fuente de la corrección: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y es útil para enseñar, reprender, enmendar e instruir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, cabalmente instruido para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16, 17). La corrección es para todos: niños, jóvenes, adultos y ancianos. Cuando usamos la Palabra para ello, estamos aplicando la sabiduría que proviene de lo alto.

Consideraciones finales

Reflexiona en estos dos interrogantes: 1) ¿Qué es la fe? 2. ¿Qué sería vivir por fe? La definición más común y aceptable en nuestro medio para esta pregunta es: “Fe es estar seguros de lo que esperamos, y ciertos de lo que no vemos” (Hebreos 11:1). El doctor Rodrigo Silva, hablando acerca de la fe, dice algo que pocos cristianos perciben: “La verdadera fe tiene que ser racional; lo contrario es el fideísmo. Muchos piensan en la fe como algo inexplicable, milagroso y sin ninguna explicación científica. ¿Cuál sería entonces la diferencia entre fe y fideísmo? El fideísmo es una doctrina religiosa que aborda cuestiones tales como la metafísica, la existencia de Dios, la justicia divina después de la muerte, la inmortalidad, etc. Estas posturas son inalcanzables para la razón, y sólo son comprendidas a través de la fe. Los fideístas procuran evadir cualquier argumento poder sustentar su fe en Dios sin ninguna clase de racionalización. Sin embargo, esta corriente teológica está en una aparente contradicción cuando utiliza la propia razón para exponer su doctrina, y luego negar su aplicación en cuestiones de fe. Contrariamente al fideísmo, la fe en Dios es posible cuando tienes motivos y razones para creer en Dios. En otras palabras, cuando el ser humano observa razones para creer en Él es que posee motivos para descartar la incredulidad”.

Así, es fácil entender por qué el pueblo de Israel era diferente de las demás naciones. La diferencia no estaba en el modo en el cual ellos pensaban, sino en su fe en Dios. Era una fe basada en la razón, pues tenían motivos para creer en Jehová. Las leyes transmitidas al pueblo mostraban el cuidado y el amor que Dios tenía hacia la nación, puesto que el pueblo por sí mismo jamás fue capaz de tomar decisiones correctas respecto del bien y el mal (1 Reyes 3:9), y fue de esa forma que el pueblo se mostró sabio: guardando los mandamientos.

 

Dr. Raildes do Nascimento
Profesor
Facultad Adventista de Amazonia
Benevides, Pará (Brasil)

Traducción: Rolando Chuquimia
© RECURSOS ESCUELA SABÁTICA


Se desempeñó como pastor distrital, y Director de los Departamentos de Salud, Evangelismo y Misión Global. Es doctor en Misiología, profesor de Teología Aplicada en la Facultad Adventista de Amazonia.

Champlin, Russell Normam, O Antigo Testamento Interpretado, tomo 4, p. 2684.

Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, p. 372.

Francis D. Nichol, ed.; Comentario bíblico adventista, tomo 1, p 348.

Ídem., ver Patriarcas y profetas, p. 172.

White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 286.

Champlin, p. 2682.

Ibíd., p. 2676.

Ibíd., p. 2677.

White, Exaltad a Jesús, p. 100).

Extraído de la entrevista de Jô Soares a Rodrigo P. Silva.