42. Dios es Dios de vivos y no de muertos Si los muertos están inconscientes, ¿qué quiso decir Jesús cuando afirmó, refiriéndose a Abrahán, Isaac y Jacob, que Dios no era Dios de muertos?
El incidente que provocó esta declaración lo relatan tres de los Evangelios (Mat. 22: 23-33; Mar. 12: 18-27; Luc. 20: 27-40). Para entender correctamente este pasaje necesitamos atenernos al contexto. Nótese que fueron palabras dirigidas a los saduceos, personas que creían en Dios, pero negaban la resurrección de los muertos (Mat. 22: 23; Mar. 12: 18; Luc. 20: 27). Para explicar el problema que ellos le presentaron. Jesús hizo referencia a la resurrección. Por eso citó un pasaje del Pentateuco, los cinco libros de Moisés en los que ellos sí creían. Con Éxodo 3: 6, 16, Jesús comprobó la doctrina de la resurrección (Mat. 22: 31, 32), demostrando que para Dios, gracias a la esperanza de la resurrección de los muertos, esos tres patriarcas no están muertos, solamente descansan, sólo duermen el sueño de la muerte del que serán despenados en el día de la resurrección.
Jesús recordó en sus enseñanzas muchísimas veces la resurrección de los muertos. Una vez dijo que «todos los que están en los sepulcros (no en el cielo) oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida. . .» (Juan 5: 24-29). En esa resurrección se levantarán Abrahán, Isaac, Jacob y todos los que aceptaron la salvación ofrecida por el Señor. El apóstol Pablo explica lo mismo en 1 Tesalónicenses 4: 13-18 respecto a los «que duermen» y a la resurrección de los justos. Al escribirles a los corintios hace una afirmación terminante acerca del lugar que le corresponde a la resurrección en el proceso de la salvación de los hombres. Afirmó que «si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. .. y si Cristo no resucitó vuestra fe es vana, aún estáis en vuestros pecados. Entonces los que durmieron en Cristo perecieron» (1 Cor. 15: 12-23).
En la mente de Jesús no había dudas respecto a la resurrección de los muertos, pues El mismo es «la resurrección y la vida» (Juan 11: 25). Y para que nadie dudara de esta verdad, ni los que escucharon esa declaración ni los que la leemos, resucitó a Lázaro después de haber estado en d sepulcro cuatro días. Del mismo modo, cuando Jesús, el Autor y Dador de la vida vuelva en gloria, «todos los que están en los sepulcros (no en el cielo) oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación» (Juan 5: 28, 29). En esa ocasión los sepulcros de Abrahán, Isaac y Jacob, que todavía están en la cueva de Macpela, protegidos por un monumental edificio en la ciudad de Hebrón, en Palestina, se abrirán y esos patriarcas que tuvieron fe en la simiente prometida que es Cristo (Gal. 3: 16), se levantarán de entre los que duermen, conforme a la promesa de la resurrección.
Es importante y significativo recordar que en muchísimos pasajes de la Biblia se afirma que los que murieron «duermen». En verdad no podría ilustrarse mejor el significado de la muerte. Así como una persona que duerme no tiene consciencia de lo que sucede en su derredor, del mismo modo lo está el que duerme el sueño de la muerte. Pero así como el que duerme despertará en algún momento, el que duerme el sueño de la muerte también despertará. Jesús afirmó que «todo el que vive y cree en mí, no morirá eternamente» (Juan 11: 26), es decir, no estará inconsciente eternamente, sino que despertará. Por lo tanto, para Dios no está muerto, solamente duerme. Por eso, para Dios, Abrahán, Isaac y Jacob no están muertos, sino que duermen.
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