¿Cómo enseñaba Jesús?

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No es por casualidad que Jesús era llamado “Maestro”. Tenemos que aprender mucho de sus métodos. Considere los siguientes principios que debemos asimilar y aplicar para que tengamos más éxito en este arte de influir sobre la mente y el corazón de las personas:

1. Jesús observaba al alumno. Él no solo dominaba el tema, sino que también conocía a los alumnos. “y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre” (Juan 2:25);

2. Jesús hacía preguntas. Los evangelios registran más de 100 preguntas que Jesús hizo. Él sabía muy bien que una buena pregunta capta la atención y desafía al razonamiento. Las preguntas abren el camino para la discusión y llevan al alumno a participar;

3. Jesús sabía escuchar. Hay poco mérito en formular una buena pregunta, a menos que el maestro dé tiempo para que el alumno responda. Jesús respetaba a los discípulos y los escuchaba. El diálogo es una parte importante del aprendizaje;

4. Jesús utilizaba las Escrituras. “Está Escrito” es una frase que Jesús repetía. El poder para transformar vidas se encuentra en la Palabra del Dios viviente;

5. Jesús quería que las personas pensaran por sí mismas. Sus seguidores no debían ser meros reflejos de las opiniones ajenas;

6. Jesús utilizaba repeticiones. Esta es una de las razones por las que hay cuatro evangelios en la Biblia. La repetición es un principio importante de la educación, ya que refuerza la verdad;

7. Jesús utilizaba actividades de aprendizaje. Los evangelios registran más de 50 casos en los que Jesús utilizó una actividad para enseñar. 24 de estas actividades involucraban cuatro o cinco sentidos, como, por ejemplo, la Santa Cena, el rito de humildad y el bautismo;

8. Jesús contaba historias. Las historias de Jesús son modelos de claridad, simplicidad y concisión. Las parábolas demuestran cómo él sabía usar el suspenso, la sorpresa, el contraste y el llamado a la imaginación;

9. Jesús enseñaba a las personas a aplicar el conocimiento en la vida diaria. Se necesita más que el conocimiento para cambiar una vida. Por eso, el desafío más grande del maestro es ayudar a los alumnos a transferir la verdad a sus vidas.

El maestro ideal

1. Entiende que lo que él es tiene incluso más valor que lo que sabe. Si el maestro cristiano no vive de acuerdo con lo que enseña, el efecto de sus palabras puede ser nulo. Él debe enseñar por lo que dice, por lo que hace y, principalmente, por lo que es. Por lo tanto, su autoridad proviene de su experiencia personal.

2. Mantiene una comunión habitual con Dios, a través del estudio de su Palabra y la oración. Su experiencia con Dios debe ser real y personal. De lo contrario, su contribución a los alumnos se limitará al plano intelectual.

3. Sabe que siempre será un aprendiz. Él no está al frente de su clase solo para enseñar, sino también para aprender.

Si sois llamados a ser maestros en cualquier ramo de la obra de Dios, sois también llamados a aprender en la escuela de Cristo”. (Consejos sobre la obra de la Escuela Sabática, p. 33).

Si el que acepta la responsabilidad de enseñar no posee todas las cualidades necesarias, pero siente la responsabilidad de su cargo, hará cuanto pueda para aprender» (Consejos sobre la obra de la Escuela Sabática, p. 108).

4. Ama a sus alumnos;

5. Es fiel a la doctrina. El maestro debe exponer la lección según las enseñanzas doctrinales de la iglesia. Si tiene opiniones particulares sobre doctrina, interpretación de profecías o ideas extremas acerca de la reforma de salud, etc., debe evitarlas en su exposición en clase;

6. Participa frecuentemente de la Clase de maestros. La enseñanza será en gran manera fortalecida si los maestros se reúnen para debatir juntos los puntos importantes de la lección, así como también las dificultades y las preguntas que puede despertar dudas;

7. Inspira a los alumnos a pensar por sí mismos y a expresar sus propias ideas con sinceridad;

8. Es emocionalmente estable y maduro;

9. Tiene un entusiasmo contagioso por la enseñanza que inspira a los alumnos a querer enseñar a otros;

10. Es amigable, democrático, tolerante y ayudador en su relación con los alumnos;

11. Comprende los problemas que más suelen enfrentar los alumnos en su trabajo;

12. Organiza el material y se prepara cuidadosamente para cada reunión con la Unidad; 13. Se considera principalmente un maestro, en vez de un especialista en el tema a ser estudiado;

14. Tiene una visión amplia del problema de la enseñanza;

15. Lleva a sus alumnos a asumir responsabilidades y acompaña su progreso;

16. Su comportamiento refleja los ideales cristianos;

17. ¡Tiene una amplia visión de la grandeza de su obra! “Los maestros deben esforzarse por evaluar la grandeza de su obra. Necesitan ampliar su visión; pues esta obra iguala en importancia a la del ministro cristiano.” (Consejos para los Padres, Profesores y Estudiantes, p. 498, traducción libre);

18. Es puntual;

19. Tiene un profundo sentido de la responsabilidad. “Los maestros deberían reconocer su responsabilidad y echar mano de toda oportunidad para perfeccionarse, a fin de rendir la mejor clase de servicio de una manera que tenga por resultado la salvación de las almas” (Consejos sobre la obra de la Escuela Sabática, p. 105);

20. Es un pastor maestro; no solo un educador. Esto significa que el maestro debe:

a. Cuidar con esmero del pequeño rebaño bajo su responsabilidad (Prov. 27:23);

b. Visitar a cada alumno en su hogar;

c. “Alimentar bien” a sus alumnos.

21. Es estudioso y amante de la buena lectura (Biblia, libros del Espíritu de Profecía, libros denominacionales y otros semejantes, o que sean edificantes);

22. Es atento y cortés;

23. Es un ejemplo edificante en la conducta, en la manera de hablar y de vestir, etc.;

24.Es alguien de mucha oración.

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