EL HABLAR EN LENGUAS EN 1 CORINTIOS 12 AL 14
Los capítulos 12, 13 y 15 de 1 Corintios son los únicos lugares de la Biblia donde el hablar en lenguas se analiza en detalle; por lo tanto, es importante un cuidadoso estudio de estos capítulos para evaluar bíblicamente las afirmaciones pentecostales y carismáticas con respecto a la importancia del hablar en lenguas.
No se menciona el hablar en lenguas en dos enumeraciones de los dones espirituales.
Debiera notarse, al comienzo, que Pablo analiza el hablar en lenguas solo en su epístola a los Corintios. No se encuentra ninguna referencia a este tema en sus otras epístolas. Lo más asombroso es que Pablo no mencione para nada el don de lenguas en sus otras dos listas de dones espirituales encontrados en Efesios 4:11 y 12, y en Romanos 12:6 al 8. En Romanos, Pablo específicamente menciona los dones de profecía, de servicio, de enseñanza, de exhortación, de liberalidad al dar, y de los actos de misericordia (Rom. 12:6-8), pero omite el hablar en lenguas. Seguramente, si el don de lenguas fuese una de las concesiones del Espíritu Santo, el apóstol lo habría incluido en esta lista.
También es sorprendente que las dos listas de dones espirituales de 1 Corintios 12 (vers. 8-10 y 28), las lenguas y la interpretación de las lenguas sean mencionadas al final. Pablo concluye esta unidad con la exhortación de que los creyentes debieran “procura[r]… los dones mejores” (1 Cor. 12:31). Esto sugiere que Pablo consideraba el don de lenguas de modo diferente que los corintios. Ellos se inclinaban a poner el don en primer lugar, pero el apóstol lo coloca al final, porque para él no era uno de los mejores dones. Pablo expone claramente esta convicción en 1 Corintios 14:5, diciendo: “Mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas”.
Estas observaciones introductorias debieran alertarnos ante la necesidad de mantener el análisis de Pablo del hablar en lenguas de 1 Corintios 12 al 14 en la perspectiva apropiada. Sus enseñanzas sobre las lenguas deben ser vistas como parte de su esfuerzo por abordar los tantos problemas de la congregación de Corinto.
La iglesia de Corinto era una iglesia problemática
La Iglesia de Corinto le dio a Pablo más dolores de cabeza y más disgustos que ninguna otra iglesia con las que trabajó. Como dice Anthony A. Hoekema, sucintamente: “Algunos de los problemas con los que tuvo que tratar eran: el problema de las facciones y de las actitudes hostiles, la tolerancia de la inmoralidad flagrante, el erigirse en juicio unos contra otros, el levantar juicios unos contra otros, la tentación de volver a caer en la ido latría a través de comer carnes ofrecidas a los ídolos, abusos en relación con la Cena del Señor y la negación de la resurrección del cuerpo”.25
Este contexto nos ayuda a entender por qué los corintios también tenían problemas con los dones espirituales. Su problema no era que care cían de dones espirituales (“Nada os falta en ningún don”; 1 Cor. 1:7), sino que abusaban de los dones que tenían. Esto se hace evidente a partir de una lectura cuidadosa de los capítulos 12 al 14, que sugiere que muchos corintios colocaban el don de lenguas en el primer lugar de la lista de los dones espirituales, y se enorgullecían de poseerlo y usarlo excesivamente durante el servicio de adoración.
Pablo aborda el problema mostrando que el don de lenguas estaba lejos de ser tan importante como los corintios pensaban. Para lograr este objetivo, utiliza dos estrategias. Primero, coloca el don de lenguas y la interpretación de lenguas al final de las dos listas de dones espirituales dadas en el capítulo 12 (vers. 8-10, 28). Segundo, establece reglas estrictas para el ejercicio de hablar en lenguas. Si se observaran correctamente, las reglas paulinas, como el requisito de la traducción, harían callar a la mayoría de los que hablan en lenguas actualmente.
El hablar en lenguas en Corinto y en el libro de Hechos
Antes de seguir analizando las enseñanzas de Pablo sobre el hablar en lenguas de 1 Corintios 12 al 14, necesitamos responder la pregunta: Las lenguas que se hablaban en Corinto, ¿eran similares a las mencionadas en el libro de Hechos? La mayoría de los eruditos están de acuerdo en que ambas son diferentes. El fenómeno corintio es interpretado como palabras extáticas e ininteligibles que necesitaban interpretación, mientas que el sermón de Pentecostés en varios dialektos (Hech. 2:6) es considerado como una descripción de la milagrosa capacidad otorgada a los apóstoles de hablar lenguas extranjeras comprendidas por los extranjeros que visitaban Jerusalén el día de Pentecostés.
En conclusión, el fenómeno corintio es llamado glosolalia, mientras que el fenómeno de Pentecostés es técnicamente llamado xenoglosia. Con glosolalia se da a entender, como notamos anteriormente, una emisión ininteligible y sin sentido que el que habla cree que es un verdadero idioma, pero es incomprensible para todos los demás. Por otro lado, xenoglosia es una emisión en una lengua extranjera inteligible para los que hablan y oyen la lengua.
Esta interpretación ampliamente aceptada ha sido rechazada por J. G. Davis y R. H. Gundry26 que sostienen que todas las referencias del hablar en lenguas en Pentecostés y en Corinto se refieren al hablar en lenguas extrañas. Insisten en que ni Pablo ni Lucas estaban pensando en “emisión extática” cuando se refirieron al hablar en lenguas por parte de los cristianos. Al con trario, se refieren a hablar en lenguas extranjeras conocidas. Su principal argumento es que el término griego glossa es usado comúnmente en el griego bíblico para lenguas humanas y casi nunca para “emisiones extáticas”.
Este argumento etimológico no es convincente, porque Pablo usa glossais para las lenguas de los ángeles (1 Cor. 13:1) que no son lenguajes humanos. Además, dice que “el que habla en lenguas–glosse no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende” (1 Cor. 14:2). Es poco proba ble que, en estos contextos, lenguas signifique idiomas humanos conocidos, puesto que nadie puede entenderlas. Los léxicos griegos indican que glossa puede indicar no solo idiomas humanos conocidos, sino además emisiones incoherentes de ciertas formas de fervor espiritual.27
Está claro que el significado de glossa–lengua debe determinarse por el contexto, porque a veces a un término común se le puede dar un nuevo significado al describir un fenómeno nuevo. Este parece ser el caso en la congregación de Corinto, donde el hablar en lenguas claramente se refiere, como veremos, a un comportamiento verbal anormal.
Diferencias entre el hablar en lenguas de Hechos y 1 Corintios
Una comparación entre los relatos del hablar en lenguas de Hechos y 1 Corintios muestra algunas diferencias significativas.
- Las lenguas de Corinto solo podían ser entendidas cuando eran interpretadas por quien hablaba (1 Cor. 14:13) o por un miembro presente en la asamblea (1 Cor. 14:28-28). Este no fue el caso en los tres episodios de lenguas registrado en Hechos, cuando el pueblo escuchó a los discípulos “en nuestra lengua en la que hemos nacido” (Hech. 2:8). No fue necesaria ninguna traducción o interpretación.
- Las lenguas de Corinto están asociadas con un “sonido–phonai” (1 Cor. 14:8-11) que necesitaba ser interpretado. En comparación, las len guas de Pentecostés fueron oídas como “lengua–dialektos” (Hech. 2:6, 8; comparar con Hech. 1:19; 21:20; 22:2; 26:14) que no requerían traducción ni interpretación para las personas que hablaban esas lenguas.
El uso del término phonon–sonido muy probablemente esté influen ciado por el ejemplo anterior del sonido–phonen de los instrumentos sin vida, como la flauta, la cítara y la trompeta. Si el sonido de estos instrumentos no es claro, nadie “sabrá lo que se toca” y nadie “se preparará para la batalla” (1 Cor. 14:7-8). Del mismo modo, Pablo explica que el discurso debe tener un sonido claro para comunicar un mensaje. De lo contrario será como “hablar… al aire” (1 Cor. 14:9). El hecho de que el sonido de los corintios que hablaban en lenguas era confuso, sugiere que no hablaban lenguas conocidas como lo hicieron los discípulos en Hechos 2.
- El propósito de hablar en lenguas en Corinto era la autoedificaci ón (1 Cor. 14:4), mientras que el propósito en Hechos era la validación y la confirmación del derramamiento del Espíritu Santo y la preparación de los creyentes para predicar el evangelio a muchas naciones (Hech. 2:5-11). Nada indica que las lenguas eran usadas en Corinto para predicar el evangelio a los no creyentes.
- El hablar en lenguas de Hechos 2 ocurrió bajo las circunstancias especiales del derramamiento del Espíritu Santo el día de Pentecostés. Esas circunstancias especiales no estaban presentes en Corinto.
- En Hechos, el hablar en lenguas “parece haber sido una experiencia inicial irresistible y temporal, pero en Corinto era un don continuo bajo el control del que hablaba (1 Cor. 14:27, 28)”.28
- El libro de Hechos no contiene ningún ejemplo de cristianos que hablaran en lenguas durante un servicio religioso. En comparación, en Co rinto parece haber habido varios miembros de iglesia que tenían una pasión consumidora por hacer alarde de su don de lenguas. Como señala William Richardson: “Pablo estaba pidiendo un canto congregacional, mientras que los que hablaban en lenguas lo único que entonaban eran solos vocales”.29
- En cada caso de hablar en lenguas informado en Hechos, todos los del grupo recibieron el Espíritu Santo y hablaron en lenguas. En comparación, en Corinto solo algunos hablaban en lenguas (1 Cor. 14:27), pero todos tenían muchas ansias de hablar al mismo tiempo, dando la impresión a las personas de afuera que estaban “locos” (1 Cor. 14:23).
Estas observaciones sugieren claramente que existen diferencias importantes entre el hablar en lenguas relatado en Hechos y el relatado en 1 Corintios. Lo más probable es que las diferencias abarcaban no solo el propósito y la operación de hablar en lenguas, sino además la naturaleza de las lenguas en sí.
La naturaleza y la función de las lenguas en Corinto
Hemos concluido que el hablar en lenguas de Corinto era diferente del que se relata en Hechos. Ahora, el tema más difícil de resolver es la definición de la naturaleza de las lenguas en Corinto. Hemos descubierto que no es una lengua extranjera, sino una clase de “discurso extático”. La palabra “extático” se usa aquí no como un término técnico, sino como la descripción de una experiencia que era profundamente personal y emocional en su naturaleza.
William Richardson nota: “Una cosa es clara, los seres humanos son criaturas complejas y emocionales, y a veces esas emociones afloran como expresiones que no se tiene la intención de que sean oídas o apreciadas por ningún receptor. Todo esto sugiere que la experiencia de las lenguas detrás de todos los abusos corintios se suponía que era personal, o al menos algo que quedaba solo entre el creyente y su Dios”.30 Esto explica por qué Pablo reprende a aquellos corintios que desplegaban egoístamente en público lo que estaba pensado que fuese una experiencia privada.
Lo más probable es que el don espiritual escondido detrás de los abusos originalmente haya sido una experiencia personal de oración y de alabanza difícil de poner en palabras. “Sin embargo, ocasionalmente irrumpía en una vocalización de embelesamiento, similar a las expresiones continuas de ‘aleluya’, que necesitarían ‘interpretación’ antes de que alguien más pudiera beneficiarse plenamente de las razones detrás de ese entusiasmo”.31
En una ocasión me invitaron a hablar en una Iglesia Adventista del Séptimo Día donde presencié durante el servicio de alabanza que tres miembros se ponían de pie, levantaban las manos y pronunciaban sonidos extraños. Mi primera impresión fue que estas personas tenían serios problemas emocionales y mentales. Pero cuando hablé con ellos después del culto, descubrí que eran coherentes y emocionalmente estables. Aparentemente, sintieron la necesidad de expresar sus sentimientos por medio de palabras extrañas que eran “indecibles”. Es importante reconocer que hay diferentes personas que experimentan las realidades espirituales de diferentes formas.
Puesto que se requería interpretación (“el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla”; 1 Cor. 14:13), el hablar en lenguas originalmente tenía la intención de ser una experiencia espiritual privada. Pero dado el deseo de los corintios de manifestar públicamente su don (“que anheláis dones espirituales”; 1 Cor. 14:12), lo que comenzó como una experiencia espiritual se convirtió en una manifestación pública de hablar en lenguas por parte de personas con muchas ansias de mostrar su espiritualidad.
Aparentemente, en Corinto se había acumulado mucha presión para que los miembros manifiesten públicamente su don de hablar en lenguas, aunque nadie pudiese interpretar lo que se decía. El resultado fue una confusión total que llevó a las personas de afuera a decir “estáis locos” (1 Cor. 14:23). Esto explica po r qué Pablo se sintió obligado a establecer reglas estrictas con el fin de corregir el abuso y restaurar el orden en el culto de adoración.
El hablar en lenguas en Corinto y entre los carismáticos en la actualidad es popular, porque brinda un medio perfecto de conseguir prestigio espiritual sin correr el riesgo de fraude, puesto que nadie en la iglesia puede distinguir si el que habla en lenguas es divinamente inspirado o lo saca de su mente. En comparación, el don de profecía, que conlleva la capacidad de presentar mensajes de “edificación, exhortación y consolación” (1 Cor. 14:3), es mucho más difícil de camuflar, porque su mensaje puede ser entendido claramente y evaluado en la iglesia. De modo que al promover el discurso profético en vez del hablar en lenguas, lo más probable es que Pablo intentara eliminar el fraude en la iglesia de Corinto.
El abuso de los corintios del hablar en lenguas debe haber sido un problema local porque el Nuevo Testamento no menciona ninguna otra iglesia con un problema similar. Una explicación parcial podría ser la ubicación de la iglesia de Corinto en la proximidad de templos paganos donde los sacerdotes y las sacerdotisas comunicaban oráculos; es decir, mensajes extraños de los dioses. Por ejemplo, en el templo de Afrodita en Corinto “los oráculos griegos con sus sacerdotes y sacerdotisas desenfrenados brindaban un medio fértil para el fenómeno de las lenguas en Corinto. Podríamos entender fácilmente que este problema debió surgir en Corinto y recibir demasiada presión, mientras que no surgió en lugares como Filipo”.32 En otras palabras, las prácticas de adoración en los templos paganos locales influyeron en los creyentes corintios para usar lenguas extáticas en el servicio de culto. Como observa William Richardson: “dadas sus conexiones religiosas y comportamientos anteriores, no debiera sorprendernos si algunos de los corintios no estuviesen satisfechos con un tipo de culto de adoración tranquilo, circunspecto y de oración silenciosa”.33
1 Corintios 12: Las lenguas mencionadas al final en las dos listas de dones espirituales.
La iglesia de Corinto, como señalamos anteriormente, era una iglesia problemática. Uno de sus problemas se relacionaba con los dones espirituales. Los miembros de la iglesia de Corinto, como hemos notado, no carecían de dones espirituales (“nada os falta en ningún don”; 1 Cor. 1:7); sin embargo, eran culpables de abusar de esos dones. En 1 Corintios, capítulos 12 al 14, Pablo indica claramente que muchos cristianos estaban colocando el don de lenguas en el primer lugar de la lista de las concesiones espirituales. Tenían muchas ansias de ejercitarlo excesivamente en sus reuniones. La prevalencia del discurso extático entre los sacerdotes y sacerdotisas desenfrenados del templo cercano de Apolo en Delfi debe haber influido en los corintios para asignarle un elevado valor al hablar en lenguas. Pablo aborda el problema en estos capítulos mostrando que el don de lenguas estaba lejos de ser tan importante como los corintios pensaban. Notamos anteriormente que en las dos listas de dones espirituales que Pablo da en 1 Corintios 12:8 al 10 y 28, que las lenguas y su interpreta ción se mencionan al final. ¡Lo más sorprendente es el hecho de que en las otras dos listas paulinas de dones espirituales que encontramos en Efesios 4:11 y 12 y en Romanos 12:6 al 8, el hablar en lenguas no se mencionan en absoluto! Si el don de lenguas era un atributo espiritual tan extraordinario, Pablo lo habría mencionado allí, pero no hallamos rastros de él. La ausencia del hablar en lenguas en Efesios y en Romanos, al igual que su ubicación al final de la lista en 1 Corintios debiera convencer a los contemporáneos que hablaban en lenguas de que su intento de hacer que el don de lenguas prime como don espiritual carece de sustento bíblico.
1 Corintios 12: La iglesia como un cuerpo con muchos miembros
En los versículos 12 al 27 de 1 Corintios Pablo ilustra cómo el Espíritu “repart[e] a cada uno en particular como él quiere” (v. 11) los dones espirituales, al comparar a la iglesia con un cuerpo con muchos miembros. Lo que quiere destacar es que, puesto que el Espíritu da diferentes dones a varios miembros, no podemos esperar que todos tengan el mismo don. “Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído?” (1 Cor. 12:17). El argumento de Pablo es una reprimenda velada para los que promovían el hablar en lenguas como un don espiritual que todos debían poseer.
El versículo 30 indica que no todos los creyentes corintios tenían el don de lenguas: “¿hablan todos lenguas?” Aparentemente los que no tenían el don de lenguas se sentían inferiores a los que sí lo tenían, puesto que se 306 Capítulo 8 le daba tanta importancia a este don. Pablo rechaza esa idea falsa, aún muy popular en la actualidad, de que la capacidad de hablar en lenguas eleva a una persona por sobre los otros creyentes que no han recibido la plenitud del Espíritu. Sostiene que todos los dones espirituales son necesarios para el buen funcionamiento del cuerpo. Nadie puede decir: “No tengo necesidad de vosotros” (1 Cor. 12:21).
No existe el menor indicio en 1 Corintios 12 o en el capítulo 14 de que el hablar en lenguas confirme el bautismo del Espíritu Santo como afirman los pentecostales actualmente. Pablo insta a los corintios: “Procurad, pues, los dones mejores” (1 Cor. 12:31). La implicación es que existen dones de mayor valor. Él lo manifiesta al colocar las lenguas y su interpretación al final de las dos listas de dones espirituales.
1 Corintios 13: La preeminencia del amor
Para poner en evidencia la verdad de que hay algo mucho más importante que el don de lenguas o cualquier otro don espiritual, Pablo se toma tiempo en 1 Corintios 13 para mostrar “la preeminencia” del amor. Este capítulo funciona no meramente para exaltar la preeminencia del amor, sino para colocar el don de lenguas y todos los dones del Espíritu en su contexto apropiado.
“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe” (1 Cor. 13:1). Esta es una oración hipotética, porque nadie puede hablar las lenguas de los ángeles. El tema es que incluso si pudiésemos hablar en una lengua angélica, si no tenemos amor, seríamos como un metal que resuena o un címbalo que retiñe. Sin amor, nuestro hablar en lenguas no valdría nada, sería hueco e hipócrita.
La enseñanza de Pablo es evidente. El hablar en lenguas tiene algún valor, pero es mucho más importante para nuestra vida estar llenos de amor. Nuestro objetivo principal no debiera ser la posesión de los dones como el hablar en lenguas, sino el cultivo del amor que es más grande incluso que la fe y la profecía. El impulso de todo el capítulo es: si “no tengo amor, de nada me sirve” (1 Cor. 13:3).
1 Corintios 14:1: La profecía es superior al hablar en lenguas
Pablo abre el capítulo 14 reiterando el impulso principal del capítulo 13, a saber: “Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis” (1 Cor. 14:1). En otras palabras, los dones espirituales deben ser usados para expresar amor, no para promover el prestigio y el honor de cada uno.
Entonces Pablo aborda sin preámbulos el problema de muchos corintios que preferían el don de lenguas por sobre los demás dones. Pablo declara inequívocamente que ellos debieran desear ávidamente “sobre todo que profeticéis” (1 Cor. 14:1). La razón dada es una amplificación del tema del capítulo 13: “El que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación. El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia” (vers. 3-4).
A lo largo de todo el capítulo, Pablo enfatiza el contraste entre las lenguas y la profecía, favoreciendo a la profecía, porque puede edificar a toda la iglesia, mientras que el que habla en lenguas solo se edifica a sí mismo. La frase “a sí mismo se edifica” sugiere que el que hablaba en lenguas no hablaba lenguas extranjeras, porque es difícil creer cómo una persona podría edificarse a sí misma hablando chino en una congregación donde no había ningún chino presente y donde el idioma chino era desconocido para el que lo hablaba.
En vista de la importancia del amor y del hecho de que nuestros dones han de servir a toda la iglesia, es evidente que la profecía es superior a las lenguas, puesto que estas últimas no eran entendidas, a menos que fuesen interpretadas. Por lo tanto, Pablo continúa: “Quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación” (vers. 5).
Los pentecostales apelan a la primera parte de 1 Corintios 14:5 (“Quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas”) para sostener que Pablo quiere que todos busquen el don de lenguas. Para llegar a esta conclusión, sacan la primera oración fuera de contexto. Cuando se lee junto con el resto del versículo, el significado es completamente diferente: “Quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas, pero más que profetizaseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas” . Y en el versículo 39 Pablo resume toda la discusión, tolerando las lenguas y encareciendo positivamente la profecía: “Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas”. Pablo permite las lenguas bajo condiciones estrictas, pero promueve activamente la profecía, porque esta edifica a toda la congregación.
1 Corintios 14:2 al 5: La naturaleza del don de profecía
Casi todos los comentadores concuerdan en que el don de profecía mencionado en 1 Corintios 14 consistía no tanto en comunicar nuevas verdades o predicciones a la iglesia, sino en expandir verdades conocidas que generalmente eran desatendidas. Notamos anteriormente que Pablo habla de profetizar en Corinto en el sentido amplio de comunicar a la congregación un mensaje de exhortación de parte de Dios. “El que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación” (1 Cor. 14:3).
Este ministerio profético de “edificación, exhortación y consolación” (1 Cor. 14:3) no estaba restringido a algunos pocos “profetas” con habilidades predictivas (como Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel), sino que estaba abierto a todos: “Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados” (1 Cor. 14:31). En otras palabras, cada miembro puede recibir en determinado momento un mensaje profético de exhortación y consolación para compartir con la congregación. Esos mensajes eran más útiles que hablar en lenguas porque edificaban a toda la congregación.
Dado que a los miembros de iglesia se les dice que “juzguen” o que “pesen cuidadosamente” los mensajes de los profetas (vers. 29), evidentemente los mensajes de los profetas habían de estar en armonía con las verdades reveladas. Además, Pablo requiere que un profeta “reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor” (vers. 37). Esto nos lleva a la conclusión de que Pablo consideraba el don profético de la exhortación y la enseñanza de las verdades bíblicas más útiles que el don de hablar en lenguas, pero incluso los mensajes proféticos habían de ser probados por la congregación para garantizar que armonizaban con las verdades reveladas.
1 Corintios 14:6 al 13: La analogía entre el hablar en lenguas y los instrumentos musicales
En los versículos 6 al 13, Pablo continúa mostrando que la profecía es superior al hablar en lenguas, al comparar esto último con las notas de una flauta, cítara o trompeta con sonidos desafinados o indefinidos, que causan confusión entre los oyentes: “¿Cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara? Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?” (vers. 7-8). Entonces hace una analogía explícita, diciendo: “Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire” (vers. 9). La implicación es clara. Los que hablaban en lenguas pronunciaban palabras ininteligibles que nadie podía comprender. Este versículo no puede armonizar en absoluto con el concepto de las lenguas como una lengua extranjera. Esta expresión tan aguda fue diseñada para exponer enérgicamente el error de cualquier creyente cristiano que todavía estaba sobreestimando su don de hablar en lenguas.
La referencia al sonido–phonai de instrumentos musicales a Pablo le sugirió otra analogía; a saber, la de la conversación entre dos personas que pronuncian sonidos–phonai carentes de sentido. “Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado. Pero si yo ignoro el valor de las palabras, seré como extranjero para el que habla, y el que habla será como extranjero para mí” (vers. 10-11).
Hasta este punto, y en todo el resto del capítulo, Pablo sistemáticamente emplea formas de la palabra glossa para referirse a la experiencia de las len guas. Pero de repente, en el versículo 10 cambia a phonai–sonido. ¿Por qué? Lo más probable es que haya querido mostrar que los que hablaban en lenguas en Corinto pronunciaban sonidos extraños, lenguas extrañas incomprensibles. Esto hizo que Pablo arribara a una conclusión obvia: “Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla” (vers. 13), porque sin interpretación el don es inútil para la iglesia.
El hecho de que se le pida al que hablaba en lenguas que ore para tener la capacidad de interpretar lo que dice, plantea una pregunta acerca de la capacidad del que habla de comprender e interpretar sus propias palabras. ¿Por qué el que habla en lenguas debiera orar por separado por el don de interpretación? ¿Por qué el Espíritu le daría primeramente palabras ininteligibles y luego proveería la interpretación para los que oraran por ella? “Un contexto así –como señala Willam Richardson–, haría que verdaderamente sonara extraño orar por un don de interpretación por separado. Es difícil imaginarse bajo qué circunstancias el Espíritu le permitiría a un apóstol hablar una lengua extraña y a su vez no le revelara el necesario don de la interpretación. Por otro lado, si la glosolalia cristiana era una experiencia eufórica personal, entonces corresponde la oración para entender e interpretar su significado”.34
1 Corintios 14:14 al 19: La oración debe abarcar las emociones y el intelecto
En la siguiente sección (vers. 14-19), Pablo explica con más detalle por qué es tan importante la interpretación. Aparentemente, algunos corintios creían que se podían experimentar las realidades espirituales más plenamente al emplear las emociones (“mi espíritu”), en vez del intelecto (“mi entendi miento”). Pablo indica que este es un serio error. “Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto. ¿Qué, pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento” (vers. 14-15).
La propuesta de compromiso de Pablo quizá suene imparcial, pero en realidad Pablo enfatiza la importancia de emplear la mente en la oración y la alabanza públicas para que cualquier persona presente pueda expresar su asentimiento, diciendo “Amén”. “El que ocupa lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que has dicho” (vers. 16). Todo el tema se resume en el versículo 17: “Porque tú, a la verdad, bien das gracias; pero el otro no es edificado”. En otras palabras, orar o alabar en lenguas debe ser inteligible, porque debe edificar a la congregación.
Al eludir cualquier crítica posible por parte de los fanáticos que hablaban en lenguas a los que no se les entendía su don, Pablo les asegura a los corintios que él podría hablar en lenguas mucho más que todos ellos (vers. 18), pero en la iglesia prefiere “hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida” (vers. 19). Esta declaración sugiere que los que hablaban en lenguas no estaban hablando en lenguas extranjeras comprensibles, sino que pronunciaban muchas palabras ininteligibles. La implicación amplia es que, cuando la mente se emplea en su totalidad, entonces el lenguaje es inteligible y puede edificar a la congregación. En comparación, las palabras dichas “en lengua desconocida”, aunque se multiplicasen infinitamente, no instruyen ni edifican a la congregación.
1 Corintios 14:20 al 25: El hablar en lenguas puede ser una señal de inmadurez espiritual, incredulidad y juicio divino
En la siguiente sección del capítulo (vers. 20-25), Pablo explica cómo es que la exaltación indebida del don de lenguas es una señal de un pensamiento infantil e inmaduro. “Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar” (vers. 20). Para ilustrar el pensamiento inmaduro, Pablo se refiere a un incidente de la época de Isaías, cuando Dios advirtió que le hablaría a Israel por medio de personas de “extraña lengua”. “En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor” (comparar con Isa. 28:11).
El acontecimiento tenía la intención de conducir al pueblo al arrepentimiento pero, en cambio, él en su terquedad se negó a escuchar: “Mas no quisieron oír” (Isa. 28:12). “El cumplimiento vino poco tiempo después cuando el rey asirio, Senaquerib, envió a su dirigente militar, el Rabsaces, para amenazar al rey Ezequías con invadirlo, derrotarlo y exhortarlo a rendirse. El hecho de que Dios enviara una advertencia previa de los eventos venideros sirvió como señal. Desafortunadamente, la señal cayó en oídos sordos. A pesar de oír las voces extrañas y el lenguaje diferente del destacamento asirio de avanzada en sus calles, los israelitas continuaron en rebeldía y le prestaron poca atención a las tantas palabras de advertencia de Isaías y de los otros verdaderos profetas. De modo que esa ‘señal’ resultó ser una ‘señal… a los incrédulos’ que tercamente lo ignoraron”.35
Es de notar que los incrédulos de Isaías 18:11 no son extranjeros, sino los mismos israelitas que habían rechazado la clara palabra de Dios pronunciada por medio de los profetas; por consiguiente, habían caído en un descreimiento tal, que Dios permitiría que las lenguas extranjeras de Asiria les den el mensaje por él. El hecho de que se le dirija la palabra en una “lengua [que ] no entiendas” era un tema común de juicio en el Antiguo Testamento (Deut. 28:49). Por ejemplo, al igual que Isaías, Jeremías predice el juicio de Dios sobre la apostasía de Judá, diciendo: “He aquí yo traigo sobre vosotros gente de lejos, oh casa de Israel, dice Jehová;… gente cuya lengua ignorarás, y no entenderás lo que hablare” (Jer. 5:15).
Pablo usa el pasaje de Isaías 28:11 de la misma manera para mostrar que, así como las lenguas asirias les sirvieron como señal de su incredulidad a los israelitas, así también la proliferación desmedida de las lenguas por parte de algunos miembros corintios era una señal de su incredulidad.
En la selección paulina de Isaías 28:11 está implícita una acusación contra los corintios por su incredulidad manifestada en su abuso del hablar en lenguas, entre otras cosas. Esto debe ser visto como un síntoma de un problema mucho más grande, dado que cada capítulo anterior a 1 Corintios 14 conlleva alguna forma de acusación contra ellos por su conducta indisciplinada e inmoral.
Para esos cristianos que tenían la tendencia a parecer más espirituales que los otros de la iglesia, el hablar en lenguas era un medio perfecto para obtener ese prestigio, puesto que el riesgo de fraude se minimizaba por el hecho de que nadie en la iglesia podía distinguir si el que hablaba en lenguas era divinamente inspirado o lo sacaba de su mente. En comparación, el don de profecía era claramente entendido y evaluado por la iglesia.
Lo esencial es que Pablo les está advirtiendo a los corintios que la proliferación de las lenguas en la iglesia era un fenómeno ilícito. Cuanto más se involucraran en esa conducta, más se mostrarían como incrédulos, al igual que los judíos de la época de Isaías, que ya no querían oír más el claro mensaje profético. Por consiguiente, Dios los forzó a oír su palabra a través de las lenguas barbulladas de los opresores asirios.
1 Corintios 14:22: Las lenguas son una señal para los incrédulos
A la luz de la experiencia de los judíos apóstatas en la época de Isaías, Pablo declara: “Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes” (1 Cor. 14:22). Como las lenguas se convirtieron en una señal del juicio inminente de los judíos incrédulos de la época de Isaías, así la proliferación masiva de las lenguas en la iglesia de Corinto era una señal de pecado e incredulidad. La incredulidad no se manifestaba en el rechazo del mensaje cristiano, sino en la exhibición de una pseudo fe que buscaba la glorificación propia. Aunque cuando se las usa legítimamente, las lenguas siguen siendo un don de Dios, la historia muestra que el hablar en lenguas legítimo ocurre raras veces.
El hablar en lenguas moderno es promovido como una experiencia espiritosa. No obstante, bajo este perfil yace una indiferencia total de las di rectrices bíblicas con respecto al don de lenguas. Las investigaciones muestran que la glosolalia moderna es una experiencia autogenerada y aprendida. Es un fenómeno inducido psicológicamente que se basa en la vasta fuente de información almacenada en el trasfondo lingüístico del hablante.
Así como Pablo caracteriza la proliferación de las lenguas de Corinto como señal para los incrédulos acerca del juicio subsiguiente, así también la proliferación de las lenguas en los tiempos modernos es una de las señales que revelan la condición espiritual desesperada de la raza humana. Es una señal de que muchos escogen adorar a Dios a través de una excitación autoinducida y artificial, y no por medio del orden y la decencia (1 Cor. 14:40) de la verdadera adoración. Es una señal para llamar a la humanidad a la verdadera adoración a Dios en vista del juicio inminente que se avecina. “Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Apoc. 14:7).
1 Corintios 14:23 al 25: Las lenguas no son una señal para los incrédulos
La declaración de Pablo en el versículo 22 de que “las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes” parece contradecirse con los dos versículos siguientes (vers. 23-25) que declaran lo opuesto: los incrédulos se ofenden con el hablar en lenguas, pero se convencen y son salvos por los mensajes proféticos. “Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos? Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado; adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros” (1 Cor. 14:23-25).
¿De qué modo el hablar en lenguas puede ser una señal para los in crédulos en el versículo 22 y una ofensa para los incrédulos en el versículo 23? La definición de esta aparente contradicción se encuentra en los dos contextos diferentes. El contexto del versículo 22 son los judíos infieles que rechazaron no solo los claros mensajes proféticos, sino también la advertencia de avanzada que se les dio en las lenguas extranjeras con los labios tartamudos de los invasores asirios. Esta experiencia representa el rechazo tenaz de muchos corintios en hacerle caso a las directrices de Dios acerca del hablar en lenguas, que en vez de eso prefirieron mostrar su pseudo fe. De modo que, para ellos, las lenguas son una señal de su incredulidad a ser visitada por el juicio de Dios.
El contexto de los versículos 23 al 25 es un “incrédulo” que busca la verdad. Entra en la reunión cristiana cuando “todos hablan en lenguas” (vers. 23). Reacciona diciendo que esto debe ser un loquero: “Estáis locos” (vers. 24). Pero el mismo incrédulo responde a la proclamación profética inteligible del evangelio, es convencido de pecado y adora a Dios (vers. 25). Para él, la confusión causada por el hablar en lenguas era una señal de locura, pero el mensaje profético que expresaba las Buenas Nuevas de la salvación era una señal del amor de Dios. Los dos contextos diferentes explican por qué las lenguas son una señal para los incrédulos en el versículo 22, y no son una señal para los incrédulos en el versículo 23. El ex incrédulo es cualquier no cristiano en busca de la verdad que es receptivo al mensaje del evangelio.
1 Corintios 14:26 al 33: El abuso del don de lenguas
La siguiente sección de 1 Corintios 14:26 al 33 describe varios abusos del hablar en lenguas entre los corintios. Estos consistían especialmente en que varias personas hablaban en lenguas al mismo tiempo (vers. 27) y en hablar en lenguas sin que se dé ni que se procure su interpretación (vers. 28). Para remediar el problema, Pablo da las siguientes claras instrucciones: “Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios” (vers. 27-28).
Estas restricciones definidas garantizaban el orden y el decoro durante el servicio de adoración. “Pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz” (vers. 33). Puesto que Dios es el autor del orden y no de la confusión, es razonable asumir que él no inició todo el asunto de hablar en lenguas que se estaba dando en la iglesia de Corinto. El Espíritu Santo no podría haber inspirado a alguien a hablar en una lengua mientras otra persona estaba ha blando, o hacer que alguien hablara sin inspirar a alguien más con el don de la interpretación para interpretar la lengua.
Siendo así, el hablar en lenguas desenfrenado de Corinto debe haber provenido de otra fuente. Lo más probable es que la fuente fuesen los mismos corintios que estaban muy ansiosos de lucir su ego demasiado inflado. Para algunos cristianos, soltar algo que sonara como hablar en lenguas a fin de obtener reconocimiento tal vez haya si como respirar naturalmente.
Puesto que el Espíritu Santo no les dio a todos los cristianos la capacidad de hablar en lenguas, es posible que algunos de los que no tenían el don se hayan puesto celosos de sus hermanos que sí lo tenían, de modo que fingían que ellos también tenían el don. Pablo no dice abiertamente que la manifestación de hablar en lenguas en Corinto no era inspirada por Dios. Meramente afirma que Dios no es el originador de la confusión. La implicación es clara. Dios no inició la experiencia de las lenguas ilícitas en la congregación de Corinto. La confusión tuvo lugar por no seguir las instrucciones de Dios; por consiguiente, el hablar en lenguas de los corintios no podría haber sido en absoluto de origen divino, puesto que Dios no se contradice.
1 Corintios 14:26 al 33: Restricciones definidas con respecto al hablar en lenguas
Es importante notar lo que dice Pablo acerca de ejercitar el don de lenguas. No descarta el hablar en lenguas totalmente, sino que lo permite bajo restricciones muy definidas. Primero, establece que solo a dos o tres personas les está permitido hablar en una lengua en alguna reunión y no han de hablar al mismo tiempo sino sucesivamente: “Habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno” (vers. 27).
Segundo, cada expresión en lenguas ha de ir acompañada de una interpretación. Si no hay intérprete, entonces nadie ha de hablar en lenguas en el servicio de culto: “… y uno interprete. Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios” (vers. 27-28). Pablo prohíbe claramente ciertos tipos de hablar en lenguas: el hablar en lenguas que causa confusión en la iglesia, que se hace sin interpretación, que tiene la intención de realzar el prestigio personal, y que no edifica a la congregación.
Es evidente que estas reglas básicas son ignoradas por los que hablan en lenguas en la actualidad. Las reuniones pentecostales y carismáticas, incluso las transmitidas por TV para consumo público, muestran total confusión mientras veintenas de personas se paran, alzan las manos y emiten sonidos extraños e incomprensibles. Generalmente no se brinda ninguna interpretación. Si los de afuera entran en esas reuniones, como dice Pablo: “¿no dirán que estáis locos?” (1 Cor. 14:23). La completa inobservancia de las restricciones bíblicas sobre el hablar en lenguas muestra que gran parte del hablar en lenguas actualmente no es inspirado por el Espíritu de Dios, porque Dios es un Dios de orden, no de confusión.
Conclusiones extraídas de 1 Corintios 12 al 14
Nuestro examen de 1 Corintios 12 al 14 conduce a varias conclusiones importantes acerca del hablar en lenguas. Pablo no prohíbe el hablar en lenguas, pero definidamente no reconoce el elevado valor que le atribuyen los pentecostales y los carismáticos. Mientras que los corintios colocaban el hablar en lenguas en el primer lugar de la lista de los dones espirituales, Pablo lo ubica al final.
Pablo advierte severamente contra cualquier elevación ilícita de las lenguas por encima de los otros dones, y advierte que la proliferación de las lenguas en la iglesia es una señal de incredulidad, porque crea una pseudo fe. A la inversa, en el movimiento carismático moderno, el hablar en lenguas es fomentado como el sello distintivo del bautismo del Espíritu Santo; sin embargo, debajo de este perfil hay una indiferencia total hacia las directrices bíblicas con respecto al hablar en lenguas. Esto en sí sugiere un origen ilícito del movimiento.
Pablo reprende la mentalidad que considera que la capacidad de hablar en lenguas es una señal del bautismo del Espíritu Santo. Claramente afirma en 1 Corintios 14:22 que “las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos”. Notamos anteriormente que, a la luz del pasaje de Isaías 28:11, el incrédulo que Pablo tiene en mente no es uno de afuera, sino algunos miembros corintios que estaban ansiosos de fomentar la proliferación desmesurada de las lenguas, en contra de las directrices de Dios.
La esencia de todo el análisis acerca del hablar en lenguas de 1 Corintios 12 al 14 es que la prueba de estar llenos del Espíritu Santo no es la glosolalia, sino un abundante amor mutuo. El hablar en lenguas, para Pablo, no es una señal de madurez espiritual, sino lo opuesto. “Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar” (1 Cor. 14:20).
La iglesia de Corinto es la única iglesia del Nuevo Testamento que tenía numerosas personas que hablaban en lenguas. Esto no puede ser interpretado como una señal de madurez espiritual, puesto que Pablo inculpa a los que hablaban en lenguas de gran parte de la confusión y de la falta de edificación espiritual en la iglesia. En ningún lugar Pablo les dice a sus lectores que deben procurar el don de lenguas. No encontramos el menor indicio de que el hablar en lenguas fuese el sello distintivo de la espiritualidad o una prueba de fuego del crecimiento espiritual. En todo caso, Pablo enfatiza lo contrario. Exhorta a los corintios a procurar el don de profecía: “Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas; pero hágase todo decentemente y con orden” (1 Cor. 14:39-40)
Pablo nunca pone a las lenguas como un objetivo que deben alcanzar los cristianos. Puesto que toda la energía de 1 Corintios 12 al 14 está puesta en atenuar el entusiasmo de los corintios en cuanto al hablar en lenguas, los que hablan en lenguas actualmente harían bien en respetar las enseñanzas de Pablo al reconocer la naturaleza secundaria del don. En todo 1 Corintios 14 Pablo claramente está a favor de la profecía por sobre las lenguas, porque los mensajes proféticos beneficiaban a la iglesia en general, no solo al individuo. “El que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación” (1 Cor. 14:3). Repetidamente, Pablo enfatiza que la participación en la adoración eclesiástica debe beneficiar a toda la congregación.
La influencia pentecostal hoy se siente en todas las líneas denominacionales. Incluso las iglesias que no han cedido a los extremos del movimiento han adoptado parte del razonamiento que está detrás de este movimiento. El aspecto del culto está cambiando y la necesidad de las doctrinas es menospreciada. La dirección del Espíritu sustituye las directrices de la Palabra de Dios. Los sentimientos han reemplazado la verdad objetiva. Debemos ser cuidadosos para no permitir que estas tendencias se infiltren en nuestras iglesias. Que nuestra adoración y nuestra vida estén centradas en Dios y no en el yo.
La conclusión que surge de nuestro estudio de 1 Corintios 12 al 14 es que Pablo no le asigna valor al hablar en lenguas, sino que regula su uso cuidadosamente y lo circunscribe. La razón es que los dones espirituales, especialmente las lenguas, han eclipsado a Cristo. Nunca debemos permitir que el culto eclesiástico se convierta en un despliegue de los dones individuales. Nuestra adoración cristiana es para glorificar a Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Siempre que los métodos de adoración, ya sean las lenguas, las obras de drama, la música rock o los órganos, se vuelvan más espectaculares que Aquel que es alabado, entonces debe haber un cambio. Para “él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén” (Efe. 3:21).
Samuele Bachiochi
Bibliografía
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10. Crisóstomo, Homilies on the First Epistle of Paul to the Corin thians, 29, 1, en Nicene and Post-Nicene Fathers, Primera serie, t. 12.
11. E. Glenn Hinson, “The Significance of Glosolalia in the History of Christianity”, capítulo 10 del simposio Speaking in Tongues: A Guide to Research on Glosolalia, Editor Watson E. Mills, 1986, p. 199.
12. Citado por H. J. Stolee, Speaking in Tongues, 1963, p. 17.
13. El informe ha sido adaptado para el Apéndice de un trabajo titulado “The Charismatic Movement: 35 Doctrinal Issues”, por el pastor George Zeller, The Middletown Bible Church, 349 East Street, Middletown, CT 06457.
14. Peter Wagner, “The Third Wave?” Pastoral Renewal, (julio-agosto de 1983), pp. 1-5. 15. William E. Richardson, Speaking in Tongues: Is It Still the Gift of the Spirit?, 1994, pp. 100-101.
16. Para un análisis del final más largo de Marcos, ver B. F. Westcotty F. J. A. Hort, The New Testament in the Original Greek, With Introduction and Appendix, 1882, Apéndice 2:28-51; C. S. C. Williams, Alterations to the Text of the Synoptic Gospels and Acts, 1951, pp. 40-44; W. F. Farmer, The Last 12 Verses of Mark, 1974, pp. 1-124. 322 Capítulo 8
17. R. G. Bratcher y Eugene A. Nida, Translator’s Handbook’s on the Gospel of Mark, 1961, p. 512.
18. G. R. Osborn, “Tongues, Speaking In”, Evangelical Dictionary of Theology, ed. Walter A. W. Elwell, 1984, pp. 1102-1103.
19. Arndt y Gingrich, A Greek-English Lexicon of the New Testament and other Early Christian Literature, 1957, p. 184.
20. Gerhard F. Hazel, Speaking in Tongues. Biblical Speaking in Tongues and Contemporary Glosolalia, 1991, p. 75.
21. William E. Richardson (nota 15), p. 55.
22. Ibíd., p. 56.
23. Gerhard F. Hazel (nota 20), p. 103.
24. Ralph M. Riggs, The Spirit Himself, 1949, pp. 106-107.
25. Anthony A. Hoekema, What About Tongue-Speaking? 1966, p. 85. Para un detallado análisis de los problemas de los corintios, ver Donald Metz, Speaking in Tongues, 1964, pp. 78-82.
26. J. G. Davies, “Pentecost and Glosolalia”, Journal of Theological Studies 5, 1952, pp. 228-231; R. H. Gundry, “Ecstatic Utterance (NEB)?”, Journal of Theological Studies 17, 1966, pp. 299-307; ver además Gerhard F. Hasel (nota 20), pp. 109-155.
27. Ver W. F. Arndt y F. W. Gingrich (nota 19); J. H. Moulton y R. Milligan, The Vocabulary of the Greek New Testament, 1930, p. 128.
28. W. G. Putman, “Tongues, Gift of”, New Bible Dictionary, 1962, p. 1286.
29. William E. Richardson (nota 15), p. 65.
30. Ibíd., p. 91
31. Ibíd., p. 92
32. Bastian Van Elderen, “Glosolalia in the New Testament”, Bulletin of the Evangelical Theological Society 7, (1964), p. 56.
33. William E. Richardson (nota 15), p. 94.
34. Ibíd., pp. 80-81.
35. Ibíd., p. 86.
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