4 características de un profeta verdadero

Publicado por - en

  1. PROBANDO EL DON PROFÉTICO

La familia humana ha sido azotada en la gran lucha cósmica entre dos poderes espiri­tuales (ver III). Dentro de este gran conflicto, las fuerzas del mal emplean cada medio a su disposición para engañar a la gente y tergi­versar el carácter de Dios, usando incluso falsos profetas para alcanzar su blanco. Jesús ya lo advirtió: “Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que enga­ñarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mateo 24:24). Por esta razón, Juan le dice a la iglesia que pretende tener el don proféti­co, que éste debe ser probado: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíri­tus si son de Dios; porque muchos falsos pro­fetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1).

Pueden aplicarse cuatro pruebas vitales a cualquiera que pretenda tener el don de profe­cía. Deben cumplirse las cuatro antes que pue­da aceptarse como genuino el don profético.

Cuatro pruebas vitales     

  1. “A la Ley y al testimonio”

La primera compara la enseñanza de uno que pretende tener el espíritu de profecía con la enseñanza del canon sagrado. Este prin­cipio fue establecido por Moisés al hablar a Israel: “Cuando se levantare en medio de profeta… diciendo: Vamos en pos de dio­ses ajenos… no darás oído a las palabras de tal profeta, ni al tal soñador de sueños… Tal profeta o soñador de sueños ha de ser muerto, por cuanto aconsejó rebelión contra Jehová vuestro Dios” (Deuteronomio 13:1-5). Isaí hizo énfasis en el mismo principio muchos siglos más tarde al advertir a Israel que no consultara a médiums o a adivinos; en vez de eso, el pueblo debía ir “a la ley [tóráh] y al testimonio”. Insistió en que una fuente de información que no hablara de acuerdo con la ley y el testimonio no había “amanecido no había luz en ella (Isaías 8:20).

Como la Biblia es la fuente de la verdad la revelación autorizada e infalible de la voluntad de Dios, la reveladora de las doctrinas, la norma para examinar el carácter y prueba de la experiencia religiosa, lo que se expone bajo pretensión de don profético del estar de acuerdo con la Palabra. Así escribió Elena de White: “Como el Espíritu de Du fue el que inspiró la Biblia, es imposible que alguna vez las enseñanzas del Espíritu sea contrarias a las de la Palabra” (El conflicto de los siglos, p. 9).

Cualquier doctrina, consejo o profecía que esté en desacuerdo con lo que se presenta en la Biblia debe ser rechazado, porque no proviene del Espíritu de Dios.

  • Profetas conocidos por sus frutos

Jesús introduce la segunda prueba: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces… Así que, pe sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:15, 20 El contenido del mensaje de un profeta a: como el resultado en su propia vida personal testificarán de su origen. El estilo de vida de uno que tiene el don profético ge­nuino estará en armonía con las enseñanzas de la Biblia.

Además, todos deben considerar la clase de fruto que se produce en la vida de la gente que sigue la enseñanza de una persona que pretende tener el don profético. Si la vida de alguien que pretenda ser un profeta y los resultados de la enseñanza de esa persona están de acuerdo con la Biblia, ha pasado la segunda prueba.

  • Predicciones cumplidas

Aunque predecir el futuro no es la obra principal de un profeta verdadero, hay que prestar atención a las predicciones que hace. Como ya se indicó, la profecía puede ser condicional o incondicional (ver VII). Dios dijo a Israel que cuando un profeta hace una predicción en el nombre del Señor y la pre­dicción no se cumple, el profeta ha hablado con presunción (Deuteronomio 18:21, 22). Asímismo Jeremías dijo al rey Sedequías que cuando un profeta hace una predicción y acontece, ese profeta es un verdadero profeta (Jeremías 28:9). No obstante, Dios hizo provisión para la pro­fecía condicional.

En muchas profecías se mencionan clara­mente las condiciones para su cumplimiento, pero en otras no existen condiciones. Sobre la base de Jeremías 18:7 al 10, es claro que las promesas de Dios de bendiciones o las amenazas de castigo descansan sobre condi­ciones, declaradas o implícitas. El cumpli­miento de la profecía depende de la respues­ta al mensaje profético.

Por tanto, deben examinarse con cuidado las predicciones, tomando en cuenta el prin­cipio de lo condicional. Además, cualquiera que pretenda tener el don profético debe pa­sar las otras tres pruebas.

  •  El profeta confiesa a Cristo

Cuando Juan amonesta a los cristianos que prueben los espíritus que se dirigen a hablar al pueblo y amonesta contra los falsos profetas, añade: “En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios” (1 Juan 4:2, 3).

Esta prueba es mucho más amplia que sencillamente pretender creer que Jesús vi­vió una vez sobre la Tierra. En su sentido más pleno, esta prueba abarca cada cosa que la Biblia enseña acerca de Jesús: que es verdaderamente Dios y verdaderamen­te hombre, que existió desde la eternidad, y que es la Palabra de Dios hecha audible. Jesús es el Creador y Sustentador del cielo y la Tierra, la Fuente de vid# y la Luz de toda la humanidad. Fue sin pecado y nació de una virgen. Murió una muerte expiatoria por los pecadores, fue resucitado corporal­mente, ascendió a la derecha del Padre, mi­nistra como Sumo Sacerdote en el Santuario celestial, y pronto volverá a la Tierra para destruir el pecado para siempre y para llevar a sus hijos fieles al cielo. Esta prueba está íntimamente relacionada con la primera. Un profeta verdadero hablará de acuerdo con la ley y el testimonio.

  • Evidencias adicionales del don profético           

Además de las cuatro pruebas principa­les presentadas antes, varios rasgos adicio­nales ayudan a distinguir entre lo verdadero y lo falso.

  1. Manifestaciones físicas

A veces la Escritura menciona fenóme­nos físicos en relación con las revelaciones dadas por el Espíritu Santo. El fenómeno registrado en el tiempo de las experiencias de Daniel (Daniel 10) y de Balaam (Números 24) muestra ciertas semejanzas. Juan menciona algunas de éstas en relación con las reve­laciones que recibió en la isla de Patmos (Apocalipsis 1; ver IV. C. I).

  • Carácter oportuno del mensaje profético

Aunque la Biblia expone predicciones extensas que abarcan largos períodos de tiempo, la mayoría de los mensajes dados al pueblo de Dios en la Biblia se relacionan con su situación inmediata y llegan precisamente cuando se necesitan para dirigir al pueblo. Lo mismo es verdad en la función poscanónica del don de profecía.

  • Certeza e intrepidez del mensajero

El profeta verdadero, por la confianza con la cual habla en nombre de Dios, ayuda a establecer la confianza entre el pueblo de que Dios en verdad ha hablado. Al entregar mensajes de reprensión, el profeta no puede ser intimidado por el desagrado del pueblo. Cuando Dios llamó a Jeremías a su minis­terio profético le dijo: “Tú, pues, ciñe tus lomos, levántate y háblales todo cuanto te mande; no temas delante de ellos, para que no te haga yo quebrantar delante de ellos. Porque he aquí yo te he puesto en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro, y como muro de bronce contra toda esta tierra, contra los reyes de Judá, sus prín­cipes, sus sacerdotes, y el pueblo de la tierra. Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte” (Jeremías 1:17-19).

  • Elevada naturaleza espiritual de los mensajes

Si bien los mensajes de un verdadero profeta pueden tratar asuntos comunes de la vida, siempre serán de una naturaleza ele­vada y digna, y nunca reflejarán lo que es despreciable o vulgar, ya sea en contenido o en lenguaje. Aun en mensajes de reprensión, los profetas atraerán las mentes de la gente a principios espirituales elevados que edifica­rán y fortalecerán su relación con Dios.

  • Naturaleza práctica de los mensajes

En su segunda carta a Timoteo, Pablo destaca la naturaleza práctica de los men­sajes enviados por Dios y registrados en las Escrituras como “útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en jus­ticia, a fin de que el hombre de Dios sea per­fecto, enteramente preparado para toda bue­na obra” (2 Timoteo 3:16, 17). De igual manera, cualquier mensaje profético verdadero no presentará especulaciones infundadas, fanta­sías extrañas o divagaciones sin sentido.

Categorías: Temas Diversos

0 comentarios

Deja una respuesta

Marcador de posición del avatar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *