NOTA ADICIONAL DE MATEO 28
Debido a que cada uno de los evangelistas proporciona un relato tan breve de los acontecimientos de la mañana de la resurrección y señala detalles no mencionados por los otros, resulta difícil determinar cuál fue el verdadero orden de los sucesos ocurridos en el sepulcro y sus inmediaciones. Siguiendo en buena medida la cronología de El Deseado de todas las gentes, este Comentario presenta la siguiente cronología sugerente como la forma más plausible de organizar toda la información existente sobre este tema.
- En las últimas horas de la noche, cuando estaba por despuntar el día domingo, el cuerpo de Jesús permanecía aún en la tumba (DTG 725; ver mapa p. 216).
- Mientras estaba todavía oscuro, María Magdalena se dirigió a la tumba (Juan 20: 1). Parece que las otras mujeres estaban juntas cuando llegaron al sepulcro (DTG 732). Quizá se habían puesto de acuerdo con María para encontrarse en el sepulcro, aproximadamente al salir el sol (Mar. 16: 2).
- Mientras estaba todavía oscuro (DTG 725-726), y mientras las mujeres iban todavía camino a la tumba (DTG 732), «un ángel del Señor» descendió del cielo, «removió la piedra» (Mat. 28: 2) y clamó en alta voz: «Hijo de Dios, sal fuera; tu Padre te llama» (DTG 725).
- Cuando Cristo y los ángeles (ver com. cap. 28: 2) desaparecieron, los soldados romanos, que habían visto al ángel quitar la piedra, lo oyeron llamar al Hijo de Dios, y vieron a Cristo realmente salir de la tumba, abandonaron el sepulcro y se apresuraron a ir a la ciudad para dar la más grande noticia del tiempo y la eternidad (vers. 3-4, 11-15; cf. DTG 725-727).
- María Magdalena llegó a la tumba, y al encontrar que la piedra había sido quitada (Juan 20: 1), se apresuró a referirlo a los discípulos (Juan 20: 2; cf. DTG 732).
- Las otras mujeres, entre ellas María, madre de Jacobo, junto con Salomé y Juana (Mar. 16: 1; Luc. 24: 1, 10), llegaron al sepulcro. Encontraron allí al ángel que había descendido del cielo para llamar a Cristo del sepulcro, sentado en la piedra que había quitado de la entrada de la tumba (Mat. 28: 2; cf. DTG 732). Al verlo, las mujeres se dispusieron a huir, pero se detuvieron al oír el reconfortante mensaje del ángel, quien les dijo lo que se encuentra registrado en Mat. 28: 5-7 (cf. Mar. 16: 6-7; DTG 733). Entrando en el sepulcro, encontraron a otro ángel sentado en la loza de piedra donde Jesús había estado (Mar. 16: 5; cf. Juan 20: 12). Este ángel les habló las palabras registradas en Luc. 24: 5-7 (cf. DTG 733).
- Sin demora, las mujeres se fueron del sepulcro para dar el informe a los discípulos, como se lo habían ordenado los ángeles (Mat. 28: 8-9, 11; cf. Mar. 16: 8; Luc. 24: 9-10). Aparentemente, los acontecimientos descritos hasta este punto se habían sucedido con rapidez, porque mientras las mujeres iban para encontrarse con los discípulos, los guardias romanos llegaron a donde estaban los «principales sacerdotes» para darles su informe (Mat. 28: 11).
- Mientras tanto, María Magdalena había encontrado a Pedro y a Juan y les había informado que había encontrado vacío el sepulcro (Juan 20: 2). Los dos discípulos corrieron al sepulcro, pero Juan llegó primero (Juan 20: 3-4). Pedro, y luego Juan, entraron en el sepulcro, pero ninguno de ellos vio a los ángeles (Juan 20:5-10; cf. Luc. 24: 12). María los siguió hasta la tumba y permaneció allí después que Pedro y Juan se habían ido (Juan 20: 11-13; cf. DTG 733).
- María se inclinó para mirar dentro del sepulcro y vio a los dos ángeles sentados en la piedra donde había estado el cuerpo de Cristo (Juan 20:11-13; cf. DTG 733).
- Al erguirse, María oyó la voz de Jesús, quien le hizo la misma pregunta que anteriormente habían hecho los ángeles, pero no percibió que era Jesús quien le hablaba (Juan 20:14-15). Entonces Jesús se reveló a ella, que resultó ser la primera persona -sin contar los soldados romanos (DTG 734)- que lo veía después de haber resucitado (Mar. 16:9). Se efectuó la conversación registrada en Juan 20:15-17, y María se apresuró a informar a los discípulos que había visto al Señor (Juan 20:18).
- Después que se fue María, Jesús ascendió por un tiempo muy breve al cielo para recibir personalmente la seguridad de que su sacrificio era aceptable, y que el Padre había ratificado (aceptado o aprobado) el pacto que él mismo había hecho con Cristo antes de que el mundo existiera (Juan 20:17; cf. DTG 734).
- Después de ascender al Padre, Jesús se apareció a las otras mujeres (DTG 735), saludándolas con un «¡Salve!» (Mat. 28: 9-10; DTG 735). Esto ocurrió mientras las mujeres iban para informar de esos hechos a los discípulos (vers. 9), por lo tanto los acontecimientos deben haber ocurrido en rápida sucesión. Pareciera que ésta fue la última vez cuando Jesús se dejó ver en la mañana de la resurrección, siempre que la aparición a Pedro (Luc. 24: 34; 1 Cor. 15: 5) hubiera ocurrido poco después de la de las mujeres.
Debiera notarse que, después de la resurrección, Jesús solamente se les apareció a sus seguidores más allegados (ver Material Suplementario de EGW de 1Cor. 15: 6). Las apariciones posteriores que tuvieron lugar en el día de la resurrección fueron las siguientes: - A Pedro (Luc. 24: 34; 1 Cor. 15: 5), antes de lo ocurrido en el camino a Emaús.
- A los dos discípulos, uno de los cuales se llamaba Cleofas (Luc. 24:13-32; Mar. 16:12).
- A los diez discípulos que estaban en el aposento alto, después del regreso de los dos discípulos desde Emaús (Mar. 16: 14; Luc. 24: 33-48; Juan 20: 19-23; 1 Cor. 15: 5). Tomás estaba ausente Juan 20: 24-25).
Otras apariciones entre el día de la resurrección y el de la ascensión fueron las siguientes:
- A los once, estando Tomás presente, en el aposento alto, una semana más tarde, probablemente el domingo siguiente (Juan 20: 26-29) 23 de Nissan.
- Poco después del fin de la semana de pascua (DTG 749; ver la primera Nota Adicional del cap. 26), los discípulos se fueron a Galilea para encontrarse con Jesús como él lo había indicado (Mat. 28: 7; Mar. 16: 7). Las fechas de estas ocasiones cuando Jesús se manifestó en Galilea deben haber caído (con aproximación de uno o dos días) entre el 28 de Nisán y el 21 del mes siguiente, es decir, de Iyyar. Estos límites los impone el tiempo que se necesita para viajar ida y vuelta de Jerusalén a Galilea. Los discípulos estuvieron de vuelta en Jerusalén a tiempo para la ascensión, que se estima que ocurrió el 25 de Iyyar. Por esto puede entenderse que los discípulos permanecieron en Galilea unas tres semanas, y durante ellas se registra que Jesús estuvo con ellos dos veces. La primera fue cuando se apareció a siete de los discípulos mientras pescaban en el mar de Galilea (Juan 21: 1-23).
- Jesús apareció ante unas 500 personas en un monte de Galilea, en fecha y lugar indicados por él antes de su muerte (Mat. 28: 16; Mar. 16: 7; 1 Cor. 15: 16; DTG 757). En esta ocasión, Jesús pronunció las palabras registradas en Mat. 28: 17-20 (DTG 758). Fue entonces cuando se convirtieron los hermanos de Jesús (ver Material Suplementario de EGW de Hech. 1: 14).
- Jesús se le apareció a Jacobo, pero no se revela si esto ocurrió en Galilea o en Jerusalén (1 Cor. 15: 7).
- Jesús estuvo con los once en Jerusalén el día jueves, 25 de Iyyar, cuando los llevó al monte de los Olivos, cerca de Betania, y desde allí ascendió al cielo (Mar. 16: 19-20; Luc 24: 50-52; Hech. 1: 4-12). Es probable que ésta sea la reunión con los apóstoles a la cual se refiere 1 Cor. 15 :7.
Las repetidas ocasiones en las cuales Jesús se presentó a sus seguidores después de la resurrección tenían por objeto convencer a sus discípulos y a otros que la resurrección había sido real, permitirles que conocieran a su Maestro ya en su cuerpo glorificado, y dar la oportunidad a Jesús a fin de que los preparara para la tarea de proclamar las buenas nuevas de salvación al mundo (DTG 769). Los esfuerzos realizados para impedir la resurrección y para hacer circular falsos informes referentes a él (Mat. 27: 62-66) sólo sirvieron para que hubiera una mayor confirmación de que fue un hecho histórico.
Fue la seguridad de que Cristo había resucitado y de que estaba vivo lo que infundió convicción al mensaje de los apóstoles cuando 548 salieron para proclamar las buenas nuevas de la salvación. De esta seguridad hablaron vez tras vez, con palabras plenas de poder e inspiradas por el Espíritu Santo (Hech. 3: 12-21; 4: 8-13, 20; 5: 29-32; 1 Cor. 15: 1-23; 1 Tes. 1: 10, 17; 1 Juan 1: 13). El hecho dinámico de la religión cristiana es que su fundador vive «por los siglos de los siglos» y tiene «las llaves de la muerte y de Hades» (Apoc. 1: 18). Las repetidas ocasiones cuando Jesús se mostró después de su resurrección dan testimonio de esta verdad trascendental. La Inspiración ha atestiguado de tal modo este extraordinario acontecimiento, que todos los que estén dispuestos a examinar las evidencias pueden quedar realmente convencidos.
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